martes, 4 de junio de 2013

Tartas y euros

Uno de los síntomas más básicos de la inteligencia es ser consciente de que no se sabe todo, o de que si a uno se le ocurre una obviedad que le parece buena idea es probable que no sea el primero en haberlo pensado. Esto nos lleva a pensar que los concejales de O Valadouro de algunos grupos no son inteligentes, o que si lo son no aplican sus neuronas a la hora de pisar suelo municipal. Creen haber descubierto la fórmula de la piedra filosofal, y va a ser que no.

Como de costumbre, les pongo en antecedentes: Los grupos de la oposición en ese ayuntamiento (a saber, PSOE, BNG e independientes de la zona) se han unido para desbancar al alcalde, que tiene cinco concejales frente a los seis del resto. Hasta aquí nada que decir, entra dentro de las normas de la democracia que seis son más que cinco y que pueden acordar una moción de censura si consideran que es lo mejor para el pueblo. Otro tema es que sea un reparto indecente del poder, pero allá ellos y sus votantes.

Pero no es ese el problema, sino que hayan metido una cláusula económica en el acuerdo, por la que si se rompiera el pacto tendrían que indemnizarse unos a otros (entiendo que el que rompa el pacto a los demás) por un total de 100.000 euros, que no están mal. A lo mejor por eso se llama "Valle de Oro"-"Valadouro" el pueblo, porque el tema siempre va por ahí.

Hay que decir que esa cláusula jamás se podría aplicar, ya que en mi modesta opinión de jurista en ciernes (si uno no se da importancia, ¿quién se la va a dar?) es nula de pleno derecho. No por el principio de que un concejal no está sujeto a mandato imperativo, que eso la Constitución sólo lo dice para los diputados y senadores, sino por puro sentido común. Un concejal lo es en representación de su pueblo y no puede ligarse de esa manera con un acuerdo civil, económico, para las futuras votaciones.

El hecho de firmar ese acuerdo se puede considerar igual de “papel mojado” que un programa electoral. No hay contrato alguno que pueda vincular a alguien en un cargo representativo de cara al futuro, e incluso las “multas” que se pone a diputados u otros “castigos internos” son más bien un tirón de orejas de voluntario cumplimiento, ya que de lo contrario los plenos serían meros mercados, y ya les llega bien sin meter dinero de por medio.

El verdadero poder de los partidos para retener los votos de sus cargos no es el de un contrato firmado previamente. Si así fuera, hace años que los imprimirían al por mayor. No funciona así. Si se retiene su dedo para que pulse el botón deseado es más bien con la zanahoria de las siguientes convocatorias electorales. “Si no eres bueno, no te presentamos”, viene a ser el pacto.

Ya sé que no mola, que es algo que suena a satánico, pero tiene una virtud: quien se presenta a las elecciones con el sistema actual es un partido, y para bien o para mal lo que el elector juzga es a ese partido, a su programa electoral (aunque luego no se cumpla) o la imagen que tiene como colectivo. No es un sistema que a mí me enamore, y si pudiera hacerlo lo cambiaría, pero tampoco se crean que las listas abiertas son la panacea.

Los concejales de O Valadouro se han pasado de listos. Si creían que habían descubierto la pólvora les tengo que dar la triste noticia de que se les han mojado los petardos, porque ese documento tiene la misma validez que un apretón de manos en el mundo de la política de hoy día, es decir, ninguna. Y mejor que sea así porque es lo que nos faltaba, que se pusiera precio en euros a los pactos. Por si fuera poco el descarado reparto de la tarta que ya se hace.

lunes, 3 de junio de 2013

El nuevo tren a Madrid

Tras años y más años protestando porque la única forma de ir a Madrid en tren era dormir en el carísimo coche cama o llevarse un dolor de cuello como complemento a un largo y duro viaje sentado en un asiento de los no reclinables, por fin hay otra opción. Desde ayer circula entre Lugo y Madrid un tren diurno, un convoy que une nuestra ciudad con la capital del reino permitiéndonos admirar paisajes.

