viernes, 9 de diciembre de 2016

Fidel Castro era un dictador

Es sorprendente que los mismos que llaman fascista a Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos, y que cuestionan el proceso democrático en ese país (bueno, y en el nuestro y todos aquellos en que no ganen “los suyos”) defiendan con tanto ahínco la dictadura de Fidel Castro, al que pretenden ensalzar elevándolo a los altares civiles de la progresía más absurda.

En la tarde del lunes de la semana pasada estuve en una radio en que tuve que lidiar con tres contertulios (en realidad eran dos y el moderador, pero éste actuó como juez y parte) que defendían a capa y espada a Fidel Castro y su “revolución”, que es como llama la izquierda a los golpes de estado, haciendo caso omiso de la Historia que nos revela que salvo contadísimas excepciones lo habitual es que tras uno de esos procesos se instauren dictaduras. Ejemplos obvios son la Revolución Rusa y su sangrienta dictadura (particularmente en los tiempos de Stalin), la Revolución de Mao (seguimos con dictadura comunista), o incluso la Revolución Francesa, que acabó desembocando en la dictadura de Napoleón. La reiteración de la palabra es intencionada, para que no queden dudas, y la repetiré mucho a lo largo de este artículo. Cuba sufre una dictadura, y encima es hereditaria.

Hay alguna ocasión en que las cosas no fueron así, como la revolución Americana, que acabó con la dependencia de la Corona de las colonias británicas y formó los Estados Unidos. La diferencia estriba principalmente en que tras la guerra se convocaron elecciones, aunque hay que tener en cuenta la época de la que hablamos y que dicho proceso hoy día no sería digno de ese nombre (aún había esclavitud y las mujeres no votaban, por ejemplo), pero no se puede juzgar el pasado con criterios modernos.

Si Fidel Castro hubiera derribado la dictadura de Batista y a continuación se hubiera sometido a elecciones tendría todo mi respeto, pero lo único que hizo fue un “quítate tú para ponerme yo”, y el pueblo cubano pasó de unas manos a otras.

No he estado en la isla, igual que tampoco visité la URSS ni he pisado China o Corea del Norte, y sin embargo eso no es impedimento para poder considerarlas dictaduras, y como tal se incluye sin duda Cuba que lleva sesenta años bajo el yugo de los Castro.

Los principales argumentos de quienes defienden al dictadura de los Castro son sorprendentes porque suelen provenir de personas de izquierdas, lo cual en España se asocia con las libertades personales. Ideológicamente eso es un disparate. La izquierda se basa en el principio de igualdad frente al de libertad, que está tradicionalmente defendido por el liberalismo, interesadamente confundido con la derecha conservadora, que es otra cosa totalmente distinta.

Basan su apoyo a la dictadura cubana en que “lo que había antes era peor”, porque Cuba era un prostíbulo de los americanos y Castro recuperó la independencia de facto del país. Podría estar de acuerdo, si no fuera porque lamentablemente la Cuba de hoy sigue siendo un gran prostíbulo, y tiene de “Cuba para los cubanos” lo que yo de obispo. Sin ir más lejos, los nacionales de la isla tienen vedado el acceso a las mejores playas porque éstas están reservadas para los turistas. Creo que el ejemplo es bastante revelador.

Fidel Castro murió multimillonario. Dicen sus defensores que los 900 millones de dólares que le imputa la revista Forbes no están demostrados, pero francamente me da igual que sea esa cifra o la mitad, es una demostración palmaria de que el supuesto comunismo es solo para terceros. Tampoco es que Franco, Stalin o Mao murieran pobres, una vez más en esto todos coinciden.

Un cubano no puede acceder a las tiendas que “tienen de todo”, también limitadas, como las playas y los “resorts” a los visitantes extranjeros que pagan en dólares, así que la visión parcial y edulcorada que recibe el turista medio no es un reflejo de la vida en la isla sino de una falsificación pensada para halagar a los ricos invitados. Tendrán grandes médicos, pero no parece que confíen mucho en ellos cuando el camarada dictador hizo ir desde España al jefe de cirugía del Gregorio Marañón, José Luis García Sabrido, para atenderlo.

Estos días se ha comparado a la dictadura de Castro con la de Hitler. En mi opinión eso es una barbaridad porque ni tiene los componentes genocidas de los nazis ni las mismas consecuencias para terceros países. La comparación adecuada es con la dictadura de Franco, otro régimen totalitario que ganó una guerra civil.

Hasta los argumentos utilizados son similares para justificar ciertas cosas: podemos comparar las conspiraciones contra Castro con la “conspiración judeo-masónica” del fascista español, la querencia por los uniformes y la parafernalia militar, el bloque a la isla con el que sufrió España tras la II Guerra Mundial, la persecución de los que no comulgan con el régimen, los parlamentos títere nombrados por el poder, el partido único, los sindicatos de cartón... Incluso los grandes logros de la Cuba de Fidel en cuanto a medicina son comparables a la instauración del sistema de Seguridad Social que puso a funcionar Franco en España.

En cuanto a las “grandes obras”, son también bastante características de las dictaduras. La URSS tenía un programa espacial que rivalizó con el de los estadounidenses (incluso los superaba por temporadas), un sistema de transporte público comparable a un palacio y otras cosas impresionantes; Franco inauguraba pantanos como si no hubiera un mañana (por cierto, muy útiles hoy día) y Hitler basó su triunfo sobre el paro en obras públicas espectaculares como las autopistas. Incluso la innovación tecnológica nazi era de las más punteras, no olvidemos que la primera retransmisión de televisión pública fue durante los juegos olímpicos de Berlín de 1936, utilizados como escaparate de la supuesta “Alemania perfecta” de la esvástica. ¿Les damos las gracias por estas cosas? Definitivamente no.

"Felices" cubanos escapando de su propio país
Al menos de España te podías marchar, en Cuba si no tienes “padrinos” tienes que arriesgar tu vida en una balsa para buscar una vida mejor, y conozco personalmente a quien tuvo que recurrir a ese medio para huir de un régimen que la siniestra de este país califica alegremente de “ejemplar” ¿Cuánta gente murió intentando escapar de la URSS o buscando cómo cruzar el Muro de Berlín para fugarse de esa cárcel que era la Alemania del Este (sarcásticamente llamada “Democrática”)? Se calcula que más de 400 solo para intentar llegar al Berlín occidental, de Rusia vaya usted a saber ¿Cuánta encontró su final haciendo el camino inverso?: ninguna.

Algún iletrado puede interpretar en esto una defensa del franquismo, lo cual sería una barbaridad viniendo de un liberal. Nada más lejos. La intención es contraponer la exaltación que veo últimamente de un régimen dictatorial como el de Cuba con el denostado fascismo español. Son iguales, o al menos muy similares, como casi todos los totalitarismos.

Se suele entender equivocadamente que la única receta contra las dictaduras es el capitalismo, pero no es así, es el liberalismo. Es cierto que suelen venir de la mano, igual que el comunismo y la pobreza, pero no son exactamente lo mismo, ni mucho menos.

Hoy día todo son símbolos e imágenes. Llevar una camiseta con la cara de Hitler o la esvástica provocaría, lógicamente, una alteración de orden público, pero a nadie le extraña ver efigies de Stalin, la hoz y el martillo o de Castro, y eso es lo extraño. Son regímenes afortunadamente en extinción, pero que tienen sorprendentes nostálgicos que, como es lógico, nunca han sufrido bajo esas tiranías. Se ve que desde fuera esa terrible realidad les parece más brillante.

Frente a una dictadura solo cabe una postura: la condena. Todo lo demás es ser cómplice.

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