Mañana termina el año 2015, y con él se cierra una etapa importante tanto en mi vida como en la de mi familia. El cierre del Verruga por la jubilación de mi madre evidentemente marcará un antes y un después en nuestro día a día y confío en que sea para bien, porque mis padres por fin podrán hacer una vida más tranquila, más normal, disfrutando de cosas que otros dan por sentadas. Ahí tengo que decir que al haber vivido eso desde pequeño siempre he apreciado el tiempo libre y es algo que todo el mundo debería reflexionar.

Me estoy planteando seriamente incluso tomarme unas vacaciones del blog. No se preocupen (si es que pensaban hacerlo) porque no se trata de colgar la tecla, sino de un breve periodo de descanso. Tengo un par de cosillas en mente que hacer y prefiero tener las menores distracciones posibles, pero ya veremos. Si durante unos días no publico nada ya saben por qué es.

Puede que esté melancólico, y me salga un artículo sensiblero, no se lo discuto. Nadie es de piedra y si no tuviera un disgusto por todo lo que dejo atrás con el 2015 querría decir que tampoco le daba importancia a lo que tenía, y se la daba. El Verruga marcó la vida de toda nuestra familia durante tres generaciones, y Lugo Monumental, en menor medida, la mía estos últimos años. Claro que los echaremos de menos.
Pero toca mirar adelante y ver qué tenemos en el futuro y aprovechar lo bueno de aquella frase que decía Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó: “ya lo pensaré mañana… mañana será otro día”.
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