| Las travesías cedidas al Ayuntamiento por el Ministerio de Fomento gracias a un convenio firmado por Joaquín García Díez y del que jamás se dijo una palabra. |
La cantinela de que “eso ya lo habíamos preparado nosotros” que entonan continuamente los antiguos socios del bipartito empieza a sonar a recurso difícil de aceptar, salvo que sea la gente con peor suerte del mundo: en los quince días posteriores a la moción de censura iban a presentar a los lucenses un montón de proyectos que llevaban años durmiendo el sueño de los justos, pero la malvada maniobra del hoy gobierno les privó de la gloria de su duro trabajo.
Vamos a suponer por un momento que sea cierto, por costoso que resulte creerlo. Incluso en el caso de que se hubiera hecho un trabajo previo, es totalmente normal que cristalice bajo el mando de otros gobernantes, ya que así ha sido desde siempre. Hacen falta muchos rabos de pasa para todos, por lo visto, porque nadie suele aplaudir el trabajo previo hecho, y es un juego al que todos colaboran.
Orozco, por ejemplo, recogió el fruto del intenso, duro e incluso inicialmente incomprendido trabajo que realizó Joaquín García Díez para lograr que la Muralla fuese distinguida como Patrimonio de la Humanidad. No le dedicó ni un segundo de reconocimiento, y camufló su propio nulo mérito en el logro con aquello de “isto lográmolo entre todos”.
Pero hay muchas más cosas que heredaron de los gobiernos anteriores y de las que estuvieron viviendo años. Hubo un convenio firmado entre Joaquín y el Ministerio de Fomento por el que se traspasarían al Ayuntamiento un montón de calle de las que entonces eran “travesías”. Se trataba de carreteras nacionales, titularidad del Estado, que con la evolución de la ciudad ya se habían integrado en ésta y que se traspasaron, pero que antes el Ministerio reparó para cederlas en perfecto estado.
Las calles afectadas por aquel convenio eran la Avenida de la Coruña (que fue la única que pudo dio tiempo a ejecutar y que recepcionó el propio Joaquín), casi toda la Ronda de la Muralla (salvo el tramo desde Puerta Santiago a San Pedro), la calle San Roque, la antigua Carlos Azcárraga (hoy Adolfo Suárez), calle Castelao, Avenida de las Américas y carretera vieja de Santiago (desde la rotonda hasta la propia Muralla, incluyendo la calle Santiago). Si lo ven en un mapa observarán que es medio Lugo.
Jamás Orozco dijo ni una palabra de dicho convenio ni agradeció la herencia recibida. Al revés, con gran olfato político aplazó lo que pudo las obras de esas vías para que no se relacionasen con Joaquín y las fue organizando a lo largo del tiempo para que se viera una ciudad en obras continuas, de las que el Ayuntamiento no puso un céntimo.
Tampoco agradeció el trabajo recibido para convertir San Fernando en un Auditorio, un proyecto que el propio Orozco malogró al modificar el proyecto recibido (que tenía incluso financiación) y meterle una altura y unas dimensiones tales que eran un pegote de semejante calibre que generó el famoso informe de ICOMOS que dio al traste con la iniciativa.
Así que no sé yo hasta qué punto están los antiguos socios del bipartito legitimados para llorar ahora porque “se aprovechan de su trabajo”, incluso en el caso de que fuera cierto lo que, por ejemplo en el caso de la Protectora, es justo al contrario, ya que no hicieron más que intentar torpedear su mejora.
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