miércoles, 21 de agosto de 2019

''Poner en valor'', el falso argumento que sorprendentemente cuela

El Museo Británico, la joya de la corona cultural de Inglaterra "no tiene valor" para algunos porque no se cobra entrdada.
Sus cinco millones de visitantes imagino que disienten, yo desde luego sí.
No soy la persona más tranquila del mundo, hay que reconocerlo. A pesar de ello, y de que hoy el Deán de la Catedral me llama mentiroso en un artículo de La Voz de Galicia (y eso que no he faltado a la verdad en ningún momento), no voy a responderle por varios motivos, el principal de los cuales es el aprecio personal que siento por Mario y que comprendo que esté molesto porque esta polémica vuelva a la prensa. Además, enzarzarnos en un cruce de artículos no creo que sea el camino del entendimiento y el objetivo es precisamente hablar serenamente de este asunto.

Así que hoy les voy a hablar del tema pero sin tocar el tema. Es decir, que sin entrar al caso concreto de nuestra Catedral, me gustaría intentar rebatir el argumento más típico que leo en redes y que justifica el cobro de entrada a ciertos lugares históricos: la “puesta en valor”. Es el mismo mantra que se utiliza para defender cobrar por subir a la Muralla de Lugo, y que se basa en que lo que no se paga no se considera importante. Me pregunto si los cinco millones de visitantes al año que tiene el Museo Británico (por cuyo acceso no se cobra entrada) van a merendar o a pasear sin hacer caso de lo que ven y “no le dan valor” porque no se dejaron cinco libras en la taquilla. Para que se hagan a la idea tiene más visitas ese museo que toda Galicia junta, y Londres no es que sea una ciudad barata con lo que podrían generar ingentes ingresos por el acceso. No lo hacen, precisamente porque le dan valor.

El concepto de “dar valor” se confunde interesadamente con “monetarizar”, es decir, que el valor lo tiene para el que percibe el importe de la entrada. Lo que me sorprende es que haya usuarios que compren ese discurso, probablemente porque creen que no les afecta ya que ellos no van a pagar, bien porque no entran en el universo de cotizantes (es decir, los lucenses exentos por pagar en la Muralla si se diera el caso) o porque les importa un bledo el lugar y no piensan pagar por visitarlo (algo más triste pero probablemente más acertado).

El Ayuntamiento de Lugo también “puso en valor” las salas arqueológicas locales… y tuvo que dar marcha atrás y volver a poner el acceso libre y gratuito, porque la realidad es tozuda, y por mucho que nos vendan cientos de miles de visitantes en tres días a una fiesta los euros no se los pueden inventar como las cifras de turistas y ahí la caja no da. El Museo Provincial, sin embargo, nunca ha cobrado y siempre fue más visitado a pesar de no “darle valor”.

En esta sociedad asquerosa que tenemos montada entre todos el mensaje es que solo lo que tiene dinero de por medio es “valioso”, pero eso es una realidad virtual que crean quienes pretenden convertir todo en un mercadeo económico, lo que choca más en entidades como la Iglesia cuyo contenido se supone más espiritual que material, por mucho que haya de mantenerse en la práctica.

El problema es que se usa la ley del embudo, y el argumento solo vale cuando interesa. Por ejemplo, si yo les doy la razón para que cobren entrada en ciertos lugares, entiendo que la consecuencia lógica es que pasa de ser un bien común a una actividad económica, y que como tal se ha de sostener por sí misma y pagar todos sus impuestos como los demás negocios. Por lo tanto, retiremos las subvenciones, el mantenimiento, las exenciones impositivas y las ayudas y dejemos que el Mercado decida si el tema es rentable o no y, por lo tanto, juzgue el éxito de esa “puesta en valor”.

Sostenemos muchos monumentos con nuestros impuestos, por lo que el que se nos cobre otra vez por verlos es un “copago” o un “repago” que enerva a todo el mundo cuando hablamos de educación o sanidad, pero no si se trata de patrimonio o cultura, lo que francamente dice poco de nuestra visión global.

martes, 20 de agosto de 2019

Expulsados de la Catedral

La Catedral de Rochester ha sido equipada con un minigolf. Otras tienen toboganes.
Ya puestos a convertir el asunto en un negocio turístico, hacerlo bien.
En nuestra Catedral se ha implantado el pago por acceder al templo, y ya hay ciertas protestas por la gestión del asunto. Desde el hecho de que los cascos que te prestan no son desechables, lo que genera dudas sobre la limpieza y salubridad de los mismos, hasta la indiscutible carencia de personal para atender las instalaciones.

