jueves, 22 de mayo de 2014

Unidad y crítica, hay que diferenciar cuándo toca cada una

Luego nos quejamos de las cosas, pero de verdad que este Lugo nuestro a veces tiene cada cosa… Verán, ayer publiqué en algunas redes que Antena 3 estaba buscando “la mejor ciudad de tapas” de España. Obviamente Lugo tiene una larga y generosa tradición en este asunto por lo que parecía lógico que nuestros conciudadanos echaran una mano para ponernos en un buen lugar ante el resto del país. Pero no contaba yo con la mala uva que se gasta alguno y que por lo que se ve no sabe que la vida es como la esgrima y es necesario distinguir cuándo hay que defender y cuándo hay que atacar.

Exquisita tapa del Verruga en el último concurso de tapas
No sé si saben ustedes cómo funciona Twitter. Yo no es que sea un experto, que no le acabo de coger el tranquillo, pero sí tengo claras un par de cosas. La red diferencia entre usuarios (que tienen delante una @) y temas (precedidos del símbolo #). Si hablas por ejemplo, desde la cuenta de amigos del lacón y el tema es la fiesta sobre ese producto en Foz, lo suyo es poner algo como “@amigosdelacon estamos preparando una excursión a #festafocensedolacon” o algo por el estilo. Si contestas a ese “tuit” puedes hacerlo al remitente o al tema, e incluso puedes meter a una tercera persona añadiendo su nombre con la @ delante.

Pues bien, el tema de Antena 3 era poner en el tema #MejorCiudadDeTapas el nombre de la ciudad que considerabas, y la cuenta era la de @a3noticias. Pues un par de simpáticos, por supuesto desde perfiles anónimos de esos que algunos crean para insultar o atacar a diestro y siniestro sentados sobre el trono de La Verdad, se dedicaron a criticar el tema de las tapas en Arde Lucus y San Froilán… pero lo hicieron metiendo en la conversación a @a3noticias.

Vamos, que nos han hecho la pascua.

Como bien saben soy un firme defensor de las críticas, sólo que creo que hay que saber dónde y cuándo hacerlas. En el tema de las tapas comprendo (comprender no es compartir) el enfado de algunos, principalmente porque a todos nos gusta que nos regalen cosas y el uso hace costumbre, con lo que empezamos a dejar de diferenciar entre una atención de un local y una obligación de ese local. Pero ese es otro tema que no viene al caso.

De esto en Lugo hay poco
De lo que se trata aquí es de que acepto que se abra un debate sobre ese tema, una discusión o lo que quieran pero me cuesta más tragar que cuando se está haciendo una campaña en favor de la ciudad se torpedee hacia fuera.

Tenemos suerte de que estas redes no existieran cuando se hablaba de la Muralla Patrimonio de la Humanidad porque siempre saldría algún gilipollas a decir que está muy sucia, que es un estorbo o que está poco iluminada. Todo puede ser cierto desde un (discutible) punto de vista pero no habría sido momento ni lugar. Pues aquí tampoco.

Me da una envidia tremenda ver esas ciudades como Coruña en que hacen como las familias: se pueden tirar de los pelos porque la convivencia es lo que tiene, pero son una unidad y no admiten que terceros se metan con los suyos ni con lo suyo. Y les va de fábula.

Pero ya sabemos que la idiosincrasia lucense es la que es. Termino como empecé… Luego nos quejaremos de que León gane el concurso de Antena 3 y diremos que “los políticos” tienen la culpa y deberían haber hecho algo.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Esconder un problema no es buscarle solución

El Ayuntamiento de Lugo va a licitar unas casetas para poner en Ramón Ferreiro y la plaza de Nemesio Cobreros, que tal vez ustedes no sepan que es el nombre dado a la que está junto a la antigua cárcel. Aunque la concejala del ramo niega la relación entre ambos asuntos, parece que una de las intenciones es alejar a los “manteros” de las zonas donde se instalaban (si no es por eso, también es casualidad que justamente liciten esas zonas).