El día de su inauguración utilizaron este servicio Lugo-Madrid… ¡5 viajeros! No es que sea precisamente un nicho de negocio como la cosa no mejore un poco más, pero tampoco nos volvamos locos que puede que el problema es que la gente aún no se haya enterado. Ahora toca promocionar, y desde aquí este pequeño granito de arena.

El ALVIA en Lugo - Foto de La Voz de Galicia
Espero que ALSA no se me enfade, pero entiendan que para los lucenses creo que es fundamental tener un buen servicio de tren que nos una con el resto del mundo, y aunque los horarios que han puesto no me parece que sean la gran maravilla, al menos tienen sus virtudes. Ahora les cuento.

El tren para ir de Lugo a Madrid sale a las 11 de la mañana y llega a la capital a las 17:45. No hay que ser físico teórico para saber que eso supone que el tren tarda 6 horas y 45 minutos, que es bastante si se compara con el coche. El ALSA hace el mismo recorrido en cinco horas a siete dependiendo de cuál cojas, y el que tarda menos es el SUPRA que cuesta un ojo de la cara. Para volver RENFE ha puesto un horario por el que sales de Chamartín a las 12:20 y llegas a Lugo a las siete de la tarde.

Personalmente yo habría puesto un horario un poco más madrugador. Creo que te interesa más salir a las 8 de la mañana de Lugo y llegar a Madrid para comer, a las 14:45 y volver o más pronto o más tarde repitiendo la operación: salir a las 15:20 y llegar a Lugo a las 22:00 podría estar mejor porque te permite aprovechar la mañana en Madrid.

Pero la gran virtud del tren diurno, el Alvia que se ha puesto tras tantos años de lucha, es que te permite enlazar con otros trenes. Ahora se puede ir a Sevilla, Valencia, Córdoba, Málaga, Cuenca, Alicante… en el mismo día, sin tener que hacer noche en Madrid como si el viaje tuviera lugar en el siglo XIX.

Por si esto fuera poco, han puesto un precio del billete reducido promocional, para darle bombo al asunto imagino, y la ida y vuelta sale en 32,30 €, que te lo gastas en gasolina para llegar poco más lejos de Benavente a la ida. Es un precio estupendo, al menos mientras dure la cosa.

Les voy a poner un caso práctico. Este verano tengo pensado bajar a Torremolinos, que me hace ilusión volver a pasear por la Carihuela y comer pescaditos en Casa Juan, un restaurante al que íbamos cuando era pequeño. Tengo pensado parar de camino tres días en Sevilla, ya de paso. Bajar en tren desde Lugo a Sevilla en el mismo día ya es posible, saliendo de Lugo a las 11 de la mañana y llegando a la ciudad que tiene un color especial a las 20:30. Es decir, que cómodamente en tren nos podemos plantar en nueve horas y media frente a la Torre del Oro. Y encima vas en tren, sin conducir y con la tranquilidad de poder levantarte y andar por los vagones. Precio del recorrido hasta Sevilla (sólo ida, que a la vuelta volvería desde Málaga): 38,80 €. Uno se plantea dejar el coche en casa.

No puedo dejar de dar un último apunte al tema haciendo un homenaje a quien ha luchado como un jabato durante mucho tiempo por la existencia de este tren. Joaquín García Díez, que es de los últimos bastiones que le quedan al Congreso para ser un sitio digno, estuvo persiguiendo a este tren durante muchos, muchísimos años. Quizás por haber mamado el tema ferroviario desde muy pequeño es consciente de la importancia de este transporte para nuestra ciudad, a pesar de que muchas veces se vio casi solo en su pelea. Por fin lo ha conseguido. No es la primera gran cosa que consigue Lugo gracias a su “teima”. Gracias, Joaquín.

viernes, 31 de mayo de 2013

La lengua de los presidentes

España tiene un complejo de inferioridad no sólo de difícil justificación, sino de imposible comprensión para mí, en un tema clave: el idioma. 