Pero todo esto es relativamente secundario a pesar de las graves consecuencias para algunas personas. Aquí, viendo el tema en perspectiva, se trata de algo más grande: ¿se debe cobrar por entrar en una Catedral? Santiago ya ha dicho rotundamente que no, y no es que esa diócesis le tenga alergia a los ingresos económicos como ha demostrado reiteradamente, sino que es una línea que no están dispuestos a cruzar. En Lugo es algo que incluso podría ser conflictivo desde el punto de vista del derecho canónico dadas las características de nuestra Seo. No podemos olvidar la Exposición Permanente del Santísimo, un privilegio recientemente renovado por el Papa Francisco y que hace que en realidad se esté cobrando entrada por ver a Dios, cosa que no parece demasiado adecuada desde la perspectiva de la fe.

En este tema todos tenemos cierta responsabilidad conjunta como sociedad. La Catedral necesita mantenerse, y para ello se hicieron campañas como la de las visitas a los tejados o la renovación del Museo Diocesano, unas magníficas instalaciones que debimos haber promocionado entre todos para garantizar una sostenibilidad para el conjunto. No lo hicimos, y ahora han tomado esta decisión.

Convertir la Catedral en un parque temático no parece que sea la solución. Los creyentes se sienten expulsados de su templo y sienten que ya no es “su Catedral” sino una atracción turística. Quizá deberíamos sentarnos todos a hablar y ver fórmulas alternativas.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 20 de Agosto de 2019

lunes, 19 de agosto de 2019

Bendito móvil (hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad)


Sí, hay dependencia del móvil, pero la culpa es nuestra.
Cada vez detecto una mayor tendencia a demonizar la tecnología. Lo de la “esclavitud del móvil” es una realidad, pero quizá no se trate tanto del medio sino del uso que hacemos de él. A mí también me pone nervioso ver en los conciertos a la gente mirando a la pantalla de su móvil en vez de al escenario, pero eso es como el que usa el coche para hacer carreras por la Ronda de la Muralla (ya saben de qué hablo), el problema no es la herramienta sino su forma de utilizarla.

Este fin de semana, por motivos familiares, tuve que ir a Madrid el sábado y volver a Lugo el domingo, y ahí es cuando te das cuenta de lo mucho que hemos evolucionado con la tecnología en ciertas cosas.

Estaba en Foz el sábado por la mañana cuando supe que tenía que irme y no quería llevar el coche salvo para el trayecto Foz-Lugo porque era una paliza de conducir así que recurrí al móvil para ver qué posibilidades tenía.

Para el viaje de ida ya no había autobuses ni trenes (salvo el tren nocturno, por el que te cobran más que ir y volver en el ALSA y encima vas en litera compartiendo compartimento con desconocidos) así que recurrí al Blablacar, una aplicación que solo había usado como conductor. Vencida la resistencia que produce eso de meterte en un coche que guía un desconocido (a lo que ayudan los comentarios de otros usuarios, por lo que es siempre interesante dejar una opinión en estas cosas para los demás) la verdad es que es una forma cómoda de viajar.

Blablacar, una forma de compartir coche de forma sencilla y rápida. Fíjense en los comentarios siempre... eso ayuda.

Tras dormir en Madrid (lo que también solventé mediante el móvil), está el tema de cómo desplazarse en la capital del reino. Tiene un sistema de transporte público maravilloso, probablemente de los mejores del mundo, pero reconozco que yo me entiendo mejor con el Metro que con los autobuses urbanos de allí porque me resulta más sencillo… y a donde iba no había Metro. De nuevo la tecnología corrió en mi ayuda. Me bajé una aplicación para alquilar motos eléctricas que hay por todas partes en la ciudad, y con el propio teléfono la desbloqueas, la coges y la dejas donde quieras. Funciona como el sistema de préstamo de las bicicletas de las que les hablé hace tiempo de Budapest (pero con la ventaja de que aquí no hay “bases” así que tienes más libertad de acción) o como los patinetes eléctricos esos que hay ahora en las grandes ciudades… una maravilla.

Te coges tu moto eléctrica, te vas a donde quieras, la dejas y te contabiliza el tiempo usado. En una moto de esas cruzar Madrid te lleva 20 minutos y te cobran 25 céntimos por minuto… más caro que el Metro, por supuesto, pero muchísimo más baratas que otras opciones como taxi o Uber y encima con la tranquilidad de ir disfrutando del trayecto por libre.

