jueves, 23 de enero de 2014

La piedra de Marte

Los que somos fans de la ciencia ficción, ya sea en general o más concretamente en una de las múltiples ramas de ésta (yo, por ejemplo, soy de Star Trek) aún estamos con la boca abierta por lo de la foto de la piedra. Ah, ¿No se han enterado?... En dos fotos tomadas en un lapso de tiempo por uno de los cachivaches que la NASA envió a Marte apareció en la segunda una piedra que en la primera no estaba.


Vale que eso no es exactamente la foto de ET saludando a los pueblos de la Tierra y diciendo lo de “venimos en son de paz”, pero como curiosidad no está mal.

Si les soy completamente sincero, viendo la foto con un poco de calma a mí personalmente me tiene más pinta de ser un globo de esos que usan las sondas para aterrizar, medio desinflado y tirado en el suelo, que una piedra, pero si la NASA dice que es una piedra, habrá que creérselo.

En cualquier caso, me temo que en unos días saldrán con cualquier explicación pejiguera que nos dejará con un sensación de “vaya chorrada”, y es que con este tipo de anuncios tendrían que ir con algo más de tiento, que con las ilusiones no se juega, hombre. Sí, he dicho ilusiones.

Verán, la constatación real y efectiva de que existe vida en otros planetas nos conviene a todos aunque sólo sea por egoísmo. Si nos apareciera por ahí una raza de bichos, seres o lo que ustedes quieran, a poder ser de los malos pero que tampoco nos invadan con facilidad, conociendo a esta puñetera especie que somos los seres humanos el efecto inmediato sería el de unirnos como una piña.

Fíjense ustedes en lo tontos que llegamos a ser… Somos europeos cuando debatimos sobre “lo tontos que son los estadounidenses”, somos españoles cuando nos metemos con “los gabachos”, somos gallegos cuando hablamos de “lo vagos que son en el sur”, y lucenses para criticar “la pijería de La Coruña”. Vamos, que lo que nos une más que lo que tenemos en común es el enfrentamiento a los demás. Pues nos falta algo que nos una como especie para sentirnos una unidad.

Una piedra no significa nada, y sobre todo si es una foto de calidad regular de algo que parece una piedra, pero ¿y si fuera algo más? Vale, no es el monolito de Odisea 2001, pero… quién sabe…

miércoles, 22 de enero de 2014

Libros libres

No soy partidario de la censura periodística, literaria o artística. Creo que una forma absurda de promocionar algo es prohibirlo para, de esta forma, aumentar el morbo de su disfrute. Ahora es cuando debería venir un “pero” o un “sin embargo” y no lo habrá. Es una cuestión que no suele admitir claroscuros y con excepción de las ilegalidades más salvajes (no me vale el uso de esa libertad para, por ejemplo, publicar fotos de pederastía) el resto creo que no debe ponerse en tela de juicio.

Estamos en una sociedad en que uno puede comprar casi lo que quiera, desde cuadros con un raya y un punto por varios cientos de miles de euros hasta impresionantes paisajes por una fracción ridícula de ese precio, ya que lo que importa hoy día no es saber pintar sino ser “original” y “diferente”, que es lo que priva.

Sin embargo (ahora sí) a veces se plantean dudas sobre esta libertad total. ¿Qué pasa con un libro que incita al odio, al racismo o a la violencia? ¿Debería prohibirse o simplemente dejarlo pasar desapercibido para no darle más publicidad? Y, si ustedes son partidarios de lo primero, ¿quién traza la línea?

Vamos a los ejemplos, que siempre ayudan y son más gráficos. ¿Debería prohibirse un libro que llamara a la lucha armada para lograr la independencia de un territorio de nuestro país? No me nieguen que se les ha ido la cabeza a todos a un libro de ETA, pero fíjense que no he dicho eso, no he hablado de terrorismo, sino de lucha armada, que no es exactamente lo mismo. ¿Llamar a la revolución debe estar prohibido?

Aunque me considero una persona de orden, creo que la respuesta a esas preguntas ha de ser “no”, principalmente porque los humanos tenemos una tendencia a la exageración que nos haría pasar de eso a reinstaurar la Inquisición en un plazo de tiempo más breve de lo que se imaginan. Que nos conocemos.

