viernes, 1 de julio de 2016

Estambul visto por un lucense que vive allí

Tras los recientes atentados de Estambul la primera persona en la que pensé es en mi amigo Jesús Illán, que vive en esa ciudad desde hace 11 años. Afortunadamente no sufrió de cerca el tema, pero cuando algo así pasa en el lugar donde resides es lógico que los allegados se preocupen.

Tomando un café con un amigo de La Voz de Galicia se me ocurrió que quizás les interesaría el punto de vista de un lucense que reside en la zona, así que le hice una pequeña entrevista que publicaron ayer día 30 de junio.

La reproduzco a continuación:


¿Cómo te enteraste de lo sucedido?
Estaba en casa. La noticia me llegó al poco tiempo de pasar porque el teléfono empezó a pitar con mensajes de todo tipo de redes sociales: Facebook, Twitter… donde se adelantaba información que más tarde iba confirmado la televisión, aunque mucho más lentamente. Al principio se hablaba de un muerto o de dos.

Al pasar las horas también en Facebook empezamos a poder ver vídeos de la masacre, de personas que estaban allí y lo retransmitían al mundo desde sus móviles.


¿Utilizas ese aeropuerto habitualmente?
Es un aeropuerto que suelo utilizar habitualmente cuando vuelo a España porque es el que más conexiones ofrece, y el lugar concreto donde se produjo el atentado es de las de obligado paso, porque comunica la terminal con las puertas de salida de aviones, así que está habitualmente muy concurrida.


¿Tienes contacto con otros españoles que residan ahí?
Somos muchos españoles trabajando en Estambul. Mantenemos contacto entre nosotros regularmente y también con el consulado y el Instituto Cervantes. Es cierto que la ciudad es muy grande y no solemos vernos muy a menudo pero sí tenemos una cierta conexión. Incluso con el entrenador del portero del Besiktas tengo muy buena relación. Todos intentamos mantener un contacto más o menos fluido, aunque siempre es menos del que te gustaría.


¿La embajada o cualquier tipo de institución española ha contactado contigo? 
Cuando sucede algo así la embajada nos ayuda mucho y está muy pendiente de nosotros. De hecho llevamos una temporada que cada semana o dos semanas contactan con nosotros para decirnos que seamos precavidos en zonas turísticas o donde haya aglomeraciones de gente porque había rumores de un inminente atentado terrorista.

Tras tantos años aquí algunos hemos trabado una relación de cierta confianza y nos ponemos en contacto rápidamente unos con otros cuando sucede algo.


¿Cómo se vive la relación entre la sociedad civil, la política y la religión en Estambul? 
Las personas de a pie no tenemos ningún problema, pero en este país no se puede hablar mal del Gobierno. Yo me dedico a hacer mi trabajo y a vivir mi vida, y no seré yo quien tenga que juzgar si Erdogan lo hace mejor o peor, pero es cierto que se nota cierta tensión cuando se comentan decisiones del Gobierno, sobre todo si son críticas.

Desde que llegué a Estambul en el tema religioso sí ha habido un cambio. Hace once años no veías a tanta gente tapada por la calle, ni tanto fervor religioso ni tantas prohibiciones como se están viendo ahora.

De todas formas aquí todo el mundo tiene claro que la religión musulmana no acepta este tipo de violencia ni de actos de terrorismo. Ellos mismos, los musulmanes, dicen que ningún dios puede aceptar que nadie mate en su nombre. Mis mejores amigos son mayoritariamente musulmanes, y temen que en el mundo se les reconozca como una religión asesina cuando no es verdad que sea determinada fe, sino ciertas personas islamistas radicales que utilizan esa justificación retorciendo una religión pacífica.

Personalmente no noto ningún tipo de rechazo ni tengo ningún problema con la gente musulmana que me rodea, y evidentemente están muy tristes y apenados de que haya quien utiliza su religión para justificar actos violentos.


