martes, 2 de junio de 2020

¿Para cuando el Reanima?




El Plan Reanima fue una gran noticia. Que el Ayuntamiento de Lugo fuera pionero en ayudar a las PYMES del municipio a superar los gravísimos efectos económicos del estado de alarma es algo digno de aplauso. El anuncio de que la administración local completaría el 30% de los salarios de los trabajadores en ERTE o ERE que no cubre la prestación del SEPE también era admirable, aunque cuando se publicaron las bases vimos que era falso, son las empresas las que tienen que completarlo a cambio de una mínima ayuda que ni de lejos cubre ese coste.

180 euros en un único pago si la empresa cubre
el 30% que se comprometió a completar el Ayuntamiento. Así cualquiera.

Pero hasta de lo que sí se contempla en las bases no se ha visto un céntimo, y estamos ya en Junio. Nadie ha cobrado unas ayudas que se suponía que eran urgentes, para dar liquidez a los pequeños negocios mientras tenían cerradas sus puertas. ¿Cuándo van a darlas, cuando ya no hagan falta? Porque las empresas que no hayan podido sobrevivir y tuvieran que cerrar sus puertas no las podrán recibir (de hecho las tendrán que devolver si se les adjudican) y las que ya hayan reabierto no las necesitarán tan imperiosamente como cuando no tenían ingresos, si bien a nadie le vendrán mal.

Cuando se convocan este tipo de ayudas hay que tener en cuenta el fin que tienen. Si se suponía que era para ayudar a pagar las facturas, alquileres y demás gastos mientras se tenía cerrado el negocio sería un poco absurdo que ese dinero llegase en Julio o Agosto, así que esperemos que se concrete en breve. Si al menos se tuviera una resolución firme que dé la seguridad de recibirlo podría valer como ingreso pendiente o incluso como aval para un crédito, pero nadie sabe nada.

Que se diga que se han recibido muchas solicitudes como excusa para no tramitarlas pronto suena a broma. Si hay un presupuesto de 5 millones para ayudas de 1.200 se entiende que ya calculaban que habría muchas solicitudes. No tener previsión de personal y medios para tramitarlas con la urgencia que se precisa es un fallo de gestión muy grave sobre todo cuando es una iniciativa propia.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 1 de Junio de 2020

lunes, 1 de junio de 2020

No hagan más daño


Lo último que se presentó a los placeros fue este proyecto, que ya sabemos que NO se hará

La proyectada peatonalización de la calle Quiroga Ballesteros es una buena noticia para la zona, pero como muchas veces ocurre se confunde la bondad del objetivo con los perjudiciales medios empleados para alcanzarlo. Planificar una reforma de una calle de 200 metros y decir que va a tardar 10 meses es un disparate, sobre todo teniendo en cuenta que en esta ciudad se vivió hace más de 20 años la peatonalización de decenas de calles en el casco histórico, con renovación de pavimentos, instalaciones, canalizaciones y demás, y se completaron todas ellas en un plazo de 14 meses. Y no, ese largo tiempo no es para ahorrar porque el coste de la obra es elevadísimo comparándolo con otras similares e incluso con algunas realizadas en Lugo.

El plazo es lo más preocupante. Dilatado e inexplicable, perjudica a mucha gente, sobre todo a los comercios de esa calle y a los industriales de la Plaza de Abastos y el Mercado de Quiroga Ballesteros, que ven con pasmo que se abrirán zanjas casi un año (con lo que campañas críticas para su supervivencia como la de Navidad se van al traste) mientras las obras de la propia Plaza siguen sin terminarse desde hace más de un lustro. Solo tienen que darse un paseo por la planta inferior para ver de qué hablamos.