Sin ir más lejos, hay un cachondeo generalizado sobre las limitadas capacidades lingüísticas de nuestros presidentes, tanto regionales como nacionales, a la hora de hablar inglés, francés, alemán... A veces la guasa tiene justificación en las formas de hablar, como cuando Aznar dijo aquello de “estamos trabajando en ello” con acento de no se sabe dónde después de una reunión más bien corta con tejanos (me refiero a ciudadanos de Texas -Tejas-, no al pantalón), pero entiendo la ridiculez del acento, nada más. Al menos hablaba en castellano.

No entiendo dónde está el problema en que el Presidente del Gobierno de España no hable inglés, sobre todo cuando nuestro idioma es el más hablado del mundo después del chino mandarín. Más de 435 millones de personas hablan castellano como lengua materna, y cerca de cien millones más lo tienen como segundo idioma.

Presidir un Gobierno no es dirigir la Escuela de traducción e interpretación, y tengo mis serias dudas de que en cualquier otro país del mundo se ponga verde a sus dirigentes por conocer mal los idiomas ajenos. ¿Por qué el jefe del gobierno español tiene que hablar con el del francés, el alemán, el italiano o el inglés en sus idiomas y no ellos en el nuestro? ¿Qué trauma colectivo tenemos para decidir que la lengua más extendida del mundo no es la idónea para comunicarnos fuera de nuestras fronteras? Lo he dicho bien, el más extendido, que el chino como lengua materna lo hablan sólo en China, y ni siquiera en toda, mientras que el español es idioma principal en gran cantidad de países.

Cuando un español va a Italia no intenta chapurrear italiano, sino inglés. Ni siquiera nos percatamos de que el español es muchísimo más parecido al italiano que la lengua de Shakespeare, así que es mejor hablar buen castellano que mal inglés para entendernos en la tierra de Dante.

Tenemos que recuperar el orgullo de lo nuestro, y olvidarnos de esas campañas que, por razones personales en unos casos, políticas en otros, y económicas en muchísimos más, dinamitan desde dentro la idea de que en España también hay grandes cosas. El castellano es una de ellas.

Y, por favor, no se me ponga nadie nacionalista, que no estoy defendiendo nada de fronteras para adentro, estoy hablando de nuestro problema colectivo con los idiomas extranjeros. De lo otro si quieren hablamos otro día, y analizamos si Galicia puede tomar como propio el idioma en que Rosalía de Castro escribió “En las orillas del Sar” o era una víctima del “auto-odio”.

Si hay que cachondearse de cómo hablan nuestros representantes yo me apunto el primero, pero cuando hablan en castellano. A veces dicen unas cosas… y no me refiero al contenido sino a la forma de expresarse, a la incorrección lingüística, a la falta de respeto a la más elemental construcción gramatical. Esos “los ciudadanos y ciudadanas”, la introducción del lenguaje “políticamente correcto”, junto a los torpedos lanzados a la línea de flotación de la estructura de nuestro idioma por simple incultura y poco hábito de leer… Eso sí es dañino, y no que no sepan leer Hamlet en su idioma original.

Pero no leemos ningún artículo diciendo “fíjense que el Presidente ha dicho ‘me voy reunir’ en lugar de ‘me voy a reunir’”, para empezar porque a veces en la prensa no es que se utilice tampoco un castellano muy pulido.

Si queremos que se nos tome en serio en el mundo tenemos que empezar por hacerlo nosotros mismos. ¿Imaginan una campaña contra Cameron porque sólo habla inglés? ¿O contra Merkel porque sólo habla alemán? Yo no, y no sólo no la imagino sino que no me extraña que no exista.

jueves, 30 de mayo de 2013

Los deberes del niño

Un padre ha reclamado y conseguido que le quiten los deberes a su hijo. La cosa va de que hay una orden del 97 que dice que los niños de primaria no pueden tener deberes en el primer ciclo, y que sólo excepcionalmente podrán tener alguno en el segundo y tercero.

