miércoles, 31 de agosto de 2011

Las noticias de verano: dando ideas peligrosas

La única noticia de enjundia que tenemos hoy para desayunar es la reforma de la Constitución, que me parece que al ciudadano medio le importa lo mismo que a Rhett Butler las palabra de Escarlata (“francamente, querida, me importa un bledo” por si alguien no lo recuerda, que lo dudo). Así, los telediarios no tienen con qué rellenar su cada vez más larga duración, lo que explica que le dediquen 5 minutos o más de un espacio de ámbito nacional a tonterías más o menos relevantes que van desde la tomatina esa de Buñol donde despilfarran varias toneladas de comida tirándosela unos a otros, hasta el caso del “francotirador” de Zamora, que tiene en vilo a la fuerzas de seguridad del Estado porque dispara perdigones a la gente que pasa por la calle. Lo que en mi no tan lejana infancia se solucionaba con un bofetón al grito de “que le vas a sacar un ojo a alguien” ahora se eleva a la categoría de suceso nacional, comparable a la muerte de soldados en Afganistán o los efectos del huracán de moda, el Irene, en minutaje de noticiarios.

Pero hay un efecto colateral de las noticias de relleno de los telediarios: la publicidad que se da a algunas cosas. Hace unas semanas era el tema del “balconing“, estúpido nombre, imaginativo como el que más, con el que se denomina a la acción de saltar desde el balcón (¿pillan la sutileza del nombre?) del hotel a la piscina, con el correspondiente chapuzón adrenalínico o el descalabro si el tontaina calcula mal la distancia. Ahora toca el “Choking game”. Por Dios, ¿quién pone nombres a estas cosas? Esto va de que la gente se asfixia, voluntariamente al parecer, para lograr efectos alucinógenos que, si calculan como el bobo que se descalabra saltando del balcón, pueden acarrear daños cerebrales y la muerte.

Lo más divertido es la promoción que se hace de todo esto. Incluso en la noticia de hoy, la de la asfixia, alertaban sobre la “gran publicidad que se da a estas prácticas en  Internet”… “y en este telediario” tendrían que añadir. Me imagino que hay millones de personas, entre las que me cuento, a quienes nunca se nos habría ocurrido pedir a alguien que nos asfixiara. Llámenlo instinto de conservación o que no nos aburrimos tanto como otros, no sé. Pero al ver en el telediario lo chupi lerendi que lo pasan los niños que se ahorcan a lo tonto, a lo mejor a alguno se le pasa por la cabeza probar. O saltar a la piscina desde un cuarto piso. Ahí, dando ideas.

censura La censura no es una buena cosa, pero cortarse un poco a la hora de dar las noticias tal vez sea buena idea. “Es que es noticia” es un argumento la mar de sonoro pero muy peligroso, porque hay cosas que es mejor que se conozcan lo menos posible. Sé que suena raro en un liberal decir esto, y admito cierta contradicción con mis principios, pero no pido tampoco que haya un señor del Gobierno cortando metraje de los telediarios, ni que pongan rombos en los telediarios, sino un poco de “sentidiño”, del de toda la vida.

Los medios de comunicación, a los que tanto les gusta pedir autocrítica a los políticos, banqueros, jubilados, funcionarios, padres, hijos, y espíritus santos, deberían empezar por barrer su propia casa y ver qué es lo que emiten o publican. Ya no se trata tanto de si es algo que les parezca interesante, sino del efecto que pueden causar. A mi me sigue pareciendo que no puede haber tantas personas a las que se les ocurra ponerse a dar tiros desde los tejados en el mundo si no ven que alguien alcanza una forma de gloria al hacerlo. Ahí les propongo una idea: dar la noticia pero no dar datos del bárbaro, con lo que le quitan su afán de protagonismo y la masacre pierde le encanto de la inmortalidad. Llamen a todos “Juan Nadie” y así no habrá más imitadores que quieran superar a su ídolo, sólo quedarán los locos “normales”.

martes, 30 de agosto de 2011

Vuelven “os do non”

El BNG ha dado ayer respuesta a la oferta de diálogo del PP para diversos temas de interés autonómico: “No”. Esa ha sido su respuesta. Escueta, concreta y directa. “No”. Vuelven “os do non”, ese histórico término popularizado por Manuel Fraga (no me atrevo a decir “acuñado” por si otra persona tiene derecho a cobrar los royalties).

no ¿En qué se basan para adoptar una postura tan negativa frente a todo? Hay dos corrientes ideológicas internacionales que estudian los movimientos del BNG desde diferentes prismas. Es broma, sólo perdemos el tiempo con el Bloque los de aquí. Pero sí que creo que hay dos puntos de vista: el teórico y el real. El teórico es que, como PP y PSOE han pactado la reforma constitucional que, presuntamente, podrá fijar un techo de gasto de las administraciones el BNG se ofende porque, dicen, se limita la autonomía de las Comunidades. El real es que hay elecciones en tres meses.

