miércoles, 11 de diciembre de 2019

Tradición churrera

Don Pepe, a lo suyo, haciéndonos disfrutar de los churros calentitos
Mis recuerdos infantiles de churros en Lugo tienen dos nombres propios: Zucre y Don Pepe. La primera, situada en la calle Progreso, cerró hace ya décadas y es sorpendente lo bien que veo en mi mente los remates de acero, aquellas banquetas bajas de cuero marrón y la barra en dos niveles. Supongo que lo bueno no se olvida fácilmente.

Don Pepe es tan propio de la avenida Rodríguez Mourelo (Los Tilos para los amigos) que cada vez que paso por allí y no está me sorprendo. De pequeño incluso hice mis pinitos empresariales cuando iba con la bici a la eterna caravana de Don Pepe a por churros recién hechos para venderlos por las casas. Me los quitaban de las manos e incluso hice clientes fijos. De aquella se podía y en vez de entenderlo como explotación infantil se veía como una forma sana de ganarse unas pesetas para gastar en cromos. De hecho mis padres creo que se están enterando ahora de aquel negociete que tuve algún tiempo.

Lo que en otras ciudades se entiende como tradiciones pintorescas que dan color a los grises inviernos, en Lugo se percibe como un enemigo del pueblo al que hay que eliminar. Como los viejos quioscos que se cargaron para “renovarlos” y crear esas magníficas instalaciones con baño incorporado, ubicadas en Plaza de España, Santo Domingo y Milagrosa. Bueno, la última ahora está tirada en el parque de Frigsa. Todas ellas están cerradas desde hace cinco o seis años con esa desidia tan propia de nuestra casa consistorial.

Estoy seguro de que hay alguna pejiguera justificación administrativa para impedir a Don Pepe poner su churrería al igual que hizo en los últimos 42 años, ahí es nada, pero por legalista que uno sea es difícil aceptar que no se pueda solventar. Supongo que si se arregló la papeleta para el puesto de castañas de la Plaza de España (otra de esas fantásticas tradiciones invernales) se resolvería esto... si se quiere, claro.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 11 de Diciembre de 2019

martes, 10 de diciembre de 2019

De ecología y luces de Navidad en Lugo

Vigo abarrotado por sus luces y Madrid diciendo que no gastemos a lo tonto...
Que la bonanza económica y la ecología han mantenido siempre relaciones como mínimo tirantes no se le oculta a nadie, independientemente del modelo seguido ya que los países más contaminantes del mundo son indistintamente capitalistas (EE.UU.) o comunistas (China). Pero no deja de ser curiosa la contradicción en que, como sociedad, caemos constantemente.

Mientras todo el mundo aplaude la cumbre de Madrid sobre el cambio climático, en que se nos está diciendo que se agota el tiempo para corregir el rumbo, Vigo atrae a mareas de gente que abarrotan calles a causa de una orgía de despilfarro energético en luz artificial. No me entiendan mal, Abel Caballero ha acertado sin duda, pero también es la demostración de que aunque racionalmente vamos de ecologistas cuando no mira nadie corremos en dirección contraria.

En Lugo caemos en el ridículo de ir a Madrid a vender un “barrio verde” que prevé 1.200 viviendas nuevas en una ciudad con 12.000 vacías, mientras planificamos una pasarela de un millón de euros en un sitio absurdo, piscinas al aire libre llenas de agua del grifo calentada, y dejamos caer en pedazos trozos de la ciudad como la Milagrosa o el Barrio Feijoo. “Reducir, Reutilizar, Reciclar” queda chulo en las pegatinas pero no vende en las urnas.

También se usa el argumento verde para justificar las “humildes” luces navideñas de Lugo (por no decir “cutres”, que suena feo). Se achacan al ahorro energético y económico pero no cuela. Meter paragüas, ballenas y peces espada no es por gastar menos, es porque una vez más cogemos lo que queda libre. Vamos tarde, mal y a rastras, marca de la casa, y los proveedores ya saben que aquí tragamos con lo que nos pongan.

Las luces se inauguraron acertadamente el día 5, pero solo en alguna zona. En la Avenida de La Coruña y calles colindantes por ejemplo se instalaron desde el día 6.

También sería por ahorrar…

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 10 de Diciembre de 2019

Los típicos paragüas navideños...

