jueves, 25 de febrero de 2016

Un merecido homenaje

Tres amigos, concretamente Daniel, José Luis y Pepe, propietarios respectivamente de tres negocios de hostelería (Taberna Daniel, Restaurante Anda y Restaurante La Barra) están organizando un homenaje a mis padres por su jubilación, tras el cierre del Verruga del pasado diciembre.

Empiezo por concretarles los datos para animarles a ir. Será el próximo martes día 1 de marzo a las 21:30 en La Palloza, y las tarjetas para asistir las pueden retirar en Taberna Daniel, el Restaurante Anda y el Café del Centro, al precio de 50 euros, que incluyen tanto la propia cena como un detallito que se les haremos entre todos.

Hay que decir que es todo un puntazo que estas tres personas hayan decidido espontáneamente organizar esto, y que se agradece sobremanera. Sé que hay programado otro homenaje, más “institucional” de la asociación de hostelería, pero si les soy sincero éste me suena mejor, porque aunque nadie tiene obligación de nada, los tres amigos que decidieron tomar la iniciativa no tenían más criterio que el del cariño.

De la fiesta en sí no les puedo contar gran cosa, ya que aún no ha sido como es obvio, salvo que probablemente el día 2 el blog se retrase bastante porque las cenas es lo que tienen. De hecho lo más normal es que lo escriba el día 1 por la tarde y lo deje preparado, cosa que suelo hacer por las noches pero que esta vez adelantaré unas horas. Ya veremos.

Sí les puedo decir que desde que el Verruga cerró me he enterado de cosas que no sabía ni que existían. Como estamos vendiendo por internet la maquinaria, menaje y esas cosas la gente me llama preguntando por aparatos que me parecen más de Star Trek que de una cocina: armarios congeladores que enfrían los platos en minutos, descongeladores industriales, envasadoras, embolsadoras y similares… cosas que nunca he relacionado con la cocina de un restaurante porque la filosofía del Verruga era otra.

La semana pasada me dio la venada de ira la librería Trama a ver si tenían el libro de cocina que utilizaba mi abuela, el de Picadillo. Para que se hagan a la idea la primera edición es de 1905, y pretende, como dice el propio autor, hablar de una cocina tradicional: “Sin pretensiones, modestamente, y guiado del único propósito de escribir una obra culinaria que responda a las necesidades de la vida práctica, emprendo esta tarea. En esta obra no encontraréis platos catedrales que nuestros cocineros modernos conocen con el nombre de platos montados. No, nuestros platos han de ser completamente de a pie, o de Infantería, como si dijéramos”. Estas palabras, escritas hace más de un siglo, serían perfectamente aplicables hoy día. Les recomiendo el libro, que además tiene su punto divertido.

De las cosas que más me han llamado la atención es que no da cantidades. El “ojímetro” que utilizaba mi abuela o que sigue siendo seña de identidad de mi madre no deja de ser la aplicación del sentido común al mundo de los fogones. Es cierto que para los novatos es algo que se encara con temor, pero hasta que se te quema o te queda soso un plato o dos, luego se te pasa el miedo.

Lo que les decía. Mi abuela usaba ese libro como cabecera, aunque también tenía un paladar tremendo y cuando probaba por ahí algo que le gustaba hacía su propia versión. Mis padres igual, y un ejemplo son los mejillones que ponían de tapa y que tan populares eran, son adaptados de unos que probaron por ahí.

Con esos mimbres imaginen la cara de susto que se me ponía cuando me preguntaban si entre los cacharros que tengo en Internet estaban esos chismes cuya existencia ni conocía. Los fogones del Verruga eran como los de nuestras madres o abuelas pero a lo bestia, siguiendo esos viejos principios que hacen que la comida sea comida y que sea sencillo distinguir una cocina de un laboratorio genético.

En fin, les animo a venir a la cena del martes que viene. Será divertida. Les dejo aquí un enlace a una entrevista que les hizo ayer Isidoro Valerio en RadioVoz a Daniel y José Luis, en que también llamaron a mi madre y no metió la pata de milagro porque no sabía que la iban a llamar.

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