miércoles, 4 de diciembre de 2019

Mañana concentración contra el maltrato animal

Terribles imágenes. El vídeo es peor aún.

No suelo hacer artículos “a demanda” pero la Protectora de Animales de Lugo, de la que soy socio, nos ha pedido difusión y por eso este artículo, para intentar echar una mano. Mañana, jueves día 5 a las ocho, hay una concentración en la Plaza de España en repulsa contra el maltrato animal. El detonante ha sido el brutal comportamiento de un desgraciado de Chantada, que disparó a su perra (que tenía el apropiado nombre de “Alma”) con el convincente argumento de “disparo a quien me sale de los cojones”. Se ve que el tipo es tan educado como sensible. Si escribiera lo que siento ahora mismo sobre ese cabrón me cierran el blog. De hecho pensaba poner este artículo mañana, porque me parecía más útil el mismo día de la concentración, pero no quiero esperar, necesito la terapia de escribir esto hoy.

No soy capaz de entender a cierta gente. Miren, uno se intenta poner en la piel del prójimo, por distantes que sean sus planteamientos, para ver por dónde pueden ir sus neuronas. Aunque en ocasiones es complicado hacer ese ejercicio ayuda mucho a entender su razonamiento… o su falta de él. Pero con esto no puedo.

Una cosa es asumir que hay que alimentarse y criar animales que serán sacrificados para que comamos, por desagradable que sea como concepto, y otra muy diferente apalear y disparar a tu propio perro. Eso es de psicópatas.

Sé que quien no tiene o no ha tenido perro no comprende el vínculo que se crea. El otro día una persona incluso escribía en una red social que consideraba “enfermos” a los que, ingresados en un hospital, desearían tener una visita de su perro. A mí lo que se me antoja carne de psiquiatra es lo contrario y no me hace falta tener una carencia afectiva para querer a mi perro.

Quienes lean esto habitualmente quizá recuerden que tenemos en casa un maravilloso labrador, Ducki (el nombre venía puesto cuando lo acogimos, qué quieren que le hagamos) que entró en nuestras vidas hace cuatro años. Ahora tiene 11. Escribo esto con él tumbado a mi lado, relajado, con su cabeza apoyada en mi pierna dándome calor, confianza y tranquilidad. No imaginan lo bien que se siente uno. 

No solo es eso, es que también te ofrece su lealtad incondicional. Te pone de buen humor en los días más oscuros y créanme que los nota, vaya si los nota. Si te ve triste no reacciona igual que cuando estás enfadado. Lo sabe y no sé cómo se las ingenia para elegir la actitud más adecuada a cada ocasión: acercarse y apoyarse en ti para que no estés disgustado, tumbarse a tu lado para que se te pase el enfado…

La relación que estableces con tu perro trasciende toda explicación. Al menos yo no me veo capaz de expresarlo, y créanme que lo haría si pudiera aún a riesgo de que me acusen de ser uno de esos “chalados animalistas”. No lo soy, aunque les comprendo. Es difícil no serlo cuando comprendes lo que se quiere a un perro.

Pero yo no creo en los derechos de los animales, aunque eso no quiere decir que no quisiera arrancarle las gónadas al monstruo que provoca toda esta oleada de rechazo social, no se confundan. El derecho es, por definición, una creación humana así que me parece absurdo hablar de si un animal disfruta de tal cosa. No creo que un perro tenga derechos igual que no creo que Las Meninas los tengan, pero por la misma lógica tampoco creo que alguien pueda rajar el cuadro o disparar a su perro. Ambas cosas hay que sancionarlas, obviamente.

Hemos de enfocar el maltrato animal como lo que es: el reflejo de una personalidad enferma, anormal y totalmente fuera de la conducta de un ser civilizado. El problema es que en un país en que incluso se subvenciona un espectáculo público cuyo fin es maltratar y matar a un toro es muy complejo meterse estas ideas en la cabeza. Yo mismo he cambiado sobre este tema, quiero creer que he evolucionado, y a pesar de mi alergia a las prohibiciones, hoy día sí vetaría los toros por una simple cuestión de sensibilidad.

De matar un animal con el menor sufrimiento posible y por cuestiones de supervivencia (hay que comer) a disfrutar con su tortura media un abismo. Lo primero es una mera cuestión de conservación y lo segundo… lo tenemos en tareas pendientes para poder considerarnos civilizados.

Permitan que vuelva al principio para recordarles que mañana jueves, día cinco a las ocho, hay una concentración en la Plaza de España contra el maltrato animal. Por cierto tampoco estaría mal que las administraciones que prometieron la mejora de las penosas instalaciones de la Protectora cumplan su palabra, pero de eso hablamos otro día.

Probablemente si no hubiera las terribles imágenes que vimos muchos (me costó pero las vi) no se habría reaccionado igual, pero las hay, y son espantosas.

Nos vemos allí.

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