¿Sientes algún tipo de temor? ¿Te sientes amenazado por el hecho de vivir ahí siendo español?
No tengo ningún tipo de temor ni me siento amenazado en absoluto. Al contrario. En Estambul de hecho adoran a España y siempre tienen algo bueno que decir de nuestra cultura, incluso les gusta viajar para conocerla más a fondo. Realmente el nuestro es un país muy querido en Turquía.

Mi tranquilidad también se debe un poco a lo que decía antes, no me siento amenazado porque yo convivo con musulmanes, que son gente pacífica como cualquier otra. Los terroristas son los islamistas radicales, que los puede haber en cualquier parte del mundo como se ha demostrado, porque ha habido atentados de este tipo en muchos otros lugares.

Es cierto que con el tema de religión y política hay cierta tensión, pero no sólo se vive en Turquía sino también en el resto de Europa y en América. El mundo se está volviendo un poco loco y para nada siento que esto sea más acusado en Estambul.


¿Te has planteado regresar a España cuando ves este tipo de cosas?
No me lo planteo de ninguna manera. Te puede pasar en cualquier parte del mundo, y ese es precisamente el miedo que sentimos todos. Te podría ocurrir en cualquier punto porque el islamismo radical está en cualquier sitio.


Llevo 11 años viviendo en este país y está cambiando mucho la política tanto en su relación con la religión como con la ciudadanía. No es una democracia muy abierta pero no todos los que viven en Estambul están de acuerdo con esta política. Sin embargo no se trata solo de Estambul, hay que hablar de un gran país, Turquía, que es muy extenso y donde no quizás no hay una cultura de cambio de gobierno.

Estambul es una ciudad preciosa. Tener miedo de venir a visitarla o de vivir aquí porque haya un atentado es un poco absurdo porque puede pasar en cualquier lugar.

jueves, 30 de junio de 2016

Hasta el gorro de "gorrilas"

No deja de tener cierta guasa que nuestra querida alcaldesa (esto lo digo sin el más mínimo asomo de cachondeo, que me cae bien de verdad) reclame a la Xunta la gratuidad del aparcamiento subterráneo del HULA mientras consiente que los gorrillas establezcan un pago de 5 euros por estacionar en la calle.

Ya no se trata de que las tarifas de los que andan por allí sean superiores que las del propio subterráneo, que lo son, sino de que una es una empresa que paga sus impuestos, crea sus puestos de trabajo, y explota un servicio que ganó en un concurso público (vamos a suponer que todo esto sea así) y los otros son unos tipos que te chantajean a cambio de no cumplir su amenaza velada de rayarte el coche si no les das unos euros.

La solución no es sencilla. Multarlos no sirve de nada porque se declaran insolventes y se quedan tan anchos, y dar el paso para denunciarlos por amenazas, que es un delito más grave y puede acarrear un juicio penal, es engorroso para el ciudadano. No es fácil, salvo con una táctica: ampliar tanto la zona de aparcamiento que pierdan su razón de ser.

Lo del Ayuntamiento de Lugo tiene su guasa. Me parece bien eso de que el que no llora no mama, pero todo tiene límites en esta vida. Nos construyen uno de los hospitales más modernos de Europa y protestamos porque el aparcamiento es de pago, cuando está rodeado de solares enormes en los que el encargado del urbanismo (es decir, el propio Ayuntamiento) puede meter plazas en la práctica ilimitadas. Nos hacen un auditorio que es para abrir los ojos como platos y resulta que ahora no vale con pagar los muebles a partes iguales, que tienen que venir con el “todo incluido”.

No estoy diciendo que no se pueda protestar. Claro que se puede pero por otros motivos. En el HULA, por ejemplo, se puede decir que aún no están funcionando los prometidos servicios de hemodinámica, medicina nuclear y radioterapia al 100%, si bien deduzco que están andando más de lo que sabemos porque ya no convocan manifas en época electoral para soliviantar el voto.