Las motos eléctricas, una forma comodísima de moverse por Madrid.
Además no tienes tantos problemas para aparcarlas como los coches que siguen el mismo sistema.

Una vez hice lo que tenía que hacer (a lo que fui, quiero decir) me volví en el autobús. Había reservado un billete para el de las 18:30, pero como acabé antes de lo que pensaba pude cambiarlo, también desde el móvil, para las 16:45 y a las once de la noche estaba en casa.

El bus, a día de hoy, sigue ofreciendo más alternativas y a mejor precio que el tren en Lugo.

La evolución técnica no es mala, malo puede ser el uso que hacemos de ella. Un amigo me pasó un artículo hace poco en que se habla de cómo “desintoxicarse” de la dependencia tecnológica y creo que contiene grandes verdades aunque no comparto la receta final. Habla, por ejemplo, de volver a usar las cámaras de carrete para centrarte en el momento de hacer cada foto. Tengo amigos que captan imágenes espectaculares, cuidadas y muy buenas con su móvil (de hecho mi marido hace unas fotos preciosas para las que yo no tengo paciencia) y no necesitan pensar que solo tienen 24 disparos. Es cuestión de centrarse.

Hoy se pueden hacer cosas desde el teléfono que hace unos años casi no solventábamos ni en persona, todo tiene sus ventajas, y como diría don Hilarión, “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Cámaras para multar pero no para proteger

Cámaras para multar, pero nuestros monumentos siguen sin protección.
Estos días nos encontramos con dos noticias que aparentemente no están conectadas pero que, si lo piensan un poco, sí tienen mucho que ver.

La primera es la de la nueva agresión sufrida por la Muralla Romana de Lugo, a la que unos vándalos le arrancaron unas cuantas piedras que, una vez más, acabaron tiradas en el paseo interior con la fortuna de que esta vez no se usaron para romper ningún cristal o que no le dio en la cabeza a nadie. La segunda es que el Ayuntamiento instalará cámaras para controlar los accesos de vehículos a la zona peatonal del casco histórico, sustituyendo el actual sistema de bolardos por ese de videovigilancia.

La pregunta que me hago es la siguiente: ¿por qué se puede plagar la zona histórica de Lugo de cámaras para sancionar a conductores que se metan por donde no deben (lo cual me parece fantástico, dicho sea de paso) pero no para proteger nuestro patrimonio? ¿Qué lógica tiene que sea sencillo y no haya problemas en poner a grabar a todo cuanto coche entra en la zona peatonal pero no se puedan instalar frente a la Muralla, la Catedral u otros elementos patrimoniales para disuadir a los gamberros de entretenerse destrozando nuestra Historia?

Es curioso el silencio de los que normalmente afirman que la presencia de dispositivos de grabación suponen una intolerable intromisión en nuestra intimidad, un razonamiento con el que no estoy de acuerdo ya que serán las fuerzas del orden las que vean la grabación si es que es necesario porque ocurre alguna barbaridad (lo de las piedras de la Muralla o el derribo de la estatua de San Vicente de la Plaza del Campo) y al menos se podría encontrar a los culpables… pero no se pondrán para eso, sino para recaudar por multas y nadie dice ni pío.

No me gustan las cámaras, pero las considero un mal menor dadas las circunstancias, y desde luego lo que es obvio es que si se pueden usar para sancionar, también se pueden usar (con más motivo) para proteger.

martes, 13 de agosto de 2019

Respaldemos al personal de enfermería

Protestas de enfermería - Foto: La Voz de Galicia
Las protestas del personal de enfermería del SERGAS son noticia en Galicia, como es evidente, pero no son nada nuevo en el panorama nacional. En Andalucía, Cataluña, Valencia e incluso en el País Vasco, donde parece que atan a los perros con longanizas, se han producido protestas similares por motivos parecidos. En todos ellos se ve una generalizada oposición a la forma de gestionar la sanidad por parte de gobiernos de diferentes partidos políticos con lo que parece que el mal no está tanto enraizado a unas siglas como a una situación administrativa caótica derivada de la tendencia de la administración a ser permisiva con los abusos… que ella misma comete, claro está.

Todos los partidos dan las mismas respuestas: “atenderemos el servicio”, “reforzaremos las plantillas”, “destinaremos más medios”… bla, bla bla… todos en futuro, ninguno en presente, y todos se desentienden de la patata caliente que supone en realidad este tema, cuya importancia es difícil magnificar porque ya es enormemente grave de por sí. 