Y los pescados, algo también muy propio de la ciudad de Lugo. Ballenas, peces espada, delfines... lo normal...

lunes, 9 de diciembre de 2019

Manual para asumir que tu colección de sellos no vale nada (en dinero)

Ocupar espacio en la estantería con álbumes o cambiarlos por sellos en euros que quizá no usemos nunca... Vaya dilema.
Animado inicialmente por mis padres coleccioné sellos desde mediados de los 80 hasta el 2010 aproximadamente. Primero los cogía en el estanco de las galerías de Santo Domingo, pero cuando dejaron de dar ese servicio me suscribí al servicio filatélico de Correos. Me divertía, y me pasé mucho tiempo colocándolos en las hojas de los álbumes.

Hablamos de sellos de Correos de España, nuevos, sin usar, sin pegar y en perfecto estado. Ya ni menciono esos que vienen matasellados y que vendían al peso, que solo tienen como utilidad la estética.

La que se suponía “pata negra” era una colección a la que uno daba por sentado cierto valor, ya que aunque perdieras el coste de las hojas donde los guardas y de los álbumes asumías que al menos el dinero que ponía el propio sello nunca se perdería. No es que pretendieras forrarte con el tema, pero lo considerabas una inversión a largo plazo y una afición que aunaba la belleza de la filatelia y lo que creías que era una forma de revalorizar unas pesetas con el tiempo.

Lo que nadie nos contaba es que los sellos desde los años sesenta para aquí no se revalorizaban excesivamente porque se hacían tiradas gigantescas. Como todo, cuantas más unidades hay menor es su valor, y un sello “raro” es, valga la redundancia, una excepción porque si imprimes un millón y medio de unidades lo extraño es que no sobrevivan muchas, con lo que no se incrementa su valor.

Uno de mis sellos favoritos, de 1.981. Por ahora vale 1,20 euros. En poco más de un año, no valdrá nada.
Entonces, en 2006, llegó el escándalo de Forum Filatélico y Afinsa, una estafa piramidal en que hacían creer que cada duro que tenías en un sello se convertiría en una pequeña fortuna. Acabó el tema como acabó y la mayoría de la gente que confió en esas empresas perdió sus ahorros o recuperó un mísero 5% en el mejor de los casos. El efecto colateral es que la confianza en el sello como inversión cayó en picado, lo que unido a su falta de uso los convirtió en algo prácticamente superfluo. Ya no se trataba de que se revaloricen, sino que ni siquiera te dan el valor facial, el que pone en el propio sello. Te quedas, por lo tanto, con unos álbumes llenos de estampitas que, a efectos económicos, da igual que sean sellos, que vitolas de puros o estampas de la Virgen del Carmen.

Si les digo la verdad eso no me desanimó. Cancelé mi suscripción al servicio filatélico a finales de 2010, pero no por los escándalos sino porque eso de los sellos de pegatina es muy práctico, lo reconozco, pero para mí le han quitado gran parte del encanto al tema aunque no sé explicar muy bien por qué. Que los diseños fueran cada vez menos de mi gusto tampoco ayudó.

El cambio de moneda:

Por si todo esto fuera poco, desde el 1 de enero de 2002 utilizamos euros así que no podemos usar los sellos que tenemos en casa ni siquiera para mandar cartas, suponiendo que tengamos un arranque retro. Pero no se perdía el dinero necesariamente porque por tiempo ilimitado se podrían canjear por sellos en euros en la Unidad del Servicio Filatélico de Correos y Telégrafos, en Madrid. Que la oficina esté allí no significa que haya que viajar hasta la capital, ya que cualquier oficina de Correos los enviará para que hagan el canje y dicho envío es gratuito para el cliente.

Limitado lo ilimitado:

El año pasado todo volvió a cambiar, y a partir del 31 de diciembre de 2020 los sellos que tenemos en casa no valdrán para nada. Ni siquiera te los cambiarán por su equivalente en euros. El Ministerio dictó en febrero de 2018 una modificación de la normativa por la que limitan aquel tiempo “ilimitado” (una contradicción en toda regla). Se ve que se arrepintieron de dejar abierta esa puerta y la quisieron cerrar, y nos han hecho la pascua a todos. También es cierto que su valor cada vez es menor por el IPC, y si tienes un sello de 10 pesetas los 6 céntimos del cambio tampoco es que te den para muchas alegrías.

