viernes, 31 de octubre de 2014

San Nicolás llega antes de Navidad

El fenómeno social que aprecio en torno al “pequeño Nicolás” me deprime. Porque volvemos a lo de antes, al aplauso público del “pícaro”, que es una forma amable de llamar al delincuente. Mientras pedimos transparencia, legalidad, honorabilidad y muchas otras cosas, nos descojonamos viendo las andanzas de este chaval que ha tomado el pelo a tantos y tan importantes cargos.

Eso es, precisamente, lo que gusta del caso. Ver que los de arriba también hacen el ridículo, que se les puede engañar, que se les puede manipular, que van corriendo tras un presunto enlace de la Casa Real y que ese mismo interés es el que les hace tropezar con la estafa y el ardid. ¡Qué divertido es ver caer a los poderosos! Parece que san Nicolás ha llegado antes de Navidad, porque la diversión es el mejor regalo.

Pero cuidado, porque sólo aceptamos ese prisma cuando nos da por ahí, cuando nos cae en gracia el presunto chorizo, o cuando ejerce al 50% de Robin Hood, cumpliendo la parte de robar a los ricos aunque se olvide de la de dárselo a los pobres. Eso en España nunca ha sido requisito para ser popular y caer simpático, con la parte de ir a por los de arriba llega.

Nicolás no hizo lo que hizo por hacerse un álbum de fotos. Eso lo hacía el “Rei das tartas” y no pasaba de una mera anécdota. Yo mismo vi a este último asaltar a una sorprendida Montserrat Caballé, que apenas fue capaz de componer una sonrisa antes de que el fotógrafo le atizara con el fash.

Pero a lo que íbamos, el chico no cometió una gamberrada para hacerse conocido, sino que por lo visto tenía intereses más mundanos, más ligados a su cuenta corriente. Vamos, lo que se dice una estafa en toda regla pero al por mayor.

Lo más triste del asunto es que quien levantó la liebre no fue un alto cargo de ningún ministerio, ni el alcalde de Ribadeo (nacionalista, por cierto, pero que entró a la cucharilla con el cebo de la Corona como los demás), sino un empresario que sabe por dónde se mueve, el jefe de Alsa.

La historia de Nicolás es rocambolesca, claro que sí, y tiene su punto de diversión, pero no olvidemos de lo que hablamos: de supuestas estafas. Que lo hiciera bien no es excusa para reírle las gracias, y más en un momento en el que aceptamos la tolerancia cero como mantra para luchar contra la corrupción, al menos desde abajo.

O creemos en la honradez, o no creemos. Pero cifrar nuestro apoyo a la simpatía del delincuente me preocupa seriamente.

jueves, 30 de octubre de 2014

Hay brujas buenas y valientes

Hay gente valiente. Ayer tuvimos una prueba en el cementerio de Lugo, y no me refiero a los 50 lucenses que fueron a hacer el payaso entre las tumbas de nuestras familias vela en ristre y con alegres alboradas gallegas de fondo, sino a los cuatro o cinco que estaban fuera mostrando su rechazo por una actividad que podrá ser muchas cosas, pero respetuosa no.

Miren, se nos habla mucho de que en otras ciudades se hacen visitas a sus cementerios, diurnas y nocturnas, y que “Lugo no tiene por qué ser menos”. Ese argumento de “los demás también” abre la puerta a que nos programen entretenidos encierros taurinos por la calle de la Reina en el próximo San Froilán o que tiren algún animal, probablemente una cabra, desde las torres neoclásicas de la catedral. Si los demás lo hacen…

La cuestión va por otro lado, creo yo. Poner el foco del esfuerzo turístico y cultural de esta ciudad en el cementerio me parece ridículo, cuando hay otras muchas cosas que están como están. En lugar de destinar el dinero a hacer el indio entre las tumbas de nuestras familias quizás sería más productivo eliminar el cobro de entradas en los museos locales, tener abiertas las salas de interés turístico cuando hay turistas (fines de semana, por ejemplo) o, ya que les gusta el mundo de la noche, hacer visitas guiadas a la Muralla o la Catedral en ese mismo arco horario.

Pero es que la visión que les expongo adolece de realismo. Lo que se busca no es aumentar el número de turistas, sino el de votos. Lo que importa no es que la ciudad atraiga visitantes, sino que los lucenses consideren al ayuntamiento como un pozo de imaginación sin límites que hace cosas llamativas, siguiendo aquella máxima de “que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.” que me parece recordar que es de Oscar Wilde.