El problema es que no se trata de alejar a la gente o de esconderla, sino de solucionar un problema que la dejadez municipal ha permitido que fuera en aumento durante años, hasta llegar a la situación de descontrol actual.

Evidentemente no existen las personas ilegales, sino las actividades ilegales. Siempre me ha molestado profundamente lo de usar ese nombre para referirse a un ser humano, porque me parece un término equiparable a lo de “espaldas mojadas”, “morenos” o cualquier otro intento sutil de esconder un obvio racismo.

Gobernar es tomar las decisiones adecuadas y que cumplan con lo que hay que cumplir, es decir las normas vigentes en cada momento. La Ordenanza de Venta Ambulante entre ellas. Pero es más cómodo esconder el problema o alejarlo de tu entorno, que viene a ser como cuando tienes visita y cierras la puerta del dormitorio porque no has hecho la cama. La diferencia es que “la cama”, en este caso, son personas.

De lo que aquí se habla, o se debería hablar, es de que quien ponga un puesto en San Froilán tenga que cumplir un mínimo de condiciones legales para su instalación, cosas como no vender mercancía falsificada, no atar los puestos a los árboles, no instalarse en zonas verdes… vamos, lo que viene marcando el más elemental sentido común. No enfrentar el problema, y tomar medidas que “de rondón” buscan atajar la situación sin tratarla directamente es una táctica como mínimo discutible.

¿Qué efecto tendrá la medida si es la única tomada? El desplazamiento de problema y la instalación de los puestos de venta ilegales en otras zonas y calles de Lugo, con lo que la cosa va a ser, como mínimo, igual de mala.

Esto es similar a lo del lío que tienen con el botellón. Se propone vallar el Parque de Rosalía para evitarlo, cuando lo que se quiere decir es que se pretende desplazarlo a donde no se vea o moleste menos, porque así la gente no protestará… hasta que un coma etílico de un chaval lo mande al hospital o algo peor y luego nos rasguemos las vestiduras.

Pero eso sí, al comerciante de todo el año, el que paga sus impuestos en Lugo y da trabajo en Lugo lo machacan a normativas. Lo de la igualdad ante la ley parece que no está de moda.

martes, 20 de mayo de 2014

El juicio más morboso

Más morbo imposible. Alcaldes del PP, sacerdotes, altos cargos del PSOE, concejales, unos en grado de “ex” y otros aún ejerciendo. Todos juntos sentados en un mismo lugar a la espera del juicio. Les hablo, por supuesto, del caso de las multas.

Lo que más gracioso me resulta es que los que más se rasgan las vestiduras son los que hasta hace unos días veían totalmente normal que le quitaran una multa “porque tengo un colega que es policía local” o similar. Ahora resulta que estas personas vienen a ser los paladines de la legalidad y los garantes de la democracia. Para echarse a temblar.

Foto de los acusados - La Voz de Galicia
Ojo, no estoy justificando que le quiten la multa a nadie si no es a través del recurso, si éste procede. A mí, por ejemplo, me multaron unas cuantas veces (la más sonada por aparcar una mañana… en la Plaza del Obradoiro…) y pagué religiosamente todas menos dos que recurrí y gané, más que nada porque tenía razón.

Porque ese es el secreto de todo esto. En esta ciudad cuando te ponían una multa, por absurda que fuera (por ejemplo no llevar cinturón de seguridad en una moto, que esa la he visto yo personalmente en casa de un conocido de Foz que la tiene enmarcada) a nadie se le pasaba por la cabeza recurrir, todos buscaban un “colega”, o el cuñado de su primo, o el tío del ahijado… cualquier cosa menos la vía ordinaria, legal y lógica.

