
Esta semana pasada, en que se ha tirado al suelo el busto de Concepción Arenal (el que estaba detrás de la fuente de las ranas) y un banco del casi centenario parque de Rosalía de Castro, no ha sido de las mejores para el patrimonio. Se une esto al “coque” que le han metido al Ayuntamiento en la fachada y otras agresiones a nuestros bienes comunes, en una continuidad sin fin de los comportamientos vandálicos… y parece que las administraciones tampoco es que se molesten demasiado en dar ejemplo.
No tengo ni idea de a quién corresponde el tema del túnel. Supongo que será de Patrimonio, de la Xunta de Galicia, así que a ver si se ponen las pilas, que dudo muchísimo que al yacimiento, sea o no sea importante, le haga algún bien que las plantas hundan sus raíces en la zona y eso parezca más un jardín botánico que un resto arqueológico.

Aquí hay para todos porque recientemente el Ayuntamiento defendió a la empresa que hizo los agujeros en la Muralla para poner luces festivas con el llamativo argumento de “siempre se hizo así”, cosa además incierta porque normalmente no se taladraba nuestro principal monumento. De las habituales muestras botánicas de las ventanas arqueológicas ya ni hablamos, porque se ve más verde que piedra en general.
No me cabe en la cabeza que monumentos que llevan décadas o incluso siglos ahí, sin verse afectados por el paso del tiempo, se estén degradando a marchas forzadas porque una parte de la ciudadanía ve divertido cargárselos sin temor a consecuencia alguna. De hecho hay restos que estarían mejor si no se hubieran descubierto, tapados por una protectora capa de tierra hasta que vengan tiempos más respetuosos.
Al final acabarán por poner cámaras en todas partes, y eso para un liberal es como mínimo peligroso.
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