No todas las brujas son malas
Pero no quiero hablarles más de la visita en sí, sino del valor que ha demostrado un pequeño grupo de personas, cual aldea de Astérix, que ha puesto un valor y una decisión importantes sobre la mesa a la hora de enfrentarse a esta chorrada. Han ido al cementerio a las 8, noche cerrada, hora de la visita, a protestar por el circo de tres pistas que quieren hacer de nuestro camposanto. No les doy la relación de nombres porque no estoy seguro de quiénes fueron en concreto, pero no lo entiendan como un anonimato al que renunciaron plantándose allí sino a no saber si están todos los que son, aunque desde luego si eran todos los que estaban.

Me dirán, y si son tan admirables ¿por qué no estabas tú allí? Pues aunque suene a excusa barata porque no pude, si no crean que habría estado hombro con hombro con estas personas a las que doy toda la razón en su protesta.

No es fácil en Lugo dar un paso adelante para casi cualquier cosa, les garantizo que sé de lo que hablo, pero esta gente lo hizo. Vaya mi admiración y mi respeto más profundo para ellos y, ya puestos, para la amplitud de sus gónadas. Si nadie se atreve a decir que el emperador va desnudo todos seguirán asegurando que ven unas hermosas telas cubriendo su piel.

Es posible que de 50 asistentes a la tontería alguno haya reflexionado. Aunque sólo sea uno. O quizás no, pero es importante que alguien lo intente.

La otra opción es entrar al trapo y montar un puesto de helados, globos y confeti para llenar de alegría y jolgorio nuestro cementerio. Miren, quizás el año que viene repitan este rollo pero animando a la gente a acudir disfrazada de vampiros, fantasmas o cualquier otra cosa de la que nos venden por “Halloween” y que aquí se compra por lotes industriales.

miércoles, 29 de octubre de 2014

A Aurora le cierran la pulpería

Cuando viajas buscas lugares que te digan algo. Insólitos, llamativos, curiosos… y esto se entiende tanto para las localizaciones de paisajes como para los locales. Seguro que cada uno de ustedes tiene en mente una pequeña tienda de un rincón de sabe Dios dónde, un café diferente o un restaurante que les dejó un grato recuerdo por su peculiaridad.

Ahora mismo, por ejemplo, estoy pensando en un pequeño local en Praga, situado a escasos metros del famoso Reloj Astronómico, y que como peculiaridad tenía unas impresionantes bóvedas de piedra que te hacían sentir como en una catacumba. O una cafetería de Amarante (Portugal) donde estabas subido a una especie de pico de piedra al borde del río. Son esos sitios los que ayudan a componer nuestros recuerdos.

Menos en Lugo.

En Lugo abre un local con una peculiaridad ciertamente llamativa, la pulpería de Aurora, donde había bofetadas por conseguir uno de los “toneles” con mesas dentro. Una originalidad que ha pagado cara porque le han clausurado el local por no cumplir normas varias relativas a materiales y a evacuación en caso de incendio.

La madera “usada” está prohibida, por ejemplo aunque no acabo de entender muy bien qué se entiende por madera “nueva”. ¿Acaso los árboles no la han utilizado toda previamente como sustento? En la era de las lejías y los productos de limpieza extrafuertes, ¿no hay forma de limpiar bien un trozo de madera?

Lo de que te metan en un tonel gigante por lo visto está prohibido porque, a pesar de que hasta donde yo sé no le ponen maderas clavadas que te impidan el paso, por lo que nos cuentan en caso de incendio no hay escape legal.

No me entiendan mal. Por supuesto que hay que tener unas medidas de evacuación, una serie de precauciones y muchas cosas maravillosas… pero ¿no están siendo más papistas que el Papa?

Hay un punto en todo esto que no acabo de entender. La orden de cierre se dio antes de las fiestas de San Froilán, pero sólo se ejecutó en días recientes. ¿Les parece lógico? Si realmente estamos hablando de un problema de seguridad, ¿no es más grave cuando hay más público? ¿Qué intereses hay aquí?

La telaraña normativa, que incluso dejaría pálida a la más hacendosa de las amigas de Doña Tecla (los de mi generación recordarán este personaje de la Abeja Maya), hace casi imposible cumplirlo todo. Si te quieren pillar, te van a pillar, entre otras cosas porque hay incluso normas contradictorias a cuyo acatamiento estás obligado simultáneamente. Me lo expliquen. Las normas han de hacerse para protegernos, sí, pero no para ser corsés ridículos en los que se impida la imaginación, la iniciativa, la originalidad y la personalidad.

Aurora ha visto cómo se cierra su local porque ha tenido la osadía de ser diferente. En otros países se premia. Aquí se le cierra la puerta.

martes, 28 de octubre de 2014

Si el Estado falla, ¿para qué piden más?

