martes, 10 de septiembre de 2013

Malas pulgas

Aunque la expresión de “malas pulgas” se suele usar de forma metafórica esta vez es literal. En el edificio donde trabajo se ha declarado una plaga de pulgas, que a estas alturas de siglo parece una cosa muy “vintage”, como decimonónica, pero oigan, es molesto de narices.

A mí por ahora no me ha tocado, pero vayan ustedes a saber. Se cebaron en las piernas de dos compañeros que tenían unas irritaciones que, además de molestas, eran de mala visión, por lo desagradable.

Llama la atención la parafernalia con que se rodean todas estas cosas en estos tiempos. Lo que hace unos años se habría solucionado con un “llama al tío de la desinfección” ahora se califica como “activación del protocolo”, que viene a ser lo mismo pero con una reunión previa entre varios altos cargos y los representantes del personal, como si de la crisis de los misiles de Cuba se tratara. Reuniones en departamentos, llamadas, cruces de Whatsapp y SMS como si en vez de pulgas hubieran visto jinetes vestidos de negro con una guadaña…

Unas cochinas pulgas se tratan como si hubieran llegado unos expedientes cargaditos de Ántrax, y sólo ha faltado desalojar el edificio con las sirenas y las luces de emergencia a todo trapo. Aún estamos a tiempo.

La solución del tema es tan prosaica que suena a simpleza: una caja con un producto que atrae a los bichos y otro que los liquida. Así de sencillo. Si la cosa no llega por lo visto hay un gel (lo que no sé es cómo lo pretenden aplicar) y si no directamente irán a por el gas. Espero que nos desalojen antes de usarlo porque si no puede ser un tema que vaya a mayores.

En fin, que cuando nos digan que en este edificio hay malas pulgas ya no nos podremos cabrear, porque es literal. Cosas que pasan.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Los juegos del hambre

Creo que media España comparte una sensación que no sabemos muy bien cómo denominar pero que va entre el herido orgullo y el alivio. Que no nos hayan elegido como sede de los Juegos Olímpicos del 2020 por tercera vez (parece que el “erre que erre” no va con el COI) no gusta porque suena a desprecio hacia un país como el nuestro, que organizó con acierto la Olimpiada de 1992, siendo la única de las recientes que no dio pérdidas multimillonarias. Pero por otra parte a nadie se le escapa que no estamos como para andar gastando la pólvora en salvas. De ahí lo del alivio.

Hay una saga de estas que ahora proliferan tanto que se llama "los juegos del hambre". No me digan que no es para hacer pensar. No va sobre juegos olímpicos ni nada que se le parezca pero tiene en común que una sociedad en que muchos de sus miembros sobreviven rapiñando lo que pueden incluso entre la basura, dejan todo de lado para ver un evento de talla mundial que derrocha lujo y recursos. A mí me recuerda a algo.

Los españoles somos peculiares la verdad. Mientras el gobierno italiano le prohíbe a Roma presentar su candidatura a los juegos porque consideran que no está el horno para bollos, aquí hacemos al revés, quizás porque en este momento una inyección de moral nos venía de película. Lo malo es que el kilo de moral nos sale muy caro si para que levantemos cabeza tenemos que gastarnos muchos millones que no tenemos en un evento de dudosa rentabilidad económica.

Les hablaba el otro día del legado de las exposiciones de Sevilla, la del 29 y la del 92. Son dos modelos opuestos que en España se dan tan a menudo que si en vez de un país fuera una persona el diagnóstico de bipolaridad sería obvio. Quizás nos hayamos salvado de un problemón nacional como la copa de un pino porque si no hay dinero para tantas y tantas cosas que provocan los consabidos recortes, dudo que ponerse a construir estadios sea una opción muy inteligente.

Pero eso es lo que hacemos. No quizás a nivel olímpico, pero el Real Madrid acaba de fichar a un tal Bale por una fortuna sólo accesible para grandes entes que normalmente no tienen al día sus obligaciones con Hacienda. “Es que genera mucho dinero”, nos dicen, pero no sé yo. La bolsa generaba mucho dinero hasta que se pegó un batacazo de libro el famoso Jueves Negro, llevando a la ruina y el suicidio a más de uno y de dos.

No se trata de que a mí no me vuelva loco el deporte, que tampoco, sino de que si propusieran pagar con nuestro dinero el mandar una nave al espacio por aquello del prestigio internacional y la investigación científica, tampoco creo que fuera el momento.

