martes, 5 de noviembre de 2013

Celso y el templo de Mitra

Esta tarde, a las 20:30 horas, en el salón de actos de la sede de la APEC de la Plaza del Campo (donde estaba la antigua Librería Alonso, para que me entiendan) tendremos el placer de escuchar una ponencia de Celso Rodríguez Cao sobre el Templo de Mitra y la Domus del Mitreo, los importantes restos arqueológicos aparecidos junto a la Catedral.

Es la inauguración de las I Jornadas de debate sobre el Casco Histórico de Lugo, que se extenderán durante todo el mes de noviembre (una mesa cada jueves, en el mismo sitio, a la misma hora) en que se analizarán diversos aspectos relativos al centro de la ciudad: peatonalización, convivencia, normativas, urbanismo, empresas, y un broche de oro sobre la Muralla de Lugo a dos días del aniversario de su declaración como Patrimonio de la Humanidad.

Mañana les contaré algo sobre lo que nos dice Celso, pero permítanme que antes les diga que no puedo recomendar más el ir a escucharlo. Es el arqueólogo que dirigió la excavación del Templo de Mitra y quien, de forma desinteresada, lo estuvo enseñando durante muchísimo tiempo y… ¡qué forma de enseñarlo! ¡Qué pasión! Eran visitas de una hora pero te quedabas embobado cuando mirabas el reloj y te dabas cuenta de que había pasado generosamente ese tiempo y él seguía contándote anécdotas de Lugo de hace dos milenios.

En Lugo siempre nos quejamos de que no hay actividad cultural. Pues hoy hay una. Se la recomiendo fervientemente.

lunes, 4 de noviembre de 2013

¿Por qué no usamos en Lugo la bici o el autobús?

Aunque hoy día la concienciación sobre el medio ambiente y la salud es mayor, también es cierto que los ciudadanos cada vez somos más cómodos. Llevado al escenario de la movilidad, esto hace que exista una contradicción entre las ganas de usar el autobús o la bicicleta y la falta de interés de las administraciones públicas en facilitarlo.

Para que la ciudad tenga más bicis y menos coches hay que facilitar dos aspectos: la seguridad, que se logra con carriles bici y recorridos seguros para quienes pretenden pedalear hacia su destino, y la comodidad, que se apoya con la creación de aparcamientos en zonas estratégicas del trazado urbano. Ninguna de las dos cosas suceden en Lugo, donde las bicicletas en lugar de apoyarse parece que solamente se toleran, y a veces ni eso. No conozco otra ciudad donde en lugar de ponerse carriles bici se quitan, como en Ramón Ferreiro o Rodríguez Mourelo.

Respecto al uso de los autobuses lo que pedimos los usuarios son frecuencias y puntualidad. Lugo es una ciudad peculiar. Te puedes sentar 50 minutos en una parada y no ver pasar ni un solo autobús, mientras que al momento siguiente pasan cuatro seguidos que vienen casi del mismo sitio y van a similares destinos. ¿Tan difícil es poner uno cada quince minutos en vez de cuatro cada hora?

Por otro lado creo que Lugo es el único sitio en que nunca estás seguro de si el autobús ha pasado ya, porque en lugar de ir con retraso en ocasiones vienen con adelanto, y es habitual que tengas que esperar una hora a que pase el siguiente bus. Si vas a tomar un café es molesto, pero si vas a trabajar habitualmente usando ese medio te obligan a no fiarte y coger el coche.

Las políticas de movilidad son fundamentales por muchos motivos: reducen el tráfico de vehículos a motor y, por tanto, la contaminación y los atascos, mejoran la calidad de vida y suponen un ahorro colectivo. Son mucho más que un eslogan que se saca a relucir una vez al año.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 3 de noviembre de 2013

jueves, 31 de octubre de 2013

Obstrucción a la justicia

Aunque uno dejó la religión porque le cuesta creer en cosas, ya no sólo sin pruebas si no sin un fondo teórico más o menos lógico, sigue siendo creyente en otras cosas, entre ellas la justicia. Pero al igual que las dudas me asaltaron al ver las barbaridades que pasan en el mundo y no encontrarles encaje en la idea de un Dios bondadoso, están poniendo a prueba día tras día la fe que se puede tener en el sistema judicial con las cosas que ves.