Ya no es la crisis, ya no es el paro, ni la amenaza del rescate. Es la corrupción la que nos tiene a todos hasta las narices, por ser fino aunque el momento exige un poco más de contundencia.


 Ahora resulta que, ¡oh sorpresa!, hay una presunta trama organizada para cobrar una serie de porcentajes de los contratos que la administraciones públicas adjudican, siguiendo los principios de concurrencia competitiva, transparencia, publicidad, legalidad y no sé cuántas cosas más. Lo que no encaja es que, si se cumplía todo esto, para qué se pagaban las comisiones.

Esto ya no se arregla con atajar los cuatro o cinco casos de corrupción, ni los cuarenta o cincuenta, ni los cuatrocientos o quinientos. El fondo del asunto es que esto es más descorazonador que cuando Dios se llevó por delante las ciudades de Sodoma y Gomorra, porque aquí no sólo no encontramos ni los diez justos que eviten la masacre, sino que no hay ni un Lot al que avisar para que ponga pies en polvorosa.

Saben que yo sigo insistiendo en la presunción de inocencia como deber sagrado de todo fiel al Estado de Derecho, pero la verdad es que cada día nos lo ponen más difícil. Se está convirtiendo en una cuestión de fe de difícil defensa, como la transubstanciación o la presunta elección de hombres y no de mujeres por Cristo para llevar a cabo su labor evangelizadora.

Nos ponen difícil defender la honorabilidad de una dedicación, la de la política, cuyo objetivo y fin último es el más noble de los posibles: colaborar con tu sociedad a que las cosas vayan mejor. Pero no es el caso. La cueva de ladrones en que por lo que se ve han convertido este país no tiene límite en cuanto a profundidad ni gravedad de los desfalcos.

No hay administración ni nivel que se libre. Desde el más pequeño ayuntamiento a la Corona, aquí todo el mundo ha metido mano a la caja común, ante el aplauso cómplice, y suponemos que previo pago, de quienes debían velar por su integridad.

Todo ha fallado. Mecanismos de control, funcionarios que han de salvaguardar la legalidad, diferentes órganos de supervisión… Ninguno ha cumplido su cometido porque el pecado original de nuestra democracia es que está basada en el poder absoluto e indiscutible de unas Cortes Generales que a su vez dependen exclusivamente de la partitocracia atroz en la que vivimos.

Pero no se engañen, el dictamen es unívoco y claro, pero la receta para la curación no es la misma para todos. La panacea no es echarnos en brazos del primer iluminado que nos pase por delante, tenga o no coleta, y poner ese poder absoluto en manos del que nos come la oreja con palabras bonitas y diagnósticos acertados. La solución es limitar ese poder absoluto.

Que los partidos políticos hayan pervertido esta democracia, convirtiéndola en una caricatura de sí misma, usando el voto como un arma arrojadiza en lugar de como la hermosa herramienta que es, dice muy poco de los partidos pero menos aún de la ciudadanía que lo consiente día tras día. Esto es por nuestro segundo defecto nacional, la pereza, que hace que en España la reacción de indignación convierta nuestras quejas en votos para una presunta alternativa, pero no en implicación personal, no sea que se me estropeen las uñas.

Lo más absurdo de todo esto es que quien viene a salvar la patria no es el que pide menos Estado, que parecería lo lógico, son el que exige más. Todo lo que está pasando no nos convence de que lo suyo es que el ciudadano normal desconfíe de lo público, base del pensamiento liberal, sino que al contrario, vemos que la masa pide más control, más medidas, más Estado, más caldo de cultivo para la corrupción.

Inconcebible, pero es lo que hay, fruto de la completa incultura política de esta España nuestra y de la profundidad de análisis, que se puede comparar, sin equivocarse demasiado, con la de un plato sopero, y no muy lleno.

Reflexionen. Si el Estado ha fallado, ¿no es hora de probar a reducirlo a ver qué pasa?

lunes, 27 de octubre de 2014

¿Qué le habrá pasado al "probe" José Miguel?

El pobre José Miguel tiene un problema, que es su inmenso patrimonio. Propietario de 16 inmuebles en Madrid y cuatro empresas, alguna de las cuales le reporta un sueldo de 105.000 euros al año, ha tenido la mala fortuna de toparse, por culpa de unos asesores fiscales incompetentes, con una multa de Hacienda por importe de más de 900.000 euros.

