viernes, 30 de diciembre de 2011

Piedras contra el tejado de todos

De la presunción de inocencia ya hemos hablado, tanto de la judicial que sí existe, como de la pública que brilla por su notoria ausencia. Con el caso de Urdangarín pasa exactamente lo mismo: mientras jueces y tribunales se afanan en la dificilísima tarea de desenmarañar la red de pasteleo encabezada por el yernísimo, la sociedad ya ha emitido su veredicto de culpabilidad sin paliativos. Lo de aprovecharse, presuntamente, de una asociación benéfica para niños no se lo van a perdonar jamás. La Casa Real, por su parte, también emitió su veredicto de culpabilidad hace años, cuando intentó zafarse del tema desterrando a la Infanta Cristina y su marido a Estados Unidos.

Urdangarin Lo que me cuesta muchísimo comprender, en caso de que las acusaciones sean ciertas, son dos cosas: la primera es para qué demonios monta este tinglado un señor que tiene la vida, solucionada y de qué manera. ¿Qué lógica tiene arriesgar una postura privilegiada y una situación cómoda de por vida por unos euros, por muchos que sean? Urdangarín aquí tira piedras contra su propio tejado y el de todos, porque en estas cosas España es víctima colateral.

La segunda es hasta qué punto los poderes públicos (salvando al judicial que fue el que abrió el melón), con la prensa como cuarto poder, siguen la estela de lo que dice el Rey, porque no ha pasado un minuto desde que Don Juan Carlos levantó la veda para que pasaran de soslayar el tema a lanzarse como hienas hambrientas. Comprendo lo de las hienas, no el pasotismo inicial.

El gran problema de todo esto no es Urdangarín, ni sus presuntos chorizeos, ni siquiera el dudoso proceder de nuestros dirigentes al hacer la vista gorda ante todo este panorama, que ya son temas gordos. El gran problema, insisto, es que Urdangarín entró como el yerno perfecto: alto, razonablemente guapo, deportista, simpático… y se ha convertido en la piedra angular en la que se va a basar el discurso contra la Monarquía durante los próximos años. En nuestro país no hay mayor deporte nacional que la caza del afortunado. A quien le van bien las cosas suele ser al que más se desea ver caer, y si encima da motivos la mal disimulada envidia se cubre con el manto de la justa indignación. Es el caso, parece ser.

Como ciudadano de a pie, que se juzgue objetivamente y en su caso se condene a Urdangarín me preocupa relativamente poco. Es como cualquier otro aspirante a chorizo que utiliza (me aburre poner todo el rato “presuntamente”, entiendan que en adelante todo es presunto, por favor) un cargo público para enriquecerse de forma más acelerada aún de lo normal. Sin embargo, como estudioso de la cosa pública hay algo que me quita el sueño con más intensidad: la actitud de la primera autoridad del Estado en este tema.

Si el Rey no tenía ni idea de nada, ¿por qué esa actitud de sacarse de encima al yerno con tanto ahínco? ¿Qué hay de esos informes que, al parecer, tenía la Casa Real sobre estas cosas? Y si estaba al corriente ¿no debería el propio Rey dar ejemplo y poner él mismo la denuncia para demostrar su nula implicación? A la monarquía no le hace daño un tipo que se quiere aprovechar de su posición, se lo hace la reacción de la Casa Real ante ese asunto, y la actitud no ha sido la correcta.

Yo, que me considero monárquico por muchos motivos (un día si quieren hablamos del tema), creo que la Corona no ha actuado correctamente, y que esto le va a pasar una factura que van a tardar mucho mucho en pagar, ya ver si no provoca cosas más graves. La transparencia y el sentido común deberían haber sido mucho mayores y anteriores. No pueden estar mareando la perdiz durante años para ahora venir de “yo no sabía nada”. E insisto, estoy a favor de la Monarquía, pero no así.