Digo que es el real porque no me creo el argumento que dan para romper el diálogo con el partido al que los gallegos han votado en masa. No tiene sentido ninguno que se vinculen temas como la lucha contra el paro, la tan necesaria reforma de la TVG, la ley del área metropolitana de Vigo… a lo de la reforma constitucional. Eso sí, como disculpa vale perfectamente, pero si no fuera esto sería otra cosa. Las campañas son así.

Lo curioso del caso es que siguen metiéndose en la cama con el PSOE, la parte contratante de la segunda parte (obsérvese el sutil homenaje a Groucho Marx) de la reforma constitucional. Con esos no se enfadan, o al menos no se enfadan tanto. No veo a Bao diciéndole a Orozco que o presiona a los líderes nacionales (jajaja, perdón, me da la risa sólo de escribirlo) o rompe el pacto en el Ayuntamiento de Lugo. Lo mismo con la Diputación, esa en que están el PSOE y el BNG, dos partidos que dicen querer cargárselas.

Una cosa son los principios y otra manejar el presupuesto. ¿Alguien cree realmente que si el bipartito siguiera calentando los sillones oficiales los nacionalistas se habrían subido al carro del “no” y roto el pacto con los socialistas por la reforma constitucional? Por favor, seamos serios.

Aquí no se trata de lo que piensan, sino de lo que pueden trincar. Atrás quedan aquellos tiempos en que el BNG era una fuerza en que uno podía depositar la esperanza de que fueran “diferentes”. Es un partido político, que nadie se engañe, y el fin último de un partido político es gobernar. El esquema se sostiene en que teóricamente para ello han de agradar al pueblo, pero ya ven, parece que no es necesario, sólo hace falta conseguir tener los diputados/concejales/senadores clave para poder secuestrar al Gobierno y chantajearlo. “O te mandamos por correo una dirección general cada semana hasta que nos des lo que pedimos”. Y encima lo defienden públicamente y se llaman demócratas. ¡Qué país!

lunes, 29 de agosto de 2011

La Constitución mejor me la dejan tranquilita

Bueno, aquí estamos de nuevo tras una corta semana de vacaciones. Empezaremos la nueva temporada con un tema de máxima actualidad: la reforma de la Constitución, contra la que me tengo que situar, ya lo digo de entrada (contra la reforma, no contra la Constitución).

ce Haciendo un poco de historia veremos que nuestra norma fundamental sólo ha sido reformada en una ocasión desde su aprobación en 1.978. La gran alteración que tuvo fue añadirle dos palabras “y pasivo” a uno de sus artículos que reconocía la posibilidad de que algunos extranjeros pudieran ejercer el derecho al sufragio "activo”, es decir, votar. Lo del “y pasivo”, que implica que también puedan ser elegidos, se debió a la Unión Europea, que exigía que todos los ciudadanos de la Unión puedan ser tanto electores como elegibles en los Estados miembros.

Ahora nos vuelven a hablar de retocar la mal llamada Carta Magna. Digo mal llamada porque una Carta Magna, como su nombre indica, es promulgada por un rey soberano para otorgar derechos a sus súbditos, mientras que una Constitución la aprueba el pueblo para, entre otras cosas, organizarse y limitar los poderes del sistema.

El motivo del retoque es limitar el techo de gasto de las administraciones, y obligarles con la más alta de las normas a no endeudarse más allá de un límite. Noble fin, absurdo procedimiento. Me parece fantástica la idea de constitucionalizar el principio básico de que la administración no se puede endeudar eternamente, y evitar el absurdo en el que estamos cayendo por el que se emite deuda para pagar intereses de la anterior. Es como si un particular pidiera un crédito para pagar los intereses de su hipoteca, un círculo vicioso que acabará en desastre sí o sí. Entonces, si apoyo la idea, ¿por qué estoy en contra de la reforma? Muy sencillo, porque no va a servir absolutamente para nada.