Sin embargo, ha explicado con todo lujo de detalles que él no tiene culpa de nada, que es un honrado trabajador que cumple escrupulosamente con sus obligaciones impositivas, y que las peripecias contables no tienen nada que ver con él, ni siquiera cuentan con su aval, y han sido causadas por una asesoría mala, malísima, a la que es de suponer que habrá retirado la gestión de todos sus asuntos por meterlo en tamaño lío.

¿Que ha evitado, mediante trucos de prestidigitación contable, tributar a Hacienda lo que le corresponde? Sí, es cierto, pero no por malicia sino por error. Es normal. Te olvidas de llevar una, cometes un pequeño fallo al restar metros cuadrados desgravables y se te despistan 900.000 euritos de nada. Y la gente se pone loca. Es que no hay sentido de la medida.

José Miguel no especula con el ladrillo, sino que hace “inversiones en España”. Es un orgulloso valor de nuestra patria, que compra pisos por doquier pero no para enriquecerse mediante la burbuja inmobiliaria que algunos esperan que se empiece a gestar nuevamente, sino para evitar llevar su dinero a lugares de difícil pronunciación como Liechtenstein o Andorra (esta última más fácil de decir en voz alta). Lo que se llama una persona de principios, que sólo quiere dar trabajo a los honrados albañiles. Tendría que cundir el ejemplo.

Por supuesto tiene la conciencia tan limpia que no le causa rubor alguno elevar su voz contra aquellos que hacen cosas ilegales, ilegítimas o inmorales. Y tiene razón. Ya está bien de tanto chorizo defraudador, que lo hace a mala idea en vez de por una serie de desdichadas cadenas de fallos humanos, como le pasa a él.

Su pecado es totalmente venial, el de confiar en los demás. Lejos de los escándalos bancarios y corruptelas políticas que él condena a diario, con toda la razón del mundo, su cándida inocencia se debe a su bonhomía y en la creencia de la pureza de sus congéneres. Si es que da ganas de proponer su beatificación a la de ya.

Precisamente es esta lucha, la que José Miguel lidera día tras día, la que lleva a mucha gente a convertirlo en diana de sus dardos. Empresas de gran tamaño, gentes de mal vivir y profesionales del guante blanco lo atacan usando como excusa ese pequeño error contable y sus inversiones en suelo patrio para desacreditarlo. ¡Mala gente, mala gente!

La próxima vez que lo vean tengan en cuenta todo esto, porque es una víctima, que se rebela día a día contra un sistema podrido desde su pequeña ventana al mundo. No le tengan en cuenta el tema del fraude, ni lo de sus 16 pisos. No imaginen qué pasaría si en vez de pasarle eso a él le pasa a toooooda la gente a la que critica. Él es puro, él es grande, como el estado de Wyoming al que debe su nombre artístico.

viernes, 24 de octubre de 2014

Cáceres, Capital Gastronómica 2015... Lugo sigue a la espera

Tras este pequeño paréntesis temático, volvamos a lo nuestro que es más interesante: Lugo. Me he dado cuenta de que con tanta rabiosa actualidad se me ha pasado hablarles del tema de la “Capital Gastronómica Española 2015”, título que recayó en Cáceres, preciosa ciudad en la que además se come de maravilla como pude comprobar hace no demasiado.

Lo preocupante de que hayamos sido derrotados nuevamente no es que el ganador no se lo merezca, que por supuesto que sí. Que nos haya vencido Cáceres no es un motivo de vergüenza, pero el problema es que nos podría haber ganado Rabanillo del pinar, vista la "cosa" que enviamos. Lo que me mosquea es que todas las evaluaciones realizadas al “proyecto”, por llamarlo de alguna manera, que envió Lugo destacan su penosa calidad, y eso ya es más para preocuparse.

Verán, lo de “Capital Gastronómica Española” es un certamen que se inventaron hace poco tiempo. Su primera edición fue en 2012. En aquella ocasión estuvimos a un tris de conseguirlo pero nos lo arrebató Logroño.

Este año el Ayuntamiento anunció que no se iba a presentar, porque suponía un desembolso económico de 125.000 euros, lo que es falso… a menos que ganes, claro, en cuyo caso los beneficios que repercuten a la ciudad obviamente son muy superiores al gasto. Baste recordar que en la capital gastronómica de 2014, Vitoria, recibió una promoción que va mucho más a allá de los anuncios que puede pagar con esa cifra, porque además se incluyen cosas que el dinero no puede comprar.

Cuando se ofreció públicamente ayuda al Ayuntamiento para preparar un dossier y una candidatura en condiciones, por parte de Lugo Monumental, la respuesta fue… bueno, aún estamos esperando la respuesta. Sin embargo debió dolerles la vergüenza torera y decidieron concurrir al desafío apoyados en otra asociación, la de Hostelería, lo cual tiene toda la lógica del mundo, ya que es el sector más interesado.

