domingo, 22 de enero de 2017

Nace en Lugo una nueva (y modesta) editorial

Meterse a realizar una actividad económica en este país es un acto de valentía, que incluso roza la inconsciencia. Lo más llamativo es que cuanto más pequeña es dicha actividad mayor es el esfuerzo proporcionalmente.

El mundo de la imprenta, una pasión como cualquier otra
Por razones que ahora mismo no vienen al caso pero que en breve les haré saber, me he metido a editor. El mundo de la literatura y la imprenta siempre me ha apasionado, y la verdad es que es algo hermoso crear una obra desde cero, maquetarla, diseñarla, imprimirla, distribuirla, prestando atención a los detalles y viendo cómo pasa de una idea a una realidad. Aún no tenemos el primer libro en las estanterias de las librerías, pero no tardará demasiado, y no se imaginan la ilusión que estamos poniendo en todo esto.

Supongo que la parte negativa la viviré después, cuando el libro esté en ese punto en que no sabes si se venderá o no, si la inversión supondrá tirar el dinero (aunque ya les digo que en este primer proyecto me da igual), y si en el remoto caso de tener beneficios éstos no te crearán un problema con Hacienda, que esa es otra.

El periplo administrativo que supone iniciar una actividad económica es tremebundo. Primero tienes que saber a dónde hay que ir a preguntar, que parece sencillo pero no lo es tanto, y una vez que lo averiguas toca tirarse toda la mañana en el edificio de Hacienda de pasillo en pasillo con un complicado y farragoso sistema de turnos mecanizados que deja a las pescaderías a la cabeza de la pirámide organizativa de las colas.

Al menos, eso hay que decirlo, el personal que me atendió fue amable y diligente, incluso exhaustivo en sus explicaciones a pesar de que cuando se trata de números reconozco que soy bastante duro de mollera. Lo mío siempre han sido las letras.

Me resulta una extravagancia administrativa que para lanzarte con una actividad marginal, que de hecho tiene más que difícil lograr beneficios, tengas que ir cada tres meses al ordenador a meter todos los datos de los muchos gastos y los quién sabe si escasos ingresos para las declaraciones de IVA e IRPF. No me cabe en la cabeza que para una cuestión tan mínima como será ésta no haya un proceso simplificado anual, que no te haga pasar por el calvario de saturar los servidores de la Agencia Tributaria con pequeñas nimiedad,es pero es lo que hay.

En cuanto a la editorial en sí, como no podía ser de otra forma, se llama “Ediciones Desdelugo”, y el nombre no es accidental ya que además de ser el título y dirección de este blog, es una declaración de intenciones. El sello nace con la idea de ayudar a los autores locales a ver sus obras en las estanterías de las librerías, e incluso a venderlas si es posible, basándose en la idea básica de la autoedición pero matizada, intentando echar una mano a quienes quieren arriesgarse a imprimir pero ven dificultosa la tarea administrativa que eso conlleva.

Como todas las editoriales noveles, por supuesto que queremos que las obras que nazcan de nuestros esfuerzos sean de gran calidad, tanto en contenidos como en continentes (buen papel, diseño cuidado...), y probablemente nadie ha creado una editorial pensando en hacerse rico con ella. Desde luego no es el caso. Con no perder demasiado dinero me doy con un canto en los dientes.

Es una iniciativa localista, lucense, y que no pretende para nada ser excluyente pero que centrará sus esfuerzos en proyectos que nos parezcan atractivos. Así que si usted, lector, tiene inquietudes artísticas y lleva tiempo dando vueltas a una novela, un libro de poemas, un recetario, la nueva Enciclopedia Espasa (cambiándole el nombre, no la liemos con lo de los registros) o cualquier otra cosa, no dude en contactar con nosotros. La intención es ayudarle a economizar gastos y simplificar trámites, porque una vez que aprendes el camino ya te da igual ocho que ochenta y sabes cómo terminar antes lo que la primera vez te llevó meses.