Vaya por delante que no soy pedagogo, pero bueno, tampoco somos ninguno futbolista, banquero o concejal y anda que no se opina de esas cosas en los bares, así que vamos al lío.

Creo que lo primero es situarnos, porque con tanta reforma educativa no hay quien se aclare. A día de hoy, la educación primaria tiene tres ciclos, a los que corresponden las siguientes edades: 1º ciclo de 6 a 8 años, segundo ciclo de 8 a 10 y tercer ciclo de 10 a 12 años. Vamos, lo que era antes de primero a sexto de EGB. Por lo tanto, el decreto prohíbe los deberes hasta los 8 años y los pone como algo excepcional hasta los 12.

En segundo lugar hay que definir qué entendemos por “deberes”. Los defensores de su implantación dicen que cuanto antes se empiece con un hábito de estudio, mejor, pero es que nadie dice lo contrario. Los deberes son tareas que los profes mandan para casa porque no les da tiempo a hacerlos en clase, imagino que principalmente porque se pasan la mañana persiguiendo a los gamberros que en su casa no reciben la más mínima educación. Lo de las “tareas de refuerzo”, a los 10 años, en mi opinión no tiene sentido ninguno.

Otra cosa es que tengas un hábito de estudio, que era lo que nos hacían a nosotros: tener una rutina diaria, de merendar y ponerte a repasar lo que hiciste en el cole, porque al día siguiente los primeros 10 minutos eran dedicados a tomar la lección a dos o tres niños al azar. Es decir, que sí había ese hábito de estudio, pero no la carga de tareas que tienen ahora. Es parecido, pero no es lo mismo. Lo primero te inculca responsabilidad, lo segundo presión.

Obviamente yo me baso en mi caso, aunque reconozco que como mi madre hizo magisterio (aunque ejerció poco tiempo) supo echarnos una mano sin hacer las cosas por nosotros, que esa es otra (hay niños que llevan los deberes mejor maquetados que una tesis doctoral). No soy una persona especialmente estudiosa, pero aun así tenía que dedicar todos los días un tiempo a “afianzar conocimientos” porque me mandaban mis padres y de aquella obedecías, ahora no estoy tan seguro.

Los deberes, como yo los entiendo, no deberían existir hasta secundaria como muy pronto. Que un chaval tenga que hacer un trabajo sobre la Revolución Francesa son deberes. Que tenga que leerse el tema porque en clase no dio tiempo a darlo, es reflejo de una mala planificación del calendario lectivo.

Entre la barbaridad de deberes que les mandan para casa y la apretadísima agenda de actividades extraescolares que los papás se obsesionan con que hagan los niños (también hay niños que quieren hacer muchas, que no todo es culpa de los padres aunque creo que sí en un altísimo porcentaje) los pobres tienen menos tiempo libre que Matías Prats, que entre el telediario y los anuncios no debe tomar ni café.

Y son niños, no lo olvidemos. Sus deberes son jugar, mancharse, hacerse heridas en las rodillas… esas cosas que te hacen ser feliz a los 8 años y que luego se pierden para nunca volver. No les quiten eso, por favor.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Monarquías

Aquello de “Santa Rita, Rita” no debe de decirse en ciertos círculos financieros. Como la monarquía está en horas bajas y parece que el Rey ya no es una opción tan rentable como hace unos años, los empresarios que le regalaron el yate Fortuna a Don Juan Carlos piden que les sea devuelto si éste deja de usarlo. 

Aquí hay varios frentes abiertos al debate. El primero es, obviamente, el que nos hace pensarnos con calma por qué cada empresario soltó 600.000 euros, que ya son euros, para juntar los 20 millones que costó el barquito. Quizás sean monárquicos acérrimos, admiradores de Don Juan Carlos, o, simplemente, aspirantes a título nobiliario de la Casa Real, pero no sé, a mí me suena un poco raro soltar esa pasta (insisto, 100 millones de pesetas por cabeza) que casi llegaría para hacer una nueva cafetería en Lugo. No llegaría, pero casi. 

