miércoles, 10 de junio de 2015

El tiempo corre


Que se me ocurre pensar, llámenme exagerado, que llamar inquisidores, chantajistas y cosillas por el estilo a Lugonovo no parece que sea una táctica muy inteligente por parte del PSOE para llegar a un acuerdo. Vamos, digo yo. Suponiendo que el objetivo sea llegar a un acuerdo, que ya lo pongo en duda.

Voy a tener que reafirmarme en la táctica número 1 que en su día expuse en este blog y que a cada momento que pasa me parece menos locura y más realidad: confirmar un gobierno en minoría del PP con Jaime Castiñeira al frente y, pasados unos meses, presentar una moción de censura para blindar a quien la encabece, ya que como les decía la ley solo permite que haya una por mandato.

¿Y Orozco? Bueno, si esperan el tiempo suficiente imagino que el cálculo es que su partido va a gobernar en Madrid, ya sea solo o acompañado por quien haga falta (veo un par de ministros de Podemos, no le digo que no) y, una vez desimputado el actual alcalde, puedan nombrarlo para otra cosa. Todo el mundo habla del Senado, pero no lo veo allí, la verdad. Lo veo más en la subdelegación del gobierno, en un puesto que tiene implicación directa en la ciudad en el grado que el propio subdelegado considere conveniente.

Una vez salga el principal escollo para el pacto por la puerta grande (no es lo mismo irse a un puesto de cierta consideración que marcharse para su casa, y tampoco es lo mismo salir por su propio pie que permitir que te echen los de otro partido) ya nada impediría escenificar un “pacto por los lucenses y políticas de progreso”, que queda más chulo que el “quítate tú para ponerme yo” de toda la vida.

En este planteamiento hay muchas dudas, por supuesto. La primera es que durante el día de hoy no nos venga Orozco a hacer un “gran sacrificio” una vez se ha asegurado de que su partido lo respalde públicamente, para que se vea que a él no lo mangonea ni Dios y que hace lo que le apetece, sea quedarse o tomar las de Villadiego. Quizás en ese punto es donde podríamos encontrar una explicación a las declaraciones, poco amistosas y nada conciliadoras, de Luis Álvarez respecto a la postura de Lugonovo. Cuanto más alto griten que Orozco se queda, más sospechas hay de que se marcha “por el bien de Lugo y del Partido”, porque no pueden consentir una cesión descarada a las pretensiones de terceros, es un mal comienzo para una negociación para la que les quedaría muy poco tiempo.

Por cierto, que me sigue sorprendiendo que únicamente se refiera a ese partido, relegando al BNG a la irrelevancia, que es lo peor que le puede pasar a un partido político. Será que ya saben que si logran el apoyo de los de Podemos los nacionalistas no tendrán más remedio que tragar, porque su condición de muleta del PSOE no deja de ser la cruz que arrastran, pero a cambio de mucho más que las clásicas treinta monedas de plata. Pero mucho, mucho.

El tiempo corre. Quedan pocos días, tres contando con el de hoy, para que por fin sepamos qué va a pasar en el pleno del sábado a las 10 de la mañana. Me gustaría mucho ir, pero tengo compromisos adquiridos con anterioridad, como se suele decir, y aunque promete ser un pleno digno de presenciarse me lo voy a perder. Supongo que lo retransmitirán por Internet, que es el consuelo que nos queda a los que no podemos ir en persona.

¿Quién será alcalde de Lugo? Pues vaya usted a saber. Personalmente creo que Jaime tiene una remota posibilidad pero que no se quiere acelerar para que no parezca que se lleva un chasco muy grande si al final todo esto es la tomadura de pelo que parece a ratos. Para mí que ni Orozco tiene muy claro qué va a hacer.

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