miércoles, 16 de noviembre de 2016

Llegan al Ceao las ''turbo rotondas''

Cuando entro a Lugo por la A6 tiendo a evitar la salida de la autovía que da al Ceao ¿el motivo?: Las rotondas. Les tengo mucha manía y procuro evitarlas en la medida de lo posible.

La construcción en sí no tiene problema alguno, lo malo es que la gente no las sabe utilizar e insiste en dar un giro de tres cuartos de circunferencia por el carril exterior, cosa que es legal pero que va contra el más elemental sentido común, o en cruzarse desde el carril interior en la primera salida. Esto último ni lógico ni legal afortunadamente. El resultado de dos cuerpos que pretenden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo se salda, en el mejor de los casos, con abolladuras en los coches y en otros con consecuencias más graves.

El Ayuntamiento ha planificado una solución, que ya se está implantando en otros sitios, que es el de las llamadas “turbo rotondas”, una forma de decir que se alteran las tradicionales glorietas de toda la vida para intentar minimizar los riesgos de que el conductor torpe provoque un accidente.

Vistas desde la teoría me parecen estupendas. Supongo que habrá que acostumbrarse a ellas pero la lógica dice que tienen que funcionar bien si se señalizan correctamente y se ponen dispositivos que impidan al cafre de turno cambiar de carril donde no debe. Nunca he tenido que lidiar con ninguna así que no tengo ni idea de cómo resultarán, pero a primera vista parecen más que razonables. De hecho me sorprendió que la noticia saltase por una crítica del PP de Lugo, que hizo sangre con un tema en que creo que solo cabrían dos posturas: escepticismo o aplauso.

De todas formas una de las cosas que me resulta llamativas es que se crean estos dispositivos para ganar agilidad en el tráfico... ¿para ir a dónde? Quiero decir, que en el caso de la primera rotonda del Ceao (desde la carretera de la Coruña), las salidas son para dirigir los coches correctamente a una vía que solo tiene, inexplicablemente, un carril. Después pasa a dos, y luego vuelve a uno, y así sucesivamente en una alegre sucesión de anchuras. Sin aceras, eso sí, no sea que el peatón vaya tranquilo que es malo para el colesterol.

Lo más ridículo del caso es que los márgenes de los estrechamientos no están así porque haya que salvar una iglesia románica, un monolito o la casa del cuñado de alguien. Es más triste aún, son prados, tierra, huertos... ten todo caso son tierras que se pueden ocupar de un día para otro con las salvedades que la ley contempla.

En Lugo la planificación del tráfico es, como mínimo, surrealista. Un enorme puente de cuatro carriles comunica una carretera de dos con unos caminos que apenas llegan a esa anchura. Vale que hay que hacer las cosas con previsión, eso no se lo discuto, pero parece que aquí lo de las moscas y los cañones es pan nuestro de cada día.

Se han gastado muchos cuartos (nuestros, obviamente, con los suyos serían más cuidadosos) en planes de tráfico que ignoro si contemplaban las nuevas rotondas, aunque sí unas “supermanzanas” por las que todavía estamos esperando. Lo grande es que siguen fallando por la base.

Por ejemplo, el manido tema de la ORA se llevó a cabo sin rediseñar las líneas de autobús urbano. Y encima sacan a concurso la nueva concesión, cosa llamativa, sin saber si habrá 10 líneas o 50. A ciegas. Es raro, como mínimo.

Habrá que esperar, como siempre, a ver qué se hace. En cualquier caso la apuesta por las turbo rotondas me parece acertada. Ojalá sigan por el buen camino, pero falta mucho por andar.

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