Incluso las reformas de la Plaza y el Mercado fueron más que discutibles. Tantos millones gastados para que en verano siga haciendo un calor intolerable (incluso más que antes del cambio de la cubierta, sorprendentemente) y en invierno un frío insoportable, para que siga siendo el único edificio municipal sin Wifi, para que los baños presenten un aspecto inadmisible, para que la escalera que tanto espacio comió se use simplemente de macetero, para que el ascensor esté tan escondido que nadie lo usa porque no lo encuentra…

Por si esto fuera poco llevamos esperando mucho a que se ocupen los puestos vacantes. Por fin se sacaron a concurso pero desde el 20 de enero, fecha en que terminó el plazo para presentar la documentación, no se ha resuelto. Según la prensa hubo 19 solicitudes, y van cuatro meses sin que sepamos nada, lo que demuestra el ritmo de trabajo de nuestro Gobierno Local. ¿A qué esperan? ¿No son conscientes de que de esa resolución depende el futuro de mucha gente?

Probablemente el problema sea ese, la falta de conciencia de la repercusión que este tipo de decisiones tiene en la vida de los demás. Levantar 10 meses una calle no parece grave, salvo que tus ingresos dependan de que el público pueda entrar en tu local. Esa es la cuestión.

Estamos a favor de la peatonalización, pero no es razonable llevarla a cabo sin hablar primero con los afectados y exponerles el proyecto para que hagan sugerencias, sin que previamente haya líneas de autobús razonables para dar una alternativa a los ciudadanos y sin tener en cuenta que la prioridad es causar el menor perjuicio.

Reflexionen y, por favor, entiendan que esto es un grito de socorro para que tengan presente la gravísima situación que atraviesan ahora mismo las familias que dependen de pequeños comercios y puestos en Plaza y Mercado. Con estas cosas están empeorando sus problemas. No les hagan más daño.

Artículo publicado en El Progreso del 31 de Mayo de 2020

jueves, 28 de mayo de 2020

¿Cobra un ERE/ERTE? Pues cuidado (o cómo evitar el susto que se va a llevar en mayo de 2021)



Todas aquellas personas que están cobrando EREs (los llamados popularmente ERTEs) van a tener un serio disgusto el próximo año, cuando a la hora de hacer la declaración de la renta les toque apoquinar una cifra importante. ¿Por qué? Pues vamos a verlo.

El bulo de los dos pagadores:


Para empezar, uno de los bulos más extendidos en el mundo de los impuestos es que tener dos pagadores hace que pagues más impuestos. Es falso, pagas exactamente lo mismo si cobras 25.000 euros de una empresa que si cobras 14.000 de una y 11.000 de otra. Es lo primero que tenemos que tener claro a la hora de afrontar el problema que se le va a venir encima a bastante gente cuando en mayo de 2021 tengan que rendir cuentas ante Hacienda.

Si esto es así, ¿por qué hay tantos problemas con los dos pagadores? Pues muy sencillo, porque normalmente les hacen mal las retenciones. Vamos a seguir con el ejemplo de antes: en el primer caso una persona trabaja en una única empresa y tiene un sueldo bruto de 25.000 euros. Según los tramos le tocaría aplicar un tipo del 30% y le retienen lo que le toca en su empresa que serían 7.500 euros. A la hora de hacer la declaración no tendría que pagar nada ni recibir devolución. Hasta ahí está claro.

Pero ahora vamos al segundo caso. En las empresas en que trabaja le hacen las retenciones… pero contando solo con “su parte”. En la que le paga los 14.000 le retienen el 24% (3.360 euros) y en la de los 11.000 le retienen el 19% (2.090 euros). Pues ahí está el problema. Cuando llegue la hora de hacer cuentas con Hacienda se va a encontrar con que el Estado no hará esa cuenta por separado sino conjuntamente, con lo que lo retenido (3.360 + 2.090 = 5.450) es menos que lo que tiene que pagar (que siguen siendo los 7.500 de antes) así que le saldrán a pagar 2.050 euros.

El primero tendrá la percepción de que “no paga ese año” y el segundo de que “paga más de 2.000 euros”, pero es mentira, ambos pagan lo mismo solo que uno en cómodos plazos y el otro tras un susto de narices al hacer la declaración.

