jueves, 20 de junio de 2019

En España (también en Lugo) siempre gobierna la lista más votada



Si partimos de una falsedad podemos llegar a cualquier lugar, por lo que lo primero que hay que tener en cuenta es que, por ley, en este país siempre gobierna la lista más votada. Otra cosa es ver qué votos contamos, si los del ciudadano o los del concejal.

Verán, la falacia es pensar que la primera opción para la ley es que gobierne la lista que más votos recibe de la ciudadanía, no es el caso. La actual ley electoral dice que será alcalde el que obtenga la mayoría absoluta de los votos de los concejales en la primera votación, y ahí es donde entran los pactos y las reuniones de despacho. Solo si el candidato no consigue la mayoría absoluta entra en juego el criterio de la lista más votada. Es perfectamente legal y de hecho los dos grandes partidos, que claman los días pares contra la norma, los días impares dicen lo contrario. Ambos pudieron cambiarla y no lo hicieron, y de hecho todavía pueden porque la suma de sus votos llega de largo para modificar las leyes.

El resumen de todo esto es: cuando los míos sacan más votos, que gobierne el más votado y cuando lo sacan otros, que gobierne la coalición. La misma ley, diferentes criterios según la conveniencia. En las generales pasa algo muy parecido. Pedro Sánchez decía hace unos meses que si Rajoy no lograba la mayoría para ser presidente era su problema, y ahora dice que si él no logra lo mismo la responsabilidad es de los demás. Por su parte Rajoy clamaba para poder gobernar al ser el más votado pero su partido cierra la puerta a apoyar al vencedor de la última cita de las generales y le obliga a entregarse a los independentistas y otras hierbas, porque todos buscan el rédito político en lugar del bien de España.

¿Cuál sería la solución? Personalmente lo tengo muy claro, no creo que sea ético que gobierne una coalición que no se ha presentado a las elecciones, porque ni su programa, ni su ideología ni sus cargos han sido elegidos con información previa por parte de los votantes. Por poner un ejemplo de primera mano, dar por sentado que los electores del PSOE en Lugo desean que el BNG lleve asuntos de cultura y lengua es un disparate equivalente a que pensar que los votantes del BNG están de acuerdo con que se continúe con las cuestiones que se criticaban hace unos días en campaña. Si quieren gobernar juntos, que se presenten a las elecciones juntos y con un programa común.

¿Qué alternativa hay entonces? ¿Debe gobernar necesariamente la lista más votada? No, para nada. Creo que lo lógico sería que en un sistema de partidos como el que sufrimos actualmente el gobierno solo pueda estar formado por miembros de la misma lista, y que si alguien quiere que no gobierne determinada agrupación apoye a otra opción. En ese caso, por ejemplo, en Lugo el BNG se vería en la tesitura de apoyar un gobierno de Lara Méndez en solitario sin ser “convencido” con la vicealcaldía y las concejalías o dejar que gobernase Ramón Carballo, que tiene dos concejales más.

Lanzarse en brazos de la teoría de la lista más votada es peligroso, y ni siquiera es necesario para garantizar cierta normalidad. Todos conocemos casos en que hay que hacer “una excepción”, pero la ley no puede contemplar tal cosa, ni marginar a un partido por extremista y disparatado que nos parezca. Hemos visto casos del PP apoyando un alcalde del BNG, a PSOE votando a favor de una alcaldía para VOX y casi todas las combinaciones posibles que resultarían inimaginables hace una semana, pero que se han dado. Más de 8.000 situaciones diversas no se solventan con una regla de hierro.

Pero la ley es la que es y nadie la va a cambiar porque siempre conviene al que gobierna, que es el que tiene más fácil modificarla, así que si no nos gusta a los ciudadanos que mercadeen con nuestros votos ya saben lo que hay que hacer, ajo y agua. No estamos en manos de los gobiernos ni de las grandes mentes, es peor, estamos en manos de los partidos políticos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Derecho a réplica:

Se admiten comentarios, sugerencias y críticas. Sólo se pide cierta dosis de "sentidiño" y cortesía.