Pero la cuestión riza el rizo cuando ahora se ponen en plan “pues si no lo usas, nos lo devuelves”. Les falta añadir “que ahora ya no nos sales rentable”. El Rey, como es su derecho, le ha cedido el yate a Patrimonio porque no están las cosas para pagar a lo tonto depósitos de combustible de 26.000 euros por llenado, o al menos no están para que los pague él y lo pongamos verde. Si los empresarios querían tener algún derecho sobre el buque, lo suyo sería que le cedieran a Su Majestad el usufructo del tema y no la propiedad, porque los regalos, regalos son, y si no era un regalo, no haberlo hecho. 

Una vez más mi admiración hacia los británicos tiene un pilar de apoyo adicional con el tema de la financiación de la monarquía. Allí saben que su reina es una de las mujeres más ricas del mundo, y también saben cuánto se paga a la Corona por su función. Aquí no hacen más que circular cifras disparatadas en un sentido u otro, como cuando se habla de la financiación de la Iglesia y esas cosas que tanto escuecen en nuestra tierra. 

Pero que la monarquía les cueste un riñón a los ingleses no parece preocuparles demasiado, siempre y cuando cumplan su función. Ya de tener algo caro, al menos que funcione bien, imagino que piensan. Ponen 48 millones de euros anuales de los que el Parlamento revisa las cuentas, al igual que cualquier ciudadano que puede consultar hasta el consumo en papel higiénico de Su Majestad. Así se gana a un pueblo, siendo transparente y profesional. 

Tres hurras por la Reina
(Para ver el vídeo abrir en pestaña nueva)
El otro día, buscando otra cosa en Internet me encontré con un vídeo del “Diamond Jubilee Concert”, que viene a ser una celebración de los 60 años de reinado de Isabel II de Inglaterra. Me pone los pelos de punta ver a esa multitud cantando el “Dios salve a la reina” ante una Isabel II a la que se ve con cara de susto, quizás porque los británicos tienen poca experiencia en mostrar emociones en público de esa manera. 

En nuestro país, si se hace un concierto similar para que alguien trincara comisiones (es lo que parece acostumbrado) en cuanto saliera la bandera de España se escucharían gritos de “¡fachas!" y cosas similares. Es nuestra naturaleza. En el vídeo que les enlazo pueden ver una macro bandera inglesa proyectada sobre el Palacio de Buckingham y a la multitud dándole a la banderita. Impresionante. Supongo que la música también influye, porque en nuestro país no tenemos ningún himno que cantar juntos y eso, quieran que no, une mucho.

Hay veces que siento envidia de lo que veo fuera.

martes, 28 de mayo de 2013

Aparcar en el Fluvial

Hoy no creo que haga muchos amigos con lo que les voy a decir, pero bueno, ya saben que lo de ser políticamente correcto no es lo mío. 

Lo de dar misa y estar repicando está a la orden del día, y muchas personas que deberían estar calladitas salen a voz en grito a pedir que les solucionen problemas que ellos mismos han creado. Quien dice personas dice también sociedades, clubes, asociaciones y organismos, que de todo hay en la viña del Señor. 

La primera parte del lío fue la peatonalización (en mi opinión obvia) del llamado puente romano. Aquí quienes protestan son quienes mantuvieron no sólo un silencio cómplice con una obra faraónica que no sirve para nada (el mamotreto ese que cruza las aguas río abajo) sino que aplaudieron fervorosos al “superministro”, hoy en el banquillo, que les iba a arreglar la vida. Pues se han lucido. 