También hay otra diferencia y es que el ingreso mínimo para estar obligado a hacer la declaración baja de los 22.000 euros a los 12.000 (si has cobrado menos de 10.500 euros del principal). Hay algunas excepciones y casos particulares, pero lo normal es esto.

¿Y qué pasa con las prestaciones de los EREs/ERTEs?

Esa es otra. Como nuestro amado Estado es tan peculiar las prestaciones por desempleo tienen retención (aunque normalmente mal hecha si no son del año completo) pero las que se abonan por las regulaciones de empleo temporales normalmente no la tienen. Eso quiere decir que lo que ustedes cobran a final de mes es el total sin haber hecho el descuento que corresponde a hacienda y que en mayo de 2021 se van a llevar un buen susto porque en eso son implacables y van a pagar todo junto.


¿Cómo lo puedo evitar?

Es relativamente sencillo: si su ERE ya está terminando o es de corta duración lo recomendable es que le pida a su empresa que le aumente la retención hasta final de año para compensar lo que no le han “restado” hasta ahora. Va a ser una faena cobrar menos, lo sé, pero tómenselo como una especie de pago a plazos de los impuestos que no va a poder eludir.

Si el expediente dura más, ahí es recomendable que soliciten al SEPE que le apliquen las retenciones oportunas, pero recuerde que el cálculo no lo puede hacer con lo que cobre solo de prestación sino que ha de meter los ingresos del resto del año.

¡Ánimo a todos!

miércoles, 27 de mayo de 2020

El Parque del Miño convertido en una selva

El Parque del Miño convertido en una selva junto a la fábrica de la luz (frente al Fluvial), entre la pasarela (que se adivina ahí detrás) y la feria de exposiciones.
El lunes por la tarde me fui al parque del Miño para dar un paseo con Ducki, nuestro labrador. La crisis nos ha venido fatal a los dos y nos hemos echado unos kilos encima que hay que intentar volver a bajar, y andar es lo más recomendable para estas cosas.

El Parque del Miño fue una de las grandes obras de Joaquín García Díez, y se ha convertido uno de los mejores paseos de la ciudad… pero mi sorpresa fue encontrarme con una auténtica selva. El más disgustado fue Ducki, que se quedó sin una pelota porque fuimos incapaces de encontrarla entre la maleza.

En el mejor de los casos la vegetación me llegaba por encima del tobillo, y en muchas zonas superaba ampliamente la cintura. Es increíble lo que puede crecer todo en esta época en solo un par de meses, pero es lo que hay. Y si no lo mantienes pasa lo que pasa.

Entiendo que la empresa que lleva lo de los jardines no dejó de hacer sus funciones durante todo este tiempo, o al menos eso parecería lo lógico porque no tendría mucho sentido ya que con las calles vacías precisamente era el mejor momento para hacer tareas de mantenimiento. Pues se ve que esta parte se les olvidó, lo que es chocante a estas alturas en que ya se puede salir a pasear más lejos de casa.

Contrasta esta dejadez, que también se produce en otras áreas verdes como el parque de Marcos Cela, con el anuncio por parte del ayuntamiento de que abren nuevas zonas de paseo, concretamente en el Carmen. Nada que objetar, solo faltaría, y me alegro enormemente de que le presten atención a una parte de la ciudad tan olvidada hasta este momento, pero es curioso que se pongan a hacer cosas nuevas mientras no se mantienen las ya existentes.

Quizás en estas nuevas ansias de fijarse en el Carmen tengan algo que ver los magníficos artículos que el arquitecto Ramón Cabarcos lleva publicando en La Voz de Galicia (va por el capítulo 15) y que ha recopilado en un libro. Ese enorme trabajo ha demostrado no solo el increíble potencial de la zona sino la preocupación (que muchos compartimos) por cómo se va a afrontar su futuro.