Para empezar, tengo que decir que me parece inaudito que una persona que tiene pocos años de profesión pueda acumular cientos de contratos, y esto es literal. El ejemplo más conocido, por su popularidad, es el de Héctor Castiñeira (el creador de la archiconocida “enfermera saturada”), que con 14 años de profesión firmó más de 600 contratos. Algunos gastan resmas de papel en imprimir sus vidas laborales, que si a una persona “normal” le ocupan un par de folios, a esta buena gente le cubre hojas y más hojas de vergonzosos contratos de un día o hasta unas horas de duración.

Y lo que es peor, las personas de este mundillo te cuentan que les llaman de un día para otro e incluso de la mañana para la tarde, con lo que cualquier tipo de planificación de vida que puedas pretender tener se va al garete porque no atender la llamada de “las listas” te supone penalizaciones que hacen peligrar tu futuro laboral. Pónganse en situación, no hablamos solamente de poder pagar una hipoteca con cierta tranquilidad, sino de cosas más de andar por casa como ir a un cumpleaños, cogerte vacaciones o pasarte un fin de semana con unos amigos. Todo está subyugado a la llamada que no puedes ignorar. Y así durante los doce años que te puedes tirar (si no más) en esa situación hasta que consigues plaza fija, si es que tienes suerte.

¿Qué clase de país puede consentir que la administración pública tenga esclavizado de esa manera a un colectivo de personas? ¿Dónde están la seguridad laboral, la conciliación familiar, la dignidad del trabajador e incluso el más elemental sentido común? ¿Qué le pasaría a una empresa que pretendiera hacer semejante salvajada con las vidas y horarios de sus empleados? A esto último es a lo único que puedo responder con seguridad: les caería una multa de órdago, y bien merecida la tendrían.

El colectivo sanitario no ha de ser mejor tratado que otros a pesar de su vital importancia, ya que todas las profesiones son probablemente necesarias (bueno, de algunos “profesionales” que se ven en la tele berreándose groserías unos a otros podríamos prescindir) y es muy complejo poner escalas… pero por lo mismo tampoco ha de ser peor tratado. No comprendo cómo se consiente que la todopoderosa administración pueda hacer la vida imposible a miles de trabajadores sin que los demás mostremos la más mínima empatía…

No tengo la fórmula, y al ser un mal tan extendido supongo que las soluciones simplonas no serán efectivas, pero al menos creo importante que todos lo tengamos en cuenta. Piénsenlo cuando vayan a urgencias o a cualquier consulta médica y, por lo menos, ofrezcan a quienes les estén atendiendo una sonrisa. No cuesta nada y que al menos quienes viven pendientes del teléfono para saber si trabajarán mañana se sientan respaldados por todos. Es lo mínimo.

lunes, 12 de agosto de 2019

Las (inútiles) ventanas arqueológicas de Lugo

Las ventanas arqueológicas de Lugo no permiten ver nada... ¿alguien ha calculado cuánto se ha gastado en hacerlas y sus continuas reformas que no han logrado absolutamente nada?

Con lluvia la condensación las llena de agua, con sequía se ven opacas, con luz no se ve nada y a oscuras tampoco. Las ventanas arqueológicas son un absoluto y rotundo fracaso en Lugo y desde que se pusieron hace más de una década sólo han generado gastos, molestias y no han cumplido jamás su función.

Las más grandes, que son la del acueducto romano que está frente a la Diputación y la de la “piscina” romana junto a la Catedral (lo de “piscina” lo pongo entrecomillado porque no me creo que sea tal cosa) son las más salvables porque de vez en cuando se ve algo. Sobre todo la segunda, la de la Plaza Santa María, es la que más habitualmente merece el nombre de ventana arqueológica, ya que es la mejor iluminada, la que no suele parecer un jardín botánico y la que deja ver algo con claridad. El resto hay que reformarlas o, llegado el caso extremo, taparlas porque no sirven para nada salvo para decepcionar a turistas que llegan y se encuentran con un cristal opaco o una selva subterránea que no les permite ver gran cosa.

El cristal que hay en las de Doctor Castro, sin ir más lejos, tiene una trama que evita resbalones… pero que evita también que se vea lo que hay debajo y hace que pierdan toda utilidad. La de la Ruanova, la que está junto a la puerta de la Muralla, es un caso extremo porque además tiene un ventilador funcionando que vuelve loco al más pintado con un zumbido continuado que no tiene la más mínima lógica y que me recuerda a las bombas de achique del MIHL, las que están sacando agua continuamente porque la obra está mal diseñada. Así se hacen las cosas en este Lugo que presume de “modernidad” mientras comete disparates insostenibles.

