jueves, 15 de octubre de 2015

El sainete de la Diputación garantiza la emoción

Corríjanme si me equivoco pero los términos del “pacto de progreso” de BNG y PSOE para “recuperar” el gobierno de la Diputación (hablan de ello como si fuera su móvil y se lo hubieran robado) no están muy claros. Al menos yo no lo pillo, salvo la parte de “quiero ser Califa en lugar del Califa”.

Amor incondicional con pacto ante notario. Foto: El País
A ver si lo he entendido bien: hace dos telediarios los nacionalistas y los socialistas votan juntos para elegir un Presidente de la Diputación, pero el asunto les sale rana porque Manuel Martínez vota en blanco, ya que él era el designado por sus compañeros para ese puesto y su partido lo sacrificó, violando las sacrosantas primarias (que no sé para qué demonios las convocan si no las van a respetar), para lograr el apoyo del Bloque. Al perder poder y sueldazos, tardan tres meses escasos en acordar una “moción de censura” en que no se censura nada, y sustituyen a quien tenía más votos por otro señor que tiene menos, pero que por lo visto garantiza un gobierno “por el pueblo y para el pueblo”... y ahora están a cuchilladas porque el pacto se limitaba a desalojar a Elena Candia, pero sin tener muy claro qué iba a pasar al día siguiente.

¡Pues menudo pacto de mierda!, perdonen que les diga. Todos dábamos por sentado que se había prometido el oro y el moro a los implicados en esta maniobra, pero a lo mejor la simple promesa de que podrán pastar en prados más verdes fue suficiente y el asunto revela más ingredientes de chapuza que de estrategia. Parece que en vez de Rasputín lo han diseñado Pepe Gotera y Otilio. Los menores de 30 no creo que entiendan el símil (aunque tampoco creo que me lean muchos), pero oigan, que busquen en San Google. A Rasputín, quiero decir.

En el nuevo “bipartito”, que es como se llama cuando el segundo y el tercero se juntan para echar del podio al que ha ganado la carrera, hay tres o cuatro imputados, y al BNG, que ahora nos aparece como “la virtudes” (nombre artístico de drag queen donde los haya), le ha dado un ataque de integridad y dice que en el gobierno provincial no puede haber imputados. Vale, y si los ponen, ¿qué va a hacer? Una moción de censura va a ser que no, porque es ilegal hacer dos en un mismo mandato, como ya les advirtió algún bloguero (yo mismo, sí). Pues les queda la pataleta y votar contra las decisiones de un gobierno monocolor del PSOE.

Esta situación resultaría divertidísima, si no fuera porque implica trasiego de fondos públicos, una encarnizada lucha por un poder que por lo que dicen nadie quiere (“yo estoy al servicio del Pueblo y donde mi partido me pide que esté”, ¿le suena?) pero por el que todos venden a su madre, y un asqueroso compadreo basado en que es más cómodo sentarse en grandes despachos que cargar pescado. Ni más, ni menos.

La Diputación ahora mismo está en una situación más inestable que antes de la moción de censura. La supuesta “mayoría social” que conformaría un gobierno nacional-socialista (de tan buenos resultados en otras ocasiones, como el bipartito autonómico por poner un ejemplo tan reciente como breve) ni es mayoría ni es social. Es una panda de trepas que están demostrando que solo hacen lo que hacen por la pasta.

Si el BNG no quería imputados en el gobierno, debería haber exigido la salida de las personas en dicha situación antes de firmar la moción de censura, no después. Si el PSOE tiene tan claro que le importa un cuerno lo que digan los nacionalistas, quizás firmar con ellos la rendición de la mitad de las administraciones en las que los usan de muleta (que son la inmensa mayoría) no sea lo más inteligente.

¿Y con estos mimbres pretenden asaltar la Xunta el año que viene? Si tenemos en cuenta que en Lugo son dos y en Santiago serían tranquilamente cuatro partidos o cinco, imagínense el circo que nos pueden montar… Bochornoso.

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