La obsesión por construir e incrementar espacios urbanos no solo no es sostenible, sino que no es razonable. Lugo tiene una barbaridad de viviendas vacías que deberíamos reciclar antes de pensar en seguir expandiéndonos como enajenados, y eso se puede aplicar tanto a las residencias como a todo lo demás. 

Una zona verde necesita cuidados y mantenimientos y no es lógico seguir abriendo nuevas áreas mientras se descuidan las que ya tenemos. Lo primero es lo primero.


Si consiguen llegar a los bancos creo que dan un premio o algo...


Este espacio fue recientemente rehabilitado...
La papelera les da una comparativa para ver el tamaño real de los hierbajos...

martes, 26 de mayo de 2020

Ansiedad, depresión y tristeza, las otras secuelas del COVID-19



Uno vive su vida no la de los demás, y por eso la perspectiva que cada cual mantiene sobre una situación difiere de la del resto de los mortales por mucha empatía que tenga.

Por ejemplo yo he pasado lo más gordo del aislamiento causado por la pandemia de una forma diferente a la de la mayoría, ya que no es que haya seguido trabajando con normalidad, es que mi labor ha aumentado exponencialmente por las funciones que desarrollo en la administración. No me entiendan mal, soy un administrativo de base no un cargo, pero me ha tocado la china por la naturaleza de mi trabajo y he estado acudiendo todos los días como si nada pasara. Bueno, no, tuve que ir muchísimo más. 

Esto, unido a que tenemos perro y había que sacarlo de paseo aunque sea cerca de casa, hace que en realidad no haya sufrido el confinamiento, así que me cuesta mucho trabajo ponerme en la piel de toda la gente que se quejaba amargamente por estar metidos en sus casas (deberían de leer el diario de Ana Frank y luego a ver si se quejaban) y también me parece que estoy viviendo el regreso de forma distinta a los demás.

Suspendí la actividad del blog porque no daba hecho más y lo último que me apetecía al volver a casa era sentarme ante el teclado, pero también porque no tenía mucho que contar ni que reflexionar que no fuera el monotema. Para dar vueltas a lo mismo no merecía la pena y sobre todo cuando me di cuenta de que la información que teníamos en un momento era completamente diferente a la del anterior, así que pensé que no merecía la pena opinar sobre algo que quizá no fuera cierto.

Me pasó con el tema de las mascarillas. Si ven el artículo el día 10 de marzo les decía que había que buscar la mesura y que “tampoco es que tengamos que ir por la calle con guantes y mascarilla”. Incluso en otro artículo me hice eco de las recomendaciones de que solo se usara en caso de pacientes con patologías porque era lo que nos recomendaban. Pues ya ven, los guantes no pero la mascarilla nos la han puesto por decreto tras decir que no era recomendable. Y así todo. Muy poca seguridad la verdad.

También es cierto que en ese artículo les contaba que no había ido a un desayuno con Feijoo porque no me parecía el momento más prudente para hacerlo, y a pesar de que me llamaron alarmista tampoco es que recomendase al resto no ir, simplemente hice lo que consideré más conveniente sin más. Curiosamente quienes organizaban ese desayuno el día 10 de marzo ahora cargan contra quienes apoyaron las manifestaciones de dos días antes. Tal vez tengan razón con la crítica, pero también deberían recordar sus propias acciones.

Pero lo que les iba a contar. No viví el confinamiento como el resto y quizá tampoco vivo la “desescalada” (me sigue chirriando ese término) como la mayoría. En lugar de sentir alivio y alegría por la paulatina vuelta a la normalidad me noto de mala leche, molesto… no sé si será algún tipo de síndrome de esos tan modernos que tenemos ahora en el primer mundo, pero lo noto mucho.