Volviendo a los ejemplos, hay dos libros, exceptuando los religiosos, que han causado el mayor número de muertos en el siglo XX. Uno es “Mi lucha”, de Hitler, y otro “El Capital”, de Marx. Sin embargo imagino habrá más partidarios de prohibir el primero que el segundo… lo cual es ciertamente discutible. La solución creo que es permitir ambos y que el tiempo los coloque donde deben estar.

El otro día en un centro comercial vi el libro de Hitler entre los de cocina, “Las mejores frases y citas célebres”, y “El evangelio de la república”, en uno de esos puestos que siempre me recuerdan a la venta de toallas al quilo. No se me ocurre mayor humillación para Hitler, aunque hay que decir que el libro estaba entre los más caros del puesto. ¿Quizás porque se vende?

martes, 21 de enero de 2014

El aborto

Creo sinceramente que toda la polémica sobre el aborto se reduce sencillamente en una única pregunta: ¿Cuándo empieza el ser humano a ser humano? No he dicho que la pregunta fuera sencilla...

La dificultad es que eso no tiene una respuesta clara. Ni los defensores del aborto libre me convencen asimilando un feto a un cáncer o un apéndice a extirpar, ni tampoco me veo persuadido por los que creen que desde el minuto cero hay un ser humano con su alma y esas cosas.

Las consecuencias de la contestación a esa pregunta no son menores, ya que suponen la diferencia absoluta, decantan la opinión de una u otra manera. Si uno piensa que el feto es un ser humano, obviamente el derecho a la vida de éste deberá estar por encima del derecho de la madre de no continuar con el embarazo, ya que hablamos de la supervivencia frente a nueve meses de molestias (la comparación no es proporcional), pero si crees que el embrión es un “algo” sin valor en sí mismo, verás lógico que la portadora, es decir, la futura madre, pueda elegir qué hacer.

Sería mucho más fácil si hubiera un hecho diferencial que te permita marcar un antes y un después, pero no existe y ni siquiera el nacimiento parece ser una línea demasiado evidente. Ni el abortista más abortista defenderá, creo yo, que un feto de nueve meses menos un día es una cosa sin derechos y que te lo puedes cargar.

La cuestión se traslada entonces a dónde trazar la línea, esa línea imaginaria, arbitraria y terrible que definirá cuándo un embrión, feto o lo que sea pasa de ser un conjunto de células a ser una persona con sus derechos, entre los que destaca el más fundamental de todos: el derecho a la vida. Recomiendo vivamente ver el documental de National Geographic (que supongo que nadie vincula a la Conferencia Episcopal) titulado "El vientre materno" antes de decantarse por una opción.

Obviamente es una cuestión moral, filosófica, incluso religiosa para muchos. Siempre me choca que quienes defienden el aborto critiquen que se tome como una cuestión moral. ¿Entonces qué es, civil? Claro que es moral, como el 99% del código penal, como el "no matarás", "no robarás" u otros mandamientos que tienen un obvio reflejo en nuestra legislación sin que a nadie se le ocurra decir que son imposiciones de la Iglesia. Y tenemos una moral muy extraña, ya que somos una sociedad que aprueba leyes para proteger los embriones de las especies en peligro de extinción pero llama la atención muchísimo que no protejamos a los de nuestra propia especie.

Por si esa gran duda filosófica fuera poco, otro gran problema de esta cuestión es que no está abierta a negociación: quien cree que hay una vida de un ser humano en juego no va a transigir con que se asesine a lo que él considera una persona, sea el plazo que sea, y quien piense que es un conjunto de células sin valor tampoco va a ceder en su defensa del derecho de una persona (la madre) a decidir sobre su cuerpo. No hay término medio.

Enlace al vídeo de National Geographic
¿Y cuál es mi opinión? Supongo que puede parecer que estoy contra el aborto por lo dicho, pero no es tan sencillo. Lo llamativo en mí, que suelo tener opinión para casi todo, es que no la tengo: veo igual de defendible una postura que la otra, porque no tengo ni la más remota idea de cuándo una persona empieza a serlo e insisto en que ese es para mí el nudo gordiano de la cuestión.

