¡Qué poquito nos gustan las cosas perecederas! Somos una sociedad donde nos obsesiona guardar, conservar, acumular, coleccionar y preservar todo aquello que nos resulta atractivo, y eso nos enfrenta a difíciles realidades que en ocasiones se nos antojan absurdas, aunque son la vida en su estado puro.
El sábado tuve el privilegio de asistir a la I Exposición de la Camelia de Lugo. Si les soy sincero mi incultura respecto a esta flor era absoluta, y sabía que le llamaban la “flor de Galicia” pero no tenía ni idea de por qué. También ignoraba la extraordinaria variedad de flores que producen estas plantas y que habría considerado de diferentes especies si no hubiera visto que todas son camelias.
Esta exposición la organizó Monumental Mercado Municipal, una asociación de los comerciantes del mercado de Quiroga Ballesteros, en colaboración con la Sociedad Española de la Camelia, la Asociación Gallega de la Camelia, la diputación, el ayuntamiento y Lugo Monumental. Dicho así parece mucha gente pero realmente el mérito es de dos personas: de Leonardo Zordán, presidente de Monumental Mercado Municipal y de Edmundo Novoa González, un apasionado de estas flores y que es el que contactó con los expositores.
Este tipo de iniciativas se hacen en toda Galicia desde hace años. En Lugo es el primero, pero esperemos que no sea el último. Desde luego hicimos un esfuerzo para acoger y mimar a los expositores que, salvo uno que se dedica profesionalmente al tema, no sólo no ven un duro en estas cosas sino que gastan un montón de dinero en presumir de sus exquisitas plantas.
Lo que más me llamó la atención, y con lo que comenzaba este artículo, es que toda la exposición terminó el día en los contenedores de basura. Da un dolor casi físico ver cómo la perfección de estas flores va muriendo hora tras hora y saber que sólo aguantan un par de días como máximo desde que se les separa de la planta.
Veo natural querer hacer la foto, pero no tanto el dejar de disfrutar de las cosas por sacar una imagen mejor. Lo importante es el recuerdo, aunque, como somos así de raritos, parece que es otra cosa, ya que la memoria no se puede enseñar.
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