martes, 1 de marzo de 2011

Nuestros maestros tercermundistas

Quién nos iba a decir que recibiríamos lecciones de ciudadanía de países como Egipto, Libia o Túnez. Los países “democráticos” y “avanzados” asistimos pasmados al proceso de revolución popular que están viviendo estos “tercermundistas”, que de forma pacífica en el mejor de los casos, y enfrentándose a tiros con los gobiernos más resistentes (en el peor sentido del término) están conquistando su propia libertad.

revueltas He de reconocer que cuando esto empezó miré con desconfianza hacia Túnez. Lo primero que pensé es que se impondría una nueva dictadura, pero con formato islámico, con un imán o un ayatolá que, turbante en ristre, traería consigo uno nuevo totalitarismo en nombre de Dios. Parece que me equivoqué, y que la cosa es más profunda y más realmente revolucionaria. A ver si hay suerte y van también a por Marruecos, que ya me tarda.

Según nos informan nuestros mediadores de las noticias, Internet en ristre las generaciones nacidas rodeadas (más o menos) de teléfonos móviles y otros dispositivos que escapan del absoluto control del Estado de los medios, están liderando este proceso. Según la impresión que ahora tenemos muchos, se trata de personas que han estudiado fuera de sus países de origen, que han vivido en democracia unos años y regresan a su tierra, y ahora no aceptan que sus conciudadanos tengan que estar reducidos a meros sirvientes de un todopoderoso jefe de Estado. Ese ha sido el germen, que contagió con rapidez a otras personas de su entorno y que se ha propagado a pesar de la resistencia de dictadores que quisieron controlar todo lo controlable.

La comparación con Irak es obligada. Ahora que estamos pensándonos seriamente sacar los tanques y enviarlos a Libia a cargarse a Gadafi y a su tropa de nazis, no puede uno evitar pensar que la situación es análoga: un dictador que masacra a su propio pueblo, que se mantiene en el poder a base de fusiles y tanques y no de urnas y votos, y que controla ingentes dosis de la droga de occidente: el petróleo.

Saddam Hussein acabó ahorcado. Me gustaría que alguien hiciera una encuesta a ver qué le parecería a la ciudadanía aplicar el mismo tratamiento de choque a Gadafi. ¿Dónde está entonces la diferencia? Probablemente que aquí la iniciativa de la revuelta ha sido de su propio pueblo, contagiado por la marea de hartazgo que barre nuestro continente vecino. Sin embargo, aunque no tenga el mismo origen, los iraquíes recibieron a las tropas americanas con alegría salvo los terroristas de turno. ¿Alguien duda que en todos estos países habrá también atentados de Al Qaeda (sólo a mi me tiene nombre de organización de malvados de James Bond) en contra de los nuevos gobiernos que surjan? Saddam era un genocida, y Gadafi también. Los dos son el mismo perfil: líderes “moderados” apoyados durante décadas por occidente hasta que se convirtieron en estorbos.

Ahora la cuestión es si esa marea de revueltas pacíficas (insisto en llamarlas pacíficas porque hasta que sus dictadores no dispararon primero ellos iban por las buenas) contagiará a occidente y los demócratas de aquí, aborregados como estamos por el bienestar del que disfrutamos aún en crisis, aprenderemos que no sólo contamos cada cuatro años. Tal vez sea hora de que países que están hartos de sus gobernantes les digan educada pero firmemente que es hora de irse a su casa. Ahora mismo pienso en dos casos: Berlusconi y Zapatero.

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