Gorrillas los he visto en muchos sitios: en Pontevedra, en Vigo, en Madrid… pero los que he conocido en otras ciudades (al menos los que me han tocado a mí) se reducían a ayudarte a encontrar un hueco de aparcamiento, darte innecesarias indicaciones para aparcar en batería (que hasta un mono sin amaestrar debe saber) e incluso, una vez, abrirme la puerta del coche. Sin amenaza de ningún tipo, ni siquiera pidiendo nada, simplemente esperando una propina que, en algunos de esos casos, recibieron.

Pero en Lugo no funciona así. La amenaza velada se convierte en algo un poco más cargado de bombo cuando les dices que no, y ¡pobre de ti que tengas algo más que decir!

Por espacio no será...
Personalmente creo que los gorrillas deberían estar pagados por la empresa que explota los subterráneos porque las, por suerte, escasas veces que he tenido que ir al HULA he aparcado donde no los tenía encima o, directamente, en el parking.

La alcaldesa anunció hace tiempo 500 plazas de aparcamiento. Hasta donde yo sé se han incrementado en ciento y pico poniendo los coches en batería, pero una vez más parece que es más fácil predicar que dar trigo.

El tema del aparcamiento es urbanístico y por tanto es municipal. Echar la culpa a la Xunta puede arrastrar votos, no le digo que no, pero alguien debería explicar a los lucenses que el bipartito de PSOE-BNG no cambió el proyecto para hacer gratuito el aparcamiento ni para construir plazas exteriores porque entendían que eso es una competencia del Ayuntamiento.

Pero si a Orozco le coló 16 años…¿por qué hacer tu trabajo cuando puedes echar la culpa a la Xunta?

miércoles, 29 de junio de 2016

El "Su odio, nuestra sonrisa" se ha dado la vuelta

Nunca había visto tal nivel de grosería, bajeza y mal perder que en estos días que han transcurrido desde las elecciones generales del pasado domingo. Da la impresión de que el ánimo de revanchismo y el odio acumulado es tal que la sorpresa de los resultados una vez abiertas las urnas ha encendido la mecha de una rabia antes inconcebible.

No recuerdo tal cosa en toda la Democracia. Ni siquiera tras el 11m, que le dio la inesperada primera victoria a Zapatero, provocó semejante oleada de rabia contra ningún partido político, y eso que muchos aseguraban poco menos que el Gobierno de Aznar había tenido algo que ver con un golpe de estado (recuerden al amigo Almodóvar, el de las cuentas en Panamá).

Los insultos a casi ocho millones de votantes del PP, cuando no a más (El Jueves por ejemplo llamaba “gilipollas” a todos los de PP o PSOE), el desprecio supremo o incluso deseos de muerte a “los viejos” y “los ignorantes” que son los que eligieron a “los ladrones”… se han convertido en la tónica habitual de estos días. 
 
Algunos tuits insultantes. Recopilación de www.outono.net

Eso sí, ha sido revelador. Nos dice qué tipo de gente forma las bases de los que pasaron de “no somos de izquierda ni de derecha” a “somos comunistas” y luego a “somos socialdemócratas” en el pasmoso plazo de un año escaso.

“¡Oye!”, dirá alguno, “que yo voté a Podemos y no amenazo a nadie ni apoyo esas barbaridades”, me dirán. Y estoy de acuerdo. Si se ve usted en esa situación es uno de los que han picado, abusando de su buena fe y de su hartazgo con lo que había. Si usted no ha escrito ningún mensaje de los que hablo, no se sienta aludido, al igual que si otros no hemos robado tampoco nos vemos reflejados en las críticas a “los ladrones del PP”.

En cualquier caso se ve que es algo que ni los de Podemos son capaces de controlar. Esa rabia es un error de bulto para el futuro. ¿De verdad creen que ayuda a transmitir un mensaje de moderación y de calma? ¿De verdad piensan que van a conseguir que alguien se arrepienta de haber apostado por Rajoy insultándolos? ¿De verdad consideran que quien lee eso no dice “menos mal que no hemos elegido a estos chalados”?