Lo conservador parece que sería ser antiabortista aplicando el principio de “in dubio pro reo”, es decir, no nos carguemos fetos no sea que mañana se pueda demostrar que eran personas y hemos asesinado a varios millones por “no estar seguros” de lo que eran. Sin embargo en este caso me parece simplista.

Supongo que si yo tuviera que decidir me iría a una ley de plazos, es decir, a liberalizar el aborto hasta un determinado periodo de gestación y después de esa fecha ilegalizarlo. Otra cosa es cuál sería ese plazo. He mirado por ahí y lo habitual es entre 10 y 14 semanas. Por decir algo, aunque visto el documental que les decía antes las dudas son enormes.

De todas formas hay más opciones que abortar o asumir al crío de por vida: se puede dar en adopción. No hablamos de una condena para siempre a una mujer por un error propio (falta de previsión en lo que a anticonceptivos se refiere), ajeno (fallo de esos anticonceptivos), o a conductas criminales. Es un trago de nueve meses que sé que no es fácil de superar, pero si le queda alguna duda de si está matando a un inocente (el crío) puede suponer una condena psicológica de por vida. En caso de violación, por ejemplo, me parecería más proporcionado y justo pegarle un tiro al violador, qué quieren que les diga.


Otro supuesto que todo el mundo da por sentado, el de las malformaciones, también tiene su miga. Si esos problemas dan como resultado que el feto no es viable tiene su lógica el aborto. Pero si puede llegar a nacer, aunque sea con problemas, me cuesta trabajo entender esa ligereza para abortar como si habláramos de un error de fábrica de una lavadora.

Asumir que un feto “imperfecto” puede ser objeto de aborto es lo que se llama “eugenesia”, una técnica muy apreciada por los nazis. Es el paso anterior a poner una inyección letal a todo aquel que no cumpla los estándares de calidad que la sociedad imponga. ¿Un ciego merecería vivir? ¿Y un cojo? ¿Dónde trazamos esta nueva línea? Porque volvemos a hablar de líneas, una vez más.

Del aborto por razones económicas ya no hablamos. Me parece una auténtica atrocidad cuando hay cientos de parejas deseando adoptar y sin posibilidad de hacerlo.

El gran drama social del aborto, en mi opinión, es su frivolización: se toma casi como un método anticonceptivo tardío.

En resumen, quizás el aborto sea un mal menor necesario en una sociedad como la nuestra, pero al menos me gustaría que se conceptuara como un mal, no como una cuestión de trámite como ir a cortarse el pelo o cambiar el aceite al coche. A los antiabortistas les diría que tienen que entender que hasta que demuestren que hay un ser humano no pueden obligar a nadie a nada, y a los abortistas que deberían comprender que para los otros es una cuestión comparable al asesinato. No se van a poner de acuerdo jamás, pero al menos debería haber una comprensión mutua, un entendimiento que hoy creo que no existe.

Es un tema casi imposible y que reconozco no poder asumir principalmente porque no soy mujer, y es obvia la limitación de un hombre para poder ponerse en la piel de la embarazada. Lo que lamento es que esta decisión parezca que se toma muy a menudo (no siempre, claro está) sin la debida reflexión y sin ser conscientes de la gravedad que encierra.

Ya he dicho que quizás lo lógico sea el tema de plazos, y aun así me rechina, cuando todos los días vemos esas campañas que tanto abundan de “van a sacrificar a estos cachorritos si nadie los adopta” mientras que asistimos impasibles a innumerables abortos de lo que puede que no sean seres humanos, pero puede que sí.

lunes, 20 de enero de 2014

Juntos pero no acompañados

Siempre se nos cuenta que la tecnología nos “aliena” de nuestro entorno, y que desde que los móviles son más inteligentes que sus dueños, o los libros electrónicos te permiten llevar en el bolsillo una biblioteca entera la cosa va a peor y nos estamos volviendo unos cocos o algo por el estilo.

No les voy a negar una importante dosis de sentido común en esa afirmación y aunque yo mismo tengo la tendencia a estar mirando el puñetero móvil cuando estoy tomando un café cada vez intento más dejarlo en el bolsillo, que si hay una llamada perdida ya se devolverá. Uno tampoco es que sea ministro para tener que contestar en medio segundo a cada whatsapp que le mandan.

