| Se ve que los homenajes tienen su aquel |
Hemos pasado de que se rindan honores a personas que lo merecen, asumiendo que todos tenemos defectos por supuesto, a mirar con lupa al destinatario y, si no pasa la prueba del tornasol político, negar el apoyo mientras se hacen fiestas honrando a gente cuyo mayor logro en la vida fue ejecutar a opositores y encarcelar a homosexuales por sus “vicios capitalistas”.
El tema de los homenajes suele ser, por no variar, del color del cristal con que se mira, igual que la bondad o maldad de las dictaduras para algunos, una contradicción tan habitual que ya nos hemos acostumbrado a ella y ya apenas se menciona.
Recientemente el BNG ha homenajeado a Fidel Castro y a Moncho Reboiras, unos días después de no asistir al reconocimiento a Fernando Ónega, ya que votó contra su reconocimiento como hijo adoptivo de la ciudad de Lugo, al igual que había hecho ya con el profesor Xesús Alonso Montero. Las comparaciones son odiosas. Evidentemente, como todo el mundo sabe, Alonso Montero y Ónega son personas malísimas, no como Fidel Castro, culmen de la democracia, y Reboiras.
Curiosamente donde el Bloque sí coincidió con el PP fue en el homenaje que se hizo en la Vieja Cárcel a Alexandre Bóveda, en un acto en que el gobierno local habló de reivindicar la importancia de preservar la memoria y transmitir a las nuevas generaciones el valor de la defensa de la libertad y de la democracia.
Pero la unanimidad tampoco se dio allí. Quienes no asistieron a este último evento fueron los concejales del PSOE, que argumentaron que no les parecía bien porque hace unos meses se negó el permiso solicitado para que el Secretario de Estado viniera a anunciar que ese espacio (la Vieja Cárcel) sería designado lugar de la memoria histórica. Los socialistas siguen insistiendo en que se denegó su solicitud, a pesar de que hasta el momento no han sido capaces de enseñar el papel en que, supuestamente, solicitaban el uso del espacio. Quizá porque no existe, lo que es un torpedo a la línea de flotación de su argumentación.
Es llamativo que se acuse a alguien de denegar algo que no se ha pedido, y que no sólo se insista en ello sino que se utilice como piedra angular de un discurso que es difícil de entender si no se parte de una falsedad. No deja de ser curioso.
Quizá el PSOE de Lugo cree que una llamada telefónica “preguntando” es suficiente para que les dejen el salón de actos, porque ellos son “más” que cualquier otra organización o ciudadano. Ellos no necesitan cubrir papeles, como el vulgo, ni hacer solicitudes, que es algo plebeyo. Ellos son mejores… que es lo que pensaban los franquistas o los que empuñaban los fusiles de la revolución cubana.
Y ellos son los que llaman cínicos a los demás...
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