Me pregunto si no sería más lógico hacer una ventana elevada, es decir, que en lugar de estar a ras de suelo fuera una estructura más alta, con un cristal transparente de verdad e inclinado para evitar la acumulación de agua. Sería un “estorbo” porque no se podría pisar como ahora, pero al menos cumpliría una auténtica función cultural y arqueológica que las actuales no cubren casi nunca (por no decir nunca). Con esa estructura se podría poner una iluminación adecuada, se vería claramente lo que está abajo e incluso se podría hacer de forma que se proteja del sol, porque si les soy sincero no tengo muy claro que sea bueno tener mosaicos de veinte siglos alegremente expuestos a la luz solar continuada. Habría que ver eso.

En fin, que tras muchos años de esperar a que se solucione ese asunto veo que nadie se molesta en poner sobre la mesa las claras deficiencias de estas ventanas. ¿A qué esperamos para trabajar en estos temas?


En sus peores momentos, estas ventanas son jardines subterráneos.

En las mejores condiciones tampoco se ve nada...


viernes, 9 de agosto de 2019

Con los conciertos de las fiestas se nos ha ido la cabeza definitivamente

Las 100 o 200 personas que aguantaron esto son auténticos sufridores, pero no tanto como los que estaban en cama intentando no arrancarse las orejas. 

Los conciertos son probablemente el atractivo más grande de cualquier fiesta de ciudad, pueblo, barrio o lo que sea. Cuanto más ambicioso es el programa de actos mejores son las actuaciones y se mide el éxito de la cita por la fama de los protagonistas de su cartel.

Sin embargo hace ya algún tiempo que en algunos lugares se ha perdido el rumbo, la proporcionalidad y todo sentido de la medida.

Para actuar ante unos cientos de personas las orquestas de las fiestas llevan equipos de música más potentes que los que Elton John usa para dar conciertos en el Santiago Bernabeu y esto hace que un puñado de personas bailando alteren los nervios y el sueño de los miles que están intentando ignorar los ritmos machacones y los bajos a toda pastilla que hacen temblar las ventanas.

Esta noche en Foz una orquesta llamada "Furia Joven" perpetró el asesinato a sangre fría de algunas preciosas canciones que fueron transformadas sin piedad en un chunda chunda machacón y vulgar hasta la náusea. Pero más allá del espantoso concierto, que será cuestión de gustos aunque desafinaron más que borrachos en el karaoke de una despedida de soltero, se trata de los decibelios usados para difundir su crimen musical. 

Yo mismo he firmado solicitudes para conciertos, pero con un volumen y un contenido bastante más amable y compatible con el descanso. Todo tiene una medida.

Es aceptable que de vez en cuando haya algún atractivo que anime una zona pero no es asumible destrozar los nervios y poner a prueba la paciencia de toda una ciudad porque en algún momento estas desgraciadas actuaciones decidieron que más volumen era sinónimo de más calidad. Para nada.

Espero que en algún momento los responsables, por llamarlos de alguna manera, de estos atentados a la tranquilidad (que altera a todos por igual, niños, bebés, ancianos, trabajadores que han de madrugar, enfermos...) se den cuenta de que ese no es el camino. 

Y para muestra miren lo que hace Serrat con una puñetera guitarra. 

jueves, 8 de agosto de 2019

¿Puede un semáforo en una zona peatonal ser apropiado?

Puerta del Carmen, donde se añadirá un semáforo para regular la salida del tráfico (actualmente prohibida).
Foto: La Voz de Galicia
Aunque pueda parecer un contrasentido poner un semáforo en una zona peatonal, el que el Ayuntamiento va a instalar en la Tinería tiene toda la lógica del mundo. Evita un grave problema de tráfico ya que sin ese dispositivo no se puede permitir la salida de vehículos por la Puerta del Carmen o Puerta Miñá y eso es un requisito básico para evitar el absurdo rodeo que tienen que dar actualmente los coches.

Verán, los que aparcan en el Pazo de la Maza (que son bastantes) y otros garajes de la zona actualmente tienen que hacer una curva antinatural para girar desde la calle Tinería hacia la Rúanova y, tras recorrer media zona peatonal, desembocar en Montevideo, lo que es una estupidez de recorrido que no tiene sentido porque en ese tramo de la Ruanova no hay ni un solo garaje, así que no tiene justificación que pase coche alguno.