Hay cafeterías que tienen manteles de papel donde hay dibujada una silueta para dejar el móvil, y juegos de amigos en que el primero que consulte la pantallita tiene que pagar los cafés. De los típicos carteles de “no tenemos wifi, hable con su acompañante” y cosas similares ya no hablamos, porque es una contrarreforma que no me disgusta completamente, y si antes era el colmo de la modernidad contar con conexión gratuita, ahora es algo muy normal. 

Ignorarse no es algo nuevo en sociedad
De todas formas, y como les digo, reconociendo una parte de verdad en esa imagen que vemos todos los días del grupito en una cafetería donde todos están con su móvil, ignorándose mutuamente, hay que ser sinceros y ver que esto ya pasaba, aunque de otra manera. Es irrelevante que en un cercanías los usuarios fueran leyendo el periódico o vayan ahora con el iPad, o que en los Starbucks llevaras Guerra y Paz en un tomo o lo carretes actualmente en un fino dispositivo electrónico, al final el principio básico es el mismo, y el libro de papel la única diferencia que tiene con el digital es que este último pesa menos y tiene más capacidad.

Cambio generacional
Entonces ¿es algo malo? Supongo que como todo: con moderación no tiene nada de malo que se aprovechen los ratos muertos para leer o comunicarse con otra gente que no está con nosotros. El problema surge cuando ignoras a la persona que tienes a tu lado para seguir chateando con el que está en Madrid, o peor aún, con aquellos a los que puedes ver cuando quieras pero te da pereza llamar para quedar.

Estamos a día 20 de enero, así que aún estamos en plazo para los deseos de año nuevo. Quizás prestar más atención al entorno y menos al mundo virtual de bolsillo al que nos estamos acostumbrando demasiado sea un buen inicio.

viernes, 17 de enero de 2014

Cifras y letras parlamentarias


Estamos en una sociedad que, como ya hemos dicho algunas veces, prima la cantidad sobre la calidad. Parece que un tonel de mierda vale más que una botella de agua, pero salvo que uno tenga que abonar un campo, esto no es cierto.

En la política, esa, por lo visto, malvada actividad, esto llega a su culminación con los concursos de “cifras y letras” que recoge la prensa y que tanto gustan: “el Parlamento ha aprobado este año 231 leyes (es un decir), muy por debajo de las 342 del pasado año”… como si eso fuera un termómetro que diagnosticara la actividad de sus señorías.

Lo mismo se usa para diagnosticar la actividad de un diputado o un senador. “El señor fulano de tal, senador/diputado por Lugo, no ha presentado ninguna iniciativa en lo que va de año, mientras que mengano de cual, compañero suyo de escaño, ha registrado 423”. Lo que ignora mucha gente, que francamente creo que está deseando justificar su odio a “los políticos” como si fueran marcianos, es que hay dos cuestiones vitales en este asunto: la primera es que los parlamentarios del grupo del gobierno no suelen presentar ninguna iniciativa porque éstas las presenta el gobierno, y no ellos.

Por ejemplo, si un diputado lucense quiere presentar un plan de arreglo de carreteras lo que hace es planteárselo al ministerio directamente para que éste lo incluya en el plan nacional de mantenimiento de carreteras, y que el ministro lo presente en el Parlamento.

Esto tiene dos razones: la primera es que el gobierno tiene que lucirse, y la segunda que la tramitación es más rápida y con menos trabas burocráticas, ya que según la Constitución no es lo mismo una proposición que un proyecto, y estos últimos los propone el Gobierno y tienen menos pasos que dar.