Nos gusta ver caer a los poderosos, eso es innegable. Ver a Jesús Otero, a Rábade, Alnagm o a un sacerdote con alzacuellos entrar en el juzgado y sentarse en el banquillo a más de uno parece que casi le excita. A mí, personalmente, me da mucha tristeza ver que tanta gente es acusada de un delito que ni siquiera percibían como tal, sino como un “favor” que se hacían unos a otros como enajenados, sin darle mayor importancia, que es el colmo.

También para esto hay que caer en gracia. A Jesús Otero, por ejemplo, cuesta más afearle esto porque es un tío realmente agradable, que siempre ha sido atento y amable con todo el mundo y por eso a todos, seamos o no de su ideología, nos sorprendió este asunto y nos apenó que se viera involucrado. No voy a decir que él sea una víctima en todo esto, ya que si realmente dio esas órdenes (lo cual está por demostrar y ya saben que la presunción de inocencia es, en mi opinión, lo más sagrado de un Estado de Derecho) es culpable. Sólo digo que me apenaría que así fuera porque es una persona que me cae bien, como a medio Lugo.

Y aún les digo más. Alguien tendría que revisar un poco el código penal. 7 años de cárcel por retirar unas multas me parece una auténtica exageración, y más en un país donde ir por la calle escupiendo a la gente o montando un cristo sólo es una “falta” que impide a la policía y a la justicia actuar en el 90% de los casos.

Ayer mismo en la calle Aguirre tres descerebrados se dedicaron a insultar a todo el que pasaba y a amenazar a alguna gente, y a esos se limitaron a tomarles los datos y dejarlos ir. Ya son viejos conocidos de la policía, lo que es la forma periodística de decir que saben que no les va a pasar nada y se pasan la convivencia por el arco del triunfo.



En resumen puede parecer que estoy defendiendo a los acusados en lo de las multas. Nada más lejos, de veras. Lo que me gustaría es poner este asunto en su sitio o el que yo creo que es su sitio: lo que hicieron, si lo hicieron, está mal y han de ser inhabilitados y multados como es lógico… pero separemos eso del morbo que genera esta situación “por ser vos quien sois”.

lunes, 19 de mayo de 2014

Informes negativos

Parece que Lugo tiene mala pata con los informes y los comités. Primero fue el inoportuno, aunque no para todos, informe de Icomos que impidió la construcción del Auditorio en el hoy ruinoso Cuartel de San Fernando. Luego nos tocó enterarnos de que la falta de un informe de Patrimonio fue la excusa usada para paralizar las Torres de Orozco o del Garañón, que si se terminan se cargarán nuestro paisaje y si no se terminan nos costarán una millonada a los lucenses. También se ve que los informes de aguas para la construcción del MIHL no andaban muy acertados porque hay que poner bombas de achique para que no se inunde nuestra presunta obra insigne. Y ahora resulta que es el Comité de Reservas de la Biosfera el que se opone a la creación de una playa fluvial en el río Miño. Vamos, que nos ha visto un tuerto.

Una playa fluvial como la que
tardaremos en ver en Lugo, si la vemos
Lo curioso es que estos informes siempre aparecen en el momento más oportuno. Cuando ya no quedan excusas de otro tipo (inversiones bloqueadas, oposición no colaboradora…) surge el informe necesario para justificar un “pío pío, que yo no he sido” bienvenido por quienes en el fondo parecen tener poquitas ganas de sacar adelante un proyecto.

Casi todo en esta vida es cuestión de voluntad. En este tipo de cosas hasta podemos sacar el “casi” porque querer es poder, y si hubo ganas y dinero para construir el MIHL, bodrio que nos ha costado la friolera de 10 millones de euros y que ahora no saben cómo rellenar para que parezca que no fue una tontería, con más motivo una playita fluvial se podría hacer en menos que canta un gallo.