Primero fue el tema de Estrasburgo, una sentencia técnicamente impecable pero que tiene unas consecuencias desastrosas por la aplicación de nuestro propio derecho. Tan grandes han sido estos efectos “secundarios” (las comillas son porque de secundarios no tienen nada) que se ha alimentado la teoría paranoide de la conspiración sobre pactos con ETA y cosas por el estilo, como si estuviera en la mano de nuestro actual gobierno, o el anterior, influir en el tribunal de derechos humanos. Ya les gustaría.

Pero en escala local, que a fin de cuentas ya saben que a mí es lo que me apasiona, nos encontramos con otra versión del absurdo jurídico en el sainete montado en la trama de presunta corrupción que envuelve a, nada menos, que el Alcalde de Lugo e importantes figuras de su gobierno como era el señor Liñares.

Los hechos son los siguientes: uno de los socios de Liñares, Miguel García Gesto, tenía una empresa de publicidad llamada Artenosa que se llevó crudos unos jugosos contratos para poner anuncios en los buses urbanos en la época en que Liñares era omnipotente en la administración local. La jueza Pilar de Lara está investigando el tema dentro del voluminoso expediente de presuntas tramas de corrupción municipal.

En agosto, el señor García Gesto y su madre estaban cenando en el centro (impecable gusto, por cierto) y se encontraron con un grupo de amigos entre los que estaba la jueza, y acabaron, literalmente, a bofetadas, por iniciativa del señor García Gesto. Pues, pásmate, ante un pleito por agresión el abogado del atacante pidió la recusación de Pilar de Lara en el tema del Pokemon… y ganó, con lo que la jueza se tiene que abstener de entrar en el tema en lo que atañe a García Gesto.

Contado así suena a cachondeo, pero es cierto. Con lo que si te toca un juez del que sabes que es duro, sólo tienes que buscarlo un día que estés de vinos y montarle un buen cirio, con agresión incluida, con lo que tienes la recusación garantizada. ¡Alegría!

De todas formas, vamos a poner las cosas en su sitio. Lo primero que hay que aclarar es que Pilar de Lara no va a sentenciar a nadie, ni a Orozco, ni a Liñares, ni a García Gesto. La jueza está únicamente instruyendo el caso, lo que viene a ser hacer la investigación y esas cosas, pero será otro juzgado (el de lo penal o la audiencia provincial) quien examine esa investigación y dicte sentencia en su caso. Así que todo ese rollo de la persecución judicial se diluye afrontando que esta buena señora no va a mandar a nadie a prisión, salvo la preventiva, como es lógico.

La segunda cuestión a tener en cuenta es que la recusación le puede salir muy cara a García Gesto. Primero porque para que haya tal figura tiene que haber una “enemistad manifiesta”, cosa que aquí no sucede según el juzgado, o un pleito pendiente, lo que sí se da, y ahí está el nudo gordiano del asunto: que el ataque a un juez vaya a ser sentenciado por otros jueces no te garantiza pero sí te da muchas papeletas para una condena dura. ¿Corporativismo? Tal vez, pero en este caso creo que es el más elemental sentido común.

La justicia ha de ser ciega. Obviamente en ciudades como Lugo es, como mucho, muy miope, ya que es fácil que nos conozcamos todos. Los jueces en ciudades pequeñas tienen complicado alternar por ahí con amigos, ya que tarde o temprano, y más si los amigos son abogados, es probable que acaben viéndose en su propia sala y eso crea problemas.

Personalmente soy un convencido de ciertas doctrinas que son los pilares del Estado de Derecho: la presunción de inocencia, la irretroactividad de las normas desfavorables, la objetividad de los jueces, la proporcionalidad de las sentencias y el imperio de la ley.

