jueves, 24 de noviembre de 2016

Rita Barberá murió inocente


La repentina muerte de Rita Barberá ha abierto la veda para escribir las salvajadas más tremendas que se pueda uno imaginar y que me niego a reproducir aquí. Si tienen el extraño capricho de leer alguna para saber de qué les hablo no tienen más que abrir cualquier foro de internet, ya sea en un diario digital o en el propio Facebook, para deleitarse con las bajezas más terribles que el ser humano puede llegar a escribir y que en mi modesta opinión son, si no delictivas, sí indecentes. Me parece inaceptable que se le cuelgue a alguien el sambenito de "ladrona" en sus múltiples formas y apelativos cuando jamás ha sido sentenciada por tribunal alguno hasta donde Google y yo sabemos.

Pero casi me resulta más insultante que algunos de sus excompañeros de partido, que tras cuarenta años de militancia la repudiaron, la echaron a patadas y escaparon de ella como si fuera una leprosa, ahora se pongan místicos a decir que es una pérdida tremenda y que la echarán de menos. Solo les ha faltado mandar un burofax al Papa Francisco para pedir la inmediata canonización.

Me recuerda a lo que pasó cuando falleció Francisco Cacharro, en cuyo funeral se veían "muy afectados" personajes que en mi presencia lo habían puesto como hoja de perejil unas semanas antes. Otros miembros del PP tuvieron la decencia de decir tras su muerte lo que habían dicho en vida, que tuvieron desavenencias pero que lo respetaban. Lo mismo con Barberá de quien entiendo que dijera alguno "la quería porque era amiga mía", dependiendo de quién haga esa declaración, claro.

Sin duda alguna los más coherentes de todos han sido los de Podemos, aunque solo en acción porque en palabras se podían haber ahorrado algunas. El fariseo e incluso insultante minuto de silencio que le dedicó el Congreso de los Diputados a Rita Barberá, que ni siquiera era diputada sino senadora, no contó con el respaldo de sus señorías de Podemos, que se ausentaron. Me parece mucho más digno y coherente eso que lo que hicieron algunos de los que se quedaron tras poner en duda su honradez en todo cuanto plató o artículo pudieron.

Hay una frase muy repetida que se usa en defensa de Barberá y que es lo de que “nunca se puede alegrar uno de la muerte de una persona”. Me parece una estupidez decir eso porque hay casos de gente mala, dañina y cuya desaparición hace del mundo un sitio mejor. Dudo mucho que una persona mínimamente razonable eche de menos a Hitler o Stalin, por poner un par de ejemplos. Bueno ahí quizá me he colado porque a Stalin lo veo reivindicado en camisetas y banderas, cosa que clama al cielo porque fue un genocida, pero es lo que hay. La cuestión si Barberá respondía a un perfil mínimamente semejante. La respuestas es obvia: no. Ni aunque fuera culpable de lo que se le acusaba se justifica alegrarse de su muerte desde mi punto de vista. Quizá tampoco lamentarlo.

Me pregunto hasta qué grado de vileza llegamos en que muchos celebran el fin de alguien que, a día de hoy, murió inocente. Sí, inocente, no hay medias tintas. Rita Barberá no fue condenada, así que el Estado de Derecho la considera inocente.

Fue sentenciada por la opinión pública y los medios de comunicación, de eso no hay duda. Muchos no le perdonaron sus victorias electorales que la llevaron a ser modelo para unos y bestia negra para otros. En cualquier caso es ridículo que quienes no la tratamos tengamos algún tipo de reacción sentimental y menos si está basada en hechos no demostrados.

En mi caso no escribo esto por simpatía hacia ella, a la que conocí muy brevemente hace unos años, en su visita a Lugo, sino por convicción ideológica sobre la presunción de inocencia. También defendí en este mismo blog este principio para Pepe Blanco o el exalcalde Orozco. Si alguien se alegrara de la muerte de uno de los dos por las acusaciones que se vertieron sobre ellos me parecería otra indecencia.

Quiere el destino que tengamos que repetir esta letanía predicando en el desierto, pero intentando meter en algunas mentes la idea de la presunción de inocencia, ese principio básico de un Estado de Derecho en que se defiende la sagrada convicción de que hasta que se demuestre lo contrario ante un juez uno es inocente de cualquier acusación por grave o retorcida que sea.

Si ustedes quieren calificar duramente a alguien que ha sido encontrado culpable por un delito me parece respetable, pero lo que no me trago es la “condena de telediario”. Los medios de comunicación buscan carnaza, e incluso en casos que parecían evidentes meten la pata. No olviden que este país martirizó a una persona inocente, que vivió crucificada por la prensa y sentenciada por un jurado popular mediatizado, en el famoso caso Wanninkhof, que debería haber servido de escarmiento colectivo. Pero no, somos duros de mollera por lo que veo.

Insisto nuevamente: Rita Barberá murió inocente, como tantas otras personas que pasaron por el paredón despiadado de la opinión pública, y nada me convencerá de lo contrario, salvo una sentencia que ahora entiendo que no tendrá lugar.

Trabajemos sobre hechos, no suposiciones.

6 comentarios:

  1. De acuerdo que legalmente no tendrá sentencia en firme de culpabilidad pero difiero en el planteamiento. Si un asesino, captado por cámaras de como lo comete, si hay testigos, pruebas fehacientes, confiesa el asesinato, muere antes de juicio, ¿muere inocente? Para mí no, muere sin una sentencia de culpabilidad legal, pero para mí culpable. No quiero que se piense que estoy haciendo la comparativa con Rita Barberá, si no que por morir sin juicio y sentencia no hace inocente a nadie.

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    1. Primero, legalmente seguiría siendo legalmente inocente incluso en el caso que planteas.
      Segundo, no hay nada comparable en ambos casos porque no hay ninguna prueba tangible como las que insinúas.

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    2. Por ejemplo, si ese "asesino" mata a alguien en legítima defensa, por mucho que lo capten las cámaras y lo confiese podría ser inocente. Por poner un ejemplo. No todo es siempre lo que parece, porque de ser así nos podríamos ahorrar tener jueces y tribunales. Están para algo.

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  2. Todo esto me ha recordado a las pelis de la Edad Media cuando iba a ajusticiar a un reo (sin juicio previo claro) y la gente grita, matadlo! matadlo!.
    Que poco hemos evolucionado en algunos aspectos.
    Que triste.

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  3. Un artículo muy bueno, "por sus hechos los conoceréis".

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  4. Comparto lo que dices... en parte. Sí creo que sería muy interesante para Lugo el tener una Estrella Michelín. Y locales como el Paprika, Bulló o incluso O Mercado street Food le han dado un nuevo aire a la gastronomía lucense sin perder su esencia. Bienvenida sea la variedad. Y reconozcamos que en Lugo también se come muy mal en unos cuantos sitios.

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