A cada día que pasa Podemos y sus secuaces se desenmascaran solos. Cierto es que el comunismo no se ha distinguido jamás por la mesura, pero también que habían logrado disfrazar su mensaje. Unir a los antisistema, los ocupas, y la izquierda más radical bajo unas siglas que lograron vestirse, para muchísima gente, con pieles de cordero fue un éxito, pero no tan grande como pensaban y ahí sus disfraces no resistieron y han saltado por las costuras.

Portada de El Jueves
No me preocupa que anden a navajazos entre los líderes de las “confluencias” (que es una forma fina de llamar a una jaula de grillos), porque son profesionales del tema y ya saben que entre bueyes no hay cornadas. Me preocupa mucho más la gente de a pie, la que escuchas hablando en los bares o escribiendo en muros de redes sociales y amenazando con barbaridades a los demás.

España es un país pasional. Siempre lo ha sido y probablemente siempre lo será. Somos expertos en pegarnos tiros en el pie cuando las cosas empiezan a mejorar, o en momentos clave de nuestra historia. Parecía que con la llegada de la democracia las cosas se iban a calmar y que empezábamos a ser civilizados de verdad, incluso que con la entrada en la Unión Europea pasábamos a formar parte del grupo de los “modernos”, pero solo era un barniz.

Nuestra escasa capacidad para la prudencia nos obliga a soltar sapos y culebras, y desde que se puede hacer desde un perfil falso sin consecuencias aparentes (insisto, solo aparentes) no les cuento cómo se nos ha puesto el personal.

Toca aplicarse la frasecita...
Los fieles de Podemos están revelando al resto de la población mucho más de lo que se dejó entrever con la petición de los ministerios que había hecho Pablo Iglesias. De aquella se vio que sus herramientas favoritas eran las que se usan en cualquier república bananera para reprimir a la población: los espías, las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación. Ahora se ve para qué lo querían, para anular a todo el que no piense igual que ellos, o al menos esa es la sensación que transmiten sus bases.

Exaltados los hay en todos los partidos. He conocido a gente del PP que me repugna tanto o más que los chalados que leo estos días, pero no en tan alto número. Lo sorprendente no es que un memo insulte a la gente, sino que lo hagan tantos y con tal vehemencia.

Se ve que han aguantado con la imagen de santurrones lo que han sido capaces. Ahora ya no “Podemos” seguir disimulando, y eso por otro lado es de agradecer.

De la que nos hemos librado… por ahora.

martes, 28 de junio de 2016

El futuro de Darío Campos


El terremoto de la Diputación Provincial de Lugo, con la aprobación de los presupuestos y la ruptura del bipartito, deja en una situación bipolar a Darío Campos, presidente de la entidad.

Por un lado, tiene libres las manos de la acción sin tener que someterse a los dictados de los nacionalistas, que con dos diputados parecen querer tener el control hasta del papel higiénico, y cuenta con un nuevo presupuesto, herramienta básica sin la que es dificilísimo hacer gran cosa. Pero por otro queda en minoría, frente a un grupo que por sí solo le puede hundir cualquier propuesta porque tiene más diputados que el Gobierno, a Martínez de quien podemos aplicar eso de que “no hay peor cuña que la de la misma madera”, y ahora al BNG con lo que su situación, que ya era inestable, pasa a ser crítica.

Probablemente Campos se mirará en el espejo del Ayuntamiento, donde Lara Méndez gobierna con cierta tranquilidad gracias a la siempre leal oposición, que le vota sí a todo presente lo que presente y en la que hay grupos como Lugonovo que están deseando encontrar cualquier excusa para entrar en el Gobierno. Pero es un espejo como los de las ferias, cuyo reflejo no es necesariamente real, ya que Lara Méndez, aunque también está en minoría y con menos diputados que el propio PP, cuenta con una gran baza, que es la jaula de grillos en que se ha convertido el que tendría que ser el principal grupo de la oposición.