Eso sí, que quede claro que no te van a devolver su valor en dinero. Si tienes 10.000 pesetas en sellos te van a dar 60 euros, pero también en sellos. No hay ninguna posibilidad de recuperar el importe en dinero contante y sonante.

¿Y ahora qué?:

Así que ahora nos enfrentamos al gran dilema: ¿qué hago yo con mi colección de sellos? Están nuevecitos, cuidados, bien guardados… pero en poco más de un año no valdrán absolutamente para nada. Nos quedan trece meses para decidir si todo ese tiempo y esfuerzo que dedicamos a hacer una colección quedará reducido a unos cuantos sellos en euros que realmente no vamos a usar porque desde que se popularizaron el correo electrónico y el whatsapp nadie manda cartas. Si tal en Navidad. De los álbumes y las hojas olvídese, esos no hacen más que ocupar espacio en la estantería.

La otra opción es quedarnos con todo, en plan nostálgico, y adornar nuestra casa con algo que uno abre de vez en cuando suspirando por una época en que pensaba que no solo los ricos podían invertir en algo rentable. ¡Qué tiempos aquellos!

Habrá que sentarse a sumar de cuánto dinero hablamos, y de qué haremos una vez cambiemos los sellos en pesetas por sellos en euros. Quizá meterlos en otro álbum porque realmente dudo mucho que los lleguemos a usar alguna vez.

En fin… una pena. Con lo bonito que era coleccionar sellos.


Enlace a la normativa vigente sobre canje de sellos:



Impreso para solicitar el canje:


Lo ha de presentar en cualquier oficina de Correos y ellos lo envían a Madrid. El envío es gratuito para el cliente.

jueves, 5 de diciembre de 2019

¿De verdad queremos ser Patrimonio de la Humanidad?

A los cubos que mencioné el otro día se une ahora un plástico negro. Vamos a peor.
NOTA: Este artículo tiene mucho en común con el publicado en este blog el día 26 de noviembre, pero como se publicó en La Voz de Galicia lo incluyo aquí, que ya saben que este blog también me sirve de archivo. Gracias por su comprensión.

¿De verdad queremos ser Patrimonio de la Humanidad?

¿Queremos ser Patrimonio de la Humanidad? ¿Poniendo plásticos y cubos de colores para tapar los mosaicos de la calle Doctor Castro porque les entra agua desde hace ya tiempo? ¿Descuidando nuestros restos arqueológicos de forma tan flagrante? ¿Votando contra la creación de una mesa de trabajo afirmando que “no es útil” contar con toda la sociedad lucense en la concreción de un objetivo común?

Lugo vivió un momento de esplendor a finales de los 90 en que nos dimos cuenta de que teníamos una ciudad de la que poder presumir. La peatonalización llevada a cabo en el mandato de García Díez y la declaración de la Muralla como bien mundial, tramitada también en esos años con el apoyo de todas las fuerzas vivas de la ciudad, del entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga, e incluso con la implicación de la Casa Real, fueron acicates para la adormecida conciencia de los lucenses. Veinte años después nuestra sociedad vuelve a estar amodorrada, como si aquello fuera el destino en lugar del punto de partida que debió suponer.

Para lograr un premio tan codiciado como el que dicen perseguir hay que tomar medidas imprescindibles. La más evidente es repasar lo que vamos a enseñar, en este caso el casco histórico, y diagnosticar los muchos problemas que tiene. Pretender superar una prueba en la que competimos con algunas de las joyas urbanísticas del planeta, cuando las ruinas acechan el entorno de la Muralla, no es realista.

Reformar el PEPRI para que, sin renunciar a su vocación protectora de nuestro pasado, deje de ser un impedimento para la rehabilitación, realizar un ambicioso y necesario plan de excavaciones, cuidar la urbanización de las calles para que no sean un pastiche de remiendos, hacer el Museo de la Romanización en San Fernando… son pasos obvios que quizá sean pedir mucho cuando ni siquiera somos capaces de impedir las goteras en mosaicos de dos milenios de antigüedad.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 3 de diciembre de 2019

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Mañana concentración contra el maltrato animal

Terribles imágenes. El vídeo es peor aún.

