jueves, 6 de febrero de 2014

Rusia, un país para cagarse... acompañado

No sé si veían ustedes un programa que añoro mucho y que se llamaba “Homozapping”. Forma parte de mi memoria televisiva junto a otros espacios como “El Informal”, “Lo más Plus” en la época de Fernando Schwartz y Máximo Pradera (de las mejores entrevistas de la tele), el “Un, Dos, Tres” y “La bola de cristal”.

Homozapping era el típico coctel de imitaciones, cachondeos y guasas varias sobre diferentes espacios televisivos donde se dio a conocer (al menos para mí) el actor Paco León. Tanto salían burlándose de House como de María Teresa Campos, aunque lo hacían con mucha gracia, la verdad e incluso gran parte de sus imitados tarde o temprano iban en persona a reírse de sí mismos, que es algo muy sano. 

En una imitación de ese programa, en que se metían con Paula Vázquez como presentadora de Eurovisión, decían una frase que es de esas que se te quedan grabadas. Tras un recorrido cachondeándose de todos los países con los que compartimos continente decía la falsa Paula: “Son otras culturas, ¡no hay más que ver cómo visten!”.

Te ríes y lo pasas bien, sobre todo porque no te imaginas que en esas parodias se van a quedar cortos. Pero tan, tan, tan cortos que es impensable, y a los hechos me remito. Veo en el Facebook de Juan Carlos Rodríguez que el corresponsal de la BBC Steve Rosenberg colgó pasmado en Twitter fotografías de los baños de las instalaciones de los Juegos Olímpicos de Invierno que se están celebrando en Rusia en este momento, concretamente en Sochi.

La cuestión es la colocación de los retretes, en plan comunitarios. Será herencia de su época stalinista, por aquello de compartirlo todo, pero qué quieren que les diga, a mí me resultaría violento estar allí dándolo todo en comandita con otros usuarios. La gran ventaja del sistema es que uno se dará más prisa aunque sólo sea por no tener que sufrir las vistas durante más tiempo del estrictamente necesario.

Seguramente será mi autoodio moral derivado de una herencia capitalista, no sé, pero también tendrá algo que ver que parece que hoy en día echar un polvo en medio de una multitud está mejor visto que ponerse a cagar, literalmente, en público. Y hasta si me apuran le veo su lógica, aunque sólo sea por una mera cuestión estética. Evidentemente el cachondeo generalizado ha ido creciendo como una ola, de espuma blanca, de fuerza desmedida… como una ola, pero es que el tema no es para menos.

Es lógico que cada pueblo tenga sus valores. Aquí, por ejemplo, está mal visto compartir todo aquello relacionado con el fascinante mundo de la escatología (espero que se entienda el tono irónico, no me asusten), pero por lo que se ve en Rusia es de lo más natural, mientras, eso sí, se aprueban leyes que harían palidecer a Hitler para evitar la proliferación de relaciones homosexuales, que eso sí es negativo para la sociedad.

Hay que mencionar que según se nos asegura por Internet adelante, el coste de los juegos olímpicos en Rusia sumó unos 51.000 millones de dólares (sí, cincuenta y un mil millones de dólares, para los que se pierdan con los ceros). ¿Y no les da para poner tabiques entre los retretes? Hombre, aunque sea una cosita discreta, de Pladur…

Por último, pero no por ello menos divertido, reconozco también mi pasmo ante el cartel de permisos y prohibiciones respecto al uso de los sanitarios: se prohíbe orinar de pie en ellos, subirse y vomitar... pero también pescar... ¿pescar? ¿He dicho pescar? Sí, y lo he dicho bien. El cartelito también incluye un último dibujo de un señor sentado en el suelo haciendo no tengo ni idea de lo qué, pero que probablemente sea merendar apoyándose en el retrete. Visto el resto hasta lo veo de lo más lógico.

Ante todo este panorama sólo se me ocurre una pregunta: ¿no estarán pensando en serio en meter a esta gente en la Unión Europea, verdad?

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