Nos cuenta un interesante artículo de Carmen Uz en El Progreso del domingo que los bomberos en la provincia de Lugo son un desbarajuste. No por falta de profesionalidad ni de medios, sino porque están mal organizados. El ejemplo de que en caso de que ocurra algo en el Picato han de desplazarse unidades desde Chantada, cuando está a diez minutos de Lugo (y por una carretera bastante mejor) es lo bastante gráfico como para no ahondar en ese debate mucho más, aunque si lo necesitan este reportaje también les cuenta que Rábade, localidad situada a unos pocos kilómetros de Lugo, está atendida por los bomberos de Vilalba, a media hora.
No es un tema menor porque, como bien analiza el artículo, se contradice el espíritu de ayuda que ha de regir en estos cuerpos con la burocracia que delimita estrictamente unas áreas donde, salvo caso de fuerza mayor o catástrofe que requiera más unidades de las disponibles en una de ellas, no pueden poner un pie los de los parques colindantes.

Obviamente no es un tema menor, pero el enfoque correcto parece pasar por racionalizar las distancias entre los parques de bomberos y las áreas de influencia, medidas más en tiempos que en distancias (no es lo mismo 30 kilómetros desde Chantada que desde Lugo, con las curvas que tiene esa carretera por zonas) y con una proporcionalidad de medios adecuada a la población atendida. Evidentemente si un parque de bomberos ha de tener una influencia de un radio de 25 kilómetros tampoco es igual que residan en esa área 100.000 personas que 2.000. Es de cajón.
Pero el único cajón que se tiene en cuenta desde algunas administraciones es ese en el que se meten los proyectos e ideas que no se pueden vender bien en campaña electoral.
Mientras tanto, recemos para que no pase nada gordo. Mira tú.
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