Veamos, la idea es la siguiente: se mete este nuevo tema en la Constitución para evitar que un partido mayoritario, es decir PP o PSOE, que gane sin mayoría absoluta se pueda ver forzado por los nacionalistas a eliminar ese techo de gasto. Imagínense que Ciu gobierna en Cataluña, como pasa realmente, o el PNV en el País Vasco, lo que pasó hasta hace dos días, y que Rajoy o Rubalcaba ganan las elecciones y se quedan a poco de la absoluta. Si esos partidos nacionalistas quieren tener dinero querrían endeudar más a sus Comunidades Autónomas y podrían forzar al gobierno en minoría a eliminar ese techo a cambio de, por ejemplo, aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Si la norma tiene rango de Constitución eso no podría pasar, ya que hace falta una mayoría que sólo la unión de PP y PSOE puede lograr hoy día.

En principio la idea parece fantástica, y no habría más que decir, pero hay un “pero”. Lo que se va a meter en la Constitución es que “por ley” se podrá fijar un techo de gasto. Eso quiere decir que no se pone un máximo al endeudamiento en la Constitución, sino que se remite esa cifra a una ley… y como ya habrán adivinado esa ley puede ser objeto del chantaje del que antes hablábamos. Si un partido minoritario tiene la llave del gobierno puede pedir que el techo de gasto en vez del 10% sea del 2.000% y listo, en la práctica desaparecería el problema para ellos.

Por eso no estoy de acuerdo con la reforma, porque no servirá absolutamente para nada. Sólo es una declaración de intenciones, sujeta a los vaivenes de la política de barrio en lugar de blindar un porcentaje razonable en una norma inalcanzable para los habituales chantajistas de nuestro escenario público. Para eso, sería igual que aprobaran una ley sobre el tema, que tendría el mismo efecto y sería igual de fácil de comprar a cambio de los votos necesarios para aferrarse a la poltrona a quien le toque.

De no arreglar nada, la Constitución mejor me la dejan tranquilita, que de abrir ese melón hay muchas cosas que reformar en ese texto como la sucesión en la Corona, las funciones de cada administración, o la elección del Tribunal Constitucional para que no sea un mero reflejo político del Congreso.

En este blog he defendido que tal vez sea hora, ya no de una reforma, sino de redactar una nueva Constitución. Pero siempre que ese esfuerzo sirva para algo, no para ser una componenda más para quedar bien con todo el mundo lo que, como todos sabemos, al final hace que no se arregle nada.

lunes, 22 de agosto de 2011

Super 8

Hoy vamos a ponernos en plan crítico de cine. Es lo que tiene este blog, que según cómo me levante va la cosa de un tema o de otro. No me digan que así no es más interesante. De todas formas, la cosa no es sólo cine, ya verán.

El sábado fui a ver Super 8, la última película que ha producido Steven Spielberg y que dirigió J.J.Abrams, el creador de Perdidos, Fringe y la última de Star Trek… todas ellas obras maestras (ejem). La película va, en resumen y sin destripar demasiado el tema, de unos chavales que están grabando su propia película para un concurso y presencian un accidente de un tren militar. Hasta aquí puedo leer (a ver, el trailer ya estropea más la película que esto, así que no he dicho nada).

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Lo mejor de la película es que ha sido como volver a ver una cosa entre E.T. y los Goonies. Aunque en varias entrevistas Spielberg decía que la película era más de Abrams que suya, la mano del primero se nota muchísimo. Para empezar la ambientación es en los 80, la época de Regreso al Futuro, o la ya mencionada E.T.

Pero que más me gustó fueron los protagonistas. Me revuelve el estómago cada una de esas películas en que salen niños que o parecen idiotas o super genios que se comportan como adultos de 10 años. En esta no, son críos como éramos nosotros: maduros para unas cosas, infantiles para otras, lejos de la hiper protección que ahora tienen los niños pero con una disciplina mucho mayor de la de hoy en día. Es decir, que salen en la película niños normales a los que no te dan ganas de meter un bofetón cada vez que abren la boca.

Aunque sólo sea para eso, para ver una infancia más o menos normal, o más parecida a la que tuvimos nosotros, recomiendo ver la película. Eso sí, de pequeño no vi ningún accidente de tren y mucho menos… casi se me escapa.

viernes, 19 de agosto de 2011

Debate sobre el estado de la Administración

El debate de las Diputaciones no es nada nuevo, aunque se ha puesto de moda porque la crisis hace que se intente recortar por todas partes, y desde luego los órganos provinciales es obvio que se perciben como algo superfluo en el mejor de los casos.

