martes, 22 de mayo de 2012

Las malvadas redes sociales

Googlemaligno Ahora resulta que Internet es el nuevo Mefistófeles (Satanás, Lucifer, el ángel caído, el demonio para los poco leídos) de la educación moderna. Los papás y mamás de turno educan a sus hijos de la mejor manera imaginable pero llega el Facebook y los pervierte hasta convertirlos en unos seres rastreros y malvados que acosan a sus compañeros, les pegan, patean y humillan grabándolo todo con sus iPhones de 600 € para subirlo a Youtube para mayor gloria de la hazaña. Lo acaba de hacer una pandilla de crías con una compañera del cole, y claro, se armó la gorda pero a nadie se le ocurre echar la culpa a los padres y mucho menos a los menores implicados.

La culpa es de Apple por hacer el iPhone, no de los papás por comprárselo a un crío que no acepta un vulgar Nokia que no tenga whatsapp; la culpa es de Facebook o Youtube por no controlar las tonterías que se suben a sus redes; la culpa es de los profesores por no ser omnipresentes en todo rincón del colegio para ver si en los baños se fuma o se está dando una somanta de palos al rival más débil; la culpa es del sistema, la culpa es del Estado, la culpa es del chachachá… de quien seguro que sabemos que no es la culpa es de los pobres infantes ni de sus papás, que son buenos, responsables, cultos, educados y tan finos que, como diría la versión de Mozart que hizo Milos Forman, “cagan mármol”.

A veces da la impresión de que la humanidad pasó de las pinturas rupestres a los ipads sin pasos intermedios. Sale en la prensa el padre o psicólogo de turno diciendo que la culpa de todo es de las redes sociales, que hacen que los críos tengan su propio universo paralelo en que los adultos no entran principalmente porque no saben encender un ordenador. Puedo entender que mi generación es la última que disfrutó de lujos como estar en la calle durante horas sin que nos pudieran localizar y, pásmense, sin que eso fuera motivo de preocupación para ninguna de las partes implicadas.

Si alguien te llamaba a casa y no estabas te dejaban un recado o llamaban más tarde, no se ponían histéricos cuando a los diez minutos de mandarte un SMS no habías contestado ni empezaban a llamar a los hospitales, la policía, los bomberos, el ejército y, “Dios no lo quiera, mi niño”, el tanatorio.

El otro día les decía que en mi opinión la educación no (sólo) es cosa de números. Pues con esto pasa algo similar. La actitud de los niños no (sólo) es cosa de las redes sociales. Vale que les facilitan la organización de la acción vandálica como si de un Al Qaeda aficionado se tratara, pero la mala leche tiene muchos recursos y el problema no es cómo se coordinan, sino que quieran coordinarse para hacer lo que hacen.

botellon Que los críos queden para hacer un botellón en el parque a través de SMS y Facebook no es culpa del SMS ni del Facebook. En esta estúpida sociedad atacamos los síntomas en vez de la enfermedad. El problema es que vean normal emborracharse a los 14 años, que tengan dinero para comprar la botella, que alguien se la venda y que sus papás, cuando les llegan pedos perdidos a las 2 de la mañana a una edad en que a nosotros a las 10 nos tenían en casa, responsabilicen al Alcalde en vez de preguntarse si tratar al descerebrado de su hijo como si fuera una persona responsable de 30 años da un resultado aceptable.

Somos todos tan guays que los padres son amigos, los profes son amigos, los polis son amigos… entonces ¿quien queda para enseñar conceptos tan poco modernos como “responsabilidad”, “trabajo”, “autoridad”, “respeto”? En definitiva, si todo el mundo quiere dar premios y nadie quiere castigar porque eso es poco “superguachi”, ¿dónde está el aprendizaje de que las cosas bien hechas traen consigo algo bueno y las mal hechas algo malo?

Sé que es una comparación que no gusta a los padres, pero no puedo evitar mencionarla. Yo jamás podré tener un perro porque creo que sería incapaz de educarlo bien. No tengo valor para darle con un periódico en el hocico si me caga en una alfombra, ni para darle un azote si me muerde el portátil. Por eso no tengo perro entre otras razones más prosaicas como la de levantarse media hora antes para sacarlo a pasear todos los días de los próximos 15 años. Pues con los niños no es que sea igual es que es peor, salvo por lo de sacarlos de casa a hacer sus cosas.

padres Es peor porque es más difícil controlar a un ser pensante que a uno que lo único que quiere es que le rasques la cabeza. La gran excusa que se han buscado los padres que hacen dejación de funciones es “le compré el iPhone porque todos sus compañeros lo tienen”; “lo tuve que dejar volver a las 2 porque sus amigos llegan a las 2 y media”… me suena a “mi perro se ha comido los deberes” pero a lo bestia. Si todos los padres piensan eso sólo falta un Espartaco que trace una línea y diga “hasta aquí hemos llegado”.

Se supone que todos los demás, los que dicen que se ven obligados a ser permisivos, blandos, incoherentes e irresponsables tendrán que tomar esa vía y seguir la senda del sentido común. Sólo que dudo muchísimo que quieran hacerlo. Entonces no serían amigos de sus hijos, serían sus padres, y para eso ya están los abuelos.

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo. ALgunos padres no sé para qué han tenido hijos, si luego los sueltan en la calle con un billete de 50 € y sus cacharros tecnológicos, esperando y exigiendo que sean los profesores quienes los eduquen. Dedíquenle tiempo a sus hijos, y si no, no los tengan.

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  2. En mi época no había internet y los teléfonos móviles eran unos cacharros que salían en las películas y tenían el mismo volumen que una máquina de coser. Lo que sí había eran matones de colegio y padres que hacían caso a las quejas de los profesores, en lugar de menospreciarlos delante de los delincuentes que tienen por hijos.
    De esto también se podía hablar largo y tendido.

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