martes, 6 de noviembre de 2012

Anillos de oro

No les voy a hablar de la serie que protagonizó Ana Diosdado con el hoy Antonio Alcántara (espero que alguien más que yo se acuerde de la cosa aquella... ¡si hasta recuerdo la música!), sino de que durante esta jornada, como en la Alquimia pero al revés, muchas alianzas de oro se pueden convertir en plomo.

Parece ser que, por fin, el Tribunal Constitucional dictará sentencia sobre el recurso que el PP interpuso contra la legalización del matrimonio homosexual en España. Se supone que hoy dirán únicamente el fallo, el sí o el no, sin entrar a dar toda la explicación completa (lo que viene llamándose sentencia cuando hablamos de togados), pero ya saben que en ésta nuestra España lo único que importa es el titular, no el fondo del asunto ni el contenido o el razonamiento que les hace llegar a una u otra decisión. 

Los jueces en general (ya saben que las generalizaciones son lo que son, pero nos entendemos) no suelen ser precisamente un colectivo muy dado a la modernidad. Hay sobrados ejemplos de lo contrario, pero como grupo suelen tirar bastante a la caspa, y más cuanto más alto se sube en el escalafón judicial (espero que esto no sea un delito de desacato o algo por el estilo, que uno ya mira hacia atrás cuando cruza con el semáforo en rojo, recuerden que estoy en Lugo), y a pesar de que es un tema que no afecta más que a los directamente interesados no se puede uno fiar y vayan ustedes a saber de qué lado se decantan. Puede haber sorpresas. 

¿Qué pasaría si declarasen inconstitucional el matrimonio gay? Pues francamente, que se puede liar parda. Verán, si encontrasen que la ley es contraria a nuestra norma fundamental teóricamente tendría efectos retroactivos, es decir, que las 30.000 parejas que se han casado desde el 2005 al amparo de esto quedarían en una especie de limbo legal, ya que nunca ha pasado nada así en España y probablemente sus matrimonios serían nulos de pleno derecho. Lo que se viene a llamar una putada. 

Entrando un poco en el tema legal, y antes de que los jueces levanten el velo del misterio, les daré mi opinión. El matrimonio gay no está contemplado por la Constitución, pero tampoco está prohibido. Es aconstitucional, pero no inconstitucional, un matiz muy importante. Les pongo un ejemplo: la Constitución no permite en ninguno de sus artículos plantar patatas, pero tampoco lo impide, con lo que es una memez decir que plantar patatas es inconstitucional. 

La única mención que hace la Constitución al matrimonio es un artículo, el 32, en el que nos dice, literalmente, que “el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica”. La "plena igualdad" se refiere a que se acabó aquello de que en el matrimonio manda el hombre, ya que hasta hace no mucho había un total y absoluto sometimiento de la mujer a su marido no sólo no perseguido por las leyes, sino avalado por las mismas para vergüenza de este país. Aunque los pro-matrimonio gay se han fijado en que en este artículo pone “el hombre y la mujer” y no “el hombre con la mujer”, tampoco es cosa de lanzar las campanas al vuelo. Ahí no se apadrina el matrimonio gay por ningún lado. Sin embargo, lo mismo ocurre al revés, el artículo es ambiguo y tampoco lo veta como quieren ver los abanderados de la “tradición”.

El artículo 32.2 amplía el tema y dice que “la ley regulará las formas de matrimonio, la edad y capacidad para contraerlo, los derechos y deberes de los cónyuges, las causas de separación y disolución y sus efectos”. Tampoco aclara gran cosa, pero remite a la ley “las formas de matrimonio”, lo que deja abierta la puerta a muchas cosas. 

Creo que el secreto de este tema no está, sin embargo, en el artículo 32, sino en el 14, uno de los más importantes de nuestra Constitución, y que dice “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Obviamente lo de “sexo” se refiere a masculino o femenino, pero el quid de la cuestión está, a mi modo de ver, en “cualquier otra condición o circunstancia personal”. Ahí está la madre del cordero. 

La Constitución remite a la Ley las formas de matrimonio en el artículo 32, y en el artículo 14 habla de que no puede haber discriminación por cualquier circunstancia personal, entre las que, entiendo yo, está la orientación sexual de cada uno. 

Obviamente, como liberal, tengo clarísimo el tema. El matrimonio gay es un derecho, no una obligación. Quienes abanderan que supone el fin de la familia tal y como la conocemos es que viven en una cueva, porque la familia a la que se refieren hace años que no existe fuera de los capítulos de “cuéntame”. Lo que echan de menos no es ese modelo familiar, es una sociedad que hoy no vemos por ningún lado para bien y para mal. 

Esto es como con la ley del divorcio, que quienes más se opusieron fueron quienes luego más la practicaron. Es lo mismo: no es una obligación, a nadie le hacen divorciarse. Es un derecho, y como tal difícilmente atacable. 

Obviamente este tema es político gracias al PP que ha metido la pata hasta límites insospechados con su recurso ante el Constitucional. El razonamiento (bastante cutre) de que así se “asegura su constitucionalidad” en caso de que pierdan el recurso no me vale. Lo que han pedido no es que se “asegure” nada, sino que se derogue, que no es lo mismo. Si el Constitucional falla a favor del matrimonio gay supongo que saldrá alguien del Gobierno (previsiblemente Gallardón, que estaba a favor del tema y que como alcalde casó a parejas gays sin problema alguno) a decir que se alegran de que los derechos de una parte de la ciudadanía estén garantizados, pero oiga, que ustedes han intentado cargarse esos derechos. 

El PP en este tema ha sacado a relucir su vertiente más carca, la reaccionaria, la conservadora, obviando la opinión de la importante base liberal que fundamenta este partido. La propia “exlideresa”, Esperanza Aguirre, se posicionó contra el recurso de inconstitucionalidad (me sigo preguntando por qué a esta señora la tachan de carca cuando no hace más que demostrar lo contrario) abanderando una vez más a los liberales del PP. Luchar por los derechos de una persona no es malo. Intentar quitárselos sí. 

Esperemos que el Constitucional no se deje llevar por los miembros más conservadores y que hoy avale el derecho de muchas personas a vivir como les salga de las narices. La Constitución no lo avala en letra, pero tampoco lo prohíbe, y en mi opinión sí lo respalda en lo que se supone que es el espíritu de una norma que se entiende que está para proteger a los ciudadanos, a todos los ciudadanos.

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