Iremos viendo lo que pasa pero, eso sí, aprovecho la ocasión para desearles a todos un muy feliz Año Nuevo.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Proporcionalidad periodística

La mona Chita ha muerto. No sabía ni que estaba viva. Como las películas de Tarzán tienen más años que Matusalén, uno suponía que la pobre mona estaba criando malvas desde hacía décadas, pero mira tú por dónde, resulta que no. Es como cuando murieron Katherine Hepburn o Fred Astaire, que nadie tenía la seguridad de si estaban vivos o no.

Chita La mona Chita puede que haya sido el animal cinematográfico más popular de la historia. Tal vez el Tiburón de Spielberg le pueda disputar ese honor, pero al escualo ni le pusieron nombre, y poco cariño se le coge a un bicho que se dedica a comer piernas de bañistas y que es responsable de que cuando uno entra en el mar a veces le de un poco de nosequé.

Según cuenta la prensa, a la buena de Chita le gustaba pintar con los dedos y ver fútbol americano, lo cual la sitúa a un nivel intelectual similar al de muchos seres humanos, embrutecidos como estamos, o incluso por encima dada la sensibilidad artística del simio, que acompañó a  Johnny Weissmuller en sus famosas películas.

Pero esta noticia, aparecida entre ayer u hoy en la prensa (depende de lo ágiles que estén en cada redacción con los teletipos, imagino), probablemente sea falsa. Para empezar, no hubo una única mona Chita, sino que varios primates encarnaron el popular personaje selvático. En segundo lugar, los chimpancés en cautiverio no viven semejante barbaridad de años por muy bien que les cuiden. Llegan a los 60 como mucho.

Es un ejemplo más de lo que estamos haciendo de este mundo de fast-food informativo, en que generamos, asumimos, digerimos y evacuamos (por ser fino) una noticia en cuestión de horas. No sólo no comprobamos la veracidad de la información, sino que no nos importa que sea falsa mientras sea entretenida. Nos llama la atención tanto un terremoto en India como la muerte de una mona que ni siquiera es quien dicen que fue. Es cuestión de un cometario en el café y, como mucho, un “qué pena” que iguala, en la práctica, una masacre de miles de personas con la muerte de un simio.

Si hay imágenes la cosa cambia. El tsunami de Japón tuvo más duración en nuestra imaginación colectiva porque vimos imágenes de las olas, e incluso así fue un poco de “bah, no es para tanto” porque todos nos imaginábamos que la ola sería como las de las películas, esas de 20 metros de altura que tienen la costumbre de tumbar Nueva York y hacer que la cabeza de la estatua de la Libertad rebote por las numeradas calles de la ciudad más filmada del mundo.

Ponemos al mismo nivel noticias que nada tienen que ver. Le prestamos la misma atención a la más que probable imputación de Pepe Blanco por el Tribunal Supremo por corrupción que a la de Urdangarín, o a los más de cien policías locales que ahora parece que están metidos en el tema de la multas, y todo ello, asimilado a la muerte de un mono, las colas en las cocinas económicas de Lugo y el modelito que lucirá quien sabe quién en las campanadas de fin de año.

Somos una sociedad desproporcionada, precisamente porque no diferenciamos casi ninguna noticia. Estamos llegando a un nivel en que todas nos parecen iguales, planas, y cada vez es más difícil que nos afecte algo porque estamos curados de espanto. Hace unos años no teníamos tanta información en tiempo real del mundo entero, y hasta aquí sólo llegaban las noticias más relevantes del exterior. Si un señor se moría en su casa porque le explotaba la bombona de gas en Murcia en Lugo ni nos enterábamos. Ahora abre los telediarios.

Tal vez suene raro pedir un poco de desinformación, pero tampoco es esa exactamente la idea. Quizás los medios tendrían que ser más proporcionales a la hora de dedicar tiempo o espacio a las noticias, y no hacer que toda España se coma dos minutos de terremoto en Argel con 3.000 muertos, por poner un ejemplo, y cinco de cómo se hacen tartas de chocolate con la forma de la Duquesa de Alba por su boda.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Habla, pueblo, habla

Volvemos a las andadas. Cuando uno tiene poder legislativo, sólo tiene que intentar una y otra vez aprobar normas que quiere sacar adelante por mucho que la Constitución diga lo contrario y el Tribunal Constitucional se las tumbe, día sí y día también. Nuestro amigo Mas, presidente del gobierno catalán, acaba de anunciar que va a llevar al Parlamento de su Comunidad una ley para poder hacer “consultas al pueblo” sin permiso del Estado. Vamos, lo que se viene llamando un referéndum.

