lunes, 7 de septiembre de 2026

Hay radicales en todas partes

Juzgar a una tendencia por los más radicales que la defienden no es sólo un error, sino la piedra angular de la polarización de la sociedad.

Si podemos aprender algo de las concentraciones en apoyo a Ceuta, los ultras antifa que fueron a intentar reventarlas y los ultras fascistas que se metieron a degüello, es que la gente “normal” que está hasta el moño de todo ese puñetero circo... pero sin embargo entra al trapo y es cómplice más o menos involuntario.

Leemos en redes a tirios y troyanos tirándose los trastos y diciendo “y tú más” como si eso fuera un argumento o una razón para radicalizar más la postura propia, cuando precisamente debería ser al contrario: los “demócratas” de izquierdas que fueron con megáfonos a reventar las concentraciones en apoyo a Ceuta lo hacían por su “libertad de expresión”, igual que los “demócratas” de derechas impidieron, con los mismos gritos, empezar un concierto de las Tanxugueiras a su hora reivindicando el mismo principio. Los alaridos, las caras coloradas de ira y la rabia mal contenida son propios de los tarados de un lado y de otro, y el clima político o la forma de comunicarse de nuestros representantes tampoco es que ayude a calmar los ánimos.

En Lugo hemos visto que una periodista fue amenazada, algo completamente intolerable... pero cuidado, es intolerable contra cualquiera. Ha trascendido más porque era periodista, pero si fuera alguien dedicado a la política estoy seguro de que el otro bando lo justificaría porque hasta ahí llega la estupidez humana, que entiende que hay agresiones "justificadas" y otras que no. Ahí está gran parte de la raíz del problema.

Otra parte del mismo problema es considerar que las posturas enfrentadas son las extremas, que esos ultras, esa panda de pirados, representan a uno u otro sentir. Nada más lejos. Son una pequeña minoría, pero muy ruidosa y la que la prensa saca en grande porque es "más noticiable".

Estoy totalmente convencido de que de las 3.000 personas que hubo el otro día en la Plaza de España los exaltados se podían contar con los dedos de las manos… bueno, quizás haya que añadir los de los pies, pero ya saben a qué me refiero. En un colectivo de ese tamaño los iracundos son una fracción, pero son los que salen en portada al día siguiente haciendo cortes de manga y condenando a los demás a ir en el mismo saco.

Es como si a cada uno de nosotros nos juzgasen por el peor día que hemos tenido, por nuestro peor error o por nuestro momento más vergonzoso. No creo que haya nadie que no tenga algo de lo que se arrepienta o que lo abochorne, yo el primero, y me molestaría que se me juzgase por ese “algo”, aunque soy consciente de que eso pasa, y de que yo también lo hago inconscientemente con otras personas.

Pasa en casi todos los ámbitos. Uno se pasa diez años tomando el café en el mismo bar, pero un día el camarero tiene un error o un mal gesto y se pone la cruz al local para siempre jamás… como si el empleado (o el jefe, que me da igual) no hubiera aguantado nuestros malos días y salidas de tono en esa década sin decir ni pío. Todos somos humanos, y no hay cosa más snob que no comprender que “quienes nos atienden” también pueden estar de mal humor.

No me entiendan mal, esto no es un tratado para animarles a ser maleducados o groseros ni mucho menos, sino un canto a ser comprensivos con alguien que tiene un mal día. Si son muchos días o incluso son tendencia es que esa persona es así, que no es lo mismo. Usar el sentido común en esto es la fórmula, como en casi todo.

Pues en las masas pasa lo mismo. Si juzgamos las concentraciones en apoyo a Ceuta por los ultras que se meten en medio a montar jarana, o a los que se manifestaban contra esas concentraciones por los ultras que se meten en medio a montar jarana (la repetición es intencionada) nos estamos equivocando en ambos casos.

Hay gente de bien que cree que lo de Ceuta es intolerable en ambas posturas: unos porque creen que no se puede consentir una invasión por muy pacífica que sea y otros porque creen que no se puede consentir que se devuelva a esas personas a Marruecos por las bravas. Ambos tienen sus motivos y sus razones, pero si empezamos haciendo caso solamente a los que gritan el ruido nos impedirá escuchar y sin eso, el entendimiento es imposible, y el entendimiento lo es todo, incluso aunque no se llegue a conclusiones comunes.

En Sajonia-Anhalt acaba de ganar la extrema derecha y la gente se está asustando. No me extraña, a mí también me da miedo que ganen unos nazis reconvertidos, igual que me daba miedo que ganasen unos comunistas reconvertidos. Los extremos, por naturaleza, no suelen ser positivos y sobre todo si en ambos casos coinciden en el punto fundamental: la supremacía del Estado sobre la persona, que es la quitaesencia de cualquier dictadura, sea del signo que sea.

Así que si ustedes creen que lo de Ceuta es un asalto orquestado por Marruecos con la connivencia de Pedro Sánchez porque le tienen agarrado por los huevos (hablando mal y pronto) con lo que le han sacado del móvil a través de Pegasus, o si creen que la ultraderecha está agitando el avispero aprovechando una situación de migración masiva de personas que simplemente buscan una vida mejor… sigan pensando eso, pero cálmense. No apoyen exageraciones, no repitan bulos “que les llegaron al móvil”… y sobre todo, no crucifiquen al que piensa diferente metiéndolos en el saco de los radicales de su grupo, porque en el de usted también los hay.

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