Eso ocurre en la Diputación, pero menos. Elena Candia no es Jaime Castiñeira, y probablemente va a manejar su especial situación con más acierto de lo que se hace en el edificio de la Plaza de España (lo cual no es complicado). Por otro lado ser presidenta del PP a nivel provincial también ayuda a mantener prietas las filas, como es obvio.

El futuro no está escrito. Si me preguntaran hace una semana les diría que apostaba firmemente por la más que rumoreada dimisión de Darío Campos. Hoy sigue siendo una posibilidad, pero se ha alejado un poco porque no hay fácil recambio sin que su partido deje de presidir la Diputación (una eventual elección de nuevo presidente haría volver al cargo a Candia, porque no creo que Martínez pique otra vez), y eso, tal y como tienen las cosas, es mucho sacrificio.

Aunque por otra parte tengo la impresión de que Darío Campos está hasta las narices. A él no se le ha perdido nada en San Marcos, a donde llegó para ejercer cómodamente de diputado provincial y se vio en el embolado de presidir un chiringuito que le resulta relativamente ajeno.

Si les soy sincero me cae bien. Comí una vez con él y nuestra alcaldesa cuando terminamos el Camino de Santiago y me impresionó favorablemente. Me parece una persona que no se anda con ceremonias, directa y que va de cara, lo que es más que resaltable en política, una profesión que ejerce de rebote porque me da la impresión de que se presentó a alcalde de A Pontenova por convicción, no por chupar del bote. Y ganó, vaya si ganó.

Darío Campos es el rey en su municipio, un alcalde indiscutido que está perdiendo un tiempo precioso en una administración ajena, y que estoy convencido de que está harto de los manejos de la supuesta alta política, con ganas de volver a su ayuntamiento a seguir con su exitosa y sencilla vida. Sencilla en el buen sentido y en comparación con la situación que vive hoy. No creo que le impresionen excesivamente los coches oficiales ni las mullidas alfombras de la Diputación, como sí les ocurre a sus ya exsocios de gobierno.

Pero desde que te metes a pisar ciertos charcos es complicado secarte los pies. No es fácil que Campos pueda dejar su cargo sin perjudicar notablemente al PSOE de Lugo y quizás por eso no lo haga. O sí. Vaya usted a saber.

lunes, 27 de junio de 2016

Las elecciones en caliente

Bueno, pues a las 00:25 termina Rajoy con su discurso, siendo el último de los cuatro cabezas de lista de los partidos mayoritarios, así que tiro de teclado para resumir mis impresiones.

Así en caliente lo primero que tengo que decir es que tres de los cuatro han estado correctos y razonables en sus palabras. Pedro Sánchez ha dado pena, una vez más, arrastrando por el fango y la fanga a los votantes y votantas de su partido y partida. No me cabe en la cabeza que este señor, que ha terminado de destrozar un partido histórico, un partido que marcó un antes y un después en los derechos de los españoles, abra la boca esta noche para decir algo diferente de “dimito” tras llevarlo, nuevamente, a los peores resultados de su historia.

Lo segundo es que me ha sorprendido el resultado. Reconozco que me ha aliviado bastante lo de que las encuestas se equivocaran (o asustaran al personal) y que finalmente Podemos y sus partidos instrumentales no pasen por delante de los socialistas, a pesar de los esfuerzos denodados de estos últimos por hundirse.

Lo tercero, es que me asquea igual que a muchos votantes del PP, del PSOE, de Podemos, de Ciudadanos o de donde sea ver a ciertos personajes en el balcón de la calle Génova pegando saltitos de alegría junto a Rajoy y celebrando no solo que todavía no los han trincado, sino que no hay alternativa real a su podredumbre. Esto último puede sorprender, pero quizás no tanto a los que me conozcan un poco. Vamos por partes.