El problema del casco histórico de Lugo no es que esté muy peatonalizado, es que está mal peatonalizado e incluso algunas calles que estaban vedadas al tráfico ahora se han abierto alegremente (caso de San Marcos, que clama venganza divina).

El BNG ha acertado plenamente en esta medida, aunque quede feo que lo diga yo porque Lugo Monumental, la entidad que tengo el honor de presidir, propuso eso hace ya unos años sin que hasta el momento haya habido resultado alguno. Es un primer paso en la buena dirección para lograr la tan necesaria reorganización del tráfico del casco histórico.

Eso sí, esperemos que el diseño del semáforo sea acorde al entorno, claro está, y que no nos metan uno “normal”. Hay cientos de ejemplos de señales luminosas agradablemente integradas en elementos históricos que hacen su función de maravilla y no suponen el consabido puñetazo estético en el ojo. No quiero ser agorero, pero visto lo que han hecho con San Marcos, el Cantiño o en otros sitios emblemáticos de Lugo tampoco creo que esté de más la precaución.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Competencias impropias



Es poco entendible el sostenimiento de criterios opuestos por dos administraciones locales tan cercanas como Diputación y Ayuntamiento. Si además, esas instituciones están regidas por los mismos partidos (en este caso PSOE y BNG) el grado de incomprensión aumenta exponencialmente porque no parece tener el más mínimo sentido que lo que se usa como argumento en una para hacer una cosa se utilice en la otra para lo contrario.

El gobierno bipartito de la Diputación pretende endilgarle a la Xunta las residencias de ancianos que construyó porque le salió de las narices (casualmente ninguna en ayuntamientos gobernados por los populares), sin coordinarse primero con nadie ni tener en cuenta más criterio que el propio. Ahora ven que una cosa es construir y otra mantener y utilizan la carta de las “competencias impropias”.

Tienen razón en eso, claro que es competencia autonómica la política social, pero también lo era cuando se pusieron a sacar concursos de edificios como si fueran champiñones y ahora no saben cómo gestionarlos, porque entre otras cosas, no es lo suyo.

En el Ayuntamiento el criterio de las “competencias impropias” se saca precisamente para lo contrario, para presumir de lo mucho que se gasta en temas que no son de índole municipal como puedan ser los programas de empleo o las políticas sociales, lo que es muy llamativo porque están reconociendo que gastan dinero municipal en cosas que no les competen, mientras que otras que sí son de su incumbencia están como están. Difícil de entender.

Recuerdo que en tiempos desde el Ayuntamiento se criticaba al ministerio de Fomento (cuando estaba en manos de “los otros”, claro) por no hacer cosas como la pasarela sobre la Nacional VI. Hoy por supuesto se asumen esas competencias “impropias” con la mayor naturalidad porque no se puede atacar a los de casa. Ya tú sabes.

En fin, que lo de las competencias impropias es un tema al que deberían dedicarle más tiempo, e incluso una ley que prohíba a unas administraciones meterse en terreno ajeno porque realmente no tiene sentido ninguno. Que cada cual haga su función y que la ciudadanía tenga claro a quién responsabilizar si no funcionan.

martes, 6 de agosto de 2019

La terraza de la vieja cárcel se deteriora... y eso que no dejan a nadie pisarla

De esos cuatro elementos señalizados solo uno es "útil". El Auditorio no está abierto más que cuando hay actos, y no se permite el acceso al público ni a la cafetería ni a la terraza.
La vieja cárcel es probablemente uno de los mejores espacios culturales, si no el mejor, con los que cuenta Lugo en este momento. Sin embargo está claramente infrautilizada en conjunto y a pesar de que actualmente hay un par de exposiciones (que no ocupan el espacio completo ni de lejos) se sigue viendo como un cascarón sin demasiado contenido, más allá del infantil revanchismo que supura por todos sus poros al ver que se intenta colocar al visitante la idea de que es una cárcel franquista, cuando fue construida en el siglo XIX. Es decir, que sí que fue una cárcel franquista, pero también republicana, cosa que se oculta como si en esa época fuera un hospital para menesterosos.

En el nuevo gobierno bipartito municipal las tareas de Cultura las ha asumido el BNG, así que imagino que después del verano le darán un nuevo empuje al edificio y, si hay suerte, incluso puede que asuman aquella vieja y hermosa propuesta de ceder celdas a los artistas locales para que trabajen allí a cambio de que se permita al público ver cómo pintan, esculpen o lo que hagan en ese espacio. Además podrían usar la zonas comunes como áreas de exposición y venta de sus obras, que de eso se trata también.