Todo viene del famoso Estatut, ese que el propio Constitucional dejó en un “ni chicha ni limoná” que no sólo no contentó a nadie sino que encima será una fuente de problemas durante décadas. El artículo 122 del Estatut otorga a la Generalitat la competencia exclusiva en las consultas populares que no sean por la vía de referéndum. Y ese artículo coló, así que según el Constitucional está dentro del marco de nuestra norma fundamental. Francamente, se les debió despistar en ese ladrillo normativo, pero ahora “tarde piaches”.

referendumDice la Constitución, en su artículo 92, que “Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”, y que “El referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados”. Por último, remite a “Una ley orgánica regulará las condiciones y el procedimiento de las distintas modalidades de referéndum previstas en esta Constitución”. Es decir, que para hacer una consulta al pueblo sobre temas políticos de especial trascendencia tiene que autorizarlo el Congreso, proponerlo el Presidente del Gobierno y convocarla el Rey. Menos en Cataluña, siempre que se tome como “consulta popular" que no sea por la vía del referéndum.

¿Y cuáles son las consultas populares que no entran en referéndum? Podríamos pasarnos la tarde hablando del tema, o del sexo de los ángeles, porque el resultado es similar: cada uno va a entender lo que le dé la real gana. Mas entenderá que consultar sobre la independencia de Cataluña o el concierto económico no son “decisiones políticas de especial trascendencia” y que por tanto no entran en el concepto de referéndum, pero tendrá que hilar muy fino porque si acepta eso tiene que asumir que sólo puede consultar chorradas intrascendentes.

El problema de las normas es que se supone que están para cumplirse. ¿Y qué pasa cuando, como en este caso, el Constitucional mete la pata y aprueba de rondón un texto que, obviamente, si no contradice sí soslaya nuestra Ley Fundamental? Pues que como mínimo se dan bazas para el llanto a quienes buscan su victoria política a costa de lo que sea.

El problema de fondo no es toda esta tontería normativa, que al final sólo es un tira y afloja a ver quién puede más. El problema es que las Comunidades Autónomas se creen pequeños estados federados, y eso es, como mínimo, una estupidez. El sistema diseñado por nuestra Constitución no estaba pensado para la situación actual, porque si hubieran sabido lo que se nos venía encima me juego algo a que no habrían otorgado poder legislativo a las autonomías. No es sostenible un sistema con 17 legislaciones diferentes en los temas más variados, y mucho menos cuando el Estado adelgaza como si tuviera anorexia, porque siempre se ve gordo.

La idea era que el Estado fuera la unión y las Autonomías la cercanía; que legislaran sobre sus temas internos pero no se rompiera la cohesión de nuestro país, y creo que los últimos años han sido muy perjudiciales para esto porque las grietas parece que se agrandan. La táctica de echar la culpa “a España” de nuestros problemas es facilona y, lo peor de todo, funciona.

Tal vez ahora, con la crisis, sea el momento de dejarse de tonterías y racionalizar: aligerar la administración pero no por la parte estatal, que bastante escuálida está ya, sino por la autonómica, que es la que está más rolliza. Y de acabar con la desigualdad real que hay entre los ciudadanos de España, para que todos tengamos los mismos derechos vivamos donde vivamos. No parece razonable que si resides en Piedrafita pagues impuestos que en Villafranca no se pagan. O viceversa.

martes, 27 de diciembre de 2011

Buenos y malos en la guerra civil

Ha sido todo uno: ver La Voz de Galicia de hoy y buscar los nombres de quienes han firmado un escrito pidiendo a la Diputación que mantenga a Franco como presidente honorario de la misma. Para quienes no lo han visto ni han oído hablar del tema, que supongo que serán poquitos lucenses a estas horas, el tema es que hay un acuerdo de la Diputación de enero de 2009 para revocar el título de presidente honorario de la entidad provincial. Este reconocimiento se otorgó en 1.944, y hasta hoy sigue vigente. Los firmantes del documento piden que se mantenga porque “se ofende la memoria de quien fue jefe del Estado en los momentos cruciales de nuestras vidas y que mereció la inequívoca adhesión de sus conciudadanos”, entre otros motivos.