No me atrevo a comparar lo que nos tocó en alguna administración con trabajos mucho más duros, peligrosos y de mayor responsabilidad, como todos los relacionados con sanidad, seguridad o abastecimiento de alimentos, no me entiendan mal. Yo venía a un edificio totalmente vacío a sentarme frente a un ordenador mientras otros se jugaban la vida en los supermercados, sostenían la mano de moribundos o directamente vivían situaciones dantescas. Les hablo de las sensaciones, pero si a mí me está pasando esto no quiero pensar lo que les tocará a otros que estuvieron en las trincheras de la defensa de la salud.

Si a alguno de ustedes le pasa esto, ya ven, no están solos. La mezcla de desconfianza, tensión acumulada, hartazgo y, por qué no decirlo, miedo nos pasa factura e incluso me atrevo a decir que la alocada alegría en este caso es muy fácil de convertirse en imprudencia. De hecho hasta veo con malos ojos ese exceso de júbilo y me parece una falta de respeto tanto a los miles de muertos (aunque hoy haya 2.000 menos que ayer, sorprendentemente) como a quienes se han dejado la salud física o mental por el camino, que son legión. A lo mejor por eso estamos todos tan tensos y tan susceptibles y eso causa las batallas absurdas de que les hablaba ayer.

Tal vez haya que empezar a asumir la “nueva normalidad” e intentar superar juntos este trauma. Por mi parte intentaré volver a darle a la tecla y a hablar de Lugo, que es lo que más me interesa. No les prometo la constancia diaria de antes, pero se intentará.

¡Vamos a ello! ¡Ánimo a todos!

lunes, 25 de mayo de 2020

La necesaria ''desescalada'' en la tensión social



Hoy es el día del orgullo friky, con lo que un servidor, que acumula varias aficiones de ese estilo, está de celebración. Soy coleccionista de sellos (lo que hoy día sí se puede considerar una frikada en toda regla), y fan de Sherlock Holmes, Don Camilo y, por encima de todo, de Star Trek, así que miren si tengo para celebrar.

Aunque les parezca una tontería, sacando lo de los sellos que es otro tema, casi todos los frikismos tienen en común el trasfondo de la lucha del bien contra el mal. Desde las agudas deducciones de Holmes a las humanas gamberradas del pueblo de Don Camilo, y pasando por las reflexiones morales de Star Trek, todas y cada una de las aventuras de estos mundos se basan en ese eterno dilema, el de lo moral y lo inmoral, lo bueno y lo malo. Coinciden también en no encorsetar esos conceptos en la costumbre reinante, e incluso Sherlock Holmes dejó libres a asesinos “morales”.

¿Y a qué viene todo esto?, se preguntarán. Pues verán, aunque les parezca mentira me ha hecho reflexionar sobre todo lo que está pasando últimamente, y no me refiero a la crisis del coronavirus directamente sino a la crisis social, política e incluso ética en que estamos inmersos.

No es necesario repasar las barbaridades que unos y otros han dicho (ni la de que el COVID es de diciembre porque termina con “D” ni la de que Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín están en línea recta, hay para todos), no es el objeto de mi reflexión, sino cómo hemos reaccionado, cómo nos ha influido y cómo la sociedad, que ya estaba bastante polarizada, se ha ido todavía más a los extremos cosa que parecía improbable.

Los que defienden la labor del gobierno afirman que nadie lo podría haber hecho mejor, y los que la atacan dicen justo lo contrario, que no hay peor gestión en Europa y puede que en el mundo. Ambos puede que tengan parte de razón, pero la raíz de nuestro problema no es el argumentario usado en un debate sereno y pausado sino la ausencia de éste.

Yo mismo me he visto afectado por la tensión reinante. Durante estos dos meses me ha podido el estómago y he eliminado de mis amistades en Facebook a gente que en persona me cae muy bien, de las que tengo un buen concepto y que considero buenas, pero que en redes sociales me alteraba: todo el santo día dando la matraca y haciéndose altavoz de unos o de otros sin el menor espíritu crítico, publicando barbaridades y falsedades más que obvias… hemos perdido todo filtro y todo pudor y la guerra encarnizada no es contra el bicho, sino entre nosotros, y se usa como munición cualquier tontería.