No suelo hacer artículos “a demanda” pero la Protectora de Animales de Lugo, de la que soy socio, nos ha pedido difusión y por eso este artículo, para intentar echar una mano. Mañana, jueves día 5 a las ocho, hay una concentración en la Plaza de España en repulsa contra el maltrato animal. El detonante ha sido el brutal comportamiento de un desgraciado de Chantada, que disparó a su perra (que tenía el apropiado nombre de “Alma”) con el convincente argumento de “disparo a quien me sale de los cojones”. Se ve que el tipo es tan educado como sensible. Si escribiera lo que siento ahora mismo sobre ese cabrón me cierran el blog. De hecho pensaba poner este artículo mañana, porque me parecía más útil el mismo día de la concentración, pero no quiero esperar, necesito la terapia de escribir esto hoy.

No soy capaz de entender a cierta gente. Miren, uno se intenta poner en la piel del prójimo, por distantes que sean sus planteamientos, para ver por dónde pueden ir sus neuronas. Aunque en ocasiones es complicado hacer ese ejercicio ayuda mucho a entender su razonamiento… o su falta de él. Pero con esto no puedo.

Una cosa es asumir que hay que alimentarse y criar animales que serán sacrificados para que comamos, por desagradable que sea como concepto, y otra muy diferente apalear y disparar a tu propio perro. Eso es de psicópatas.

Sé que quien no tiene o no ha tenido perro no comprende el vínculo que se crea. El otro día una persona incluso escribía en una red social que consideraba “enfermos” a los que, ingresados en un hospital, desearían tener una visita de su perro. A mí lo que se me antoja carne de psiquiatra es lo contrario y no me hace falta tener una carencia afectiva para querer a mi perro.

Quienes lean esto habitualmente quizá recuerden que tenemos en casa un maravilloso labrador, Ducki (el nombre venía puesto cuando lo acogimos, qué quieren que le hagamos) que entró en nuestras vidas hace cuatro años. Ahora tiene 11. Escribo esto con él tumbado a mi lado, relajado, con su cabeza apoyada en mi pierna dándome calor, confianza y tranquilidad. No imaginan lo bien que se siente uno. 

No solo es eso, es que también te ofrece su lealtad incondicional. Te pone de buen humor en los días más oscuros y créanme que los nota, vaya si los nota. Si te ve triste no reacciona igual que cuando estás enfadado. Lo sabe y no sé cómo se las ingenia para elegir la actitud más adecuada a cada ocasión: acercarse y apoyarse en ti para que no estés disgustado, tumbarse a tu lado para que se te pase el enfado…

La relación que estableces con tu perro trasciende toda explicación. Al menos yo no me veo capaz de expresarlo, y créanme que lo haría si pudiera aún a riesgo de que me acusen de ser uno de esos “chalados animalistas”. No lo soy, aunque les comprendo. Es difícil no serlo cuando comprendes lo que se quiere a un perro.

Pero yo no creo en los derechos de los animales, aunque eso no quiere decir que no quisiera arrancarle las gónadas al monstruo que provoca toda esta oleada de rechazo social, no se confundan. El derecho es, por definición, una creación humana así que me parece absurdo hablar de si un animal disfruta de tal cosa. No creo que un perro tenga derechos igual que no creo que Las Meninas los tengan, pero por la misma lógica tampoco creo que alguien pueda rajar el cuadro o disparar a su perro. Ambas cosas hay que sancionarlas, obviamente.

Hemos de enfocar el maltrato animal como lo que es: el reflejo de una personalidad enferma, anormal y totalmente fuera de la conducta de un ser civilizado. El problema es que en un país en que incluso se subvenciona un espectáculo público cuyo fin es maltratar y matar a un toro es muy complejo meterse estas ideas en la cabeza. Yo mismo he cambiado sobre este tema, quiero creer que he evolucionado, y a pesar de mi alergia a las prohibiciones, hoy día sí vetaría los toros por una simple cuestión de sensibilidad.

De matar un animal con el menor sufrimiento posible y por cuestiones de supervivencia (hay que comer) a disfrutar con su tortura media un abismo. Lo primero es una mera cuestión de conservación y lo segundo… lo tenemos en tareas pendientes para poder considerarnos civilizados.

Permitan que vuelva al principio para recordarles que mañana jueves, día cinco a las ocho, hay una concentración en la Plaza de España contra el maltrato animal. Por cierto tampoco estaría mal que las administraciones que prometieron la mejora de las penosas instalaciones de la Protectora cumplan su palabra, pero de eso hablamos otro día.