Personalmente creo que los españoles han votado mayoritariamente al PP porque no tenían otro remedio. Las encuestas que daban un ascenso de Podemos y demás que probablemente les haría mucha ilusión a algunos pero, resultados en mano, no a tantos. La suma de ambos partidos ha cosechado un millón y pico de votos menos que cuando fueron por separado, lo que quiere decir que no eran tantos los que estaban locos de contento con esa unión. No es que haya funcionado la campaña del miedo, es que la gente ha tenido miedo (del genuino, no del de campaña) de que pudiera gobernar un partido comunista disfrazado con piel de cordero. Parece obvio.

El PSOE, por su parte, ha caído en votos pero mantiene la segunda plaza, lo que tiene como efecto positivo que Podemos no seguirá colgándose la medalla de ser “el camino, la verdad y la vida” pero también trae algo malo consigo: Pedro Sánchez puede agarrarse a ese clavo ardiendo y seguir ahí para rematar a su partido si Susana no lo impide.

Ciudadanos ha caído víctima de su propia estrategia. Lo de sentarse a pactar con el PSOE no creo que les hiciera mucha gracia a los votantes “robados” al PP (lo del latrocinio en las urnas no lo comparto, pero ya saben a qué me refiero) que probablemente volvieran al redil para evitar un futuro gobierno a tres bandas tirando por la izquierda.

¿Y el PP? El PP debería reflexionar, aunque dudo mucho que lo haga porque estos resultados avalan tanto las cosas buenas como las malas. Claro que es cierto que España está mejor que hace cuatro años y que se han recuperado muchos empleos. Es cierto que no vivimos al borde del rescate y que España no está a punto de quebrar. Pero esa es la parte que la gente ha votado.

Nadie ha apoyado con su voto el aforamiento de Rita Barberá (lo que sabrá esa señora para lograr tal maniobra) ni los presuntos delitos cometidos por altos cargos del PP. No confundan las cosas, señores líderes del PP en su resaca electoral. Nadie perdona nada y nadie olvida nada, y si han ganado las elecciones no es porque huelan bien, sino porque el resto apesta más aún. Probablemente les dará igual porque lo importante es ganar, pero es la realidad.

Que no queramos echarnos en brazos del populismo a la bolivariana de Podemos sumado, por si fuera poco, al comunismo de Izquierda Unida no implica que les perdonemos sus desmanes. También les ha ayudado la figura de Pedro Sánchez, que hace que coger la papeleta del PSOE cueste trabajo. Han ganado las elecciones porque España les elige como mal menor, y eso es muy triste, para hacérselo mirar.

Yo milité casi dos décadas en el PP y me di de baja por ese tipo de porquerías que a todos nos repugnan, unidas a una nefasta gestión en el partido a nivel local y provincial que me invitó a decir “yo con cierta gente no pinto nada” a pesar de que sé que hay muchas personas nobles y honestas en el PP. Sin embargo, a pesar de esa marcha, elección tras elección me he visto forzado, por diferentes motivos, a votar PP y no porque quiera avalar a quienes han robado, que obviamente no es el caso, sino porque creo que las políticas son las acertadas, a pesar de sus, en muchas ocasiones, vomitivos gestores.

También, por otra parte, hay que decir que a los pocos minutos de saberse los resultados las redes se llenaron de gente que insultaba a los votantes y decía que se va de España porque la gente es imbécil. Curioso el respeto por la democracia. Cuando ganan los suyos es “libertad y cambio” y cuando ganan los otros es por la estulticia del votante. Pues si ese es su concepto de democracia quizás no sería malo que cumplieran sus amenazas y dejaran el país, aunque fuera para ir a algún estado de esos que nos ponen de ejemplo a ver lo demócratas que volvían.

España, como cualquier nación, es un conjunto de opiniones enfrentadas, pero últimamente ha caído en la puñalada y el odio acérrimo entre bandos que históricamente ha destruido los que podían haber sido momentos clave. Va siendo hora de dejar esas pasiones tan encendidas a un lado o, mejor aún, de dedicarlas a cosas más constructivas.