Como teoría todo el mundo suele estar de acuerdo (me refiero a gente que sabe de lo que habla, no a la conversación del bar) pero cuando se dan paradojas como la actual, la que hace que un acusado pueda recusar a un juez por el sistema de liarse a bofetadas, te tienta replanteártelo. 

Pero no, la respuesta dada es la correcta: se acepta la recusación y le cae una condena adicional por agresión, atentado contra la autoridad y, aunque no creo que sea aplicable en este caso, no estaría de más ese que sale tanto en las películas: “obstrucción a la justicia”.


miércoles, 30 de octubre de 2013

La mayoría de edad intermitente

Es curioso que para fumar tengas que cumplir los 18 años pero que para echarte una escopeta al hombro y liarte a tiros por el monte te llegue con 14 años. “Tienes que ir acompañado de un adulto”, te razonan. Pues vale, entonces que te dejen fumar si estás con un colega de 18 años. 

Lo del tema de la mayoría de edad es un asunto espinoso. Para empezar no todo el mundo evoluciona igual, y cada vez se da más la figura del “adultescente”, que es la gente que con treinta años bien cumplidos sigue haciendo la misma vida que cuando tenía 17. Por otra parte es obvio que en determinados ámbitos la evolución es más rápida, y sobre todo en la zona rural, por aquello de que la vida es más dura y se trabaja bastante más, se alcanza la edad adulta mucho antes. 

Aquí hay mucho que rascar. Por ley está prohibido el trabajo de menores, con la excepción de los espectáculos (lo cual no deja de ser de un cinismo extraordinario), pero es una ficción en ciertos lugares. Lo de ir a “muxir as vacas” desde muy pequeñito, igual que trabajar en el campo es un trabajo bastante más duro que muchos de los que se pueden hacer en otros ámbitos, y se hace sin mayores problemas. 

También se permite trabajar a menores cuando interesa. ¿Qué sería de las series de televisión sin el niño resabiado que suelta frases ingeniosas dignas del propio Groucho Marx? ¿O del anuncio de coches con niña repelente que exige a sus papás que compren tal marca porque lo dice ella? ¿Y los programas de Bertín Osborne en que se ríe forzadamente de las “cosas de críos” que los guionistas diseñan con tanto cuidado? Es curioso que se permita a niños de pocos años participar en esto, a cambio de una generosa minuta que cobran sus papás, pero se impidan otro tipo de trabajos porque son algo malo. 

No se me asusten, que no estoy pidiendo que se legalice el trabajo de los menores, ni que nos monten en España fábricas de zapatillas con críos de 10 años cosiendo. Lo que estoy intentando explicar es que con el tema de la mayoría de edad somos muy elásticos cuando nos conviene. 

Cuando yo era pequeño (espero no meter a nadie en un lío con esta revelación) echaba una mano en el restaurante familiar haciendo recados. A los 13 o 14 años más o menos ayudaba ya con el uniforme de camarero (pantalón y zapatos negros, camisa blanca, pajarita…) y ponía vinos, fregaba… ese tipo de cosas que se hacen cuando empiezas en hostelería. Para mí no sólo no fue ningún trauma sino que lo pasé como un enano. A ciertas edades todo es un juego, y cuando estás en la edad del pavo lo de hacerte el mayor mola. 

Obviamente tampoco es que estuviera en una fábrica de municiones o en una mina, aunque el trabajo en hostelería no es ningún chollo. La sensación de llegar a casa y que te hormigueen las piernas de cansancio la conocí muy pronto y creo que fue una de las grandes motivaciones que me hicieron estudiar una oposición. Y no me pasó nada malo, más bien al revés, aprendí lo que cuesta ganar un duro. 