Ahora le toca el turno a los aparcamientos del Club Fluvial. Tras décadas de mamoneo en que intentar dejar el coche en la zona o, lo que es peor, cruzar por allí para ir a otro sitio, era una hazaña, el Ayuntamiento dice que va a peatonalizar la calle que lleva a la veterana sociedad y la lía parda. Por supuesto, ante las previsibles protestas, ahora matizan y dicen que no, que no van a prohibir pasar sino a “ordenar” la zona. Pues oiga no es tan difícil decir las cosas bien a la primera. 

A veces parece que empiezan por un planteamiento de máximos para poder rebajarlo y parecer razonables, y si nadie dice nada, pues ya saben “si cuela, cuela”. 

Comprendo que es un coñazo ir al Fluvial sin coche, o usando esos transportes públicos que en Lugo nos escuecen tanto, pero eso de que haya un atasco continuo en una zona porque hay una sociedad privada tampoco lo acabo de ver muy claro. 

El gran problema de todo esto es que no tiene una fácil solución. En la zona no hay terrenos disponibles para poner aparcamientos, ya que frente al Fluvial lo que hay es un talud casi vertical de difícil habilitación para vehículos, y las cabras son incomodísimas como montura. 

Qué quieren que les diga, en otras zonas de la ciudad (léase zona centro) sí hay espacio físico para aparcar y nos tienen machacados con la ORA y la reducción de plazas cada vez más acusada. No me entiendan mal, no se trata de un “si me jodo yo se jode todo el mundo”, sino más bien de no aplicar esa asimetría que ahora parece que está tan de moda. 

Creo firmemente que la calle Fermín Rivera (se llama así, ya saben…) debería reorganizarse con criterios objetivos. Buscar la seguridad, la fluidez del tráfico y el máximo de plazas de aparcamiento que permita el respeto a los dos primeros criterios. Si salen 40 plazas, salen 40, y si salen 20, salen 20. Y tal vez no estaría mal permitir una pasarela de madera que cruce el río entre el Fluvial y la orilla contraria para dar un nuevo acceso desde una amplia zona de aparcamiento. 

Evidentemente el problema es que hay muchos socios en el Fluvial y muy pocas plazas para aparcar. Ese problema ya existe, así que imaginen si se reducen aún más las plazas. Pero, y sé que esto no va a gustar, eso es un problema del Ayuntamiento sólo hasta cierto punto. La administración tiene que velar por la seguridad y que el tráfico sea lo que tiene que ser, no por facilitar el acceso a los jugadores de paddle o como demonios se escriba. Si a la sociedad no le llegan las plazas, que sacrifique parte de su terreno y haga un aparcamiento, si es lo que los socios quieren. 

Si yo fuera el Ayuntamiento les daría una opción: poner una línea de autobús que pase por delante del Fluvial para que puedan dejar el coche en casa, aunque sé que el deporte sólo se hace desde que se cruza la puerta del gimnasio, y no andando hasta la parada de autobús, que eso es como muy proletario. 

De todas formas, y sin quitar la razón al Ayuntamiento en querer meter mano en esa calle, que da pena, les diré que es sorprendente que hoy mismo se vayan a aprobar 600.000 euros de subvención a una entidad privada mientras que a otra, más utilizada por el “deporte de base” se le pongan palos en las ruedas. No me acaba de encajar. También llama la atención tanta preocupación ahí y tan poca con el embotellamiento que hay en la conexión con la carretera vieja de Santiago. Y eso que la casa que provoca el tapón está en venta...

lunes, 27 de mayo de 2013

Élites universitarias

La lio Umberto Eco hace unos días al decir que la universidad ha de ser elitista. Es la típica declaración que si no viene seguida de una larga y sesuda explicación te hace quedar como un snob, que como deberían ustedes saber, y si no ya estoy yo aquí para informarles, es una abreviatura inglesa (s.nob.) que significa “sine nobilitate”, es decir, sin nobleza. 