Pero bueno, ya no tiene arreglo. Tokio 2020 es la cita para dentro de siete años. Esperemos que arreglen sus problemillas no sea que las medallas brillen más de la cuenta.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Música amurallada

Aunque no soy un gran admirador de las teorías políticas que sustentan la ideología del BNG, reconozco que a veces hacen cosas bien, como casi todo hijo de vecino. Creo que ningún grupo, sea pequeño o grande, ni acierta ni se equivoca siempre.


Les hablo del tema de las fiestas de San Froilán y una iniciativa que se llevó a cabo el año pasado en la plaza del Campo Castillo, en la que se montó un escenario al que se invitó a grupos de la ciudad que están empezando para poder darse a conocer. Este año se ha eliminado del programa.

No conozco los motivos de esta decisión. Quizás los vecinos protestaron por el tipo de actuación (yo mismo critiqué a una de “irmandades do falo” porque no me parecía excesivamente oportuna), o no tuvo demasiado éxito de público, o simplemente los grupos aumentaron el caché y no se les podía pagar, aunque lo dudo. Si no se sabe por qué se toma una decisión en teoría no es bueno criticarla, pero tampoco sé por qué se instaló ese escenario inicialmente y aun así me pareció una buena idea.

Las fiestas de San Froilán, con sus barracas, su pulpo y sus orquestas, cuentan con una extraordinaria afluencia de público siempre que no le dé por llover. Es una oportunidad de oro para que, quienes están empezando, puedan salir de la oscuridad del anonimato y tocar en su ciudad para sus amigos, vecinos y quién sabe si algún contacto ocasional que les permita ir trepando por la resbaladiza liana de la fama.

Lugo ha de defender a Lugo, al menos siempre que sea defendible. Si las fiestas son las patronales de nuestra ciudad no parece ninguna tontería que se haga un hueco a grupos que, aunque sean poco conocidos, no tienen por qué ser malos. Supongo que Mecano no se hizo famoso de un día para otro, al igual que Mocedades, los Rolling Stones o El Fari, por cubrir diferentes sensibilidades musicales.

Si uno estaba de viaje en Liverpool en 1960 y se iba a tomar algo a lo que hoy consideraríamos un antro, habría podido ver a un desconocido grupo de melenudos que más tarde serían uno de los mayores fenómenos musicales de la historia moderna: los Beatles. Imaginen que los locales británicos sólo contrataran a gente ya consagrada… Nadie conocería “yesterday”.

Nadie puede garantizar que en Lugo surjan unos nuevos Beatles, pero tampoco lo contrario. Visto el programa de las fiestas, que nos retrotrae a los años 80, o incluso más atrás, a los años dorados de la copla (tiene que haber de todo, así que no pasa nada), tampoco sobraría una aportación a la iniciativa local.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Discriminación deportiva

Parto de mi profunda ignorancia sobre los mundos deportivos, y más aún de los relativos al tenis, donde lo poco que sé es que hay un tal Rafa Nadal que gana muchas cosas, y que al trofeo más popular le llaman “la ensaladera”. Con estos mimbres mal cesto vamos a hacer si me pongo a hablar de tenis pero es que cuando hay temas de Lugo, me lanzo en picado.

Pongo lo anterior como venda antes que la herida, porque quizás lo que les voy a contar hoy es habitual, tiene explicación o simplemente es uso y costumbre, pero llamativo, lo que se dice llamativo, sí es. Vamos al tema.

Se celebra en Lugo el IX torneo nacional de tenis, que termina hoy, organizado en el Club Fluvial. El patrocinio de este torneo cuenta con importantes marcas y la colaboración de entidades entre las que está el ayuntamiento de Lugo como única administración participante. Una cosa fantástica para promocionar la ciudad y esas cosas, salvo por el lío de los premios.

Verán, el cartel anunciador recoge que el primer premio a la categoría masculina es de 1.400 euros y un trofeo, seguido de un segundo premio de 700 € + trofeo, 350 € a los semifinalistas, 175 € a los que lleguen a cuartos de final y 43,75 € a los que lo hagan a octavos. Todo muy bien hasta que ves que la campeona de la categoría femenina recibirá 150 € y trofeo y la finalista 75 € y trofeo. Fin de los premios femeninos. No me he comido ningún cero. Sumando a mí me salen unos 3.000 euros en premios a la categoría masculina y 225 a la femenina. No sé, me parece ligeramente desequilibrado.

Vuelvo a insistir en mi ignorancia sobre el tema, pero les diré que me parece llamativa la forma de repartir los premios. Supongo que habrá más tradición en el tenis masculino, pero con esos usos y costumbres eso seguirá así por los siglos de los siglos.