Pero bueno, que me desvío. Hablábamos de que en este país, en este en ocasiones hipócrita país, nos puede caer una multa bastante contundente si le damos un cigarrillo a un tío de 17 años, pero no si le damos una escopeta a un niño de 14. Eso sí, con la puñetera legislación del menor, el chaval que es lo bastante hombre para matar corzos no puede ser juzgado si se le cruza el cable y en vez de a un bicho encañona a su padre o a un amigo que le robó los cromos y le pega dos tiros conscientemente. Entonces vuelve a ser un “menor indefenso”. 

Y luego está el tema del sexo. Ahí nos sale el pasado moro que llevamos dentro y aumentamos la edad legal para echar un polvo a los 16 años. Eso sí, desde lo que hace poco era la más tierna infancia, ahora visten a las crías como putas. Ya sé que puede ser contradictorio el razonamiento, ya que por una parte parezco muy liberal con el tema de la edad y por otra muy carca con lo de la vestimenta, pero oigan, es que me parece absurda esa contradicción muy nuestra, que es lo que pretendo denunciar. 

España es el país de las contradicciones. Salimos a la calle en manada a protestar por una sentencia que aplica nuestras propias leyes, pero nadie menciona que el código penal se ha endurecido para evitar que eso vuelva a suceder. Nos rasgamos las vestiduras cuando “un político” o un sindicato pide facturas falsas pero la pregunta de “¿quiere factura o se lo hago sin IVA?” es tan normal como preguntar de qué color quieres que te pinten la pared. Nos ponemos como hienas cuando la infanta se alquila a sí misma un inmueble pero no nos extraña que en la consulta del médico de cabecera nos hagan esperar porque está el “visitador médico” comprando la voluntad del doctor para recetarnos su producto… Y no estoy defendiendo al político chorizo ni a la infanta (que merece un día de estos un artículo propio) sino usándolos como ejemplo de lo que nos altera frente a comportamientos que consideramos normales. 

Pues con esto pasa igual. O un tío de 15 años es mayor de edad o es menor de edad. Pero no puede entrar y salir de ese concepto cuando nos apetece. Y si es mayor de edad, que pueda votar, conducir, trabajar y salir de copas. Y si no lo es que no pueda hacer muchas cosas que hoy se permiten, como echarse una escopeta al hombro.

Lo de la mayoría de edad intermitente, como que no.

martes, 29 de octubre de 2013

Esta entrada está patrocinada por...

La publicidad es algo maravilloso, o al menos parece que es lo que ahora nos intentan hacer creer con una campaña en la que nos meten con calzador que “gracias estos anuncios puedes ver los programas”. A ver, eso ya lo sabemos, y aunque los intermedios de ciertos programas son los momentos que uno aprovecha para ir a la cocina a prepararse los cereales para cenar o para ir al baño, nadie duda que son los anunciantes los que sostienen el chiringuito de la televisión gratuita. Imagino que la cosa está yendo a menos, porque si no no se entendería una campaña de defensa de la publicidad en sí misma, como sector. Suena raro, la verdad.

Pero lo que cuesta entender no son los intermedios, que esos los tenemos asumidos desde hace años a pesar de su pesadez y de que es difícil de tragar que te corten un programa para poner siete minutos de publicidad, y al cabo de cuatro, otros siete. Lo que es menos llevadero es que en el telediario te metan al bueno del periodista a contarte las grandes ventajas de una hipoteca o de un cepillo de dientes eléctrico.

Hace no muchos años los informativos duraban media hora. Ahora duran hora y media en ocasiones, porque les añaden el tiempo y los deportes como dos secciones propias, lo que nos debería mosquear por la escala de valores que refleja. Pero claro, eso hay que pagarlo, y sólo hay ingresos por publicidad y unas cuantas y jugosas subvenciones.

A este ritmo veremos pronto que el mensaje de Navidad del Rey estará patrocinado por Movistar o que en las olimpiadas en vez de anillos habrá patatas fritas Pringles, con su mosqueante homogeneidad. O aros de cebolla del McDonald’s.

