lunes, 28 de noviembre de 2022

Los mejores de Lugo... y de los peores de Lugo

Los diez Lucenses del Año con las autoridades posando al final de la gala del viernes.


Incluso en una ciudad pequeña como Lugo podemos encontrarnos en un mismo día con ejemplos positivos y negativos de lo que queremos ser como Sociedad.

El viernes por la tarde se entregaron los premios de Lucenses del Año que recibieron diez vecinos de nuestra ciudad por sus trayectorias y por méritos más que sobrados para merecer ese galardón. 

Miguel González, Ana Freire Veiga, Dani de la Torre, David Calvo, Ana Vázquez, Héctor Castiñeira, José Quiñoá, María José Novoa, Alba Carballal y Marcos Méndez (pueden ver quién es quién en este enlace de El Progreso) fueron elegidos por el jurado, a quien no envidio la difícil tarea de seleccionar año tras año a un nutrido grupo de lucenses para recibir los premios. Además, vista la enorme calidad de las trayectorias de cada uno de ellos, se han puesto un listón altísimo para futuras ediciones.

Mientras los periodistas lucenses, capitaneados por El Progreso, daban esos más que honrosos premios, esa misma noche una serie de vándalos se dedicaban a destrozar la decoración navideña de varios locales del casco histórico.

El robo de los osos de adorno y los destrozos en este y otros montajes desanima a cualquiera para esforzarse en mejorar la ciudad.

Concretamente en Mariña y Fontao, de la calle Progreso, en el Restaurante Campos de Rúanova y en Triskel de Buen Jesús se cebaron los “simpáticos” que consideran una diversión echar al traste con la energía, inversión, ilusión y ganas de ayudar a la ciudad de varios establecimientos, a los que sinceramente les quitan las ganas de hacer nada.

No es la primera vez que pasa esto ni será la última. La desprotección a la que estamos sometidos a pesar de las muchas declaraciones en sentido contrario de nuestras autoridades (las mismas que negaban el problema de las ocupaciones hasta que les entraron en una propiedad pública), hace que lo único que frena a los vándalos sea que no tengan ganas de ejercer. Que le pregunten a la peletería Lucus, cuya fachada está habitualmente muy decorada y que no es la primera vez que tiene que rehacer los adornos o reemplazarlos porque algún desgraciado se dedica a romper con todo para su repugnante diversión.

Hablando con alguno de las víctimas de estos destrozos te dicen lo que a cualquiera se le pasa por la cabeza, que te dan ganas de mandar todo a tomar por saco y no esforzarse en que la ciudad esté más bonita, más adornada y más navideña en una época como la que viene. Estos vecinos adornan sus negocios y ayudan a levantar el ánimo en una etapa oscura como la que nos toca vivir, y su recompensa es esa: ver cómo por maldad algún descerebrado destroza sus montajes.

Soy consciente de que hay cosas peores. Esta misma mañana nos hemos levantado con la terrible noticia de que han asesinado a una mujer de nuestra ciudad. Supuestamente ha sido un vecino suyo. Obviamente no es comparable el destrozo de unos adornos navideños con esto, sólo faltaría, y establecer cualquier tipo de paralelismo es un insulto a la memoria de esa pobre vecina.

Aquí de lo que hablamos es únicamente de ejemplos de lo mejor y lo peor de la ciudad como sociedad, la lista de quienes se levantan de la cama pensando en mejorar ellos y su entorno y los que no se acuestan maquinando cómo hacer el mal.

Es para echarse a temblar lo que está pasando. Y lo que nos queda por ver.

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