La aparición de informes es la excusa perfecta. No culpabilizan al promotor, suelen venir firmados por entidades que no concurren a las elecciones, y se achacan a una entidad, nunca a su cabeza visible. Si el ayuntamiento firmara tal informe todos nos echaríamos contra Orozco, al igual que contra Feijoo si fuera autonómico o Besteiro en caso de ser provincial. Pero ¿quién demonios rige los destinos del Comité de Reservas de la Biosfera? ¿Y quién los ha nombrado? No lo sabemos.

La cuestión es que nos quedamos sin playa por ahora, y algo me dice que un escollo que ha sabido sortear cualquier pequeño municipio de nuestro entorno, de los muchos que cuentan con playa fluvial, no debería ser un grave impedimento si no se quiere que lo sea. Pero sólo si no se quiere.

viernes, 16 de mayo de 2014

Las odiosas (y a veces necesarias) comparaciones

Ayer me enviaron una de estas fotos-mitin que se pasan en campaña con unas frases explicando lo listo que es un candidato y lo borrica que es la otra. Como ya saben a estas alturas soy poco proclive a darle al “me gusta” a lo loco, y antes de hacerlo intento comprobar si lo que me cuentan es cierto.

Una sencillísima y rápida búsqueda en Google, te explica que lo que nos cuentan es cierto pero sólo a medias, con lo que podemos decir que es falso. Si bien los datos asignados a uno de los protagonistas, en este caso Miguel Arias Cañete, son ciertos, los que se le cuelgan a Elena Valenciano están recortados, supongo que interesadamente: se pone que sólo habla español (lo que no es cierto).

Original
Corregido

Sin embargo lo que se nos cuenta también tiene un tinte de demagogia al incluir los cargos políticos como parte de un currículum que se supone que tiene que valer para comparar, pero tal y como se hace no estoy de acuerdo. Se valora que Arias Cañete haya sido parlamentario europeo durante 13 años y ministro dos veces, mientras que Valenciano sólo estuvo dos años en la Unión Europea, pero como estos cargos son políticos, esto es, a dedo, no acaban de convencerme como argumento, porque anda que no hemos tenido zotes en puestos de importancia, de hecho en los más importantes.

Verán, yo enfoco el asunto de la siguiente manera: se supone que vamos a enviar a un Parlamento a unas personas a representarnos, pero teniendo en cuenta que la función principal de un Parlamento es redactar normas. Igual que enviaríamos como representantes de nuestro país a un Congreso de Cardiología a un médico, o a un Cardenal a elegir Papa, parece que lo lógico es enviar a un Parlamento a un jurista, digo yo.

Arias Cañete se licenció con 21 años en derecho. Tres años más tarde aprobó la oposición a Abogado del Estado, y con 28 años estaba dando clase como profesor de la Facultad de Derecho Universidad de Jerez de la Frontera. Habla con fluidez inglés y francés, se defiende en alemán e italiano y está estudiando chino. Elena Valenciano empezó derecho y ciencias políticas, pero abandonó los estudios porque “se aburría” (dicho por ella misma). A los 17 años empezó a trabajar de telefonista en el PSOE y ahí comenzó su carrera política. Habla con fluidez francés y se defiende en inglés.

Se nos dice que las comparaciones son odiosas, y puede ser cierto, pero oigan, creo que a veces no viene mal saber el currículum vitae de cada uno. Después de todo, esto no deja de ser una selección de personal a lo bestia, y en las empresas se suele tener en cuenta el esfuerzo y el pasado de cada uno.

Nadie dice que una telefonista no pueda ser eurodiputada, cuidado, sólo hablamos de quién tiene más preparación para ese trabajo, que no es lo mismo. Además no deja de ser curioso que quienes más dicen que “los políticos” no pueden vivir de la política exclusivamente, cuando no interesa a sus tendencias ideológicas digan que no es importante valorar que los candidatos tengan otra profesión.

¿Es el currículum el único criterio? Obviamente no. La confianza, las convicciones, los programas políticos… hay muchos más motivos por los que inclinar el voto hacia unos u otros, o hacia ninguno de los dos si ustedes quieren. Aquí no hablamos únicamente de una guerra de estudios, pero tampoco me negarán que su relevancia.