No sé en qué sentido dijo lo que dijo el señor Eco, y me da pereza leer la conferencia completa. Si han leído ustedes “El nombre de la rosa” se habrán percatado de que este señor dice con miles de palabras lo que se puede resumir en unas pocas frases. Debe de ser una de las pocas obras que mejora notablemente con la película. Además, un libro que está escrito en una parte considerable en latín sin que se molesten en incluir la traducción al idioma que uno pretendía leer es un signo, como poco, de pedantería. 

Pero aun así, le tengo que dar la razón al señor Umberto Eco, siempre y cuando lo haya dicho por lo que yo quiero imaginar que lo ha dicho. La universidad ha de ser elitista sin lugar a dudas. El otro día leyendo comentarios sobre el tema en La Voz de Galicia la gente se echaba las manos a la cabeza cuando leía esto, pero porque tenemos la tonta manía de llevar todo al campo económico. Si a veces damos asco. 

Personalmente estoy convencido de que no todo el mundo debería poder estudiar una carrera, y que es fundamental que en este país las profesiones que no son de cuello blanco también sean reivindicadas como algo digno. No sé ahora cómo están las cosas entre los adolescentes, pero en mi época de estudiante la universidad era la salida “natural” desde COU y a la gente que hacía algo tipo F.P. casi se les miraba mal. Yo ahí, quizás porque pasé antes de eso por el trago de trabajar un poco (recuerden la historia del mono azul, aunque tampoco me voy a hacer aquí el niño explotado, que no es eso), no le daba mayor importancia a elegir una u otra salida. 

Ahora bien, ¿el elitismo ha de ser económico? Rotundamente no. Es una obviedad que la universidad tendría que elegir a sus alumnos siguiendo criterios exclusivamente académicos y, una vez realizada la lista de admitidos siguiendo ese baremo, evaluar la economía de cada cual y, si resulta que el aspirante no tiene medios, proporcionárselos. La universidad ha de ser el centro de estudios de los mejores, no de los más pudientes, así que no me vengan con que el elitismo que yo defiendo es de pijos, porque nada más lejos. 

Por supuesto mi plan crea dos inconvenientes evidentes. El primero es decidir qué hacemos con las universidades privadas. Si dejamos abierta la puerta a que estas empresas, que es lo que son, admitan a la gente a las carreras que imparten con libertad entonces sí crearíamos una coladera para niños tontos hijos de gente rica. Lo contrario, ponerles trabas en ese sentido, rechina duramente con mi convicción liberal… dura confrontación entre principios… 

Facultad de Ciencias Políticas de Santiago,
donde lo pasé como un enano

Se me ocurre, sin darle muchas vueltas, una solución intermedia: instaurar una prueba general para cada grado (me gustaba más cuando se llamaban licenciaturas) para poder obtener el título si estudias en la privada. Es lo que tiene el sector público, que tienes la sartén por el mango al redactar tú las normas, pero tiene su lógica. Obviamente las universidades públicas ya cumplirían el mínimo requerido, ya que son las que marcan la pauta, con lo que en las privadas sería de sentido común que, para poder equiparar el título, sus estudiantes demostraran los conocimientos que se adquieren en la otra. Es una posibilidad. 

El otro problema es que si los críos vienen de colegios privados es muy común pensar que se les van a inflar las notas para colarlos en la universidad que quieran. Bueno, eso es tan sencillo como hacer un examen de ingreso, y ya está. ¿Es duro? Por supuesto, pero también lo son las oposiciones y nadie pone en duda su idoneidad para la selección de personal público. 

Lo que está claro, en mi modesta opinión, es que no tiene sentido que cualquiera, por zote que sea, tenga libre acceso a unos estudios que nos cuestan una pasta como colectivo (no creerán que con la matrícula se paga todo el curso, ¿verdad?). Hay que poner un límite y me parece inaceptable que esa barrera sea económica. 

A la universidad, los mejores. Di tú que yo probablemente no habría podido poner un pie en Santiago si hubieran seguido mi propio criterio, pero las convicciones no siempre tienen que estar de acuerdo con lo que a uno le interesa.