Pero hay una segunda cuestión vital de las que les decía antes: el truco del almendruco que viene a ser presentar iniciativas como churros cambiándoles una palabra. Les pongo un ejemplo:
  • El senador/diputado fulano de tal presenta al Ministerio de Fomento la siguiente iniciativa: Revisar y reparar la carretera Nacional VI en la provincia de Lugo... en su tramo de Piedrafita a As Nogais...
  • El senador/diputado fulano de tal presenta al Ministerio de Fomento la siguiente iniciativa: Revisar y reparar la carretera Nacional VI en la provincia de Lugo... en su tramo de As Nogais a Nadela...
  • El senador/diputado fulano de tal presenta al Ministerio de Fomento la siguiente iniciativa: Revisar y reparar la carretera Nacional VI en la provincia de Lugo... en su tramo de Nadela a Lugo...
  • El senador/diputado fulano de tal presenta al Ministerio de Fomento la siguiente iniciativa: Revisar y reparar la carretera Nacional VI en la provincia de Lugo... en su tramo de Lugo a Rábade...
  • El senador/diputado fulano de tal presenta al Ministerio de Fomento la siguiente iniciativa: Revisar y reparar la carretera Nacional VI en la provincia de Lugo... en su tramo de Rábade a Begonte...
  • El senador/diputado fulano de tal presenta al Ministerio de Fomento la siguiente iniciativa: Revisar y reparar la carretera Nacional VI en la provincia de Lugo... en su tramo de Begonte a Baamonde...
Hala, ya tienen 7 iniciativas. Porque para la prensa, para la web del Congreso y del Senado, y para el ciudadano que tiene poco interés en rascar bajo la superficie, es lo mismo cualquiera de esas siete chorradas que presentar un proyecto de ley. Es un número, como el otro.

Otro truco barato es “El senador/diputado fulano de tal pregunta al Ministerio de Educación sobre el grado de desarrollo presupuestario de su departamento en el ayuntamiento de…” y ahí se rellenan 67 preguntas con los 67 ayuntamientos de la provincia… y se quedan tan anchos.

¿Qué es fraudulento? En mi opinión no, porque sólo engaña a quienes se quieren dejar engañar, a quienes miran el número pero no el contenido.

Reconozco que es más fácil saber cuántas que cuales, porque esto último requiere esfuerzo, cogerse el listado y leer, aunque sea, el encabezado de las iniciativas para ver si tienen “chicha” o sólo son para rellenar.

Y nos cuesta tanto leer…

jueves, 16 de enero de 2014

Ese no es el camino


Hoy toco de oído. La cosa va de la “revolución” de Burgos. Sólo sé lo que salió en los telediarios, que es tanto como no saber gran cosa porque hoy en día lo que hacen es repetirte varias veces el titular en lugar de profundizar en la noticia, así que si meto mucho la pata no me lo tengan demasiado en cuenta.

Tal y como nos lo han presentado la cuestión es como sigue: El ayuntamiento de Burgos decide la modificación de una calle para hacer aparcamientos subterráneos y peatonalizar en superficie, y los vecinos, que no lo consideran una obra necesaria y creen que es mejor gastar ese dinero en coas más urgentes, protestan.

Como las protestas no tienen resultado, aumentan la presión de la caldera y empiezan varias jornadas de violencia callejera con quema de contenedores, rotura de escaparates de negocios y, como siempre, particular incidencia de sucursales bancarias (a excepción de las vascas, curiosamente).

El ayuntamiento, ante este panorama, decide suspender las obras y abrir una negociación con los protestantes (no la religión, sino los vecinos de Burgos cabreados) y a ver cómo sigue el culebrón.

Pues me preocupa mucho la decisión del ayuntamiento. Verán, estamos en un momento tan sumamente contradictorio en que encuentras a quien te dice que la gente no sale a la calle pase lo que pase y quien afirma justo lo contrario. Aunque parezca una paradoja estoy de acuerdo con las dos partes. Me explico: la población no sale a la calle con facilidad, ni siquiera para cosas importantes y en la que le van sus propios intereses, porque somos bastante perezosos, pero sí hay un grupo de personas que en vez de paraguas en la entrada de casa tienen pancartas de lo mucho que las usan. Como todas las generalizaciones esta supongo que también es muy injusta pero a ver si matizamos un poco más.

Quienes presumen de “antisistema” suelen tener una facilidad pasmosa para salir a gritar a la calle por cualquier causa, y si ésta se vende bien en prensa ya ni les cuento. Sirven para un roto como para un descosido, y los más radicales suelen ampararse en la masa, en el grupo, para dar rienda suelta a su violencia incluso sin estar necesariamente de acuerdo con la reclamación. Supongo que en este caso ha pasado esto y que entre mucha buena gente que realmente está preocupada por el futuro de su ciudad se metieron unos cuantos desgraciados que compensan a golpes sus paranoias. El problema es que los demás vecinos no identifiquen y denuncien a esos bárbaros que lo único que hacen es deslegitimar su protesta.