Por supuesto, hay que saber perder pero también hay que saber ganar. Los insultos a los derrotados que he leído hoy me repugnan tanto como los insultos a los ganadores. Ese no es el camino. Hoy hemos tenido que votar el futuro de este país y el resultado es el que es. Ni se debe que “todo el mundo es idiota” ni a que “los míos eran más pero se han quedado en casa”. Las cosas no son tan simplonas. Pero tampoco vienen de “los míos lo han hecho perfectamente, no toquemos nada”.

En fin, veremos cómo va el tema pero pase lo que pase, que sea para bien.

viernes, 24 de junio de 2016

La Diputación de Lugo refleja un rayo de esperanza

¡Quién nos lo iba a decir hace unos días! Parece que la Diputación Provincial de Lugo, ese absurdo complejo de maniobras políticas cutres y puestos a dedazo sí puede servir de ejemplo para algo, y nada menos que para un acuerdo de sentido común entre las fuerzas más representativas, a día de hoy, en el panorama nacional.

Tanto me ha sorprendido la noticia que he cogido el teclado incluso yo, día festivo en que acostumbro a dejarlo tranquilo (y a ustedes) porque según en su día fui tremendamente crítico con cosas que veía en la Diputación hoy, a dos días de las elecciones generales, veo un atisbo de esperanza reflejado en esa institución.

Supongo que algunos recuerdan que escribí un duro artículo cuando el PP tomó la, desde mi punto de vista, inconcebible decisión de levantarse y marcharse de un pleno provincial permitiendo así al bipartito nacionalista y socialista abrir la caja del Presupuesto. Como solo era la aprobación inicial hubo que volver a votar y ahí ya no había mucha excusa así que el resultado fue el que tenía que ser.

Y ahora, en unos pocos meses nos encontramos con la tercera posibilidad: un acuerdo entre el Presidente de la Diputación y la portavoz del principal grupo de la oposición, un pacto PP-PSOE que permitirá que 22 de 25 diputados voten favorablemente unos presupuestos que son tan necesarios como el agua. Así sí. Esta es la forma de hacer las cosas.

Hay que felicitar particularmente a Darío Campos y a Elena Candia. Al primero por tener el valor de firmar un acuerdo con la oposición aun en contra de su socio de gobierno, si bien tiene la tranquilidad de saber que su pacto no peligra porque los dos diputados nacionalistas están más preocupados por mantener sus cargos y sus más que generosas remuneraciones que de cualquier otra cosa. Van a rasgarse las vestiduras y a dar un poco de espectáculo “coram populo” para que los más exaltados de entre sus filas vean que están muy, pero que muy muy enfadados con ese acuerdo de fuerzas “estatalistas”, pero nada más. No van a mover un dedo en ningún sentido.

A la segunda, a Elena Candia, tengo que felicitarla particularmente. He sido tremendamente crítico con ella en muchos aspectos porque creo que se equivocó, pero según digo una cosa digo la otra. Tener el coraje de sentarse a negociar con alguien que está ocupando un puesto que, por derecho, piensas que has ganado tú (cosa bastante razonable) es digno de mención. Que aun siendo el grupo mayoritario aceptes aprobar los presupuestos a quien debía estar calentando los asientos de la oposición, es un sapo que no creo que sea fácil de tragar y lo ha hecho porque sabe que la Diputación no puede seguir por más tiempo sin presupuestos. No por la Diputación en sí, entiéndanme bien, que a esa institución le va a ir bien pase lo que pase, sino por los muchos ayuntamientos que dependen de sus cuentas.

Lugo es una provincia de municipios enormes en cuanto a tamaño pero pequeños en lo que a recursos se refiere. Necesitan a la Diputación y sus máquinas para ejecutar obras básicas de las que no depende el político de turno, sino la población. Ese solo argumento justifica en sí mismo que se aprueben unos presupuestos, siempre y cuando éstos no sean un disparate.