No exagero nada. Ya hemos empezado a cruzar límites. En Madrid, por ejemplo, ya no existe la estación de metro de Sol. Se llama “Vodafone Sol”. Es ridículo, completamente absurdo, pero es así y ha reportado al Metro de Madrid tres millones de euros por una publicidad extraordinaria para la empresa de telefonía. Yo te rasco a ti y tú me rascas a mí. Pero no me digan que no es llamativo.

¿Lo próximo? ¿Sacar a subasta los nombres de las calles? ¿Los de los museos, colegios, instituciones? ¿Cambiar las denominaciones de ayuntamientos y localidades por conocidas marcas? No se extrañen, que vamos de cabeza hacia eso.

Nuestra sociedad cada vez es más exagerada en todo, más polarizada. No me sorprendería ni lo más mínimo que un pequeño ayuntamiento ahogado por las deudas ofreciera a una empresa de estas que se gastan en publicidad una millonada al año poner su nombre al municipio a cambio de solucionar sus problemas de liquidez. A lo mejor hasta les estoy dando una idea.

Lo más surrealista es que nunca he comprendido que la publicidad funcione. Que elijas un producto porque te suena el nombre de verlo en la tele es algo que me deja anonadado, y supongo que algún mecanismo tendremos en la cabeza porque yo mismo tiendo a hacerlo.

El boca oreja (mal llamado boca boca, que eso es otra cosa) que funcionaba antes ya no existe y si nos vamos a sectores que conozco un poco más, como el de la hostelería, ya es algo que roza el absurdo. Que mucha gente vaya a comer a un restaurante porque lo ve anunciado lo puedo comprender… la primera vez. Pero que repita aunque no le haya gustado no me cabe en la cabeza, y les garantizo que esto sucede con más frecuencia de la que el sentido común es capaz de explicar.

Quizás esto venga de que cada vez somos más gregarios, menos críticos, y nos dejamos llevar por lo que nos dictan desde los nuevos centros de poder, que no son “los políticos” por mucho que guste decirlo, sino la prensa.

Pero esa es otra historia.

Estoy por buscarme un patrocinador para el blog, que ahora que tenemos un número constante de visitas diarias a lo mejor es para pensárselo… O no.

lunes, 28 de octubre de 2013

Que difícil es imitar

Video de Roko imitando a Nancy Sinatra
Que las imitaciones distan mucho de los originales es una verdad relativa. Depende del imitador. Cuando ves programas del estilo de “tu cara me suena” te das cuenta de que el maquillaje, la ropa y la puesta en escena, hacen mucho, muchísimo, por crear la ilusión de que estás frente a una persona diferente de la que realmente canta.

Hay especialistas en el tema que hacen auténticos milagros. Las imitaciones de Roko en el programa que les decía (sí, lo veo, me gusta, aunque este año empezó regular) y otras como las de, en su día, Julio Sabala, son impresionantes.

Pero otras decepcionan. Y mucho.

El sábado en el auditorio fui a ver al que se supone que es el grupo de referencia de “tributo a Queen” que es una forma fina de decir que son supuestamente sus imitadores de mayor calidad. Pues ni de lejos, qué quieren que les diga. No vi a Freddie Mercury por ningún lado, en ningún momento. El bueno del señor me recordaba más a un Mauricio Colmenero mezclado con José María Íñigo que al cantante del grupo británico.

No les diré que el hombre no tiene voz, vaya si tiene, pero a pesar de que en algún breve instante sí le daba el punto adecuado, no cantó ni una sola canción, ni una, en que no desentonara. Sí, ya sé que imitar a Freddie Mercury es dificilísimo, pero oigan, que hablamos de gente que llevar más de 12 años viviendo de esto, ya deberían tenerlo más o menos dominado.

El local no ayudaba. La acústica era horrible. El sonido exagerado. Las grabaciones se acoplaban y sonaban sucias… Vamos que no sé en exterior cómo sonarían pero allí daba pena escucharlos.

Entre las “propinas” nos ofrecieron la canción dedicada a Barcelona cantada por Freddie y Montserrat Caballé. Habría sido mejor que lo dejaran estar. Si ya al bueno de Mercury le costaba llegar para cantar eso, el imitador no sólo no le hacía justicia sino que flaco favor le hace intentándolo.

