miércoles, 22 de febrero de 2017

El Arde Lucus y la democracia del ''Me Gusta''

En plena polémica (la enésima) sobre carteles en que está involucrado el Ayuntamiento de Lugo, y con un ánimo más bien poco conciliador, nuestra concejala de Cultura nos viene a llamar cerrados de mente, es decir, paletos. No así, claro, pero no hace falta leer mucho entre líneas para adivinar el desprecio de sus palabras, que se traducen en un “es que no sabéis de esto” muy propio de quien tapa sus carencias con ataques a las opiniones ajenas. Si Basadre hubiera salido a decir “pues a mí me parece bonito” no sería criticable, porque sobre gustos no hay nada escrito.

Bien es cierto que no seré yo quien diga que la labor para elegir carteles sea sencilla, al contrario me parece que es harto complicado responsabilizarse de un tema en que hagas lo que hagas habrá detractores. Por eso es más o menos comprensible la decisión salomónica de poner tierra de por medio y buscar una elección popular democrática “a tope de power” y hacer descansar en el público las decisiones peliagudas, como si no les pagásemos a nuestros próceres para hacer exactamente eso.

El problema es cómo lo han enfocado, a través de Facebook. El sistema de votación por “me gusta” de la red social tiene ciertos problemillas. El primero y más obvio es que no estamos hablando precisamente de un foro libre de trolls (cuentas falsas), con lo que no sabes si los votos recibidos por un cartel son reales o de perfiles creados al efecto para conseguir apoyos. Les diré que yo me fío muy poco de esas cosas, e incluso en algunas en que fui beneficiario indirecto reconozco que las cifras no encajan, no parecen reales.

Por otro lado, aun dando por sentada la veracidad de los votos, que insisto en que es dudosa como la experiencia con “las 7 mejores” nos demostró, parece que el concepto de democracia se restringe a un público muy concreto: el universo objetivo al que se dirige la encuesta es el de “personas que tiene Facebook”, lo que cierra el abanico a un montón de lucenses que son ajenos a redes sociales o incluso a Internet.

Incluso si consideramos la red de redes como un método válido para crear un muestreo, cosa harto discutible, lo suyo sería al menos intentar garantizar que tras el teclado hay una persona real, y no un grupo de interés, y eso se consigue a través de herramientas digitales como las que utilizan algunos partidos políticos de nuevo cuño (Podemos, sin ir más lejos, es el ejemplo más claro) para sus elecciones internas.

Probablemente alguno estará pensando que es matar moscas a cañonazos, pero si tienes el cañón solo hay que comprar pólvora y balas, y es que lo más grande es que nuestro bienamado ayuntamiento ya pagó nada menos que 17.666 eurazos a una empresa llamada Agora Voting S.L. para “implantar un sistema de votación Online”. Lo contrataron para los presupuestos participativos en el año 2015 con lo que lo suyo sería utilizar ese sistema de votación, porque aquí hay solamente dos posibilidades: o costó esa barbaridad para una cosa tan breve como aquella campaña publicitaria (a dos meses de las municipales, esas casualidades de la vida) y no se puede utilizar para nada más (lo que sería un escándalo por el despilfarro) o la pueden utilizar para lo que quieran y no recuerdan que la tienen, no quieren recordarlo, o no interesa usarlo.

¿Que Facebook es más popular? Nadie lo discute, pero el sistema más sencillo es poner en esa plataforma la votación y después publicitar a través de todas las redes que se puede elegir el cartel. No parece muy complicado, ¿no les parece?

Lo que despista es la disparidad de criterios. En San Froilán se eligió aquel bochornoso cartel mediante el sistema de “jurado profesional” (¿eso quiere decir que les pagaron?), mientras que para Arde Lucus se tira de votación popular matizada, porque volverá otro “jurado profesional” (insisto, ¿eso quiere decir que les pagarán?) a matizar la elección del público no sea que nos salga otro Chiquilicuatre y la liemos. Nos falta saber el sistema para seleccionar (y pagar, supongo) el cartel de Carnaval, pero si hay bases y éstas contemplaban la originalidad deberían devolvernos el dinero porque el propio autor reconoce que fusiló su propio diseño de 2014. Ya que Basadre salió a hablar del cartel habría sido bueno que hubiera especificado si costó dinero, cuánto costó y cómo se seleccionó el espantoso resultado final. Por saber, claro.  
Por cierto, algunos carteles chulos (en mi opinión) del concurso:

 





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