martes, 12 de enero de 2016

Cuando la tele emite esto, mal vamos

La sociedad que llevamos ya una temporadita derribando está llegando a extremos insospechados, y no solo no respeta nada sino que se enorgullece de no hacerlo, más que con aquellos límites que se autoimpone pero que dudo que se mantengan durante mucho tiempo. La televisión, reflejo del camino que estamos siguiendo colectivamente, cada día nos intenta sorprender con nuevos programas que ponen a prueba nuestra capacidad para el asombro y si bien esto no tiene nada de malo en espacios como “tú sí que vales” o “el programa de los record” por decir algo, lugares donde los interesados demuestran sus habilidades a veces aparentemente sobrehumanas, viendo otros programas dan ganas de comprarse una finca en medio del monte y atrincherarse antes de que todo esto se vaya a tomar por saco y nos tomen por cómplices.


Como no podía ser menos
es una adaptación de una idea americana
Verbigracia, ayer por la noche estrenaron una nueva temporada de un programa llamado “casados a primera vista”. No lo había visto nunca pero la cosa va de dos personas que se conocen delante del altar donde los van a casar. Así, como suena. No se han visto jamás y son tres “expertos” los que los unen en base a una supuesta compatibilidad que no sé de dónde sacan.

Nunca he sido de ese tipo de programas, y creo que aguanté unos 20 minutos de la primera edición de Gran Hermano, que me pareció una soberana estupidez, si bien una parte importante de la sociedad ha elevado a la talla de figuras públicas a los participantes de semejante chorrada. Otras ideas como “operación triunfo” tenían al menos un componente de talento que se mezclaba con esa absurda curiosidad por ver a la gente comiendo espagueti, pero bueno, es lo que hay, la versión cutre de cuando la Preysler abre su casa a ¡Hola! Incluso tenemos una figura, llamada “los tronistas” que son los concursantes de “mujeres, hombres y viceversa”, un programa que parece una subasta de carne porque solo van tíos cachas y chicas jamonas a buscar “citas”. Entiendan ustedes lo que quieran.

Mónica Ceide, la lucense...
Sin embargo, a pesar de rechazar este tipo de espectáculos, ayer reconozco que me comí el programa entero por el aquel de que había una señora de nuestra ciudad. La buena mujer, para mayor fantasía, por lo que se ve es la coordinadora de Vox en Lugo, un partido que supuestamente es conservador e incluso carca aunque no tanto como imaginábamos, digo yo, porque o no saben fichar a la gente o sus convicciones son un poquito menos serias de lo que pensábamos.

El espectáculo fue lamentable. Ambos concursantes (porque es lo que son) reúnen a sus familiares y amigos y les sueltan que se casan en dos días y que no conocen a su pareja. En Lugo al menos hicieron publicidad al Dot+ (si no han tomado bocatas allí no saben lo que se pierden, están buenísimos). Los amigos normalmente reaccionan con cierta guasa y las madres con incredulidad, rayana en la decepción. Lo de “pero qué habré hecho mal” se les viene a los labios aunque consiguen reprimirlo a duras penas, imagino que porque hay una cámara de televisión delante.

Tras la “noticia”, se van todos a Cancún a la boda. Allí nos muestras unas imágenes de lo “ilusionados y nerviosos” que se ponen los memos mientras se preparan para “el día más feliz de su vida”, y todos esos lugares comunes que dan tan bien en cámara… en teoría al menos, porque sonaban más falsos que una moneda de 2,64 euros. Llega el gran momento y van al altar, donde las familias se miran con cierto recelo y los novios se repasan de arriba abajo en el momento en que aparecen en escena. La carne es la carne.

