lunes, 20 de marzo de 2017

Zonas... ¿peatonales?


Que las zonas peatonales son para los peatones parece un punto de sentido común. Ampliar su uso a las bicicletas puede tener sentido siempre y cuando se cumplan esas tres reglas de oro que los ciclos han de cumplir cuando transitan por una zona que en realidad no es la suya: prioridad absoluta del peatón, velocidad moderada y ausencia de maniobras que puedan suponer el más mínimo peligro para el viandante.

Sin embargo en este Lugo nuestro las cosas son más complejas, porque parece que lo que todos vemos no es tan obvio para nuestras fuerzas de seguridad. Por ejemplo, La Voz de Galicia del sábado traía en portada unas fotos realizadas en la Plaza de España en que un repartidor bajaba alegremente entre los críos que jugaban no tan tranquilamente, y aparcaba en medio y medio del paseo peatonal para ir a llevar un pedido a un local. Y se quedó tan ancho.

El tema de los repartidores es difícil de enfocar. Tengo amigos que en su momento hicieron esa función y te explican lo complicado que es cumplir a tiempo con las obligaciones laborales, una tarea que se convierte en imposible si se cumplen todas las normas de tráfico. Además, su mísero sueldo solamente se complementa con las escasas propinas que reciben, y que aumentan únicamente por una cuestión estadística si hacen muchos repartos.

Uno de los habituales puntos donde la zona peatonal es teórica
Pero no solamente pasa eso en el centro ni solamente con repartidores. El domingo por la mañana, aprovechando el engañoso sol (ya saben, algo para el cuello es básico a determinadas horas) me fui a tomar algo con un amigo a la terraza que han puesto junto al puente romano. En una hora y poco pasaron un mínimo de cinco motos por el viaducto, supuestamente peatonal, y no todos estaban trabajando, sino que alguno simplemente iba de paseo, y esto lo sé porque aparcó a mi lado para irse a andar por el margen del Miño.

Aquí no se trata de decir "es que los ciclistas son..." o "los moteros hacen...". Somos los mismos. Las mismas tontadas que hacemos cuando cruzamos la calle en rojo, por un sitio donde no hay paso de peatones, o cuando dejamos el coche en doble fila son las que se hacen en bicicleta o moto. No es el vehículo el culpable sino el conductor, con la diferencia de que si vas andando, bici o moto eres más vulnerable con lo que es más peligroso tener un accidente. Pero no colectivicemos que no hablamos de eso sino de un comportamiento general, ciudadano.

La tarea del Ayuntamiento en cuanto a la relajación del tráfico estableciendo en la ronda un límite de 30 kilómetros por hora me parece una buena idea, pero sumamente incompleta. Lo de tomar medidas de choque contra los excesos al volante es importantísimo, pero como ya hemos dicho varias veces no se puede hacer mediante improvisaciones ni medidas que solo buscan portadas en los periódicos y llamar la atención, aunque esto sea un efecto no necesariamente negativo.

Hacer cumplir las normas es esencial pero no todas tienen el mismo rango. Que una moto pase a toda leche por una zona peatonal ha de ser una excepción achacable únicamente a un momento puntual y que ha de ser sancionado. O en una bici, me da igual. Pero parece que aquí hasta que el curioso calendario de “tareas pendientes” marque que es el momento de sancionar eso seguirán haciendo la vista gorda mientras cualquier ciudadano sabe dónde y a qué horas hay que estar para pillar a quienes protagonizan estos comportamientos.

No es tan difícil... si se quiere, claro.

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