Para eso estamos aquí, y espero que tras nuestra obra de lanzamiento vengan otras. Ana y Toñy seguro que se animan... y sí, es una picada pública para que os animéis las dos.

viernes, 20 de enero de 2017

El mensaje Lugo en FITUR: ''Cada uno por su lado''

Solo se han puesto de acuerdo para la foto

El verdadero eslogan que Lugo podría haber presentado en FITUR es “cada uno por su lado”. La penosa imagen de nuestras instituciones y asociaciones, a codazos para ser cada una la más guay, es la de una jaula de grillos (pondría "casa de putas" pero queda poco fino en el blog), demostrando la total y absoluta descoordinación existente y dándose la espalda unos a otros para intentar colocar “su” foto con “su” eslogan. Así nos luce el pelo. Mucho Consello de Turismo y mucho gastar pólvora en salvas pero a la hora de la verdad esto es un páramo en cuanto a iniciativas serias. Todo se reduce a la caza y captura del voto mediante la correspondiente foto promocional.

El acertado artículo que firmaba ayer Suso Varela en La Voz de Galicia sobre esta diversidad de mensajes nos revelaba que se presentaban un mínimo de cinco frases promocionales en la Feria Internacional de Turismo, con lo que lo único que se consigue es que cualquier turoperador serio pase al siguiente stand. “Cuando se aclaren que nos llamen”, imagino que pensarán muchos de ellos.

Si no sabes qué es FITUR malamente puedes ir preparado
El enfoque con el que Lugo acude a FITUR es el habitual en nuestra ciudad: cortoplacista, político y, lo que es más grave, totalmente ajeno a lo que realmente es la feria en sí misma. Porque aunque muchos de los que allí acuden no lo tienen muy claro, FITUR es una reunión de profesionales del turismo. Bien es cierto que como todo se mediatiza y se abre a cobrar entrada se ha convertido también en una especie de escaparate para los usuarios, los consumidores, para dar ideas de a dónde ir de vacaciones, pero eso, por increíble que pueda parecer a estas alturas, es algo totalmente secundario. Lo importante de estas ferias es captar al mayorista, que es el que decide traer las excursiones a la ciudad.

Y el profesional del sector lo que pide no es que le vengan con monsergas, o hacerse una foto con la alcaldesa, que es muy maja pero nada más. Lo que está pidiendo un empresario que busque hacer dinero con nuestra ciudad son cuestiones prácticas, que le faciliten la vida y le ahorren costes, porque eso es de lo que hablamos aquí, de dinero, de empresas.

Pero ajenos a la realidad, los lucenses mandamos año tras año a una pléyade de políticos (algunos serios mezclados con los otros) y eternos aspirantes a ocupar puesto público, de sopabobistas subvencionados que gastan alegremente un dinero que no les ha costado nada ganar, de estrellitas de un día que simplemente acuden a Madrid para que los periódicos locales publiquen su foto en un foro que supuestamente les da más relumbrón, y claro, cumplido ese objetivo lo máximo que se les ocurre hacer es irse de comilona a cuenta de la entidad pagadora, que normalmente acabamos siendo todos nosotros. Y luego al hotel de cierta categoría abonado de igual forma, claro, que no vas a mandar a los representantes de la ciudadanía a la pensión de la Paca. No sea.

Esta especie de “finde subvencionado” en que se ven las caras en Madrid los que se las ven siempre en Lugo nos sale muy caro a los lucenses. No por el dinero que nos cuesta, que eso al final es el chocolate del loro, sino por la enésima oportunidad que perdemos de que auténticos profesionales del sector turístico vendan en un foro pensado para eso los grandes atractivos de Lugo, con sus tres patrimonios de la Humanidad, su privilegio catedralicio, su historia y su vida… Lo que nos sale caro es que vaya a FITUR a perder el tiempo quien no sabe lo que es FITUR, ocupando las plazas de quienes sí tendrían que estar un par de días allí vendiendo Lugo.

Y el año que viene, a ver si en vez de cinco eslóganes conseguimos llevar seis o siete. A lo mejor batimos algún récord y nos sacan en el telediario. Demasiados eslóganes para no llevar ningún mensaje, o lo que es peor, uno: ''Cada uno por su lado''.

jueves, 19 de enero de 2017

Mucho más que escaparates

  
Los escaparates de los comercios son importantes. No solamente sirven para lucir sus mercancías y atraer a los potenciales compradores, sino que además nos revelan mucho de la personalidad de los empresarios que los mantienen. En el Verruga, por ejemplo, se hacían unos escaparates pensados para lucir esas impresionantes cigalas de Marín o aquellos percebes de Corme tan espectaculares, pero dependiendo de quién lo montara se notaba el cariño y el cuidado de una mano y de otra. Manolo, un camarero que estuvo muchísimos años en el bar, conseguía unas postales que los turistas fotografiaban invariablemente.