Pero si les digo la verdad lo que es el desarrollo del programa me importa un cuerno, lo que me ha molestado es que se tomen a chirigota algo tan significativo como el matrimonio. Reflejan una desesperación por “casarse” que hace que sea irrelevante con quién se casan, lo cual incluye una serie de mensajes no solo tristes sino además peligrosos: Si te quedas solterón eres menos; Lo importante es trincar a alguien, no la persona con la que vas a compartir tu vida (hasta que el más que probable divorcio solucione esta estupidez); El matrimonio no es algo serio, sino una forma de salir en la tele, viajar a Cancún por el morro y recibir regalitos…

Particularmente me ofende (aunque hoy está mal visto ofenderse por algo y hay que tragar con todo para ser "moderno", ya lo sé) porque a algunos se nos permite casarnos desde hace relativamente poco tiempo, con lo que le damos más importancia al hecho en sí, y francamente tengo que reconocer que me molesta se frivolice con este tema. Mi boda fue, para mi sorpresa, uno de los días más emocionantes que recuerdo y les prometo que no contaba con ello porque pensaba que eso era uno de tantos lugares comunes que luego no son verdad. Sí lo fue. Rodeados de la familia y los amigos más queridos, supuso legalizar y oficializar una realidad, pero también compartir algo muy personal.

Lo del programa de ayer fue todo lo contrario. Un canto a la desesperación, al “lo que importa es la foto”. Una puta vergüenza, y perdonen pero no soy capaz de rebajar el calificativo.

La tele es espectáculo, y como tal la mayoría de las cosas que enseñan son exageraciones o directamente falsedades. Buscan el morbo y la feria ambulante pero aquí se han pasado. Otros programas son más sutiles y afirman buscar “citas”, y hubo uno que no recuerdo el nombre pero en que seleccionaban una pareja para una chica entre varios pretendientes, a los que la protagonista iba eliminando semana tras semana. Al menos tenía el sentido de que se conocían durante un tiempo, aunque al final siempre se quedaban con el cachas.

Me sorprende que no haya más contestación pública a lo de este programa. Si hicieran un concurso en que alguien se acuesta con un desconocido habría más gente que se rasgue las vestiduras pero esto es mucho peor, porque lo del sexo en el matrimonio se da por descontado y encima hay más carga detrás. Dejarse subastar así es algo humillante y vergonzoso pero la tele lo convierte en un reality y nos quedamos tan anchos.

Bueno no sigo que creo que ya le he dado bastante importancia al tema. Francamente porque creo que la tiene. ¿Qué será lo siguiente? Mejor no dar ideas descabelladas porque ya ven que se cumplen.

La culpa la tenemos las audiencias. Yo tendré mi parte de responsabilidad por haber visto el programa de ayer, no se lo niego, pero que este tipo de espectáculos reúnan a millones de personas día tras día es para hacérselo mirar. Que se paguen 3.000 euros diarios a un tío que lo más que ha hecho en su vida es mentir y hacerse el importante, mientras se discute que un Diputado del Congreso cobre un sueldo razonable para quien, en definitiva, es miembro del “consejo de administración de España” refleja hasta qué punto hemos trastocado nuestras escalas de valores.

Así nos va, y lo que nos queda. Para echarse a temblar.

1 comentario:

  1. En un país donde ya vamos por Gran Hermano 16, donde en Gran Hermano VIP entra el pequeño Nicolás, donde son éxitos de tirada unos libros de dudoso valor literario (o nulo), se rasgan vestiduras por quitar MYHYV (Mujeres y Hombres y Viceversa) para dar la noticia de un grave accidente aéreo, o en las tardes televisivas ganan en audiencia Sálvame y sus frutas (naranja, limón y deluxe) se puede esperar de todo. Si no eres parte de la solución eres parte del problema, y ahí está la audiencia que pasa a ser parte del problema al no buscarle la solución, que es bien sencilla, no mirar esos tipos de programas. Lo que me hace gracia es que hace pocos días una web católica tachaba a TVE de apología del homosexualismo por qué en el programa de Master Chef Junior se había visitado la Embajada de EEUU en Madrid y los anfitriones eran el Embajador y su pareja del mismo sexo. Ningún alto cargo católico se pronunció en contra de esa afirmación. En cambio, del programa que tú citas, donde dejan el sacramento del matrimonio a la altura del betún, no dicen nada en su contra. ¿Será que hay poderes económicos en la Iglesia metidos en las televisiones privadas?
    El problema no es cuando la tele lo emite, si no cuando el espectador lo ve. Claro que aquí estamos con el dilema si fue primero la gallina o el huevo.

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