No dudo que los vecinos de Burgos tengan sus motivos para la movilización pero nada, absolutamente nada, justifica que la oposición a unas obras decididas por el pleno de un Ayuntamiento acabe en vandalismo. Y lo peor de todo es que el alcalde, por la vía de los hechos, ha legitimado esta actitud.

Supongo que no tenía mucha más opción, porque la otra salida era llamar al ejército para defender a las brigadas de obras, pero ya me dirán ustedes qué clase de democracia es esta en que a bofetadas se pueden paralizar decisiones, aunque sean equivocadas. Si se hubieran encadenado a los árboles de la calle (es un decir, no sé si tienen árboles) o hubieran hecho una sentada silenciosa, o una huelga de hambre, yo no estaría escribiendo esto… pero no puedo aceptar el vandalismo como una forma legítima de presión a una administración.

Es un camino peligroso que se ha iniciado en Burgos, y los ánimos están bastante caldeados en temas mucho más importantes que ese así que a ver cómo acaba esto.

miércoles, 15 de enero de 2014

Lo importante no es la rampa

Los reyes magos, muy atentos ellos, me dejaron un calendario de Mafalda la noche del pasado día 5 de enero. Es una forma agradable de empezar el día pasar una página y ver una tira de Quino, que aunque a estas alturas ya me conozco de memoria, me siguen pareciendo entretenidas.


Hoy toca una en la que Mafalda y Susanita ven un mendigo y ambas dicen que les da pena ver gente pobre por la calle. “¡Habría que dar techo, trabajo, protección y bienestar a los pobres!” dice Mafalda, a lo que Susanita contesta: “¿Para qué tanto? Bastaría con esconderlos”.

Pues con la infanta pasa lo mismo. Ahora el gran debate no es lo que va a decir en el juzgado, o qué repercusiones puede tener para la monarquía que Cristina de Borbón haya usado, presuntamente, malas artes para enriquecerse (aún más) a costa del erario público mediante fraudes de todo tipo… no, el debate es si va a entrar en el juzgado andando o en coche, si por la rampa o por el garaje…

Luego nos quejamos pero a veces este país tiene lo que se merece. Si la gran inquietud de la Casa Real y del Gobierno es la foto, es que algo falla. Y falla porque esa foto es la del triunfo del Estado de Derecho, en el que nadie, por muy infanta que sea, puede librarse del largo brazo de la ley. Al menos yo lo veo así.

En España estamos pagando muy caro un largo periodo de tiempo en que el pelotazo era la forma de vida habitual, casi a cualquier escala. Ya lo he dicho muchas veces, pero lo repito una más: cuando escucho que “los políticos son todos unos corruptos” no puedo evitar pensar que hay dos mentiras en esa frase: la primera es el “todos”, ya que alguno honrado hay, y la segunda es esa sensación que se quiere transmitir de que la política es mala por naturaleza y que el resto de los sectores son unos benditos. Va a ser que no. Ya estamos viendo que la corrupción afecta e infecta todos los estratos, profesiones, sectores y niveles. Es una cuestión social. Ojalá fuera sectorial, que sería más fácil luchar contra ella.

Un país donde la pregunta económica más habitual es “¿Con IVA o sin IVA?” no puede tener menos que unos representantes, Casa Real incluida, que reflejen esa sociedad. Donde esperamos pacientemente en la cola del médico de cabecera a que acabe de atender al “visitador médico” sin decir ni pío, donde vemos con normalidad que el hijo de un concejal sea contratado por una empresa a su vez contratada por dicho concejal, donde ser un ladrón de lo público se ve casi con simpatía… ¿qué nos podemos esperar?

Personalmente me importa poco si la infanta es culpable o inocente. Preferiría que fuera inocente por su bien y el de una institución que, aunque cada vez menos, me sigue atrayendo, pero si es culpable no veo ningún drama en que la condenen. Como a todo el mundo… bueno, menos a su padre, que no se le puede tocar ni siquiera desde un juzgado. El sistema constitucional español es tan perfecto.