viernes, 20 de diciembre de 2013

Una mole por otra


Por lo visto tirar las torres del Garañón cuesta 52.000 euros. No es un mal precio, la verdad. Creo que si hacemos una colecta para darle la patada, a pesar de la gran crisis existente, conseguiríamos cargárnoslo con mucha facilidad. Incluso podríamos vender los cascotes para que las empresas y particulares que pongan pasta se puedan llevar un trozo a casa cual muro de Berlín a la lucense.

El problema no viene de esos 52.000 euros, sino de los muchos millones que costaría indemnizar al promotor. El propio señor Orozco cifró que sólo por la urbanización de la parcela hablaríamos de unos 19 millones de euros, más el llamado “lucro cesante”, que es la pasta que dejaría de ganar el promotor.

Esto sería objeto de un largo debate, incluso habría posibilidades de que no hubiera que pagarle, pero para evitar esa situación ya se encargó el señor Alcalde de firmar un oscuro convenio que se celebró a puerta cerrada en el Ayuntamiento un sábado día 31 de diciembre de 2005, día en que los funcionarios no trabajan (por ser sábado y por ser fin de año), documento en que garantizaba al constructor una indemnización si por lo que fuera la obra no llegaba a buen fin.

Si ustedes han pedido una licencia para cualquier cosa supongo que sabrán que no es lo normal, firmar semejante cosa. No sé si les han dado esas garantías en su caso, pero yo, que alguna obra he hecho en mi casa, me tuve que limitar a pagar las tasas y presentar la enorme montaña de papelotes que me exigieron sin dejar resquicio a la negociación.

Lo del Garañón me trae a la memoria la antigua Frigsa, aquel enorme edificio que estaba donde ahora hay un solar y parte del campo de fútbol de Duquesa de Lugo. La obsesión de Orozco fue tirar ese edificio en su primer mandato. Es una pena que su obsesión no sea tirar el Garañón en el que puede ser el último. No ha cambiado una mole por otra. Yo prefería Frigsa. Estorbaba menos a la vista.

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