Civil Quienes leen este blog habitualmente saben que yo no soy partidario de la Ley de Memoria Histórica. Me ha parecido desde siempre abrir un melón que no se sabe muy bien a quién va a manchar. Las consecuencias de intentar borrar a Franco de nuestra Historia son, además de fútiles, un atentado contra la inteligencia y, muchas veces, el sentido común. Por ejemplo, se atenta contra este último cuando se eliminan alegremente los escudos “franquistas”, es decir, los escudos de España que están enmarcados en el águila de San Juan (el evangelista) y que no son de Franco, sino que vienen siendo parte de la imaginería nacional desde tiempos de Isabel y Fernando.

También hay ejemplos de venganzas mal disimuladas parapetadas tras esta ley, como el caso del Hospital Juan Canalejo de La Coruña. Este hospital, que durante décadas se labró un importante nombre en campos como la cardiología, en que un estudio firmado por “el equipo médico del Juan Canalejo” tenía su valía, ahora ha de firmar como el “CHUAC”, difícil nombre, que es el tonto acrónimo de Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña. Tanto esfuerzo para ahora andar con estas tonterías. Si el nombre de Juan Canalejo se hubiera puesto porque era general de brigada de Franco, me parecería bien el cambio, pero no fue así, se puso ese nombre porque era un médico excepcional.

Una vez dicho todo esto, creo que es un error el escrito de alegaciones contra la decisión de la Diputación. No soy partidario de olvidar la historia, jamás, pero sí de no rendir honores a quienes se pasaron por la piedra los derechos humanos más elementales, empezando por el derecho a la vida. Retirar los nombres de General Franco, 18 de Julio o similares de callejeros, instituciones y honores públicos me parece no sólo razonable, sino importante para sanear nuestra vida de homenajes de dudosa sostenibilidad.

Pero cuidado (el más difícil todavía, el pero del pero), que yo defienda retirar monumentos a Franco no quiere decir que esté a favor de erigirlos a la República. Durante la II República se cometieron tropelías de imposible redención, iguales a las que tras la guerra encabezó el bando vencedor, así que no me vengan con que el enemigo de mi enemigo es mi amigo: atacar a la II República no es ser franquista, y estar en desacuerdo con Franco y su figura histórica no hace que uno sea automáticamente Republicano.

La democracia que hoy disfrutamos, aunque con graves errores y cosas a pulir, no admitiría jamás ni la actitud de Franco ni la de la II República. Ambos gobiernos serían, hoy día, considerados criminales, sin paliativos. Es cierto que ambos bandos hicieron cosas buenas, como la igualdad de derechos de colectivos que nunca habían visto la luz de la legalidad en caso de la república o la recuperación de un país arruinado en caso del franquismo, pero los males de ambas tendencias también son innegables.

El problema de España es que no somos templados. Las cosas no se diseccionan, se despellejan. No hay un debate sereno del estilo del extinto programa “La Clave”, sino una panda de histéricos gritones que sólo conocen consignas baratas al estilo de “Sálvame” o “La Noria” que, quién lo iba a decir, es el programa de debate de referencia en nuestro, a veces muy paleto, país.

“Con Franco se vivía mejor” dicen muchos. Siempre que hicieras la vida que quería Franco, por supuesto. Siempre que no fueras mujer, de acuerdo. Siempre que no optaras por una vida “diferente” de la que marcaba la Iglesia Católica, es cierto. “La República fue una época dorada en España”. Claro que sí, a menos que fueras sacerdote, monja o religioso. O que fueras “enemigo de clase”, concepto que abarca a cualquier tío que te cayera mal y tuviera mil pesetas en el banco.