El problema es que el dossier que enviaron era una chapuza de marca mayor (no lo digo yo, lo dijo el jurado, aunque con palabras más políticamente correctas) y sólo les faltó mandar los folios con una goma y manchas de café. Obviamente la presentación no lo es todo, pero vamos, influir influye a quién queremos engañar.

Pero la cuestión va más allá. Como aquí no estamos acostumbrados a hacer las cosas con cierto criterio, minoraron mucho el desafío y se encontraron con que nos enfrentábamos a ciudades que se habían puesto las pilas y habían hecho los deberes. Cáceres, la honrosa vencedora, presentó un programa con una dotación de más de 700.000 euros, de los que la comunidad autónoma aportaba casi todo y, encima, su apoyo expreso.

En Lugo hablamos de las tapas. Una cosa muy nuestra, aunque ya no tanto, y muy sabrosa, pero la capital española de la gastronomía ha de consistir en algo más que irse de vinos con los colegas, una actividad social maravillosa que tiene poco que ver con lo que estamos hablando.

Una promoción turística adecuada es parte de esta gastronomía. Imagino la cara de susto que pondría cualquier miembro del jurado cuando entró, que supongo que lo habrán hecho, en la web turística de la ciudad y se encontraron el desolador panorama de una web “en obras” y con los enlaces rotos. “Pues yo aquí no pongo mi voto”, se dirían. Y con razón.

Lugo, una vez más, se ha quedado fuera, y creo que nadie duda de nuestras virtudes gastronómicas. El problema es otro, la desidia y la inutilidad de nuestro bienamado Gobierno Local, que se ha encargado de hacernos quedar, de nuevo, como una ciudad chapucera y en que todo se hace en el último minuto y de cualquier manera. El sello personal de Carmen Basadre con la inestimable colaboración de quienes colaboraron en esto.

Para comer, Lugo. Pero que no se entere nadie, no sea.

jueves, 23 de octubre de 2014

No soy yo, eres tú

Cuando una relación se rompe la decisión la suele tomar una de las partes. En ocasiones es “por mutuo acuerdo” pero es lo menos habitual, aunque se venda así de cara al exterior para no humillar a nadie.

Pero la persona abandonada suele buscar explicaciones ajenas a sí misma: “¿hay alguien más?” es la gran pregunta cuya respuesta no quieres saber, porque sea cual sea es demoledora. Si te contestan que sí, significa que tu pareja te ha dejado por otra persona “mejor”, lo que es devastador. Pero ¿y si te contestan que no? En mi opinión es todavía peor, porque te están diciendo que prefieren estar en soledad que contigo, que prefieren el vacío, la nada, a tu compañía.

Que te abandonen sin motivo entiendo que no es fácilmente asumible. Pero si las explicaciones que te dan se alejan del “no es por ti, es por mí”, y se centran en explicarte tus defectos, los que han hecho la convivencia imposible, tampoco es plato de gusto.

La solución más sencilla para la autodefensa es echar la culpa de todo al que se va. Decir que los motivos que alega son falsos, que en realidad se marcha porque hay otra persona y que te ha traicionado. Aunque tú ahora bebas y te emborraches, cosa que antes no hacías, o estés todo el día de mal humor y tratas mal a la familia porque has cambiado de trabajo y en el que estás eres infeliz, o porque has empezado a cometer delitos y tu pareja no quiere relacionarse con alguien así.

Es comprensible, sí, pero también peligroso. Peligroso porque si el que abandona la relación tiene razón y sus motivos son ciertos, quizás deberías reflexionar sobre cómo eras cuando os conocisteis y enamorasteis y cómo eres ahora. “¿He cambiado tanto?, ¿en qué me estoy convirtiendo?”. Esa es la pregunta que debes hacerte.

Se suele decir que cada uno se ve a sí mismo mejor o peor de lo que es pero nunca como es realmente. Eso es lógico porque tampoco los demás nos ven como somos, sino que cada cual utiliza las lentes coloreadas de sus propios prejuicios para analizar lo que le rodea. Con el espejo somos igual de subjetivos, pero hay cosas que ayudan o deben ayudar. Si todos te dicen que has engordado, por mucho que te quieras engañar llega un momento que la ropa te aprieta, y es el momento de comer menos pan y patatas e intentar volver a donde estabas, a tu talla.

Por supuesto que esto no es un canto a las bondades del abandono, sino una reflexión sobre lo que te puede hacer pensar sobre las causas del mismo.

Mi matrimonio goza de excelente salud, por cierto. No se alarme nadie.