miércoles, 4 de julio de 2018

Don Jesús Gallego Morandeira

Del cuadro "Homenaje a los colores primarios" de Don Jesús Gallego Morandeira

Si alguien ayuda a moldear el carácter de las personas son sus maestros. En mi memoria, siempre injusta y selectiva, guardo con especial cariño a varios docentes de mi colegio, la Aneja, que marcaron mi niñez. Doña Victoria, que tuvo el dudoso honor de ser la única profesora que me pilló una chuleta (lo más gracioso es que cuando las hacía luego no las necesitaba porque al escribirlo recordaba lo que ponía, pero se me cayó y cualquiera le explicaba eso), la familia Muñoz (con Barbarroja y Barbanegra al frente), Don Vicente, Don Tomás… Como ven en mi época aún no se llevaba el colegueo y el tuteo con los profesores, y hasta donde yo entiendo la cosa tenía más ventajas que desventajas, pero eso es otro debate.

Homenaje a los colores primarios
D. Jesús Gallego
Pero sin duda hubo dos maestros que destacaron entre todos y que fueron para mí referentes, cada uno en su estilo. Una era Chus Navarro, que me dio clase muy pequeñito (no recuerdo el curso pero debió de ser de los primeros) y que era firme pero cariñosísima, dulce y maravillosa. Todavía hoy me la encuentro por la calle y sigue siendo la misma persona extraordinaria.

El otro era Don Jesús Gallego Morandeira. Nada que ver con Chus en su estilo de enseñanza pero ya ven que fue también una referencia. Era ese típico profesor que te da pavor cuando lo tienes al frente de la clase porque era serio y exigente, pero que recuerdas con un cariño tremendo porque te enseñó muchísimo y porque jamás fue injusto en sus valoraciones, que es mucho decir. Me impresionó enterarme de que el pasado viernes Don Jesús falleció, y no saben cómo lamento no haberlo sabido a tiempo para presentarle mis respetos tanto a él como a su viuda, Marisol Villasenín.

Don Jesús era profesor de lengua española, aunque curiosamente creo que lo que le hizo popular eran sus clases de dibujo. Acudo de nuevo a mi caprichosa memoria para recordar imágenes de sus lecciones, en que nos impresionaba siempre su capacidad de hacer un círculo prácticamente perfecto en la pizarra a mano alzada con la tiza, o aquella mirada que te echaba cuando hablabas de “los Rotring” y que te hacía corregir inmediatamente y decir “estilógrafos”... eso cuando los aceptaba, que en mi época ya podías usarlos pero antes seguía obligando a usar tiralíneas.

El dibujo nunca fue lo mío. A mi terrible letra (escribo peor que mi sobrina de nueve años, siempre ha sido algo que he querido corregir pero no hay forma, y eso que hasta me compré cuadernos Rubio hace no mucho tiempo) se une mi nula paciencia para hacer aquellos dibujos de puntos de fuga con diferentes grosores de estilógrafo, y Don Jesús no pasaba una. Y sin embargo le teníamos mucho cariño, tal vez porque nos enseñó el valor de la precisión incluso a los que éramos más revoltosos. Probablemente influyera también en nuestro gran recuerdo que sus durísimos exámenes y trabajos hicieron que cuando llegamos al Instituto las materias que él daba fueran un paseo militar, porque su nivel, en EGB, era muy superior al que nos encontrábamos después.

En clase de lengua tres cuartos de lo mismo, aunque hasta nos hacía un juego, “el juego del diccionario” en que había que ir completando palabras empezando por una letra que él elegía al azar. Por ejemplo si empezaba con la J, el primero decía “jamón”, el segundo tenía que empezar por “ja”, por ejemplo “jabón”, el tercero por “jab”… Jabalí… y así hasta que no sabías qué decir. Si decías alguna palabra extraña los demás tenían que buscar en el diccionario si existía o no… Un juego sencillo pero que nos habituó al uso del diccionario, eso que hoy los chavales sustituyen por Google suponiendo que se molesten en buscar las palabras, cosa que dudo. También recuerdo que aunque no era su asignatura, nos acostumbró a buscar en el atlas los países y lugares de los que hablábamos. Una forma estupenda de que aprendiéramos que la India no está en África y cosas así, que pueden parecer de perogrullo… pero no lo son.

Quijote y Sancho, por Don Jesús Gallego
Antes de publicar este artículo espero poder acercarme a confirmarlo, pero al entrar en la Aneja recuerdo un dibujo de unos niños de la mano con libros que te recibía al llegar al cole. Me parece que estaba firmado por él, y que unificaba sus dos materias, dibujo y lengua. NOTA: He pasado por la Aneja y lamentablemente ese mural ya no está colgado en donde yo lo recordaba, ni en ningún otro sitio. Sí conservan todavía un dibujo de los colores primarios y un mural de Don Quijote y Sancho Panza que están firmados por Don Jesús y que la directora, muy amablemente, me permitió visitar y fotografiar.

Veía a Don Jesús por la Rúanova habitualmente, o en el Círculo de vez en cuando (era socio de los de toda la vida). Los años fueron pasando y algunas veces me paraba a hablar con él, ya que a pesar de que hace tres décadas que dejó de darme clase (cómo pasan los años) seguía manteniendo su eterna e impecable educación y me encantaba que me saludara por mi nombre, con esa memoria prodigiosa para la gente que solo los docentes parecen poseer. Hoy lamento no haberme parado más veces, la verdad. Era una persona tremendamente interesante. Siempre me preguntaba por cosas del casco histórico y me daba sus impecables puntos de vista, siguió enseñándome hasta el último día.

Le dedico hoy estas palabras dándole las gracias por ser todo un Maestro. Le echaremos de menos, Don Jesús.

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