lunes, 11 de enero de 2016

¿A dónde nos llevan?

Nos acercamos vertiginosamente a sabe Dios qué abismos. Cataluña se encamina hacia una rebeldía en toda regla y el resto del país está sumido en el desconcierto de no saber quién nos va a gobernar los próximos cuatro años o siquiera si tendremos un gobierno o habrá que volver a las urnas.

La situación no es ninguna broma, e incluso quienes pensábamos “bah, no va a pasar nada” estamos empezando a pensar que sí puede pasar algo porque los personalismos, las bravatas y el continuo goteo de noticias inconcebibles hace pocos años están haciendo que el panorama cambie y no a mejor, precisamente.

No se trata de una cabalgata de reyes magos, ni de tonterías de ese calibre. Ahora de lo que estamos hablando es del futuro de nuestro país como tal y de los tiempos que se avecinan en que por lograr alcanzar la presidencia de un gobierno algunos pueden llegar a pactar incluso la ruptura de todo el chiringuito.

La ciudadanía está harta, y hay un nivel de pasotismo tan absoluto que parece que cualquier cambio va a llevarnos a praderas más verdes. Tras años de corrupción, chanchullos varios, amiguismos y colegueos todo cambio parece bienvenido y los gestos de los nuevos gobernantes de ciudades y otros estamentos son vistos como el no va más de la modernidad por unos y del desprecio a la tradición por otros. Sin embargo todo eso es irrelevante para el tema que nos ocupa.

Lo verdaderamente preocupante es que, como en cualquier buen espectáculo de magia, mientras nos distraen con la vestimenta de los reyes magos, con la mano que les queda libre agitan los cimientos de este país y hacen realidad aquel presagio de que algunos quieren romper España.

Sí, algunos quieren romper España, es un hecho incontestable a día de hoy. Hace unos años se veía venir y en lugar de ofrecer a los independentistas (no a los que viven de eso, sino a las personas convencidas del tema) una alternativa seria, de pertenencia a un país donde las cosas se hacen bien, se les ha puesto entre la espada y la pared con nuestros Bárcenas, Pantojas y rufianes varios. La verdad es que poco se ha hecho por animar a ser español a quien se lo está pensando.

Por otra parte, la torpeza y el buenismo de algún gobierno, como aquel de Zapatero que juró que aprobaría cualquier estatut que saliera del parlamento de Cataluña (cosa que luego no se hizo pero por lo que fue) lo único que logró es alimentar un fuego ya de por sí crecidito.

Y la gran solución es convertir España en un Estado Federal. Se habrán quedado calvos pensando. ¿De verdad creen que eso soluciona algo? ¿Romper la unidad de la nación va a lograr que los catalanes tengan más ganas de quedarse? ¿O simplemente es una forma de que nominalmente sigan en el país aunque en realidad vayan por libre? Porque para eso mejor dejamos las cosas como están.

Ahora toca tener frialdad y mano firme, cumplir y sobre todo hacer cumplir la ley y la Constitución, y no caer en la tentación de que el cambio de cromos incluya la unidad de España. Sí, Pedro Sánchez, va por usted aunque dudo que me lea.

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