No les diré que yo no me he equivocado, claro que sí. De hecho si miran los artículos anteriores de este blog todos recomendamos en su día que las mascarillas se dejasen para los enfermos que las necesitan. Eran otros tiempos, y la información que nos daban (que ahora sabemos que no era correcta) aconsejaba ir por ahí. También les diré que sigo sin ver clara la “desescalada”, ese palabro que nos han colado por una mala traducción del inglés, porque a día de hoy seguimos teniendo más gente contagiada que cuando todo esto empezó, pero supongo que la economía no resiste más y se hace de la necesidad virtud.

Pero al margen de todas estas cosas, por mucho que haya disensión entre unos y otros lo que no podemos es caer en la destructiva espiral que nos está enredando a todos. Ya no se trata de diferentes opiniones, sino de odio. He visto a gente vomitando su maldad día sí y día también tanto virtual como físicamente: gente que grita desde los balcones sin saber si la persona que veía en la calle venía de hacer un turno en el hospital, o de atender a una persona que no podía valerse por sí misma. La empatía ha desaparecido, sustituida por un miedo cerval y una rabia mal contenida, un genio que nos va a costar meter otra vez en su botella.

Sí, el frikismo también tiene que ver con todo esto. Desde siempre las historias nos han enseñado a distinguir lo que está bien de lo que está mal, a vivir en definitiva, y es irrelevante que la cita sea de la Biblia, del Julio César de Shakespeare o del Spock de Ronddenberry, la reflexión es lo que vale. Necesitamos fases para aliviar la tensión social, y rápido.

Relajémonos todos un poco y si notamos que la rabia nos invade, demos un paso atrás y recapacitemos.

miércoles, 20 de mayo de 2020

La excusa perfecta

Vaya, vaya... aquí no hay playa... ni la habrá en una larga temporada
El coronavirus se va a llevar las muchas culpas que tiene… y otras muchas que no tiene. Es la coartada perfecta para cualquier retraso, paralización o incumplimiento en los próximos meses, hasta puede que un político hábil lo pueda estirar algunos años para decir por qué no ha cumplido su palabra. Y habrá quien se lo crea.

Para empezar ya lo han utilizado como comodín para explicar por qué no habrá playa fluvial tampoco este año. Ya saben, porque el estado de alarma congeló los plazos y esas cosas… ya teníamos todo a punto y se nos ha torcido justo ahora. Vaya por dios qué mala suerte tenemos. Como cuando San Fernando se quedó sin albergar el auditorio cuando ya arrancaban las máquinas. Si es que nos ha mirado un tuerto.

El problema es que la excusa es, como poco, endeble. La paralización de los plazos administrativos se hizo para no perjudicar a los ciudadanos que encerrados en casa tenían difícil ir a una ventanilla o hacer una vida normal, pero no para ser la disculpa de la negligencia y la pereza administrativa, otra pandemia que lleva asolando Lugo desde hace un par de décadas. La administración ha seguido funcionando para lo que les ha interesado (¿A que les han cobrado las tasas de basura este trimestre?). Además, los funcionarios de la Confederación han estado teletrabajando y han resuelto otros expedientes así que no se explica por qué el de la playa fluvial, que es tan importante para la ciudad, no se ha podido o no se ha querido tramitar.

De la pobre argumentación dada la única que podría colar es la de que puede haber otras prioridades ahora, pero tampoco parece muy acertada. Si, como es probable, muchos lucenses nos vamos a quedar en ciudad este verano por la causa que sea (destacando las económicas), tal vez el camino a seguir sea justamente el contrario: crear alternativas de ocio que no supongan tener que pagar una cuota mensual. Una playa fluvial pública parece la más obvia y quizá la más necesaria de todas.
 
Artículo publicado en La Voz de Galicia del 20 de Mayo de 2020