No nos pongamos tampoco locos contra el fluvial. Hay una liga de fútbol masculina que recibe subvenciones multimillonarias, tanto las directas (las que salen en el BOE) como indirectas (las deudas que les perdonan, los líos con Hacienda que no se persiguen…). La liga femenina es algo tangencial, y me imagino que si hacemos cuentas en general, en casi cualquier categoría el deporte masculino está muchísimo mejor pagado que el femenino. En números globales (que no tengo) apostaría lo que quieran a que la proporción es escandalosa.

Me cuesta mucho trabajo entender por qué los equipos no pueden ser mixtos. Nos rasgamos las vestiduras cuando nos dicen que se subvencionan colegios segregados, pero nos parece normal que los Juegos Olímpicos hagan una carrera para hombres y otra para mujeres.

Lo de que haya dos categorías es un poco insultante. Es como “hala, moninas, os vamos a organizar una carrerita para vosotras que si no no ganáis nada”. Puede que sea cierto, pero también puede que no. Que el campeón del mundo de algo no pueda ser campeona a menos que corra en una categoría exclusiva me recuerda sospechosamente a los deportes organizados en ligas infantiles, y perdonen la comparación, pero es la que me sale. Como si no dieran la talla.

Imaginen que la competición de los 100 metros lisos tuviera una categoría por razas porque los más rápidos “siempre son negros”. A Hitler no se le ocurrió, pero si no seguramente habría hecho un razonamiento parecido para no tener que tragar el sapo de que Jesse Owens ganara a los súper atletas de raza aria.

Owens batió el record del mundo en 1936 haciendo los 100 metros en 10.4 segundos. La mujer más rápida del mundo los hace en 10.75, pero quizás si se permitiera a las mujeres competir en igualdad con los hombres en todas las categorías otro gallo nos cantaría. Les saldrían más patrocinadores, se lo podrían tomar más en serio y quizás nos encontraríamos con que pueden mejorar esas marcas.

La discriminación positiva es discriminación a fin de cuentas, y suena a paternalismo. No me gusta.

martes, 3 de septiembre de 2013

Edificios ¿inteligentes?

A veces las coincidencias son llamativas. Ayer les hablaba de los edificios de la Expo del 92 y de la Exposición Iberoamericana de 1929 como ejemplo de que no siempre el “progreso” es tal… y miren por dónde a las pocas horas un edificio hipermegamoderno de Londres, llamado el “walkie talkie” derritió, literalmente, el capó y varias piezas de un Jaguar aparcado en la calle.


Por lo visto el fenómeno se produjo porque, quién lo iba a imaginar, no es buena idea poner un espejo cóncavo de 36 pisos en una zona donde da el sol. El efecto vino a ser una concentración de los rayos de sol que tostaron el Jaguar como si fuera una hormiga a los pies de un niño dotado de lupa y mala leche. Eso sí, no me negarán que los ingleses tienen un estilazo del copón. Un Jaguar nada menos. Ya de derretir un coche derretir uno que quede “fashion” en los telediarios de todo el mundo.

La pregunta que me asalta es… ¿en qué demonios estaban pensando? Tanta tecnología y tanta leche y resulta que no caen en algo obvio que con un par de espejos y sentido común se le habría ocurrido a cualquiera, o al menos a cualquiera que vaya a gastarse 200 millones de libras en un mastodonte de acero, hormigón y cristal.

Tengo una hermana arquitecto, y nunca nos ponemos de acuerdo con estas cosas. Hay edificios que puede que sean lo más de lo más del diseño, pero si no son acogedores, si no cumplen su función principal, que es alojar personas, a mí no me valen. No hace falta derretir un coche para que un edificio sea una estupidez.

Hay excepciones por supuesto, y el tamaño no tiene por qué ser algo malo. El Empire State Building, sin ir más lejos, es un edificio espectacular, impresionante, y que no crea problemas salvo en las películas donde los gorilas gigantes tienden a la escalada libre, rubia chillona en mano.

Este veterano de los rascacielos fue diseñado en dos semanas y construido en un año y cuatro meses, y sigue ahí, dando testimonio de que el estilo no tiene por qué estar reñido con la altura. Y no ha derretido coche alguno.

Por supuesto todo esto es algo meramente personal, pero la admiración, la emoción que despierta algún edificio concreto no se nota en otros. Las torres Petronas de Kuala Lumpur, por ejemplo, son tan espantosas como altas, y las torres Kio serán muy originales pero ahí se acaba su encanto.