En todas partes cuecen habas, y no podemos hablar de buenos y malos en nuestra guerra civil. No me entiendan mal, cuando uno dice lo de que “todos son iguales” es una forma barata, normalmente, de justificar a quienes suelen ser considerados los malos pero uno quiere defender. Cuando el PP es corrupto, la derecha es malvada; cuando el PSOE es corrupto “todos son iguales”. No voy por ese camino. Lo que quiero decir es que no podemos hablar de la II República como el sumun de la democracia, ni del franquismo como el paradigma del racionalismo. Para atacar los defectos de uno, no es necesario ensalzar al otro.

Los buenos hemos de ser nosotros, y no unos bandos que hace 80 años se enfrentaron a muerte. Dejemos de perder el tiempo revisando el pasado, que el futuro nos está pidiendo a gritos un poquito de atención. Las cosas no están como para andar haciendo el tonto.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Negocios contra la crisis

Hay que estar más atento, hombre. En nuestra ciudad está en crisis el que quiere, porque hay un “nicho de negocio”, que es como se llama ahora en pijo a las oportunidades de toda la vida, que sin moverse de Lugo asegura un futuro próspero y acomodado: la fabricación, instalación, mantenimiento y reparación de farolas.

241220112330 El Ayuntamiento ahorra en folios fotocopiando a dos caras, y, según nuestro preclaro Alcalde, eso soluciona los problemas económicos de un municipio que tiene un pie en la bancarrota. Eso sí, nos gastamos lo que no está en los escritos en farolas y aquí nadie se extraña de nada. Se colocan incluso en medio de aceras que ya sin obstáculos son de difícil tránsito. La última serie se ha colocado en la calle del Teatro, antigua General Franco, haciendo más complicada la subida o bajada para quienes tengan un carrito de bebé, una silla de ruedas o, simplemente, vayan un poco despistados. ¿Nadie les ha contado que para estos casos existen unas farolas que van atornilladas a la pared en las fachadas de las casas? Pues investiguen, investiguen que de veras que existen desde hace ya unos años.

Esto se une a las ya instaladas a porrillo en todo el casco histórico, y nada más lejos de mi intención que criticar el embellecimiento y mejora de nuestra ciudad, pero tal vez estén exagerando un poco y éste no sea el momento de gastar la pólvora en salvas.

241220112331 A mayor abundamiento, estas farolas son contrarias a las normativas municipales existentes. Sí, sí, no exagero. No hablo de su fábrica, situación, precio o el dudoso gusto de pintar de dorado cutre unas franjas para que parezca que son “las más mejores que hayga”, sino del escudo.

El escudo de nuestra querida ciudad, hecho aparentemente en el mismo material que la farola (supongo que una aleación de hierro, soy de letras así que no me pregunten) y luego pintarrajeado de oro malo, no se corresponde con lo aprobado por el Pleno del Ayuntamiento de Lugo. Parece que la memoria flaquea cuando no interesa, pero hace más de tres años, concretamente en el pleno del 1 de julio de 2008, se aprobó el nuevo escudo y bandera de la ciudad.

Sí, es un tema menor, pero si te vas a gastar una pasta en farolas de cierto nivel, lo lógico es que estén pensadas para que duren algo más de un año, dos o cinco. Se entiende que si se ha aprobado por unanimidad (que ya es decir en Lugo) actualizar el escudo por muchos motivos entre los que está el actual incumplimiento de las normas de la heráldica (vamos, que el escudo se lo inventaron hace años y no casa con la realidad) yo no digo que se pongan a reeditar una ley de memoria histórica y quiten todos los que hay, pero al menos los nuevos entiendo que sería interesante ponerlos cumpliendo las nuevas condiciones, ¿no creen? Si no la verdad es que no entiendo para qué alguien se molestó en aprobar norma alguna.