La ropa sí, el maquillaje vale, pero si vas a ver una imitación de Queen te esperas que se parezca en algo más. Y no. Quizás como mucho en “I want to break free”, porque esa es más fácil al ser la imitación de una parodia de una comedia.

Lástima. Otra vez será.

viernes, 25 de octubre de 2013

Avisados quedan

La colección de don Álvaro Gil abandona el Museo Provincial de Lugo gracias a la táctica de Besteiro de no hacer nada. Vale que el problema lo trajo Cacharro a la ciudad, metiéndose en un jardín judicial que nadie le mandaba, pero fue nuestro brillante presidente provincial actual el que se negó a solucionar este tema cuando pudo hacerlo sin coste alguno, según la propia familia de Álvaro Gil.

Pero la prepotencia que caracteriza a muchos de nuestros dirigentes le llevó a pasar de ellos y dejar la negociación en manos de una persona que mostró el mismo tacto con ellos que el que tenía un soldado de Franco con un acérrimo comunista. Supongo que la convicción moral de Outeiro de que la colección debería ser pública (convicción que compartimos muchos) le impulsó a despreciar a los legítimos propietarios, lo cual puede ser muy ético pero poco práctico para lograr que las piezas se quedaran en Lugo.

Los torques y las demás obras nos abandonan… ¿para ir a dónde? Porque ahora viene la segunda parte. ¿Quién asumirá la custodia de esas piezas? ¿La dejarán los ambiciosos herederos en sus casas o la repartirán en los museos que más pujen por el legado de su antepasado?

Vaya por delante una advertencia, que probablemente no tendrá mucho recorrido pero es que hoy me he levantado gallito: Si la colección va a parar al Museo de Pontevedra, tal y como se había hablado, y la Xunta de Galicia pone un solo euro, tendrán mi más firme oposición y me enfrentaré a quien haga falta.

Miren si soy comprensivo que podría aceptar que estas piezas fueran a parar al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, o al Monte Gaiás, pero no a Pontevedra. A ver, no me interpreten mal, que no tengo nada contra Pontevedra. Es una ciudad que me parece espectacular y que disfruto cuando puedo, y tengo una muy buena amiga (aprovecho para saludar a María), pero no es esa la cuestión.

Las piezas fueron encontradas en Lugo, y de estar en  un museo local tiene que ser el de Lugo. Si la Xunta quiere hacer un gran museo gallego en Santiago acepto a regañadientes que concentren allí las piezas, igual que pasa con el Museo Arqueológico Nacional, al que sería una imbecilidad pedirle que sólo expusiera lo encontrado en Madrid.

Pero eso es una cosa y otra muy diferente que la colección salga de un museo provincial para ir a otro museo provincial. Eso sería un insulto a Lugo y a los lucenses del que bajo ningún concepto podría ser cómplice la Xunta o el Estado.

Si la Diputación de Pontevedra quiere pagar a esta familia cuatro millones de euros, y los tiene, por la colección, es muy dueña y hará muy bien en ponerlos sobre la mesa y entregárselos. Es una cuestión que atañe a la negociación que puedan hacer. Pero no entendería, y creo que nadie en Lugo, que la Xunta o el Estado colaborasen económicamente o de cualquier otra forma, en saquear nuestro museo (el término de “saqueo” es aportación de Diego, también lo saludo, que hoy estoy muy así) para llevar su contenido a otra provincia gallega. Si quieren poner pasta que la pongan para que esto vuelva a Lugo.

Es una cuestión de competencias. Los lucenses somos tan gallegos como los pontevedreses, y por tanto sería un favoritismo inaceptable el cambio de ubicación con apoyo autonómico.

Avisados quedan, luego no me protesten si les monto un lío.

Por cierto, hablando de broncas, espero que alguien tenga la elegancia de dimitir por este desaguisado. ¡Qué inocente soy!