Probablemente si no hubiera las terribles imágenes que vimos muchos (me costó pero las vi) no se habría reaccionado igual, pero las hay, y son espantosas.

Nos vemos allí.

martes, 3 de diciembre de 2019

...y cruz de las Medallas de Oro de Lugo

Humedades en el salón, acceso complicado... y otras cosillas.
Ayer me quise centrar más en lo positivo del acto de entrega de medallas de oro de la ciudad, pero no puedo dejar de mencionar varias cuestiones que le quitaron brillo al acto. No sé por qué pero me da que este artículo va a ser más leído que el de ayer... nos va la marcha, reconozcámoslo.

Hubo temas que, francamente, eran mejorables tanto en el fondo como en la forma, y si bien en general la impresión fue positiva y el propósito era bueno, es precisamente por esa sana intención por lo que llama la atención que se meta la pata en cosas tan básicas.

Empecemos por las cuestiones formales. Es obvio que el lugar elegido para la entrega pretende contestar a las fundadas dudas sobre la utilidad del MIHL, un espacio semiabandonado que solo se usa de pascuas en ramos y que visitan cuatro gatos (me gustaría saber si el público de ayer lo contabilizan en el cómputo anual de visitantes, para inflar las cifras). Si uno se fija en ciertos detalles, como las humedades en el salón en que estuvimos o las cristaleras sujetas con unos maderos cutres (aunque a lo mejor es una obra de arte, vaya usted a saber) se da cuenta de la nula atención que se presta a un edificio relativamente nuevo.

Si les digo la verdad este acto tendría que haber sido en el Salón de plenos del Ayuntamiento, en el Círculo o en algún lugar un poco más atractivo que el MIHL, porque al final no hacen más que darnos la razón a los que pensamos que allí no va nadie.


Las maderas sujetando los cristales estallados no dan muy buena imagen...
La segunda cuestión de forma es que para conseguir llegar a la sala donde se hizo la entrega casi nos matamos, porque la escalera estaba tan oscura que no se veían los peldaños y había que ir a tientas, literalmente hablando. De hecho yo bajé dando el brazo a una simpática exconcejala del PSOE que se jugaba una dura caída. “Hay luces en el suelo”, podrán decirme, y tendrán razón, pero son luces con trampa porque iluminan solo un escalón de cada dos y da la impresión de que es uno muy largo, con lo que no es sencillo evitar el bofetón. Curiosamente sí hay luz ambiental, porque para salir la encendieron, así que se debió más a una cuestión de “performance” que de necesidad.

Una vez alcanzado el lugar del acto sí es cierto que el montaje era muy llamativo y hasta diría que agradable estéticamente, con el color rojo corporativo. Es una pena que no lo viera casi nadie, porque salvo los familiares de los homenajeados y los concejales y exconcejales que formaron parte de las corporaciones, de público estábamos quince personas. Quince literalmente hablando, y creo que digo de más, porque alguno estaba sentado fuera de su sitio (eran exconcejales) así que no se podría contar como público “de calle”.

Que solo poco más una decena de lucenses hayan querido asistir a un acto en que se honró a los cinco exalcaldes de nuestra democracia dice muy poquito de nuestras corporaciones... o de la organización por la difusión que se hizo del evento. Me inclino por lo segundo. Les diré que yo me enteré el jueves de que se podía ir libremente, y porque me encontré con Lara Méndez y, con la amabilidad que le caracteriza, me lo dijo. Es una lástima que lo que en condiciones normales tendría que ser un homenaje del pueblo de Lugo a sus cabezas visibles de los últimos cuarenta años se convirtiera en una especie de rascado mútuo de espaldas.

En cuanto al contenido en sí, no voy a entrar en algunas cosas que se dijeron en algún discurso y que me hicieron abrir los ojos como platos, pero sí tengo que mencionar, por llamativo, una cuestión que me chocó tanto que es imposible soslayarla. Se hizo un resumen de los mandatos de cada Alcalde y se destacó que Orozco fue el que más tiempo estuvo en el cargo (16 años)… y de sus logros se mencionaron solo dos asuntos: la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad y la peatonalización de Lugo, dos cuestiones que Orozco recibió hechas de su antecesor, Joaquín García Díez. El casco histórico de Lugo era peatonal en abril de 1999 y él solo amplió dos calles de la zona y una en la Milagrosa (y encima creo recordar que por iniciativa de sus socios del BNG pero ahí no estoy seguro de todo). Es triste, muy triste, que ni los de tu propio partido sean capaces de encontrar alguna cosa positiva destacable en cuatro mandatos.

