miércoles, 21 de octubre de 2015

El largo adios al "bar"

Lugo es una ciudad muy peculiar para ciertas cosas. Tiene todavía mucho de pueblo, de aldea grande, para bien y para mal. Lo bueno de esto es que nos conocemos todos, y lo malo que todos nos conocemos.

Últimamente me para bastante gente por la calle para preguntarme por el cierre del Verruga. “¿Es cierto?”, me preguntan… Pues claro que es cierto, lo hemos anunciado nosotros mismos. Aquí un pequeño paréntesis cuando hablo en primera persona del plural. El Verruga es mi madre, acompañada de mi padre durante muchos años hasta que se jubiló, igual que antes era mi abuela apuntalada por mi abuelo. Verán que he omitido intencionadamente el “de”, porque más que una cuestión de propiedad es un tema de personalidad, y el alma del restaurante siempre fue mi abuela, que con más de noventa años y apartada de la gestión diaria, continuaba siendo quien era. Ojalá siguiera siéndolo, pero tras su fallecimiento ese papel le ha tocado a mi madre.

Pero a lo que iba, lo del uso de la primera persona es porque siempre he estado muy metido en el Verruga. No tanto allí haciendo horario de hostelería, que también pero solo muy ocasionalmente y cada vez menos, sino desde fuera, ayudando en lo que podía. Por eso lo considero algo que nos afecta a todos, tanto a mis padres como a nosotros.

El hecho de que mi madre por fin se pueda jubilar implica el cierre del Verruga tras más de 64 años de servicio activo. Abrió sus puertas el 1 de abril de 1.951 con mi abuela al frente y mi abuelo de apoyo, y es curioso porque de aquella una mujer no podía tener una empresa sin un permiso escrito y formal de su marido. Mi abuelo era taxista y estaba en el Verruga cuando podía, así que quien se comió los horarios más fuertes fue Doña Emilia. Eso no quiere decir que Cándido no fuera un gran valor, porque era una persona simpática a rabiar y el mejor relaciones públicas que se podría soñar. Como le decía él a mi abuela “yo te traigo a la gente y tú la atiendes”.

Si les cuento todo esto es porque así me evito repetirlo demasiado por ahí, y remito al blog que así gano visitantes a pesar de que si les soy sincero me sorprende la cantidad de gente que me lee.

Como les decía al principio Lugo tiene mucho de aldea grande y eso es muy bueno en muchas ocasiones y menos bueno en otras. No se imaginan la curiosidad que se ha despertado sobre el futuro del Verruga: “¿No vas a seguir?” es la pregunta más habitual. Mi respuesta negativa deja descolocada a mucha gente, pero qué quieren que les diga, tengo un maravilloso puesto de funcionario de grupo bajo en la administración y no lo cambio por los sinsabores y los sustos de un negocio como un restaurante, a pesar de sus muchas satisfacciones.

“¿Y no lo vais a traspasar?” es la siguiente pregunta habitual. Pues miren, nadie nos ha preguntado en serio así que no sé qué decirles. Para empezar el local no es nuestro así que tendrían que negociar el alquiler con el propietario. Lo que sí son nuestras son la licencia de actividad, el contenido del local y el nombre, que tiene su importancia porque, quieras que no, sale en prácticamente todas las guías del mundo que hablan de Lugo. No es poco.

"Que nos quiten lo bailao" - Feria de Abril del Verruga
Dependerá de si hay alguien realmente interesado, no tengo ni idea, pero si les digo la verdad no sé hasta qué punto me hace gracia que otra persona coja el Verruga. A veces el sentimentalismo tira mucho, y como para nosotros es más que una empresa, es la historia de nuestra familia, no me atrae demasiado la idea de que otro “herede” esa historia. Ya se verá que por ahora no hay nada en firme, ni no en firme porque como les digo nadie nos ha dicho nada.

Y eso que “hay mucha gente interesada”, según nos cuentan. Vaya usted a saber. Lo único seguro por ahora es que el 11 de diciembre es el último día que podrán comer en el Verruga. Si se quieren despedir les queda tiempo… pero tampoco se duerman que luego a lo mejor no hay sitio.

Les sorprenderá que el artículo de hoy sea un pelín desapasionado hablando de algo tan importante para mí como "el bar", como cariñosamente le hemos llamado siempre (Micky, siempre me acuerdo de ti cuando explico esto), pero ya habrá tiempo para soltar la lágrima. Por ahora disfrutemos lo que nos queda.

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