En la reciente campaña de Navidad me llamaron poderosamente la atención dos montajes, y casualmente los dos de confiterías: Ramón y Madarro.

La barca de Mazapán de Ramón
El primero, la Confitería Ramón de Doctor Castro, se curró una barca de mazapán, con un nacimiento en el interior, que era tan sencillo como atractivo. Por supuesto los detalles tienen enjundia, y el número de serie de la barca era el año de apertura del establecimiento, cositas que tienen su mayor belleza en lo efímero ya que aunque la foto permanece, el montaje fue temporal y ya desapareció.
El cariño de Manolo para con su escaparate trasciende con mucho la mera exposición de sus dulces y pasteles, igual que nuestro siguiente ejemplo. 

El árbol de Madarro
En Madarro, en la Calle de la Reina, sus cuidadosísimos propietarios estuvieron no sé cuánto tiempo (pero mucho) vaciando, limpiando y pintando huevos (huevos de verdad, de los de gallina, nada de cosas de plástico) con el que decoraron un árbol navideño. El esmero y el detalle de cada pieza solo puede ser comprendido por quien se ha fijado bien en que no solo se molestaron en ir pintando cada uno por separado, sino que además se tomaron el trabajo de los consabidos chinos del refranero, para perforarlos no sé cómo, pero individualmente. El resultado fue impresionante.

Estas pequeñas cosas son la que hacen que una ciudad tenga encanto. Por supuesto están reducidas a los pequeños comercios, esos que el consumidor (sobre todo el más joven) tiende a despreciar e ignorar lamentablemente. Los grandes grupos no se paran a estas “tonterías”, al sentimentalismo o a “hacer ciudad”. Se reducen a intentar atraer al cliente como si fuera una vulgar polilla y todo está armonizado, categorizado, estudiado, iluminado y milimetrado de forma que cuando te ponen una foto de un escaparate de Zara tanto puedes estar viendo su oferta en Lugo como en Budapest o Houston. La única pista del país es la moneda en que están expresados los precios. Una tristeza.

El pequeño empresariado es el que sostiene la economía. España no vive de Endesa, El Corte Inglés o la Citröen, pero curiosamente las normas parecen redactadas para ayudar a esas grandísimas moles económicas. Por ejemplo, esas extrañas modificaciones de plantilla que hacen para que una misma persona pueda estar trabajando durante quince años en idéntico puesto pero sin hacerle un contrato indefinido, ya que van rotando patronos para evitar que cumpla los tiempos que marca la legislación. El pequeño comercio ni puede ni desea hacer tal cosa, pero encima se le machaca inmisericordemente.

Nuestra ciudad no es ajena a este tipo de cuestiones, e incluso la más cercana de las administraciones, el ayuntamiento, cayó en la trampa de la publicidad fácil bailando el agua a una conocida cadena de chilindradas a cambio de que les regalasen cuatro chucherías para repartir con el sello municipal. Cosas veredes.

Apostar por el comercio local puede resultar más costoso, no se lo niego, y no hablamos solamente de dinero. También es cierto que una cosa es predicar y otra dar trigo, ya que yo mismo tengo una costumbre bastante consolidada a tirar de página web y hacer compras por Internet de determinados productos. Podría intentar justificarlo en falta de tiempo (lo cual sería una chorrada) o en otros argumentos igual de endebles, pero la realidad es tan simple y transparente como la pereza. Es mucho más cómodo pedirlo y que te lo traigan. Quizá esa sea la batalla que tiene que dar el pequeño comercio uniéndose en entidades que puedan coordinar lo que por separado es imposible de afrontar, y eso no es ni mucho menos imposible.

También es verdad que según reconozco eso les diré que me “estoy quitando”, y no únicamente por el argumento localista, que también, sino porque me he dado cuenta de que muchas cosas que te venden más baratas en Laponia te las cobran baratas porque son una porquería. Hay que filtrar, supongo.