Pero hoy no les voy a hablar de la parte cultural de la vieja cárcel, sino de la más prosaica, la de la cafetería. Estuve hace unos días por allí enseñándole el edificio a un amigo y me encontré con algunas curiosidades que les quería comentar.

Como ya sabrán, ese espacio lleva ahí cerrado y muerto del asco casi dos años y medio desde que se abrió el edificio, que ya es decir. Se intentó endilgar a un empresario incauto, por un canon de 2.000 euros al mes. Se nota que quienes diseñaron el concurso saben de hostelería lo mismo que de finanzas, porque eso es insostenible, y no tanto por el importe del contrato (que se rebajó en el último intento a 1.200 euros y siguió quedando desierto) sino por las disparatadas condiciones que se exigen al concesionario.

Por ejemplo, se le obliga a abrir todos los días del año (se ve que el tema de la conciliación y el descanso al Ayuntamiento le importa un cuerno) de ocho de la mañana a doce de la noche. Es curioso que el edificio abre a las 11, así que ya me dirán quién va a ir esas tres horas tan temprano a tomarse el café con leche a ese lugar. Por la tarde cierra a las 20:30 o a las 22:30, dependiendo del día, y volvemos a encontrarnos con la misma situación, ya que te tiras allí hasta las 12 de la noche mirando al aire.

La Administración debería dedicarse a lo que su nombre indica: administrar, y dejar los negocios para los que saben. Poner horarios y calendarios insostenibles a los concesionarios de los contratos lo único que logra es que nadie acuda al concurso, a menos por supuesto que sepan (como ocurre de vez en cuando) que nadie les va a hacer cumplir lo que pone en el papel.

La cafetería es un espacio agradable, con unas vistas diferentes de la Muralla… pero tampoco es precisamente ni el lugar más accesible del mundo ni será el más concurrido así que pretender imponer unas condiciones basadas en los deseos de cuatro mentes pensantes encerradas en un despacho es una quimera que nos lleva a donde nos lleva, al vacío de la cafetería, con los consiguientes problemas que eso trae.

Puedes hacer una foto si pegas el móvil al cristal, pero bueno...

Es curioso que ya se está deteriorando la terraza que tiene allí fuera, a pesar de que no se permite el acceso a nadie (está señalizada la terraza, igual que la cafetería) pero el público se lleva un chasco cuando sube y le dicen que no puede entrar, sino solo mirar desde el cristal como si fuera un pez. Supongo que si la cafetería estuviera funcionando sancionarían al empresario diciendo que el suelo se levantó por su culpa, pero ya ven, a ver a quién le reclaman ahora (supongo que habrá garantía, ¿no?). 

El suelo de la terraza, esa que no dejan pisar a nadie, ya se está levantando. Eso sí son obras bien hechas, sí señor.

Dos años y medio desde que se abrió la cárcel y la cafetería sigue vacía. Y lo que te rondaré, morena.

lunes, 5 de agosto de 2019

Cacabelos, algo que pulir y algo de lo que aprender

Personalmente lo que más me ha gustado es lo bien que aprovechan el río 

El sábado acudimos a una fiesta en Cacabelos unos cuantos lucenses de varias asociaciones de Arde Lucus (Trebas, Pretorianos y Senado) invitados por Ludus Bergidum Flavium.

Los compañeros de esa asociación hacen una fiesta desde hace diez años que comenzó como una sencilla tarde de ocio junto al río y poco a poco va creciendo, sin que podamos saber hasta dónde puede llegar. Sólo hay que recordar que el Arde Lucus comenzó gracias a la iniciativa de unos poquitos hosteleros que simplemente querían animar la noche de San Juan.

Les queda pulir alguna cosa, igual que nos pasaba a los lucenses con el Arde Lucus en su décimo aniversario y nos sigue pasando hoy día en su 18º cumpleaños. Este tipo de actividades siempre tienen espacio para la mejora y nunca acaba la tarea de avanzar.

Pero también es cierto que pueden enseñar. De Cacabelos me traigo una lección aprendida sobre la importancia que tiene la voluntad de un grupo de gente que pelea contra viento y marea sin apoyo institucional de ninguna clase. Ellos montan todo, organizan todo y lo trabajan todo, siguiendo el mejor espíritu de esfuerzo que se supone que caracteriza a cualquier asociación.