En este país nuestro no hay debate que se haga con rigor y seriedad. Uno toma partido alegremente por una opción sin analizar las cosas con un poco de frialdad, y luego pasa lo que pasa, que nos encontramos con contradicciones o intentamos apoyar con hechos nuestras teorías. Decía Conan Doyle, a través de su archiconocido detective Sherlock Holmes que es un craso error hacer teorías sin examinar los hechos, ya que se tiende a deformar estos últimos para justificar la idea preconcebida.

Vamos a dar un pequeño repaso a las dos principales teorías, descartando ya la de que hay que mantener las Diputaciones como están, que es no lo sostiene hoy nadie. La primera es la de su desaparición, ahorrándonos los millones que cuesta mantenerlas, y la absorción de competencias por parte de Autonomías y Ayuntamientos, fusionando estos últimos si son pequeños para que puedan ser de un tamaño que les permita ejercer esas competencias. En aquellos casos en que no se pueda, por lo que sea, fusionar municipios se trataría de mancomunar servicios (es decir, hacer una especie de asociaciones de municipios para organizar los servicios). Este enfoque, defendido por Pepe Blanco (lo cual ya es un punto en contra de entrada) es el más simplista de los dos, ya que se basa en dos percepciones: que las Diputaciones son oscuros agujeros de dinero y que no sirven para nada, y su solución es cargárselas sin más. ¿Dónde está el error? en mi opinión en tres puntos:

  1. Confunde el mal funcionamiento de la institución con la institución en sí misma. Que una cosa no esté bien organizada no quiere decir que tenga que desaparecer.
  2. La fusión de municipios no soluciona nada. Pongamos el caso de Galicia, donde los municipios ya son muy grandes en extensión, pero con una población muy dispersa. Si fusionamos, por ejemplo, tres municipios ya grandes tendremos uno gigantesco con la población desperdigada, con lo que no hay una mejora en la relación población/servicios.
  3. Mancomunar servicios de ayuntamientos pequeños es una tontería. Es más lógico que la Diputación se encargue de prestar esos servicios. ¿Porqué? porque si mancomunamos ayuntamientos pequeños, y por tanto, de escasos medios, lo que hacemos es que se agrupen los “pobres”. Si por el contrario la Diputación presta el servicio se redistribuye la riqueza, y los ayuntamientos “ricos”, a través de la Diputación, tendrían que colaborar con los “pobres”.

La segunda teoría, que es la que yo apoyo, es la de que hay que mantener las Diputaciones pero en un sistema administrativo reformado al completo. Hay que hacer un debate sobre el estado de la Administración, porque no hay que modificar las Diputaciones, hay que modificar el sistema entero. No tiene sentido tener un montón de administraciones superpuestas haciendo todas lo mismo. ¿Qué es lo que hay que cambiar? pues como mínimo lo siguiente (hoy tengo el día esquemático, va por puntos la cosa):

  • Asignar cada competencia a una única administración. No puede ser que haya competencias en servicios sociales en todas las capas, o en cultura o en lo que sea. Destinar recursos de todo el mundo a lo mismo es absurdo, porque se falsean las necesidades y las aportaciones. Que haya guarderías, bibliotecas, oficinas de empleo, museos o centros de día municipales, provinciales, autonómicos y estatales es absurdo. Una sola administración por competencia.
  • Enlazado con lo anterior, prohibir el ejercicio de competencias impropias. El Ayuntamiento de Lugo, por ejemplo, presume de haber gastado mil millones de pesetas (6 millones de euros) en empleo, cuando no tiene competencias en ello. Ese dinero debería haberlo gastado en lo que tiene asignado, que está como está.
  • Aclarar y en su caso modificar el sistema de elección del gobierno de las Diputaciones. Si se considera que es una especie de asociación de municipios, que es lo que es ahora, el sistema actual es válido: se elige por los concejales de la provincia. Pero no por partidos judiciales, sino por ayuntamientos. Un ayuntamiento, un voto.
  • Poner techos de gasto a todas las administraciones y prohibir el endeudamiento, al menos con la alegría que hay ahora, de ayuntamientos, diputaciones, autonomías y del propio Estado. No es sostenible un sistema que cada vez debe más y más dinero y que paga intereses emitiendo más deuda pública.
  • Aunque creo firmemente en la independencia local, poner límites a ciertas cosas como creación de entes privados, sueldos, número de funcionarios…y cuando digo funcionarios me refiero tanto a los “odiados asesores” como a funcionarios “de carrera”. No es lógico que un Ayuntamiento decida cuántos funcionarios necesita sin límite. No hablo de asignar un número exacto, sino de poner límites máximos.