En resumen, mi recomendación es mirar y comparar... y a igualdad de precio, o incluso aunque el de aquí sea un poquito más alto, apostar por el comercio local. A fin de cuentas es mejor aspirar a mejorar la economía de nuestro Lugo que la de Arteixo u otros sitios más lejanos, porque quien paga nuestros impuestos, da empleo y desarrolla su actividad aquí merece que se le respete un poquito, digo yo.

miércoles, 18 de enero de 2017

A igual trabajo igual sueldo... salvo que recibas dinero del Ayuntamiento, entonces no



Ayer establecíamos la absurda paradoja de que el gobierno municipal prime a las empresas que ofertan peores condiciones a sus trabajadores en lugar de subvencionar con más fuerza a las que se comprometen por más tiempo y a jornada completa. Hoy, rizando el rizo, veremos cómo para el mismo trabajo se pagan diferentes importes mensuales.

Las bases de “ConTrato Feito!” dicen que se estimará como importe subvencionable un porcentaje (el 70% para las empresas y el 100% para las asociaciones) “de los costes salariales y de cotización empresarial a la Seguridad Social”. Añade que esa cuantía no podrá ser superior “a la establecida en el convenio colectivo sectorial aplicable a la entidad, y que será de aplicación a esta contratación, de acuerdo con la categoría profesional del personal trabajador”.

Esto, que parece estar escrito para que una empresa no intente cobrar una subvención con la que pague de más a sus trabajadores (si es que eso es posible), es peculiar porque sí deja en manos de las empresas pagar menos a los trabajadores de lo que fije el convenio colectivo sectorial. ¿No es llamativo? Además de difícilmente legal en mi modesto entender.

De esta forma nos encontramos con paradojas extravagantes como que para dos personas en idénticas condiciones haya diferencias de salario importantes. Por ejemplo, una empresa que contrata a una mujer desempleada de larga duración, menor de 30 años, por doce meses y a media jornada abonará a la empleada 394,77 euros, mientras que otra sociedad, por lo mismo, pagará 499,91 euros mensuales. Un 21% de diferencia es mucha diferencia.

Otro ejemplo es el de dos empresas que contratan cada una a una dependienta, mujer desempleada, por un total de 12 meses y a jornada completa. Mientras una empresa recibe 12.422,59 euros la otra ve mermada su ayuda a 8.419,15 euros, con lo que la trabajadora de esta última empresa cobraría un 32% menos de sueldo que su compañera.

Lo llamativo del asunto es que no tiene mucha explicación, ya que en todos esos casos hablamos de los mismos convenios colectivos, que se han de aportar con toda la documentación de la subvención. No entiendo esa discrepancia, quizás alguien lo pueda explicar.

Pero aun en el supuesto de que haya una motivación traída por los pelos, ¿no sería lógico que unas subvenciones que cuyo fin es crear empleo exijan que se pague por las tablas del convenio? ¿No es de sentido común que una empresa que financia sus coses laborales con dinero de la administración premie el mismo trabajo con el mismo salario?

Francamente, un tema solo podría ser grave… pero todos juntos…

martes, 17 de enero de 2017

¿Por qué el Ayuntamiento prima el empleo de peor calidad?


Hoy vamos a retomar el tema de las subvenciones a empresas y otras entidades para creación de empleo. Ya sé que con este asunto voy lento, pero oigan yo no tengo más medios que un ordenador y paciencia, así que no nos aceleremos. Recuerden el cuento de la liebre y la tortuga, que no sé si viene al caso pero suena bien.

Vamos al lío. Hoy trataremos una cuestión muy llamativa: el hecho de que las subvenciones municipales priman la precariedad en el empleo sobre las ofertas de trabajo más estables y completas. Contradictorio con los supuestos objetivos de mejorar el empleo ¿no creen?

Las bases de las ayudas del “ConTrato Feito!” municipal establecen ciertas limitaciones para la subvención. La más llamativa, es que restringe a uno el número de trabajadores por entidad, lo que es peculiar porque si la intención es crear empleo parece poco adecuado que se confine tanto. Quizá la explicación bienintencionada es que se intenta repartir entre más entidades, eso no es necesariamente malo, pero como ya demostramos el otro día hay algunos expertos en recibir ayudas a punta pala, con lo que ese apartado no parece ser demasiado efectivo para evitar concentración de subvenciones.