Ha sido un placer acudir a Cacabelos y confío en que el año próximo podamos repetir.

viernes, 2 de agosto de 2019

Pedir prestado lo que ya tienes


Es raro no usar esta caseta teniéndola vacía y tirada a la intemperie, ¿no creen?
Les hablaba el otro día del acierto que el Ayuntamiento ha tenido poniendo una oficina de información turística en la Plaza de España, una de las ubicaciones más lógicas, evidentes y previsibles en cualquier ciudad mínimamente normal. Cuando publiqué el artículo tuve alguna crítica en que se me achacaba que era demasiado blando con el Ayuntamiento (para una vez que hablo bien…) y se calificaba de “cutre” la caseta informativa.

Es cierto que tenía algunas carencias como la falta de señalización (creo que eso está subsanado, pasé ayer y me pareció ver un cartel pero no se lo garantizo) y que la caseta no es la más bonita del mundo, eso es cierto. Por lo visto es un préstamo de una asociación del Arde Lucus, y uno recurre a esas cosas cuando no tiene medios propios o los que tiene son peores que los que le prestan… pero no siempre por lo que se ve.

El Ayuntamiento tiene una caseta, que ha utilizado ocasionalmente como taquilla, y que se “guarda” (por decir algo, porque está a la intemperie) en los terrenos de la antigua Frigsa. Está allí, a la buena de Dios, cerca de donde también se “guarda” el quiosco que estaba en la Plaza de la Milagrosa y que sigue acumulando polvo y óxido.

Me cuesta comprender por qué no se ha reciclado esa caseta. Una mano de pintura, un par de cartelitos, y tienes ahí una magnífica instalación para poner donde siempre. ¿Por qué se ha optado por otra fórmula? Pues lo ignoro, quizá porque les ha parecido más estética, más enxebre o más cómoda, pero es curioso que nadie haya dicho una palabra sobre la taquilla que está muerta del asco en Frigsa.

jueves, 1 de agosto de 2019

Los autónomos no son ladrones, son héroes



La mal disimulada acusación que los técnicos de Hacienda han hecho sobre los autónomos es un insulto intolerable. Claro que habrá chorizos y defraudadores entre los autónomos, igual que entre empleados, funcionarios, políticos o cualquier otro sector, pero generalizar de esa forma es una indignidad que no puede quedar sin respuesta. No porque vayan a leer este artículo en el Consejo de Ministros, sino porque nuestros convecinos de Lugo han de conocer la dura lucha que supone mantener un pequeño negocio a flote a día de hoy.

Lo primero que tenemos que entender es que para tener un beneficio neto de 1000 euros al mes, un autónomo tiene que facturar entre 1.400 y 1.900 euros solo para pagar los impuestos. A eso hay que sumar los gastos de sostenimiento del negocio si necesita un local, que le genera los correspondientes costes de alquiler, luz, agua y demás, es decir, que hablamos solo de IVA e IRPF. Ya si tiene empleados ni les cuento.

Ser autónomo hoy día o tener un negocio local entra en la categoría de heroísmo, y normalmente no es solo por la dura competencia de las grandes plataformas de Internet, que son el monstruo que ha sustituido a los centros comerciales en las pesadillas del pequeño comercio, sino por la Administración. La burocracia es un agujero negro que digiere todos los recursos que puede, y encima para malgastar una parte importantísima de los mismos en patochadas como trasladar una estación de autobuses a un sitio peor ubicado, en construir un barrio nuevo en una ciudad con 12.000 viviendas vacías o en poner aeropuertos donde no hacen falta.

Cualquiera que tenga una inquietud emprendedora ve que es mucho más preocupante la parte que atañe a la administración que el propio hecho de atraer clientes, y eso es terrible porque la consecuencia es desanimar a las nuevas generaciones a montar sus negocios. Es más cómodo y menos problemático depender de otros o incluso intentar vivir de ayudas públicas que enfrentarse a la maraña burocrática que parece diseñada para poner zancadillas a quienes generan riqueza.

Otros países tienen cuotas flexibles o incluso carecen de ellas y cobran sus impuestos de los ingresos obtenidos, que es lo lógico. Ese es el camino, y no acusar de ladrones a quienes cobran menos que sus empleados porque sus cuentas no les dan para más, mediante una indigna e inaceptable denuncia basada en la ignorancia, los prejuicios y la más absoluta falta de empatía hacia quienes, no lo olviden, pagan sus salarios.