miércoles, 6 de febrero de 2019

Hay motivos para preocuparse por VOX


El sábado fui invitado a una reunión de VOX en Lugo. Acudí movido más por curiosidad que por interés, ya que la tendencia parece que los encamina a los Plenos y es prudente ir conociendo lo que puede venir. Curiosamente de mi ciudad no se dijo ni una palabra, salvo que la lista sería “democráticamente decidida desde Madrid”, sorprendente contradicción aceptada porque es un partido con “orden y disciplina”.

De VOX solo sabía lo que dicen los medios de comunicación y, si les soy sincero, iba con la idea previa de que lo que leemos es una caricatura exagerada de un partido para hacerlo parecer cercano a la ultraderecha. Me equivoqué, lo que recoge la prensa es la punta del iceberg.

En la reunión me sentí como si estuviera en una cervecería de la Alemania de los años 20. Si cambiamos “judíos y comunistas” por “moros y podemitas” el discurso se podría confundir con el que llevó a Hitler a la cancillería alemana. Temas como una conspiración mundial orquestada por la masonería, la persecución de la civilización occidental, la destrucción intencionada de la familia “natural” y la convicción de ser herederos de un Dios “ordenado” que si nos separó por continentes y razas “por algo lo haría” fueron argumentos que, lejos de sonrojar a quien los pronunció, eran emitidos con fanática convicción, reforzada con una navaja puesta ostentosamente sobre la mesa para simbolizar no sé muy bien lo qué… y todo ello enmascarado tras un cierto sentido común.

Ese es el problema: lo más terrible de VOX es que su discurso es creíble. Combinan con habilidad medias verdades, disimulando contradicciones, añadiendo datos exagerados y mitos sociales… pero también dicen tristes realidades que dan credibilidad a todo lo anterior. Es el secreto de que se compre su discurso. En un país con las pensiones en peligro a quienes se llevan dinero en sacos se les trata de usted (Jordi Pujol es el mejor ejemplo); se diferencian los derechos de la gente según su comunidad autónoma de residencia; se regula la gravedad de un delito en función de si su autor tiene pene... en esta España en que enarbolar la bandera nacional es considerada una provocación que justifica un insulto o una agresión hay caldo de cultivo para este tipo de pronunciamientos.

Los demás partidos le están haciendo una gran campaña a VOX. Entre todos nos han convencido de que es de fascistas creer que la educación o la sanidad han de ser iguales en toda España, querer regular la inmigración o, el colmo de una nación, es de fachas sentirse español. El efecto rebote es que muchos piensan “pues debo ser fascista así que apoyaré a VOX”. Están echando a la gente a los brazos de la ultraderecha como antes los encaminaron a Podemos, partidos que dan diagnósticos certeros que reflejan el hastío de la gente pero tras los que esconden recetas delirantes y contradicciones insostenibles.

VOX es también la obvia reacción a Podemos, pero por la senda equivocada. La extrema izquierda no se combate con extrema derecha. Ambas tendencias conducen a un destino común: la dictadura. Hemos de estar vigilantes. Nos lo advirtió Edmund Burke cien años antes de que aparecieran el nazismo y el comunismo: “Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada”.

NOTA:
Como saben los habituales del blog, recojo en él las publicaciones que firmo tanto en El Progreso como en La Voz de Galicia. Por un error, en esta ocasión el artículo no se corresponde con el que se ha publicado hoy en La Voz (por una vez la versión blog es más reducida jejeje). Así que por si tienen curiosidad les dejo el enlace al que salió en el periódico.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 6 de Febrero de 2019

Saludos.

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