lunes, 10 de diciembre de 2012

Uno de los mejores sitios para vivir del mundo


Cada vez que voy a Madrid vuelvo muy contento a Lugo sabiendo que vivo aquí. Estuve por el centro y ya no es que hagas cola para comprar lotería en Doña Manolita (40 minutos, no fue para tanto) es que haces cola para cruzar la Puerta del Sol (15 minutos para cruzar la plaza, eso sí es para tanto). Luego dicen que hay carteristas, pues no sé cómo hacen para escapar porque no hay quien se mueva. 

Lo que sí ha mejorado una barbaridad es el tema del metro. Ahora en lugar de un vagón pequeñito encadenado a otro y otro y otro hay unos trenes unidos por dentro, con lo que la gente se va distribuyendo como convenga. Ya hace tiempo que había visto de estos, pero ahora me extrañó no ver convoyes de los viejos. 

La gran ventaja de Madrid es que encuentras cosas que aún no han llegado a otras ciudades (esto cada vez menos porque la globalización es lo que tiene) o que ya se han ido (esto cada vez más porque la globalización es lo que tiene). Desde modernísimas modernidades hasta tiendas tipo mercería en que siguen empaquetando los tres botones con papel de estraza y que, inexplicablemente, tienen más gente que la procesión de la Virgen de la Esperanza. Es parte del encanto de Madrid, el mantener lo más castizo junto a las luces de Navidad LED. 

Tres días en la capital de España son suficientes si vas de vez en cuando. Muchos más te agobian y te arruinan y menos no te da tiempo a recuperarte del tostón que su ponen las cinco horas de coche. La verdad, si lo piensas bien, hay que ver lo pijos que nos estamos volviendo, que cinco horas por autovía nos parecen muchas. A lo mejor es por lo aburridísimo que es conducir por esos páramos rectos en que no ves ni un alma. 

Pero a lo que iba: para darte una vuelta por Gran Vía y Preciados, ver las tiendas de Fuencarral, visitar un par de exposiciones (por fin pude ir a ver el Museo Naval, que siempre lo pillaba cerrado, lo recomiendo vivamente), cenar con algún amigo que vive allí (pobre) y ver a la familia, te llegan esos tres días, pongan cuatro si quieren. 

¡Y qué bien volver a Lugo! Yo creo que mucha gente de aquí no es consciente de lo bien que vivimos en esta ciudad, sin prisas, sin aglomeraciones, sin agobios. En Lugo la cola más larga que recuerdo haber hecho es cuando iba a Caixa Galicia a actualizar mi libreta infantil. Ahora no sé cómo va la cosa de esperas, pero creo que no ha mejorado mucho. Por lo demás, cuando tenemos tres personas o cuatro delante ya nos parece una barbaridad salvo, por supuesto, en la Seguridad Social, que ahí te tiras toda la tarde, pero eso ya es defecto del animal. 

Las desventajas de Lugo las conocemos todos: aquí no viene un concierto decente desde hace años, y el no tener un auditorio que merezca tal nombre influye mucho, claro está. Lo de los teatros, reconozco que no soy usuario salvo de los musicales, así que no puedo decirles mi opinión sobre el particular pero, si metemos la ópera como algo más tipo teatro que musical, desde que vino La Flauta Mágica hace ya mucho tiempo no me ha vuelto a llamar la atención nada de lo programado. 

Pero me gusta Lugo. Nunca he sido de esos muchísimos lucenses que se quieren marchar de aquí y que, cuando lo hacen, se dan cuenta de lo bien que vivían entre estos muros. El hecho de tener raíces, de estar en “tu” ciudad, de conocer cada piedra, cada rincón, a la gente por el nombre (bueno, yo no, que tengo una memoria pésima para eso), tus recuerdos de siempre, tus cafés donde siempre… A mí me gusta. 

Eso sí, una versión algo mejorada de Lugo no vendría mal. Un Lugo mejor organizado, donde el tráfico no sea absurdamente caótico (con los que somos tendríamos que estar mejor en esto), donde la Administración no tire el dinero, donde nuestro Alcalde no esté más tiempo en el juzgado como imputado que en el salón de plenos, donde los edificios públicos se rehabiliten en lugar de quedar abandonados a su suerte mientras gastan nuestro dinero en otras estructuras absurdas… Un Lugo mejor no es complicado, sólo hay que repasar unas cosillas, y les garantizo que sería uno de los mejores sitios para vivir del mundo. Así, sin paliativos.

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