Lo malo de esa limitación es que como efecto colateral se crea una paradoja bastante extravagante. Supongan que una empresa se ofrece a contratar a dos personas a jornada completa por un periodo de tres años (36 meses) y otra solo quiere contratar a un empleado por el tiempo mínimo estricto y tan solo 4 horas diarias para obtener la subvención (12 meses), ¿no sería más acorde con los objetivos de crear empleo de cierta calidad que la primera pudiera acceder a las ayudas para dos trabajadores? Es decir, ¿no se debería primar la calidad del empleo? Pues se ve que no, que es mejor “repartir”.

El ejemplo no es inventado, es real. Existe una empresa que recibe una subvención de un total de 8.804,54 euros para contratar a una comercial durante 12 meses a media jornada, mientras que otra empleará a una agente comercial 36 meses a jornada completa y solamente recibe 10.827,26 euros. Si hacen el cómputo de la ayuda por hora, verán que el Ayuntamiento subvencionará a la primera, que crea un empleo de peor calidad, con 8,47 euros por hora (tomando 52 semanas, y 20 horas semanales al ser media jornada) mientras a la otra, que se compromete por tres años, le otorga únicamente 1,74 euros por hora. Es decir que se subvenciona a la hora de trabajo de la primera un 487,91% respecto a la segunda, a pesar de que el trabajo es mucho más precario. No parece razonable que se prime tener al empleado en peores condiciones, ¿no les parece?

Comparativa realizada entre dos contratos subvencionados. La diferencia es de chiste.
Con las asociaciones pasa lo mismo. Ahí hay menos margen de diferencia porque la que más se atreve a contratar en lo que a duración se refiere lo hace por 15 meses, muy lejos de los 36 que oferta alguna empresa. Eso demuestra, principalmente, que estas ayudas no servirán para crear empleo que se mantenga en el tiempo, ya que una vez se extingan los fondos públicos también lo harán los trabajos contratados.

E incluso la asociación que se atreve a ofrecer un contrato tres meses más largo y a jornada completa también sale perjudicada. Por ejemplo, esa asociación, que contratará a una persona con discapacidad, mayor de 45 años y desempleado de larga duración a jornada completa durante 15 meses recibirá una subvención de 12.190,68 euros, lo que sale a 4,69 euros por hora. Simultáneamente otra entidad que contratará por el mínimo de 12 meses y tan solo a media jornada ingresará 10.069,12 euros, así que recibe una ayuda de 9,68 euros por hora, más del doble que la que contrata a alguien con mayores garantías.

Con las asociaciones pasa lo mismo, aunque hay menos diferencia porque nadie contrata por largo tiempo.

Se podrá alegar el tema de las categorías profesionales, pero de eso ya hablaremos, que también tiene tela que cortar.

Personalmente me parece una vergüenza. Lo normal sería que las bases establezcan una puntuación base con unos requisitos mínimos (eso se hace) y que a partir de ahí se prime que las empresas y entidades creen empleo estable, que permanezca tras la finalización de las ayudas públicas. Lo contrario es simplemente desviar dinero público para que algunos colegas puedan contratar a alguien unos meses.

Por cierto, me gustaría que se publicaran dentro de un año y medio cuántos de los empleos subvencionados siguen en activo. Los que no tienen dinero público, claro.

lunes, 16 de enero de 2017

Casi un millón de euros por mandato a los grupos municipales... ¿para qué?


La metedura de pata de Lugonovo con la presentación de sus cuentas, que reflejan cuestiones que están fuera de la legislación, pone sobre la mesa nuevamente un asunto de mucho mayor calado: los dineros públicos que se dan a los grupos municipales. Empecemos por ver las cifras, que hay que buscar con lupa porque en el apartado de “transparencia” de la web municipal se les ha debido de olvidar ponerlo. Es un dato que Google nos ofrece pero buscando bastante. Cosas que pasan.

