miércoles, 26 de marzo de 2014

Orozco es sólo la punta del iceberg


A este paso va a resultar que Luis Álvarez decía la verdad y el señor Alcalde recibe en su despacho a todo cuanto parado quiera verle para chanchullar una plaza en alguna empresa por ahí de las que dependen del ayuntamiento. Sólo se pide como requisito un buen enchufe.

Camino al Juzgado - Foto de archivo de El Mundo
En Lugo esto no es nuevo, bueno, ni en Galicia, ni en España, pero en la ciudad de las murallas parece que el “e tí de quén ves sendo” es “conditio sine qua non” te puedes arrimar el ascua a tu sardina, siempre que el ascua sea una administración pública.

Sin entrar al trapo de la grabación de la entrevista con Orozco, del que por cierto poco se debía fiar el muchacho que iba a pedir trabajo para grabar todo el asunto, me gustaría hacer una reflexión sobre el caciquismo que parece que no acabamos de sacudirnos de encima.

En esta ciudad siempre que se toca ese tema nos vienen con figuras que llevan unos lustros fuera de la escena política (en concreto Cacharro, no me digan que no pensaban en él), pero parece que no hay que irse tan lejos en el tiempo para ver que los usos y costumbres no son patrimonio de una persona ni un partido, sino que es algo muy nuestro como ciudad. Y es una pena.

Verán, en Lugo siempre enfocamos todo con el dudoso cristal del “ellos” y el “nosotros”. Me incluyo en el lote porque a pesar de que intento con todas mis fuerzas evitarlo en ocasiones me he decepcionado a mí mismo con primeras reacciones de ese tipo, aunque siempre que me doy cuenta intento corregirlas.

Pero es un tema social, una cuestión que deberíamos abordar en Lugo como colectivo, como ciudad, porque ya lo diagnosticó acertadamente el ex fiscal jefe de Lugo, el señor García Calderón, denominándolo “el mal de la Muralla”. Esa especie de psicosis colectiva por considerar favores lo que son derechos, por llamar a “un buen amigo que tengo yo ahí para que te mire eso” cuando con un simple recurso que podría escribir hasta el más zote te tienen que quitar una multa que no es correcta… o para no pagar los 100 euros que te han cascado por aparcar en el medio y medio de una acera.

Porque esa es otra. Las normas no van para el lucense medio. Aquí somos todos muy importantes y parece que sólo tienen que cumplir los demás, los que “no conocen a nadie” en una ciudad donde nos conocemos todos. Esa es la cuestión precisamente.

No protestamos cuando se aprueban normas abusivas porque entendemos que podremos “sobrevolarlas” gracias a ser amigo de un amigo del que pone la multa o del que la tramita, que malo será que no pueda quitártela, y cuando viene alguien a recordarnos que todos somos iguales ante la ley lo miramos como si estuviera loco y no supiera dónde se mueve. Lo malo es cuando ese alguien es una jueza, o dos juezas, que han demostrado un escrupuloso conocimiento de la ciudad y tener un buen par de cojones, con perdón de la expresión y de la incorrección anatómica.

No todas las cadenas de favores son buenas...
Orozco no es más que la punta del iceberg de una ciudad podrida, corrupta y acostumbrada a considerar el poder como una fuente de ingresos y no como un servicio público. Una ciudad a la que adoro con toda mi alma y que por eso me atrevo a criticar, como haces con un amigo muy querido o con un familiar que crees que se ha equivocado: a la cara y con cariño.

En Lugo las alternativas políticas “ciudadanas” son refritos de ediciones anteriores, que marcaron en su día el camino del chanchulleo y que ahora pretenden dar lecciones de moral, con sentencias por delitos de falsedad en su haber y pruebas de fraude contra la hacienda pública. Esa es la “savia nueva” que se nos vende, en una ciudad donde ser “don Fulano” te permite arañar unos miles de votos, por increíble que parezca.

Este es el Lugo que no me gusta, el que entiende que para conseguir un trabajo es mejor aprobar una empresa mixta de gestión del agua en que no se preocupan de la gestión del agua, sino de cuántos colegas puedo enchufar, con carné preferiblemente o con influencia para echarme una mano cuando las cosas pinten bastos.

¿Y el que me gusta? El de esa masa cada vez menos asustada que se enfrenta al poder día a día, llevando al juzgado las injusticias sin el más mínimo interés en ser "califa en lugar del califa" como hacen otros que se rasgan las vestiduras pero sólo quieren ser parte del negocio. Parece que cada vez más gente entiende que hay formas "civiles" de luchar contra el poder sin armar un cristo y que una cosa es montar una manifa para cascar a la policía, lo que todos condenamos, y otra muy diferente rebelarse contra el chiringuito que tienen montado unos cuantos a costa de todos. Y no me entiendan mal, que no hablo de “los políticos”, sino de los caciques, que no es lo mismo: Ni son todos los que están ni están todos los que son.

¿El primer paso? Cuando le toque hacer una gestión no pregunte por un amigo, pregunte por los pasos del procedimiento. Dormirá mejor y no le deberá un favor a nadie.

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