Ejercer el poder durante mucho tiempo hace que, en ocasiones, se difuminen las barreras que deberían existir entre la administración que se gestiona y la organización política que lo hace. Es lo que se suele llamar “patrimonialización” de la administración.
Pero pocas veces tenemos ejemplos tan claros de que alguna gente se piensa que la administración es su cortijo particular como el que ahora se nos presenta a través de la concejala Cristina López, que tras sus grandes éxitos “los placeros son unos cerdos” y “el cementerio es turismo”, ahora, desde la oposición, protagoniza una nueva novela de intriga con “el material municipal es mío y hago con él lo que me sale de… las narices”.
Los hechos son incuestionables: en recientes reuniones de la zona rural la concejala nacionalista ha estado repartiendo últimamente material propiedad del Ayuntamiento de Lugo, serigrafiado con la imagen institucional. Hablamos de bolsas (de esas tipo tela), pegatinas con los mismos logos y ejemplares de las obras completas de Rosalía de Castro que dependían de la concejalía de Cultura, también en manos del BNG en el anterior bipartito.
Esto me recuerda a aquella “reunión de un grupo de amigos” que en enero de 2023 (a unos meses de las elecciones locales) repartió bolsas con materiales promocionales del Ayuntamiento de Lugo con regalitos: bolis, pines, auriculares, chapitas… Un uso totalmente vergonzoso de recursos públicos que se ve que el bipartito normalizó, por lo que hasta tiene cierta coherencia que Cristina López se pensara que podía hacer lo que le viniera en gana. Si Lara lo hacía, ¿por qué no ellos?
La respuesta del Bloque a estas acusaciones es que “puede tratarse de material excedentario acumulado procedente de etapas anteriores” (obsérvese que tampoco se pillan los dedos asegurándolo, meten ese “puede”) y “facilitado por las diferentes entidades o asociaciones para su entrega en actos protocolarios”. Es decir, que según la teoría nacionalista les dieron a esas “entidades o asociaciones” cajas de material para que ahora se lo devuelvan a Cristina López para repartirlo ella. Muy creíble no resulta, y aunque lo fuera... ¿qué clase de control había del material municipal si se daban a paladas?
Que cuando se presentó la moción de censura empezó una mudanza del Ayuntamiento es evidente, porque sabían que aquello no iba a tener marcha atrás, pero lo que ahora está en discusión es qué se metió en las cajas que se llevaron. Obviamente, cuando uno ocupa un despacho lleva cosas personales (todos lo hacemos) pero el matiz está en que cuando te marchas no puedes arramplar con las cosas que no son tuyas. Aunque tú creas que lo son porque “las has comprado tú”, pero no con tu dinero, sino con el de todos. O aunque pienses que nadie va a echar de menos una máquina de escribir “vieja” y, presuntamente, la metas en el saco con tus cosas y te la lleves para casa.
Comprendo el trauma que les ha supuesto perder el gobierno y del que aún no se han recuperado. De hecho, Cristina López sigue presentándose en Facebook como “Concelleira da Área de Participación e Servizos para a Veciñanza no Concello de Lugo”, que era el cargo que tenía hasta el 7 de mayo.
La vida es cambio, y no nos suelen gustar. Sobre todo si son “a peor”, pero es lo que hay. A todos nos ha pasado y, con suerte, nos seguirá pasando porque la única condición inmutable es el fin de la vida y, aunque es inevitable, tampoco tenemos prisa (bueno, hablo por mí y creo que la mayoría, que últimamente está la gente muy sensible con que se les meta en el mismo saco que al resto).
Pero una cosa es seguir poniendo en redes cargos que no se tienen, que siempre se puede justificar diciendo que quedó ahí de antes, y otra muy diferente es repartir material institucional que se ha distribuido, aunque nos creamos la versión del BNG, a la ligera ya que ahora sobran cajas y cajas “para que las entidades las entreguen a la concejala para repartirlas a la gente”. En serio, cada vez que lo repito me suena menos creíble.