En Lugo, además de las dedicaciones exclusivas de los concejales que las disfrutan (eso sí está en la página), las indemnizaciones y los sueldos del personal de apoyo, los grupos municipales reciben un dinero mensual para sus cositas, que no sabemos muy bien qué son. Varía según el número de concejales porque hay un fijo de 1.200 euros para cada grupo y, a mayores, 500 euros más para el grupo por cada miembro que tenga. Esto hace que el más numeroso, el PP, ingrese cada mes 5.700 euros y ACE “solamente” 1.700 euros mensuales. Entre los seis grupos suponen 19.700 euros al mes, o 236.400 euros al año, que es una pasta (por ejemplo la playa fluvial se ha presupuestado en 250.000 euros para que comparen), y eso sin contar, insisto, con las dedicaciones exclusivas, que entonces la cifra sube a los 772.571 euros al año.



La gran pregunta es: ¿para qué se usa todo ese dinero? Parece que nadie lo puede explicar muy bien, porque la legislación es sorprendentemente vaga en esto. Tanto la Ley de Bases de Régimen Local, como el Reglamento Orgánico de Funcionamiento de Lugo (por cierto, no enlazado en el apartado de transparencia municipal) hablan de requisitos bastante poco concretos, como que no se puede contratar personal al servicio de la corporación ni comprar bienes “que puedan constituir activos fijos de carácter patrimonial”.

Es llamativo que si se supone que el Ayuntamiento ya otorga retribuciones a los concejales así como locales, personal y medios materiales a los grupos políticos, se destine un montante tan alto a “subvencionar” a los grupos. ¿Se tratará de una forma de financiar a los partidos? Probablemente esa es la cuestión que habría que tratar, porque la respuesta parece evidente: sí.

La Ley Orgánica que regula la financiación de los partidos incluye las asignaciones de grupos municipales como fuente de ingresos, lo cual crea un disparate jurídico en que el Ayuntamiento entrega un dinero a un grupo municipal, que se supone que es para la actuación corporativa de dichos concejales, y éstos lo remiten a su partido matriz, lo que hace que realmente nuestros impuestos estén nutriendo de forma como mínimo discutible a partidos políticos, que ya reciben ayudas directas de otras fuentes.

Lugonovo recogía en sus cuentas partidas destinadas a hacer campaña electoral para En Marea, lo que entiendo que no debería ser legal porque ese dinero se supone que tendría que ser destinado a actividades del grupo, y encima cuando han querido corregir la metedura de pata han empeorado las cosas porque parece que se meten a inmobiliaria, ya que alquilan un local y lo subarriendan al partido político. Una chapuza para intentar explicar unos números que no casan con las normas que los regulan o con la decencia que pretendían inculcar.

Pero la cafrada contable de Lugonovo, siendo importante, no es lo que más me preocupa, sino el oscurantismo relativo a estas cuentas. ¿Por qué no podemos saber los lucenses a qué se destina nuestro dinero? ¿Cómo puede ser que la Reina de Inglaterra haga públicas las cuentas y que los británicos puedan conocer el gasto en papel higiénico del Castillo de Windsor y yo no tenga ni idea de en qué se invierte el millón de euros que damos a los grupos alegremente en el mandato?

Ningún partido se ha molestado en poner sus cuentas sobre la mesa salvo Lugonovo, y para uno que lo hace ya ven, mete la pata. ¿Tan difícil es gestionar ese dinero y dar cuentas a los patronos, que somos todos? Si han comprado un portátil o una cámara de fotos me parece lógico, pero creo complejo que nos expliquen en qué han metido tantísimo dinero sin ponerse colorados.

No me entiendan mal, no pretendo ser populista con este asunto. Creo que los representantes públicos tienen que estar bien pagados y que hay gastos de difícil justificación que deben tenerse en cuenta. Un concejal está relativamente obligado a invitar a tomar un café a un ciudadano con el que se reúna para tratar algún tema (aunque algunos invitamos también de vez en cuando, no seamos ratas) y hay cuestiones de muy complicado reflejo contable, pero eso no puede sumar 500 euros por concejal más 1200 para cada grupo, se han pasado siete pueblos. Eso da para demasiados cafés.

