lunes, 1 de junio de 2015

Las muletas que no quieren ser apoyo sino pierna

La alegría del PSOE se va diluyendo cuando se enfrenta a la posibilidad de que los de Podemos no sean tan tontos como ellos pensaban. Acostumbrados como están a ser la voz cantante del “cinturón sanitario” contra el PP, los de la rosa se imaginaban que allá donde la gaviota perdiera la mayoría absoluta la entrada en el Ayuntamiento sería un paseo militar, y que el seguidismo de los de Pablo Iglesias sería comparable al que otras agrupaciones han tenido tradicionalmente, verbigracia el BNG.

Sin embargo se olvidaron de un importante detalle: A Podemos le preocupan los ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas como a un electricista su destornillador: lo cuida pero si aparece algo mejor lo deshecha porque su objetivo es arreglar el enchufe, es decir, que su agrupación tiene la vista puesta en la Moncloa y el resto es un entretenimiento o un peldaño en el que apoyarse.

Obviamente no todas las agrupaciones son iguales (quizás ese sea el mayor mérito de las “mareas”) y lo que vale en los lugares donde Podemos se presentó con su propia marca no vale en otros sitios como Lugo, en que se integraron en algo más variado. Imagino yo que lo que el señor Iglesias le diga a Pedro Sánchez vía telediario a Lugonovo le trae sin cuidado, moderadamente, y que si llegan a un acuerdo global de pactar el señor Fernández Rocha no lo tendrá que acatar y sentarse a la misma mesa con Orozco, con el que aseguró que no tenía nada que hablar.

Es llamativo que un partido que se creó en base a círculos y cuestiones asamblearias descanse en los hombros de un único “líder”, y que el bueno de Iglesias hable en nombre de todos cuantos grupos existen de Podemos, como en la vieja escuela, como en el PP, el PSOE, y todos los demás... como en la casta.

Ver que quienes aseguraron que eran un soplo de aire fresco siguen mostrando síntomas de ser más de lo mismo es preocupante hasta para quienes nunca creímos en su mensaje pero que veíamos con cierto optimismo, no porque vayan a ser una Panacea en la que tampoco tenemos fe, sino porque quizás (solo quizás) harían reaccionar a los viejos dinosaurios para sacudirse la pereza de encima y empezar a andar un nuevo camino, variación del anterior, pero con valores más firmes.

No parece que vaya a ser así. Vemos que ni los terribles resultados de hace ocho días hacen que los dos grandes partidos reaccionen visiblemente. El PP se ha limitado a decir “algo habrá que cambiar”, sin darse cuenta de que lo primero que tienen que hacer es un desnudo integral ante este país para enseñar sus cuentas y sus vergüenzas, perseguir a los muchos chorizos que tienen en su nevera y pedir perdón por los desmanes que se han cometido en sus filas. No se trata del “mensaje”, ni de un “problema de comunicación”, sino de que nadie confía en un cuchillo sucio para cortar la tarta del poder público.

Por su parte el PSOE está hinchado como un pavo pensando que la desgracia ajena es ventaja propia, inconsciente del bofetón que sus votantes le han dado. La consigna de lo de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” vale en muchas facetas de la vida, pero no en la política, donde el juego es de suma cero y el que unos ganen hace que todos los demás pierdan. A ver si se van enterando de que dar oxígeno a Podemos es hacer un entreguismo digno de los más obtusos, al menos como estrategia.

Veremos, pues, en qué acaba todo esto. Quizás sea una nueva etapa para este país. Ojalá porque buena falta hace, pero mientras PP y PSOE no asuman que sus mensajes son válidos pero sus mensajeros y quienes los aplican están tocados de muerte por la peste de la corrupción, no iremos a ninguna parte más que hacia un abismo del que no vemos el fondo.

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