Elena Candia ha demostrado visión de conjunto, y aunque sabe que le va a costar convencer a algunos de los más exaltados de entre sus filas (que también los hay, como en todas partes) la razón le asiste y el tiempo demostrará que ha acertado, porque ser líder de un partido como el PP, o el PSOE, implica que a veces hay que dejar a un lado la lucha de partidos y vestirse con el manto institucional. Eso han hecho. Y si alguien no lo entiende, debería repasar sus prioridades.

La población pide a gritos acuerdos, pactos, razonamientos y dejar las posturas extremas. Lugo puede presumir hoy de que en nuestra Diputación dos partidos que están a bofetadas en el panorama nacional han sabido sentarse a dialogar y han llegado a acuerdos. Eso es Política, con mayúsculas. Felicidades Darío, y sobre todo, felicidades Elena.

jueves, 23 de junio de 2016

Si yo fuera británico votaría "Sí" al Brexit

Si yo fuera británico votaría a favor del Brexit.

Que nadie entienda que esto es un alegato contra la Unión Europea ni mucho menos, es una cuestión de sentido común, enfocada desde su punto de vista, no desde el nuestro. El Reino Unido de la Gran Bretaña, por el que reconozco sentir una profunda admiración y respeto, nos necesita infinitamente menos que nosotros a ellos.

Los británicos siempre han sido muy suyos, y han exportado cosas tan interesantes como la democracia, que allí tiene unas formas y maneras mucho más arraigadas que en países que sacan pecho diciéndose cuna de, en palabras de Churchill, la peor forma de gobierno si exceptuamos todas las demás.

Los británicos han organizado desde hace mucho, muchísimo tiempo, su propia sociedad de naciones, que denominaron Commonwealth. Aunque el término se utiliza para más de una cosa, es comúnmente aceptado que se refiere a una larga serie de países, 53 a día de hoy, que forman una mancomunidad para buscar riqueza común. Cuando Inglaterra dio la independencia a las colonias, lo hizo ordenadamente y logró mantener unos lazos económicos basados en no haber perdido guerras contra ellos (salvo el caso de Estados Unidos y poco más) así que a día de hoy Londres sigue siendo la capital de un imperio económico impresionante.

Bajo la presidencia de la Reina de Inglaterra, esta asociación de comercio supone mucho más para Gran Bretaña que lo que pueda aportarle la Unión Europea. No en vano, países como Canadá, Australia, Sudáfrica o la India son parte de la Commonwealth, por lo que las vagas amenazas de que Inglaterra podría perder peso económico en el escenario internacional si se marchan de la Unión son más bien ridículas.

Gran Bretaña siempre ha sido muy suya, insisto, y ha tenido el cuidado de separarse históricamente de “Europa”, como denominan con un punto despectivo a los países del “continente”. Estar en una isla marca mucho, obviamente, y en su caso de forma consciente. Lo de conducir por el otro lado, resistirse a usar el sistema decimal y empeñarse en que los pesos, medidas y demás cuestiones sean propias es algo que no puede ser accidental.

¿Qué podemos ofrecer a los británicos para quedarse en la Unión? No gran cosa, la verdad. Una vaga idea de una Europa Unida que realmente les importa lo justo ya que con su propia sociedad económica a nivel global y su especial relación con Estados Unidos les hace estar en una situación particular que tiene poco que ganar en esa gran unidad europea.

Otra cosa son los demás países de la Unión Europea, que tienen muchísimo más que ganar en una unidad política continental, principalmente porque todos los demás somos naciones separadas del resto, sin más lazos que organizaciones más o menos difusas como la ONU (cuya utilidad va por episodios, según le pilles).

No sé qué pasará con el Brexit, la verdad, pero yo lo tendría muy claro. Si fuera británico me saldría de la Unión Europea.