Pero esas cosas pasan en Lugo: pagamos un estudio “técnico”, probablemente realizado por alguien no desconocido para el contratante, y luego no le hacemos ni caso. Total, como nos sobra el dinero… pero seguro que es porque lo ahorramos fotocopiando a doble cara.

viernes, 23 de diciembre de 2011

La víspera de la víspera de Navidad

Según el telediario de hoy, estamos en la víspera de Nochebuena, lo cual no deja de ser una redundancia ya que Nochebuena es, a su vez, la víspera de Navidad. Cosas del periodismo de hoy día.

Esta Navidad es rara. Supongo que me siento influido por los más y los menos que hay en mi entorno, por cuestiones familiares, económicas o de estado de ánimo de las personas que tengo cerca, pero el espíritu navideño no está calando como en otras ocasiones, y es lógico. Incluso quienes tenemos la enorme suerte de contar con un trabajo estable, que a día de hoy es el problema más grave de los españoles, y no sufrimos problemas demasiado importantes en casi nada (cada uno sabe las suyas), el ambiente no está para tirar bombas de palenque.

Quien más y quien menos empatiza con el sufrimiento ajeno, a menos que sea un monstruo de difícil recuperación, y creo que esa es la causa de tan poca alegría festiva a día de hoy. Por si fuera poco, ni un festivo nos ha caído, que el 2011 es malo hasta para eso, y tanto Navidad como Año Nuevo caen de la forma más puñetera posible para que vengamos a trabajar de lunes a viernes.

Intentar alegrarse “porque es Navidad” es tan absurdo como ponerse triste “porque es Semana Santa”. Sin embargo, no podemos dejar de reconocer que estas fiestas son diferentes a las demás. Por muy ateo que uno sea, o por poco que signifiquen las fiestas en el sentido religioso y espiritual, es complicado no imbuirse del “nosequé” que tiene la Navidad.

cancion de navidad Todos los años, aunque sea un poco absurdo, tengo la tonta costumbre de poner mi villancico de cabecera (el Adeste Fideles, versión de Pavarotti) y leer, no simultáneamente con el villancico, que si no no me entero de nada, “Canción de Navidad” de Dickens. Les recomiendo muy vivamente que lo lean, aunque la historia del viejo Scrooge al que visitan los tres fantasmas de la Navidad la conocemos todos. Hace ver que sí, que las cosas están mal, pero que el túnel en que estamos hoy no es comparable a la miserable vida que hace no demasiado tiempo se llevaba como algo “normal”. Hoy hay quien dramatiza porque no puede regalar a un niño el enésimo juego para la Play Station o la Wii, y hace casi nada el problema es si se podía cenar algo más que rábanos en Nochebuena.

En fin, que aunque sólo sea porque las luces de colores animan (con la excepción, por supuesto, de las tétricas cosas instaladas por la Diputación de Lugo, dignas de Tim Burton), porque la familia se reúne, porque estamos aquí… intenten ver lo bueno que hay en su vida además de los problemas que agobian al que más y al que menos. Comparen su situación con la de quienes están peor, que casi seguro que son más que los que están mejor, y, sin caer en el Schadenfreude (expresión alemana que se refiere a la alegría por el sufrimiento ajeno), valoren lo que tienen, que seguro que es mucho.

Llega la Navidad y se acerca el fin de año, época de balances, de mirar si se han ganado o perdido kilos (tanto reales como metafóricos) y de revisar lo que se pretende para el año que entra. Cuando llegue ese momento, sean generosos con su propia persona, que la cosa está demasiado mal como para hacerse la pascua a uno mismo. De eso ya se encargan desde fuera.

jueves, 22 de diciembre de 2011

La intimidad de sus señorías

Aunque podría parecer previsible que hablara del nuevo Gobierno, si les soy sincero no creo que sea una noticia que yo esté capacitado para comentar. Principalmente porque sacando el nombramiento de Ana Pastor como ministra de Fomento (esperemos que esto sea una buena noticia para Galicia y sus esperadas infraestructuras, aunque habrá que esperar a ver qué hay bajo las alfombras) y lo de Gallardón como Ministro de Justicia, el resto no me parece que sea momento de sacarlo a la palestra. Habrá que ver qué hace cada uno en su área y no sacar la bola de cristal, que con Rajoy en cabeza está visto que tiene poco que rascar.

