martes, 14 de julio de 2015

Tony Bennett bien, Lady Gaga excepcional

Ayer por la tarde disfrutamos de un concierto para el que compramos las entradas en Diciembre, de la gira “Cheek to cheek” de Tony Bennett y Lady Gaga. Una combinación con un punto surrealista en apariencia pero con un resultado magnífico.

Antes de nada hay que aclarar una cosa: el bueno de Tony Bennett tiene 88 años, cumple 89 el mes que viene, y fue el que llevó el peso del concierto, que no es moco de pavo a esas alturas. Aunque se le nota un poco flojo en la voz (solo faltaba que encima la mantuviera intacta) sigue siendo una figura extraordinaria y solo el verlo en un escenario es un homenaje a toda una vida en que, en palabras de Frank Sinatra (con el que tuvo una amistad muy cercana a pesar de su rivalidad musical), ha sido “el mejor en este negocio”.

Lady Gaga, siempre tan discreta
Foto de hln.be
Sin embargo, la sorpresa para mí fue Lady Gaga. Aunque ya había visto el vídeo de “The lady is a tramp” en que canta con Bennett y escuché el disco que grabaron y que dio origen a esta gira (tras alcanzar un inesperado número uno en Estados Unidos), me pilló desprevenido el encanto y la grandeza de esta mujer. Su voz es impresionante, su forma de adaptarse a Tony Bennett cuando este en algún momento hacía algo inesperado fue perfecta, y sus guiños a un público ya entregado de antemano no decepcionaron. Sí, había algunos que íbamos más atraídos por Bennett, pero la mayoría del público (sobre todo el más joven) sin duda iba a ver a la gran diva del momento.

Como un guiño a los belgas, cantó en francés (a ratos al menos) “La vie en rose” y puso de pie a las 5.000 personas de auditorio (incluidos nosotros). La cantó con un look muy “Marilyn Monroe” con traje rosa con lazo y melena rubia platino incluidas, y con un vozarrón digno de admirar.

Nos demostró que, aun respetando sus excentricidades en la forma de vestir (a cada rato se cambiaba de modelito y cada vez enseñando más cacha), es una artista como la copa de un pino y que tiene voz para subir tonos, bajarlos, y para completar o incluso interpretar con éxito ese recitado que hizo de Tony Bennett y de Sinatra los mejores en su campo.

En fin, un conciertazo, con una estrella mítica con ciertos achaques pero que es quien es, y otra en ascenso meteórico que amenaza con quedarse para mucho tiempo. Se le notaba además que sabía con quién estaba en el escenario y las muestras de respeto fueron muchas y muy apreciadas.

Si tienen ocasión, no se lo pierdan.

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