miércoles, 14 de enero de 2015

Vuelve el debate: Seguridad y libertad

Ya sea un atropello en plena zona peatonal o una serie de sucesos (atentado, tiroteos…) que dejan 14 muertos en Francia, el debate se abre una vez más para confrontar libertad y seguridad. No es un tema menor.

Desde el 11S todos tenemos que pasar controles en los aeropuertos mucho más duros que antes del atentado contra las torres gemelas, y se abrió la veda para autorizar cosas que antes de aquello se habrían condenado inmediatamente: la “ley patriótica” de Bush, Guantánamo, vigilancia, espionaje, inteligencia y contrainteligencia… cosas que evidentemente atentan contra la intimidad de las personas.

Pero esa violación se justifica en aras a la seguridad, y quizás tenga su razón de ser. O quizás no. Ese es precisamente el debate.

La pregunta más peligrosa que nos podemos hacer en este asunto es la siguiente “si no haces nada malo, ¿qué tienes que temer?”. Nada, en principio claro que nada, pero no se trata sólo de eso, ya que la aparente inocencia de esa pregunta también justificaría que nos pusieran a todos un chip subcutáneo con GPS incorporado (aunque ya lo llevemos voluntariamente en forma de teléfono móvil).

Es para echarse a temblar que se haga realidad el “gran hermano” popularizado por un ridículo programa de televisión pero creado en la novela 1984: un Estado controlador que lo sepa absolutamente todo de sus ciudadanos… y sin embargo no nos preocupa tanto que nuestros datos más íntimos y personales estén almacenados en los servidores de dos grandes empresas: Google y Facebook lo saben todo sobre nosotros. Todo.

Pensar que hoy en día se puede ser anónimo es ridículo, sobre todo si estás en el “mundo moderno” y usas Internet habitualmente. No creo que tarde demasiado en imponerse una moda en la que se renuncie a la comunicación del ciberespacio o se restrinja a lo mínimo necesario, y francamente me parecería bien, pero aún no ha llegado.

Lo que intento decir, quizás por un camino más tortuoso de lo que debiera, es que no sé por qué nos preocupa tantísimo que el Estado tenga nuestros datos si ya los tienen empresas privadas, de cuyas intenciones uno se puede fiar lo mismo o menos que de quienes se entiende que velan por nuestra seguridad.

Pues esa es la cuestión, que es un tema peliagudo.

Ahora se tiran de los pelos un montón de personas porque no hay cámaras en la plaza del Campo, pero curiosamente otro chisme tecnológico, el GPS, sitúa a un camión de Urbaser en la plaza en la franja horaria del atropello. Si al final estamos cogidos por todas partes, así que quizás, sólo quizás, habría que rendirse a la evidencia y entender que en la vía pública sí puede haber cámaras controladas por las fuerzas de seguridad.

¿Que es una rendición de las libertades ante la seguridad? Sí, no se lo puedo discutir, pero francamente, tal y como están las cosas quizás no quede más remedio. Siempre que seamos conscientes de que es una medida que está para lo que está y no se enfoquen las cámaras hacia el interior de las viviendas para ver a las parejas en su intimidad, como ya pasó en Lugo con una cámara en la zona de San Pedro hace años.

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