Son pinceladas, pero creo que por ahí han de ir los tiros. En cuanto a las Diputaciones, no creo que sea mala su existencia sino su funcionamiento. Si se utilizaran como “asociación de municipios” ayudando a los más débiles a ejercer sus competencias, creo que serían muy positivas.

jueves, 18 de agosto de 2011

“Palo-dines” de la democracia

Las organizaciones que ayer se liaron a palos con los peregrinos que vinieron a ver al Papa, piden hoy que la fiscalía esté atenta al discurso de Benedicto XVI por si hubiera algún “delito” en el mismo. Supongo que se refieren a que si no condena el Franquismo, acepta el aborto, la eutanasia, el divorcio y unas cuantas cosas más, se sentirán heridos en su “yo” interno y creerán que eso vulnera la legalidad, con lo que podría ser entretenido ver al ciudadano Ratzinger ingresar en una cárcel española como colofón a su viaje. Yo, a estas alturas, ya no descarto nada.

Es una vergüenza que esta gente se atreva a abrir la boca después de la que liaron ayer. Si fuera cualquier otro colectivo hoy estarían marginados socialmente, ya que amedrentar, amenazar e incluso atacar físicamente tanto a quienes se reúnen pacíficamente para celebrar su fe como a la policía que estaba allí para garantizar este derecho, son causas suficientes como para declararlos “personas non gratas” en un país más o menos civilizado.

Nuestra España es tan maniquea que ayer algunas personas me escribieron para denunciar mi “catolicismo fascista”. O me explico muchísimo peor de lo que yo pensaba o algunos no saben leer más allá de lo que quieren leer. Creo que dejé bastante claro, e insisto hoy en ello, que mi postura frente a la religión es irrelevante en este tema. Defiendo la concentración católica como demócrata, y como tal, y defensor de la libertad, me parece una aberración que ayer pasara lo que pasó con esos grupos de izquierdas tan “tolerantes y respetuosos con la diferencia”.

_sol4_42198378 No faltaron, por supuesto, banderas de la República y del Arco Iris. Flaco favor le están haciendo a dos causas que no creo que tengan mucho que ver con liarse a pedradas con la policía. No sé si son conscientes de que la tercera ley de Newton funciona también en lo social: “toda acción provoca una reacción igual y contraria”. Es decir, que con su desmedida acción contra los católicos lo único que van a conseguir es recuperar la figura del mártir, tan útil en muchas ocasiones para evangelizar por el mundo.

Estos “palo-dines” de la democracia (inteligente juego de palabras con los mamporros que dieron ayer), esta gente a la que tanto se le llena la boca pidiendo respeto, usan el argumento de que “son tolerantes con quien es tolerante”. Pero cuidado, aquí el tema está en quién decide el umbral de tolerancia. Por ejemplo, despliegan sus simpatías por regímenes dictatoriales “progres” tipo Fidel Castro o el del poncho (lo siento, no recuerdo el nombre y  me da pereza buscarlo en Google), el derecho de los musulmanes (súper demócratas ellos, faltaría más) a rezar en medio de la calle y de prohibir todo aquello que no les parece guay. Por cierto, Evo Morales es el del poncho, ahora me salió.

Como liberal que me considero, me escuecen mucho las prohibiciones, restricciones y desmanes del poder político. Sin embargo, creo que además de los imbéciles que se liaron a palos con manifestantes y policías hay que otorgar su parte de culpa a la Delegación del Gobierno y al Ministerio del Interior por no ejercer sus funciones de mantenimiento del orden. O por incompetentes o por memos, me vale cualquiera de los dos argumentos: si se imaginaban, como todos los demás mortales y como los informes municipales advertían, que una coincidencia espacio-temporal de los manifestantes de ambas corrientes acabaría como acabó, son unos incompetentes o, lo que es peor, unos cobardes, por autorizar la contra-marcha. Si no se les pasó por la cabeza tal posibilidad es que son más tontos que Abundio, que vendió el coche para comprar gasolina.