movil_rubalcaba Hay otro tema, de la sesión de investidura, que ha levantado ampollas, y que es una fotografía que El Mundo ha publicado del móvil de Rubalcaba. Se lee claramente en la pantalla “Me dice nuestra informadora en el Ayto de Madrid q Gallardon va Defensa”. El revuelo se ha montado por varios motivos, el más importante de los cuales es la presunta violación de la intimidad de Alfredo (ahora no sé si, tras acabar la campaña, podemos seguir aplicando lo de “Llamadme Alfredo”, es confuso). Si a esto unimos otras fotos como las típicas del diputado durmiente, el que jugaba al Tetris en una sesión parlamentaria, la señoría que miraba catálogos de bragas… esas cosas tan llamativas, se lía parda porque se ataca a la “intimidad” de los diputados.

Vayamos por partes. Primero analicemos brevemente el sms de turno. Me llama la atención el lenguaje rollo espionaje de la “informadora”. Una persona normal pondría algo del estilo de “Dice Paqui que Gallardón va a Defensa” o, si no queremos desvelar el nombre, se usan iniciales o algo así. De todas formas si yo fuera Paqui me haría mirar la vista, porque casi acierta la moza. Defensa y Justicia no se parecen ni en la inicial. Suena un poco a “pami que…”.

Ahora tratemos el tema de la intimidad de los Diputados. Por una parte he de decir que, al menos mientras están sentados en su escaño, no pueden alegar intimidad. Están ahí como representantes de los españoles y, como tales, todo cuanto hagan, digan o se perciba es de la incumbencia de los votantes. Si mis diputados por Lugo se meten el dedo en la nariz, ven porno en Internet, o votan con el pie en pleno hemiciclo (eso ha pasado de veras, aunque no con uno de Lugo), sí es asunto mío. Si hace esas mismas cosas en su casa está en su derecho y nadie le puede decir ni pío.

Una vez dicho esto, hay que matizar que los periodistas que dan importancia a estas noticias son una panda de histéricos. Miren, cuando estás en el Congreso escuchando un tostón sobre la importancia de la cría del berberecho moteado en aguas territoriales de Ceuta, y tu especialidad es la física nuclear o los problemas de tráfico, es normal que te distraigas. Si tú eres diputado por Burgos y te hablan de la crisis del pimiento morrón en el sur de Jaén, aguantar ese rollo sin echar mano del móvil para mandar un sms a la querida (no se alarmen, puede ser a la querida esposa, o a la querida madre de uno) es motivo de condecoración militar.

Es decir, no es el hecho lo que tiene importancia, sino el momento en que se produce. Saber que un diputado está jugando al Tetris mientras se habla de algo de lo que ni tiene la más remota idea o interés no creo que sea para rasgarse las vestiduras. A mi me preocuparía que un diputado por Lugo esté roncando mientras hablan de nuestra Muralla, de la pesca del bonito, de políticas de empleo o de cosas semejantes que nos afecten directamente, pero no pretendo que estén siempre ojipláticos de cara a la tribuna y tomando apuntes por si alguien les pregunta. Hay que ser un poco realistas y dar menos importancia a la forma y más al fondo. Dejen de exigir a personas normales que sea superhéroes de película y pidan que sean todo lo contrario, más humanos, sólo que humanos nobles y que tengan como prioridad la defensa de nuestros intereses.

Por cierto, las fotos de un diputado con los ojos cerrados no demuestran nada. Les garantizo que soy capaz de hacer una foto a cualquier persona que esté sentada quince minutos en una silla y hacer que parezca que duerme. Es lo que tienen las máquinas que disparan ráfagas de fotos, que no se distingue un parpadeo de una visita al casi siempre agradable reino de Morfeo.