Lo mismo pasa con los coches, o con la ropa. Ves diseños de espectaculares vehículos de los años 50, o de trajes de los años 20 que están a un nivel que hoy no soñamos alcanzar. Evidentemente no les estoy diciendo que nos tengamos que ir al pasado y hacer todo como hace setenta años, pero echo de menos la mezcla. En lugar de ser todo acero y cristal, o que todos los coches, todos, sean casi exactamente iguales, es una lástima que nadie siga fabricando automóviles que, con un corazón fabricado con la más moderna tecnología, le una la estética del pasado. ¿Por qué no se pueden hacer cosas así hoy día? Si hubo un estilo “neoclásico” en arquitectura (espantoso en mi opinión, por hortera, pero eso es otra historia) ¿por qué no podemos hacer lo mismo y recuperar estilos que nos encandilan cada vez que los vemos en una película?

Parece que nos hemos pasado de rosca. Hay que redefinir el progreso de forma que porque podamos hacer una cosa no signifique necesariamente que tengamos que hacerla. Quizás volver la vista atrás sea bueno de vez en cuando, y sobre todo si hablamos de temas de diseño.

Cuando 29 es más que 92

Me acabo de dar cuenta de que no les conté nada de las vacaciones. Ya que estamos en intimidad les diré que nos dio la venada de ir a Torremolinos, en plan setentero, un viaje que realmente te hace valorar muchísimo el mar… que tenemos en Galicia.

Pero no les hablaré hoy de eso en concreto, sino de otro sitio que visité haciendo la Ruta de la Plata. Paramos en Zamora, muy bonita por cierto, en Cáceres, espectacular (creo que es lo que más me gustó del viaje) y en Sevilla de camino a Torremolinos, que está a escasos quilómetros de la ciudad de Málaga. Pues de Sevilla les hablaré hoy.

Plaza de España - Exposición del 29
La capital de Andalucía es uno de los destinos más turísticos de España, y sin duda uno de los lugares más reconocibles de nuestra tierra gracias a las sevillanas, el barrio de Triana y la enorme publicidad que se hace de esta ciudad. Pero también, y es en lo que me voy a centrar hoy, es el ejemplo más claro que conozco de cómo funciona nuestra sociedad ahora y cómo lo hacía cien años.

Verán, en Sevilla se celebraron dos “Expos” famosas, la Exposición Iberoamericana de 1929 y la archiconocida Expo 92. Han pasado más de ochenta años desde la primera, y más de veinte desde la segunda… hablemos de sus herencias.

Plaza de América - Exposición del 29
La Exposición del 29 dejó en Sevilla el monumento más visitado de la ciudad, que no es ni la Torre del Oro, ni la Giralda, ni la Catedral, es la Plaza de España, que se puso más aún de actualidad porque ahí se rodaron algunas escenas de Star Wars. Es un lugar espectacular, una plaza abierta, llena de detalles, de impresionantes mosaicos de azulejos, de encanto y atractivo. Completa los ya anteriormente existentes jardines de María Luisa, portentoso parque que era el jardín del Palacio de San Telmo y que fue donado a la ciudad por la infanta María Luis Fernanda de Borbón, duquesa de Montpensier, de ahí el nombre del parque.

La Exposición del 29 también dotó a la ciudad de una serie de pabellones que hoy día se utilizan para las más diversas actividades. Desde museos, hasta casas particulares, pasando por clínicas, sedes de empresas, bancos… Nada se ha desaprovechado, y cada uno de los antiguos pabellones era una pequeña obra de arte que convirtió un área enorme de la ciudad en un auténtico paseo de las delicias.

Pabellón abandonado - Expo 92
La Expo 92 costó a las arcas públicas un billón de pesetas, con B, de las de hace más de 20 años (las obras duraron lo que duraron). ¿Qué ha dejado a Sevilla? Unas excelentes comunicaciones con Madrid y un montón de pabellones abandonados, llenos de hierbajos y maleza, de monorraíles abandonados, un paisaje desolador que, inexplicablemente, las rutas turísticas incluyen como si la desastrosa gestión post-expo fuera algo digno de enseñar en lugar de un asunto a resolver.

Fui con la ilusión de ver de cerca un Ariane, que uno es fan de esas cosas y le impresionan los cacharros que hemos tenido dando vueltas fuera de la Tierra, y me encontré una chatarra en medio de un solar abandonado.