Evidentemente todo esto puede parecer tendencioso, pero me sorprende que quien suele mantener eso es el mismo tipo de gente que exige que el Presidente del Gobierno de España hable inglés. Pues qué quieren que les diga, no veo que sea vital para la función de presidente de este país saber un idioma extranjero, de hecho no tengo noticia de ningún otro país en que se le pida eso a su Presidente (¿imaginan una campaña en Francia porque su presidente sólo habla francés?), pero si tu trabajo es relacionarte con otros colegas europeos ahí sí le veo una utilidad más amplia.

Volviendo al inicio, cuando me llegó la foto la puse en duda, consulté los datos y vi que no eran exactos. Me tomé la molestia de corregir el tema y poner la foto modificada. Sólo pido que sean ustedes igual de críticos a la hora de valorar lo que ven por ahí.

jueves, 15 de mayo de 2014

365 días

Es increíble lo rápido que puede pasar un año. Nos suena a una cosa larguísima pero las 52 semanas organizadas en 12 meses van cayendo una tras otra inexorablemente hasta completar un ciclo alrededor del sol.

Esta tarde hará un año que nos falta Doña Emilia. Si les soy sincero a veces parece que hace un par de semanas y otra que han pasado cinco años. El hecho en sí me parece cercano, quizás porque es difícil sacárselo de la cabeza y quieras que no se te viene cuando menos te lo esperas. Pero me da la impresión de que hace años que no la veo. Es curiosa la percepción, que nos puede hacer sentir dos cosas contradictorias al mismo tiempo.

Como esto no deja de ser un blog personal, y aunque tiene un punto de striptease emocional, les voy a contar alguna cosa de lo que ha sido este año, imagino que el más complicado porque ha sido en el que han pasado todas las “primeras veces sin…”. El primer cumpleaños sin la abuela, la primera Navidad, el primer Fin de Año, el primer cumpleaños de mi madre sin la suya…

Lo peor han sido momentos en que “se te olvida” y reaccionas como si aún estuviera aquí. Recuerdo particularmente dos que fueron los peores. A los pocos días de perder a Doña Emilia estaba mirando unos papeles viejos del Verruga y encontré una carta de un antiguo amigo de mis abuelos, un señor llamado Palacios que trabajaba en el Ayuntamiento, y pensé “voy a enseñársela a la abuela”… y me di cuenta de que no podría hacerlo. La otra vez fue unos meses más tarde, que pasando por delante del Círculo, donde ella jugaba siempre la partida, pensé en entrar a verla como hacía tantas veces. En esos momentos se te viene el mundo encima y te golpea con toda su fuerza la realidad. Casi es como pasar por lo mismo otra vez. Casi.

Obviamente hay cientos de cosas que me la recuerdan, y no pasa un solo día sin echarla de menos, pero también les voy a decir algo, y es que es un recuerdo dulce. Y lo curioso es que los recuerdos más frecuentes no son de los grandes actos, las fiestas planificadas o las fechas señaladas, sino de cosas tan tontas como un paseo, un café o una comida de diario.

Aunque siempre se puede hacer más, tomar un café más, jugar una partida más… no estoy insatisfecho del cariño y el tiempo que en casa le dedicamos a mi abuela. Fue una mujer querida, cuidada, apreciada, escuchada y respetada en todo momento, que nos dejó a una edad avanzada y de una forma tranquila e indolora. ¿Se puede pedir más?

Esta tarde tendremos una misa en recuerdo de Doña Emilia. Será el cierre de las “primeras veces que…” de que les hablaba antes, y aunque sea sólo para eso creo que nos vendrá bien a todos.

