lunes, 14 de enero de 2013

La caída del caballo de Bao

Aunque ya no debería quedarme capacidad de asombro, y así lo he manifestado en varias ocasiones, les juro que hay veces que no sólo se me van las cejas hacia la parte más alta de mi frente, sino que incluso leyendo el periódico hay días en que se me escapa alguna exclamación que, imagino, hará pensar a los de alrededor que estoy como una cabra (lo cual tampoco me creo en situación de discutir, ya que dicen que todos los locos se ven como cuerdos a sí mismos). 

Pues el sábado me pasó esto. Leo lo siguiente: “El BNG propone que la ordenanza municipal potencie el uso de la bici”. Nada como para asustarse… si no recuerdas que el 5 de noviembre votaron a favor de la ordenanza que ahora pretenden modificar. 

Vale que la política, tal y como se entiende desde el fango, es el arte de decir lo que te conviene y no lo que crees que has de decir, pero hombre… esto es reconocer pública y notoriamente que en los plenos votaban lo que les mandaban, y no lo que creían que era bueno para la ciudad. Si alguien ve alguna grieta en el razonamiento les ruego que me lo indiquen. 

El 20 de noviembre, quince días después de votar a favor de la ordenanza, el BNG dejó el gobierno porque su socio no dimitía como alcalde (recuerden que fueron ellos los que le dieron el sillón), y ahora nos vienen a decir que no, que la ordenanza no está bien y que hay que cambiarla. ¿Alguien más ve una correlación entre ambos hechos, o es cosa mía? 

También puede ser que como Paulo de Tarso, más conocido como San Pablo tras su famoso encuentro con la voz de Jesucristo que le hizo caerse del caballo (hoy tráfico multaría las revelaciones igual que hablar por el móvil, que por lo que se ve son peligrosas), Antón Bao haya visto la luz gracias a las dioptrías que corrige el no estar en el gobierno. Ya veo a Miguel Indurain  rodeado de un halo de luz y diciéndole a Bao: "Antón, Antón, ¿por qué me persigues?"

En cualquier caso, bienvenidos al sentido común. Aunque la noticia sólo hablaba de que ahora defienden un uso más razonable de la bicicleta del que contempla la normativa que ustedes mismos aprobaron junto a su exsocio el señor Orozco, confío en que una de sus 12 alegaciones a la ordenanza vaya también dirigida a evitar que nos puedan cascar una multa por andar por la acera izquierda de una calle. Se lo digo porque a lo mejor la revelación sólo les hizo caer de la bici y no se fijaron en ese detalle.

Es lógico que cuando uno hace un pacto de gobierno sacrifique ciertas cosas. Lo suyo sería charlar amigablemente con los otros concejales sobre los asuntos que están sobre la mesa y, en caso de desacuerdo, tirar como buenamente se pueda pero sin permitir que se usen los votos propios para aprobar barbaridades. Sin embargo, por lo que se ve, lo que se reducen a hacer es dejar parcelas de gobierno al socio y no meterse en donde no les llaman, comulgando con ruedas de molino en forma de multas a peatones o ciclistas por hacer cosas que nadie podría ver ilógicas. 

Eso es, queridos amigos, lo que realmente supone un pacto de gobierno. Es un mero reparto de la tarta de gobierno en que cada cual se mira el ombligo y no osa poner en duda el criterio del copropietario de la institución de que se trata. 

Y luego pretenderán que un servidor no tenga en baja estima los bipartitos. Bueno, en mi caso les importará un cuerno, era un decir.

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