Si no estás de acuerdo con la visita del Papa me parece fantástico que des tu opinión, incluso que te manifiestes contra el gasto público que supone. La opinión es libre. Ahora bien, las opiniones sustentadas en garrotes recuerdan a las más negras páginas de la Historia de la Humanidad. Estoy pensando, como siempre que salen estas cosas, en las organizaciones fascistas de Mussolini o de los nazis. Funcionaban exactamente igual.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Libertad bidireccional

logo_jmj_madrid_2011 Hay que ver la que puede liar un señor mayor. Viene el Papa a España y tiene movilizado a todo el país, tanto a los que apoyan su visita, van a ella o hacen negocio vendiendo rosarios como a los que, indignados ellos, desde que se levantan hasta que se acuestan están todo el día dándole vueltas al tema. Es curioso ver que la gente “progre”, que normalmente cuelga en Facebook (van dos día seguidos que hablo del Facebook, parece que me paguen) fotos de sus vacaciones en paraísos exóticos o sus “findes” en las estaciones de esquí, se está movilizando para torpedear la visita del Papa a España. Tiene el mérito el señor Papa, que allá a donde va levanta pasiones, por lo que veo. Con Juan Pablo II no se armaban estos circos. Es más, todo este revuelo ha conseguido que si pones en Google “Madrid 2011” sólo te salgan cosas de la visita.

Tengo que reconocer que a mi la visita del Papa me resbala bastante. No estoy de acuerdo con la mayoría de las cosas que dice la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, que creo que hace muchísimo que perdió el norte. La Biblia se ha convertido en un arma arrojadiza contra todo aquello a lo que la Iglesia tiene miedo, usando a veces el argumento de “es que lo dice la Biblia” y otros, cuando les interesa, el de “es que no hay que tomárselo literalmente, es una metáfora” o “hay que tener en cuenta la época en que se escribió”. Las tradiciones, muchas muy bonitas y otras no tanto, se han convertido en un abismo que separa cada vez más a la Iglesia de una Sociedad más abierta, tolerante y libre de lo que era hace no demasiados años.

Pero me estoy desviando del tema y no me pretendo poner teológico. A lo que voy es a que la Iglesia no me cae bien, lo reconozco, y la imagen del Papa no ayuda. Ya he tratado el tema de la relación Iglesia-Estado en otro artículo del blog, que hablaba de la visita anterior del Papa a Santiago y Barcelona. Pero que a mi no me guste la Iglesia no quiere decir que me parezca mal que venga su representante a España. Si quiere venir, bienvenido sea, aunque yo no voy a ir a verlo.

Ya, ya lo sé, no hace falta que me digan nada. “Es que cuesta mucho dinero”. Es cierto, cuesta un pastón de dinero público a pesar de que la organización se autofinancie. Hay que pagar la policía (aunque nunca he entendido que se compute este gasto en este tipo de cosas, ¿si no viniera el Papa no les pagarían el sueldo?), los descuentos del metro, y todas las demás actuaciones que no son gratis. Pero si se gasta dinero para lo mismo en, por ejemplo, la manifestación del orgullo gay, un concierto de U2 o la protestas del 15-M, ¿alguien puede sostener que este acto no merece un trato similar? El gasto aumenta porque en vez de 100.000 personas se calcula que vendrán más de 1.000.000, y claro, eso cuesta más.

Mi defensa férrea de la visita del Papa no es como católico, ni como fiel, que no lo soy, ni siquiera como persona espiritual. Es una defensa como demócrata, como persona que piensa firmemente que la libertad ha de englobar tanto a lo que me gusta como lo que no, con unos límites claro. No defiendo, por ejemplo, que se reciba con honores de Estado a genocidas (lo que se ha hecho), con quienes creo que, como mínimo, hay que cortar relaciones diplomáticas, aunque tengan petróleo en sus dictaduras.

Dijo Orwell que "si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír". La libertad es bidireccional, no funciona únicamente de izquierda a derecha, o de liberal a conservador. También va al revés. Disfrutar de la libertad implica pagar un peaje, que es el de que tendrás que soportar escuchar gritar a alguien contra lo que tú has defendido toda tu vida, y tendrás que respetarlo y aplaudir, no lo que dice, sino que pueda decirlo.

En España ya no es que exista un doble rasero, es que da la impresión de que tengamos el dudoso honor de ser el único país del planeta que tiene un rasero por habitante. Si nos ponemos a debatir quién tiene derecho a ser escuchado y quién no, vamos de cráneo.