No sé si hay algo después de esta vida, pero si lo hay creo que quienes nos dejan, o mejor dicho nos esperan, querrán que no dediquemos nuestra vida a llorarlos. Echarlos de menos sí, guardar un recuerdo para siempre de quienes nos han querido también, y seguir queriéndolos sin duda, pero con una sonrisa en vez de una lágrima.

No es fácil, pero no queda otra. Todo es plantearse recordar lo bueno, y eso, cuando tuviste la enorme suerte de tener una abuela como la mía, sí es sencillo, porque tengo recuerdos preciosos con ella para llenar cinco vidas.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Derecho a ser olvidado

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea le acaba de dar un palo a Google con una sentencia en la que reconoce el derecho de los usuarios a “ser olvidado”, es decir, a la cancelación de sus los personales que figuran en el buscador. En principio, no se me pongan locos, la cosa no es conseguir que si tecleas tu nombre no salgas, sino que los datos que carecen de “relevancia pública” deberán ser eliminados. 

Sobre el tema de la protección de datos la verdad es que pienso que hay una paranoia colectiva de difícil comprensión. Evidentemente no defiendo que los datos personales circulen por el mundo con la alegría que las redes sociales permiten, pero esa obsesión con que no tengan tu nombre y apellidos, cosa que pueden obtener de la guía de teléfonos (cuando había guía de teléfonos, al menos… ¿se sigue editando?) sin mayor complicación. 

El problema no es tanto el uso como el abuso. A mí que alguna empresa tenga mis datos me molesta poco, lo que me fastidia es que me llamen a casa a la hora de la siesta o cuando estás preparándote para cenar para ofrecerte “descuentos en tu factura de teléfono”, y más concretamente me molesta la insistencia cuando les dices que no te interesa. “¿No le interesa ahorrar dinero?”, te contestan, como si fueras imbécil. “Pues no, verá, me ha tocado la primitiva y tengo acciones en Vodafone”. Es que a veces… 

A ver, que me desvío… Hablábamos del “derecho a ser olvidado”. Verán, el proceso lo inició un señor que tenía una deuda que ya pagó pero que aparecía siempre en los buscadores cuando tecleabas su nombre. Evidentemente si hacen que Google se ponga a filtrar dato a dato esto va a ser un poco complicado, y el problema está más en las fuentes de los datos en el buscador en sí. 

¿Por qué es legítimo que si yo busco un nombre en el Boletín Oficial de la Provincia me salgan sus multas y si lo hago en Google no? ¿No debería haber una “obsolescencia programada”, como en las lavadoras, en el tema de datos publicados en Internet? ¿Qué culpa tiene Google de que yo no haya pagado mis multas? Por otra parte, en un país donde todo el mundo pide a gritos que se publiquen listas de pederastas, violadores y monstruos similares (tema del que habría que debatir largo y tendido) no comprendo muy bien que nos digan que no podemos saber si el candidato a alcalde ha pagado sus impuestos religiosamente. 

Pero analicemos el punto de vista contrario. Hace unos días prescribió el doble asesinato del Ceao. Lo de la prescripción de delitos es algo que no tengo muy claro, es como si la simple inacción de la administración para esclarecer un asunto otorgara el perdón al asesino. Si esto se acepta como válido en aras de la seguridad jurídica, ¿cómo no vamos a “olvidar” que un señor tenía una multa, que encima ya pagó? 

Sé que me contradigo, pero es que estoy dándole una vuelta al tema. 

Parece que el secreto está en la relevancia de los datos. Si yo soy Fulanito Pérez, y he cometido un error (que todos podemos) no tiene mucha lógica que los buscadores me condenen de por vida a llevar el sambenito de moroso o lo que sea. 

Quizás habría que delimitar lo que es relevante de lo que no, pero eso no creo que deba hacerlo Google, sino las fuentes que publican la información. Una especie de “código de validez” que diga hasta cuándo se pueden indexar los datos en los buscadores. No sé si es técnicamente posible, que supongo que sí, pero tendría su lógica.