Hay más números que repasar. Personal asignado a los grupos, indemnizaciones por asistencia a plenos y reuniones previas… Sobre el personal de confianza recuerden que yo fui uno de ellos, así que tampoco tendría mucha lógica criticarlo, seamos honrados. No se trata tanto de un gasto concreto u otro sino del montante total. ¿De verdad necesitamos gastarnos un millón de euros anual en los grupos municipales? Me parece excesivo, y más si ni siquiera sabemos en qué se lo gastan.

viernes, 13 de enero de 2017

Una nueva sentencia sobre el Garañón pero ¿quién las cuenta?

Tengo que reconocer cierta saturación de noticias. Casi no sé por dónde empezar: el lío de las cuentas de Lugonovo, la continuación del tema de las subvenciones de Ayuntamiento y Diputación, las nuevas sentencias sobre el Garañón… Hay tanto de qué hablar que siento no haber podido publicar ayer, por motivos que no vienen al caso, para ir adelantando asuntos.

Aunque lo de las subvenciones es un tema con el que sigo trabajando y del que hablaremos en el futuro, y lo de Lugonovo me parece muy relevante, hoy me voy a centrar en el contenido que más me preocupa desde el punto de vista de la ciudad: el Garañón. Probablemente sea el tema económico más grave al que se enfrenta Lugo, ya que la indemnización al promotor puede suponer una carga multimillonaria para las arcas locales.

El proyecto aprobado por Orozco y compañia
 Lo primero que hay que decir es que una vez más se ratifica la tesis que desde el minuto 0 mantuvo Jaime Castiñeira sobre la opción de construir en esa parcela sin cargarse las vistas desde el parque de Rosalía de Castro. Como hace un par de años (¡cómo pasa el tiempo!) escribí dos artículos sobre este asunto en que les explicaba un resumen de lo sucedido (pueden verlo aquí) y una lectura sobre la cuestión (enlace aquí), no me voy a repetir. Solamente creo importante recordar que la solución aterrazada que ahora parece proponer el promotor es la misma que dijo Jaime desde el principio… y ya pasaron años desde que lo planteó. La de problemas que nos habríamos evitado si le hubieran hecho caso.

Pero bueno, estas cuestiones han sido ya ampliamente debatidas durante estos años y no creo que nadie se vaya a convencer ahora de una cosa ni de la contraria, a pesar de lo que digan los jueces. Lo que es preocupante es el futuro.

El Ayuntamiento se enfrenta a un dilema. ¿Cómo debe actuar? ¿Ha de intentar tumbar esta nueva sentencia acudiendo al Tribunal Supremo o será mejor sentarse a negociar con el promotor? ¿Debe esperar a ver si el proceso penal (por cierto, que va para largo) condena a los gobernantes que aprobaron el más que dudoso planeamiento de la zona un 31 de diciembre y a puerta cerrada o por el contrario sería más lógico adelantarse y evitar la posibilidad de empeorar más las cosas?

Parece que el sentido común indica que apostar con el dinero de todos no es lo más conveniente. Seguir arrastrando el Garañón de un juzgado a otro perdiendo una y otra vez frente a la dura realidad solo provoca que el esqueleto del mamotreto siga en pie mientras acumulamos más retrasos y, por lo tanto, se incrementa la cuantía a pagar tarde o temprano.

Una ejemplo de una posibilidad de edificar menos agresiva
Tal vez lo más apropiado sea reunirse con los interesados y buscar juntos una solución pactada (me refiero a un pacto con luz y taquígrafos, no a uno como el que presuntamente hicieron hace años y del que aún sufrimos las consecuencias). No nos va a salir gratis, eso está bastante claro, pero cuanto más tiempo pase peor va a ser.

El único problema de esa propuesta de negociar es que aún no sabemos si la justicia decidirá que hubo connivencia entre el gobierno de Orozco y el promotor para esquivar la legalidad. Esa sentencia condenatoria sería, hasta donde yo sé, la única posibilidad de que la ciudad evite el pago de una millonada en concepto de indemnizaciones porque entonces todo sería fruto de un acuerdo delictivo. Pero… ¿estamos dispuestos a arriesgarnos?

A pesar de esa pega (que no es poco), en mi opinión hay que sentarse a hablar ya. Si se pasa el plazo para recurrir ante el Supremo el Ayuntamiento pierde una baza negociadora importante, y el promotor seguramente prefiera arreglar las cosas y sacar adelante un proyecto menos rentable pero más seguro que esperar diez o quince años. Aunque al final gane.