Por terminar con algo positivo, he leído últimamente críticas sobre este acto de grupos que afirman que no se puede premiar a estos cinco exalcaldes porque todos tienen sus sombras, aunque de uno (Notario) tuvieron que mencionar un tema por el que fue exonerado por el juzgado y de otro (Joaquín) una cuestión (el derribo del Gran Teatro) que no hizo él porque era un edificio privado y sus dueños lo vendieron para hacer pisos, cosa que el Ayuntamiento no puede evitar.

Comparto que puede haber algunas cuestiones judiciales aún pendientes (la imputación de Orozco concretamente) que pueden dar un disgusto si se resuelven contra él. ¿Le quitarían la medalla entonces? Pero a pesar de esa precaución les diré que hay dos cosas que desdicen eso: la primera que el reconocimiento es a los representantes de una institución desde la restauración de la Democracia, y la segunda (más importante) que Orozco es un señor inocente hasta que se demuestre lo contrario. Es inocente, sí, y hasta que se dicte una sentencia que lo condene no se le puede reprochar ningún comportamiento ilegal. Y no hay más.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Cara... de las Medallas de Oro de Lugo

La alcaldesa de Lugo con los cinco receptores de las medallas, tres como representantes de los titulares.
El pasado sábado Lugo homenajeó a los cinco alcaldes de la Democracia. Lamentablemente solo dos de los protagonistas pudieron estar presentes, ya que Novo Freire falleció hace ya algunos años y tanto Vicente Quiroga como Tomás Notario tuvieron unos problemillas de salud (felizmente en vías de recuperación, que confiemos que sea rápida) que les impidieron estar. Por lo tanto solo Orozco y García Díez recogieron sus galardones, y los otros tres se entregaron a los representantes de los homenajeados (los hijos de Novo freire y de Vicente Quiroga, y en representación de Tomás Notario su gran amigo y colaborador Eugenio Corral).

Como casi todo en la vida, el evento tuvo luces y sombras (en este caso lo segundo literalmente, ya que se hizo en la caja negra del MIHL) pero hoy me quiero centrar en lo positivo, que de lo otro ya habrá tiempo a hablar. Mañana mismo si quieren.

Permitan que me centre en los discursos de los dos galardonados presentes, ya que, sin desmerecer la dignísima representación de los otros tres, no es igual hablar por uno mismo que por terceros.

Lo del sábado fue la cara amable de la política. Rivales dándose la mano amistosamente, discursos afectuosos llenos de afecto hacia familiares y colaboradores, emoción en algún caso (particularmente en el de Joaquín), generosidad a la hora de recordar a sus compañeros de los grupos de gobierno pero también de la oposición… García Díez tuvo el hermoso detalle de mencionar con su nombre y apellidos a los miembros de su Corporación que ya no están entre nosotros, tanto de su partido como de los otros tres (de aquella estaban PP, PSOE, BNG e IU)

García Díez primero y Orozco después tuvieron palabras de recuerdo para sus familias, las que sufrieron durante años sus ausencias sobre todo en momentos en que más vida hogareña se suele hacer: los fines de semana. Son precisamente esos días los de mayor actividad pública de un alcalde, ya que la mayoría de eventos y cuestiones sociales se suelen organizar en sábado y domingo por disponibilidad de los demás.

A veces olvidamos que los políticos que nos representan son personas, tienen familias, sacrifican su tiempo y muchas cosas que los demás dan por sentadas. Obviamente lo hacen porque quieren, porque en la mayoría de los casos su vocación de servicio les puede, pero sigue siendo un sacrificio que hay que valorar.

Las medallas de oro de la ciudad son el mayor galardón que Lugo puede ofrecer, y dárselo a los cinco alcaldes que durante la Democracia han ejercido esa responsabilidad es algo hermoso y que reconoce no solo su labor, sino el esfuerzo conjunto de un pueblo por avanzar en la buena dirección.