lunes, 1 de octubre de 2018

Jarro de agua fría en el estreno del Breogán

Mientras intentaban arreglar el problema...
Mi relación con el baloncesto es bastante escasa, porque el deporte no es lo que más me gusta del mundo ni como practicante ni como observador, y eso que mi familia es muy fan del Breogán y de hecho el padrino de mi bautizo fue un conocido jugador del equipo en los años 70, Alfredo Pérez (máximo anotador de la liga en los años 1970 y 1973). No ayudó que de pequeño me obligaran a bajar al Pabellón, donde me entretenía en el bar jugando al Phoenix porque me aburría soberanamente con los partidos de baloncesto. 

Sin embargo, como lucense, me interesa lo que le ocurra a los equipos locales e incluso intento echar una mano a alguno como el EMEVÉ, ya que doy por sentado que la potencia de Lugo en temas deportivos es algo a incentivar y a valorar, y por eso me preocupé ayer con la suspensión del partido del Breogán por un tema técnico. La cuestión es que no funcionaron las pantallas ni los cronómetros de posesión (creo que se llaman así…) con lo que primero el inicio se retrasó y luego se suspendió el partido.

Según contaban los que estuvieron en el Pabellón, se buscó una solución de urgencia, con unos cronómetros que se instalaron a pie de pista y que funcionaban, pero el otro equipo no quiso aceptar el apaño y optaron por la suspensión, cosa que sinceramente es como poco llamativa. ¿Hasta ese punto dependemos de la tecnología que no nos fiamos, ya no digo de un tío con un reloj en la mano y un papel donde ir apuntando las cosas, sino del sistema que había instalado hasta la semana pasada? Ya sé que ahora todo es más profesional y esas cosas, pero debería haber un sistema más rudimentario de emergencia que impida que los equipos no puedan jugar cuando es posible físicamente hablando y miles de personas se lleven un chasco de narices y no puedan ver el partido.

Como no entiendo muy bien de estas cosas es probable que el nuevo dispositivo sea obligatorio por las normas de la competición, pero también es de recibo que cuando hay una situación imprevista se pueda optar por lo que se tenga a mano para tirar para adelante. Contaban ayer en una red social que en un partido entre el Lugo y el Racing de Santander con el campo nevado, como no había pelota de color se pintó una de negro y jugaron. Se despintaba cada poco pero bueno, hubo partido (que el Lugo ganó 3-0 por cierto).

La dependencia de la tecnología es brutal. Lo que hasta hace unos años era una paletada (ir hablando con el móvil por la calle) o una grosería (ponerte a mirar la pantalla mientras estás con otra gente) lo tenemos hoy tan asumido que nos sale sin querer y nos extraña lo justo.

La afición se llevó un chasco considerable. Foto: Gigantes
La pena es que al Breogán le va a caer una multa por todo este asunto y, qué quieren que les diga, que la única persona que es capaz de arreglar la avería esté en Argentina durante el primer partido oficial del equipo en su retorno a la máxima categoría me parece mal por parte de la empresa que se encarga del mantenimiento. Vale que los marcadores funcionaban unos días antes y que puede que la culpa fuera de algún chisme que conectaron un ratito antes del partido y que mandó toda la instalación a tomar por saco, pero lo suyo es que haya un persona encargada de vigilar qué se conecta y cómo se hace para evitar estas cosas.

No se trata de ser comprensivos con la avería, que eso pasa en cualquier parte y no se puede controlar, sino en cómo se ha gestionado el problema, y la empresa encargada no ha estado muy fina, más bien lo contrario.

En fin, ahora a intentar minimizar daños y que el partido se juegue en cuanto puedan los dos equipos… y que la multa no sea excesivamente gorda.

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