Vagones del Monorraíl - Expo 92
Después de ver la sede de la NASA en Houston y cómo cuidan allí de su historia (esa de la que nos cachondeamos por reciente pero que deberíamos aprender a valorar porque la soberbia es una cosa muy fea) a uno se le cae el alma a los pies viendo que aquí lo que no tenga 500 años parece no ser digno de protección.

Canal de los Descubrimientos - Expo 92
Pero ya no se trata únicamente de eso, sino del despilfarro, del “ya pasó la Expo ahora ya da igual”. ¿Si nos dan los Juegos Olímpicos de Madrid 2020 haremos lo mismo? ¿O seguiremos el ejemplo de Barcelona, que utilizó la Olimpiada del 92 para poner a punto la ciudad y “recicló” sus edificios? Económicamente la cita en Barcelona fue un éxito, mientras que por ejemplo la de Atenas supuso todo lo contrario. Quizás el secreto está en quién gestiona el tema, y por mucho que digan algunos de los catalanes tenemos mucho, muchísimo, que aprender de ellos.

Supongo que muchas de las personas que visitan Sevilla se llevarán la misma impresión que yo: que parece que ahora se hacen las cosas peor que hace casi un siglo. Será porque de aquella había que aprovechar todo, y porque había otro concepto sobre “el día después de”.

Sevilla ha heredado una gran fortuna cultural y urbanística de la Exposición Iberoamericana del 29. No tanto de la del 92. Es para reflexionar. 29 y 92 son un espejo, una contradicción, pero parece que en este caso 29 es más que 92.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Por la eliminación de las bragas en el casco histórico

Se acaban las vacaciones y volvemos a la rutina diaria, bendita rutina por otra parte si tienes la suerte de levantarte para ir a trabajar tal y como está el patio.

Volvemos y lo hacemos hablando de un tema puramente lucense. Sin ponerles en antecedentes les pregunto qué les parecería que una recogida de firmas se hiciera en la ciudad para que se sacaran las bragas. Así, sin anestesia ni nada.

No, no me ha dado el sol más de lo necesario (espero) ni vengo con efectos secundarios del exceso de tiempo libre, es la propuesta que hicieron desde la Policía Local de Lugo a unos vecinos que llamaron por teléfono para pedir que se retirasen prendas de este tipo del cableado de una céntrica calle del casco histórico.

Por lo visto a la moda de colgar zapatillas de deporte de los cables ahora amenaza unirse la de hacer lo propio con ropa interior, bragas concretamente en el caso que nos ocupa, para solaz de los “tendedores” y horror de los “tenderos”. Una ciudad que pretende vivir (al menos en parte) del turismo, tiene complicada su entrada en las guías más prestigiosas si los inspectores de las mismas ven cosas tan extrañas en la ciudad. Me refiero a que aún tengamos cableado aéreo en el centro, no a las bragas, pero ese es otro cantar.

Volviendo al tema de la lencería, les diré que no creo que tampoco sea algo que nos vaya a traer gente a la ciudad, aunque quizás sirva como reclamo de ciertas profesiones visto el lugar donde aparecieron las prendas en cuestión. Ahora que no se pueden poner carteles de colores, es una alternativa para que las muchachas de vida alegre den a conocer sus servicios con cierta discreción, por decir algo.

Pero lo grande no es que alguien cuelgue bragas, a pesar de la dificultad que supone la intendencia de la hazaña (un cable tan alto no es fácil de alcanzar, y me sorprende que hayan conseguido que se mantengan allí durante días) sino la reacción de nuestros servicios municipales.

Ante la llamada de una persona de la zona para pedir que las retirasen, la contestación fue que “meta usted un escrito en registro y recoja firmas”… ¿recoja firmas? Lo del escrito en registro puede tener un pase, ya que la administración no tiene por qué darse por enterada de un asunto que no es urgente mediante el teléfono… pero ¿recoger firmas? ¿Para qué? ¿Acaso si no hay un número determinado de personas molestas con estos temas no se retiran las bragas de los cables? ¿Y qué ponemos en el texto que se firma? Tal vez algo como “por la bajada de las bragas del casco histórico” o "por la eliminación de las bragas en el casco histórico" tendría éxito en la recogida, si bien el fin sería confuso.

Felizmente, ante la pregunta de un miembro de la prensa (avisado convenientemente de la situación) las fuerzas de seguridad tomaron las medidas oportunas y proporcionales: dos coches de policía y un camión de bomberos se personaron para retirar dos bragas. Ahí, con lo que se llama “asignación eficaz de recursos”.

En fin, seguiremos de nuevo con estas cosas y otras más. Bienvenidos o bien hallados.