viernes, 23 de enero de 2026

Accesibilidad y polémica (en la piscina de Frigsa y la residencia de Las Gándaras)

A la izquierda una silla de acceso al agua para personas con dificultades de movilidad.
Las otras dos imágenes son el antes y el después de la reforma de la residencia de As Gándaras

Hace un par de días una amiga, Alexia, protestaba públicamente porque la piscina de Frigsa no tiene una silla elevadora para que ella, que va en silla de ruedas, pueda bañarse sin necesitar la ayuda de cuatro personas. El dispositivo que pide es tan sencillo como una silla anclada al borde de la piscina que le permite bajar al agua por sí misma, una de esas cosas que los que no vivimos su situación consideramos obvia pero que no lo es tanto.

Es habitual verla en piscinas públicas de lugares mucho más pequeños que Lugo y la propia Alexia pone como ejemplo la de Friol, que como es habitual da lecciones de buena gestión porque tiene un alcalde apasionado por su municipio y eso, quieran que no, se nota muchísimo porque ya no es un trabajo, es una obsesión.

En Lugo no le dan respuesta. El dispositivo cuesta unos 3.000 o 4.000 euros, lo que se gastan en caralladas varias, pero que resulta “inasumible” para un municipio con un presupuesto de más de 120 millones de euros. Acojonante.

La accesibilidad no es una opción, es una necesidad. Los que tengan la suerte de llegar a mayores probablemente tarde o temprano necesiten alguna ayuda, salvo casos como mi madre, que está más activa ahora que cuando trabajaba y sigue bailando en el gimnasio como si no hubiera un mañana, mi suegra, que a sus 90 años está mejor que yo, o nuestra amiga Toñi, que sospechamos que es titular de un pacto con el diablo. Pero a lo que iba, lo normal es que por h o por b alguna cosa nos haga falta a todos si llegamos a una edad avanzada.

En lugares como las residencias de mayores la cosa ya es un absoluto requisito, y aprovecho para enlazar con el tema de la polémica que se ha montado con la reforma de la residencia pública de Las Gándaras y la “supresión de habitaciones individuales”.

En primer lugar, es importante saber que la realidad es justo la contraria de la que nos venden. No sólo no se reducen habitaciones individuales, sino que aumentan. En las plantas de las que hablamos la residencia perderá 30 plazas, pasando de 150 a 120 (ahora veremos el motivo) pero las individuales pasan de 30 a 40, y las dobles bajan de 120 a 80. El edificio se tiene que reformar y se pierden habitaciones, pero todas dobles.

Entonces ¿por qué hay protestas? Pues porque se consideran individuales habitaciones que en realidad son dobles, y tiene su explicación. Las habitaciones en debate realmente son dobles, y lo que da cierta intimidad es un murete de separación entre las camas de los dos residentes, que comparten una pequeña salita y el baño. Es decir, que es cierto que hay una relativa privacidad por ese muro que separa las camas, pero sigue siendo una habitación doble.

En la nueva configuración ese muro desaparece. No porque no quepa donde está, sino porque es necesario rediseñar todo el espacio para cumplir con las normativas de accesibilidad y de incendios. “Pues entonces mejor que no lo toquen” dirá alguno… olvidando que nunca pasa nada hasta que pasa.

Recuerden que es un edificio de muchas alturas lleno de gente mayor. Si hay cualquier situación de riesgo (un incendio, que es lo que estamos pensando todos) imaginen la que se puede liar si los pasillos son más estrechos de lo debido y no caben camillas o sillas para desalojar con rapidez todas las plantas.

En cuanto a las habitaciones en sí, los baños que actualmente tienen tampoco cumplen la normativa, y en un centro de este tipo es prioritario que lo haga porque, aunque hablemos de personas autónomas, el término es relativo, porque se refiere a quienes se valen por sí mismos, pero no podemos olvidar que hablamos de gente mayor y que tienen ciertas necesidades de accesibilidad, como es natural.

Actualmente en cada planta hay diez habitaciones dobles con el murete del que hablábamos y tras la reforma se reducirán a ocho dobles, porque los espacios requeridos son mayores y la necesaria ampliación del pasillo se come un pedazo. Por su parte, hay seis individuales y cuatro dobles (sin murete) que se convertirán en ocho individuales, que se asignan con criterios de sentido común (la situación de cada persona influye en que pueda o no compartir habitación).

Esto hace que en cada planta se reduzcan seis plazas, y como hay cinco alturas para este uso la residencia perderá treinta en total. Convertir todas las habitaciones en individuales como se pide haría que se reduzcan todavía más plazas. ¿De verdad creen que es la mejor de las soluciones con la crisis que hay de capacidad en las residencias públicas?

Así que las preguntas se reducen a dos: ¿es opcional cumplir la normativa sobre accesibilidad y seguridad en una residencia pública? Obviamente no. ¿Reducimos aún más el número de plazas? Tampoco parece lo razonable.

Habrá que estudiar si, una vez hecha la reforma, se puede poner algún tipo de mampara fija entre las camas de las habitaciones dobles para dar más intimidad a los residentes, sustituyendo ese murete actual por una opción factible en la nueva configuración de las habitaciones, pero poco más se puede hacer.

Con esto no pretendo justificar nada, sólo explicar la situación real.

Bien es cierto que a lo mejor en vez de quemar 50 millones de euros en una estación intermodal que no valdrá para nada podrían haber reformado el antiguo sanatorio mental de Castro para construir allí una enorme residencia de mayores en que la gran mayoría disfrutarían de grandes espacios abiertos, en planta baja e incluso habitaciones con jardín privado. Está muy cerca del núcleo y quienes tengan buena movilidad pueden ir caminando, y con la enorme cantidad de plazas que habría allí no sería descabellado tener incluso un bus para ir al pueblo o para hacer excursiones (si lo tienen muchos hoteles, ya me dirán por qué no una gran residencia).

Las residencias de mayores tendrían que ser palacios. En lugar de gastar los dineros públicos en cuestiones secundarias se tendría que replantear dónde metemos los cuartos, y parece que atender a quienes se hacen mayores debiera ser una de las grandes prioridades.

No creo que sea pedir demasiado, es redefinir qué es lo importante.

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